viernes, 3 de julio de 2015

Derecho al olvido

Fotograma de '¡Olvídate de mí!'
Hace unas semanas, escuché tu risa en YouTube. Han pasado algunos años. Pero la reconocería aunque hubiesen pasado siglos. Era un vídeo casero de un concierto al que fuimos. Me dio por buscar la canción y apareciste, ya ves, por la puerta de mi cuarto. Otra vez. Riendo por alguna ocurrencia mía. Viéndolo ahora, el chiste del cantante no era tan bueno. Pero tú te reíste con el mismo entusiasmo que ponías para todo. Te busqué luego en Google para ver si además encontraba tu boca. Puse tu nombre entrecomillado. Como sosteniendo ese pasado en común. Encontré tus notas de la facultad. Y un enlace a LinkedIn sin foto. Cuando rompimos, ninguno de los dos quiso hacerse responsable. Ahora leo que lo eres. Es curioso. Esto de las rupturas en la era digital. Borramos cualquier tipo de rastro biológico. Saliva. Sudor. Vello. O también de celulosa. Y de tejidos industriales. Todo aquello, vaya, que nos pueda hacer dudar. Pero tu nombre me devolvió más de 500.000 resultados. 500.000 maneras de que pudieras ser tú. De saber de ti. Durante este tiempo, no he olvidado jamás ni tu risa ni los últimos tres dígitos de tu móvil. Esto último por seguridad emocional, se entiende. Por si la nostalgia se ponía a tiro. Creía, en fin, que la situación estaba controlada. Hasta que te escuché reír. Nueve años después. Lo peor es que ahora el algoritmo de Facebook me sugiere a veces tu nombre y me quedo un rato mirándote. 

4 comentarios:

El creador dijo...

Es que el olvido está lleno de memoria. ¡Saludos!

R. dijo...

Qué razón tenía el poeta.

¡Saludos!

Berenice Patiño Roa dijo...

"Uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida", o a las personas, aunque sea sólo por nostalgia.

R. dijo...

Y más, ahora, con Google.

Un beso, Berenice.