viernes, 30 de junio de 2017

Amparo

Con mi amiga Amparo la vida se cebó lo que quiso y más. Parecía su sparring: no había salido de una y ya le venía la siguiente. Pero ella, eh, de una pieza. Y cómo le sentaban los vestidos, esa es otra. "Como no engordo nunca", se jactaba. Y eso que comía como una lima. Tenían que haberla visto. Cómo devoraba aquellos bocadillos. "Si tú supieras el hambre que pasé yo de niña".

De esa infancia también se repuso. Y de todos esos golpes que les cuento. Por eso cuando me dijo que tenía cáncer, pensé: ésta se salva. Nadie tiene más fuerza que Amparo. Pero ella me contestó que no. Que como mucho le daban un año de vida. "Y eso tratándome y no voy a hacerlo". Me enfadé muchísimo. Coño, medícate. Pero Amparo, lo recuerdo bien, se puso muy seria: "No. ¿Tú has probado alguna sesión de ésas? En la última, tuvieron que hacerme una transfusión. Y no quiero volver a pasar por lo mismo. Quiero ver nacer a mi segundo nieto o tomarme algo con los amigos y vivir, lo que me quede, libre. Me han dicho que mi cáncer es irreversible".

Cuando nos vimos meses después parecía una estrella de cine con aquella peluca morada. Se lo dije: oye, qué guapa. "¿Viste? O llevo peluca o llevo el pañuelo". Guapa e igual de brava: "Le he dicho al médico que ésta es la última. Dice que entonces me da dos o tres meses. Con llegar al nacimiento de mi segundo nieto, en septiembre, me conformo". Era julio de 2016. Y esa noche los que estábamos en el bar lloramos de perfil. Para que ella no nos viera. Pero claro que nos vio. Cómo no iba a vernos. Y en un aparte, me susurró: "Ya veré qué hago, pero no me apetece nada".

Lloramos y nos vio. Pero también brindamos por la gallega. Que era como conocíamos a esa parroquiana, ya amiga, de metro sesenta y cinco de estatura. Otra noche de estas, de bar y humo, se puso igual de seria. Pero para decirnos desde el final de la barra: "Tengo más cojones que todos vosotros juntos. Y también más mala hostia". Los tenía y la tenía, sin duda. Y una sonrisa y una carcajada -aún la estoy oyendo- que no le cabía en la cara. En diciembre me felicitó el año desde el hospital. Y me envió una foto de su nieta. Porque al final fue una niña. "¿Has visto qué guapa es?". Salió a la abuela. "Hombre, si te parece va a salir a ti". Con una nota de voz que decía: "Me voy a pasar las navidades con mis nietos, mis hijas, mi yerno y la familia de mi yerno. Y a disfrutar. Que hasta el día 27 no tengo que volver".

Y no volvió. Pero esta vez fue ella la que hizo lo que quiso con la vida.

5 comentarios:

ainoqui dijo...

Olé por Amparo y por las personas valientes. Hoy te escribo yo desde la sala de oncología mientras le trato de infundir ese valor a mi madre.. y a mi misma.
Gracias por el relato. Como siempre, directo al centro de la diana.

R. dijo...

Muchísimo ánimo, Ainoqui.

El creador dijo...

Me llega mucho tu texto. No lo había leído. En mi casa,para fin de año, hubo una perdida el año pasado. Mi abuela aún no se repone. Escribí sobre eso. Ojalá lo leas. Este tuyo, me ha conmovido mucho.

R. dijo...

Siento mucho esa pérdida, creador. Aunque con retraso, te mando un fuerte abrazo.

ainoqui dijo...

...y un año pasado había
mas de Flandes no volvía
Diego que a Flandes partió.

Qué pasó contigo señor R? se le acabó la tinta a la pluma o la pila al despertador. He de reconocer que echo de menos tus desvelos.