miércoles, 10 de junio de 2015

Ni

Suicidio, composición de Bill Thomas
Hay gente que nunca toma decisiones precipitadas ni duda ni se altera ni vota a otro partido ni llama a deshoras ni deja a deber ni pierde el rumbo ni tampoco dice te quiero. Se lo aseguro. Los he visto por la calle. En la cola del supermercado o del cine. Sosteniendo un paquete de maquinillas o pidiendo una entrada para la película del momento. Con la mirada fija. Y esa cara de presente de indicativo; ni rastro de puntos negros en su pasado. En el fondo, les admiro. A mí la nostalgia me hace tambalearme de vez en cuando. Pero a ellos, no. Nada de eso. Ven. Oyen. Y nunca preguntan. Y mucho menos se sobresaltan, ya les digo. Simplemente es lo que tenía que pasar. Fue lo mejor para los dos. Y así hasta un largo etcétera de lugares comunes. De tópicos que les ayudan, entiendo, a latir con autosuficiencia. A no infartarse, vaya, de motivos de más. ¿Para qué levantar el teléfono y decir: no sé si hicimos bien, ¿qué te parece si lo hablamos con un café? Supongo que así se ahorran infinidad de situaciones incómodas, pero también se pierden años de vida. Intuyo. Ese tipo de salud, tan higiénica tan aislada, provoca cortes verticales en las muñecas.

- ¿Bolsa va a querer?

- No.

Qué quieren que les diga. Prefiero vivir con días raros.

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