miércoles, 2 de marzo de 2016

Quien lo notó, lo sabe

Pareja en un bar parisino. Paul Almasy
En la cafetería suena Te dejé marchar mientras una pareja rompe en futuro. Es decir, todavía no ha ocurrido. Pero está al caer. Ese silencio y sobre todo sus caras les delatan. Se tratan ya en pasado. Quien lo notó, lo sabe. Aunque todavía no han valorado las consecuencias. Es la letra, en fin, la que va desfasada. Les miro por encima del periódico mientras leo, de soslayo, que Pedro Sánchez ha ganado una votación que no era vinculante. Que es como preguntarle a tu expareja si todavía te quiere. En el bar, además de ellos, hay un hombre que pide un cruasán poco hecho. Y otro que grita que los jugadores del Real Madrid son todos unos mercenarios. Las rupturas nunca son glamurosas. Y además todas se parecen. Solo cambian los rostros y la comanda. En la mía, por ejemplo, un tipo pidió un poleo de menta y su pareja un café cortado. Y había también un señor que leía el Marca. El mundo no se detuvo por nosotros. Que es lo peor, acaso, de todo esto. Comprobar que lo vuestro tampoco era vinculante.  

"Yo sabía que te quería y te traje dentro de mí. Pero te dejé marchar". Luz Casal no puede ser más elocuente. Les está advirtiendo del frío que hace fuera de la cama. Les aconseja, en fin, que no se precipiten. Pero la decisión ya está tomada: ella no ha tocado su té. Y a él se le ha enfriado el café con leche. Yo no sé. Pero hay un momento en que todo hace ¡clic! ¡Clac! ¡Boom! O como sea que suenen las parejas rotas. Y ya no hay vuelta atrás. No me refiero a los diversos altibajos que se puedan tener. Sino a ese último clic que cuando estalla no es un simulacro. Por eso es fácil intuir lo que pasará en apenas diez minutos: él chasquea los labios como queriendo decir algo. Pero ella echa hacia atrás la silla -riiiiiiiiuuuuun- se levanta y susurra: "Me voy". De tu vida, de este bar, de casa y hasta puede que de la misma ciudad. Me voy. Me marcho. Boom. Clic. Clac. Y el mundo, la vida, en efecto, continúa: "Lo que yo te diga. ¡Unos mercenarios! ¡Y el peor, Florentino! Oye, niño, ponme otro botellín y cóbrame esto". 


Tal vez deberían incluir una sección de rupturas y desengaños en el periódico de gente corriente. Tipo: "Ayer rompieron Juan y Juana. Llevaban 15 largos años juntos. Sus amigos opinan que han hecho lo mejor. Pero a última hora de la tarde ellos seguían sin tenerlo claro". Algo que dignifique todo este trance. Sacar del olvido -y de las cafeterías, parques, dársenas o pasos de cebra- todos esos silencios. Yo qué sé. Reconocerse entre líneas cuando la historia ha terminado. Que romper no sea solo una comanda de la que hacerse cargo. 

No hay comentarios: