martes, 30 de junio de 2015

Manolo, el afilador

Todos los días en torno a las ocho de la mañana, Manolo, el afilador de mi calle, aparece y grita: "El afilaadoooooooooooooooor; el afiladooooooooooooooooor; el afilaaadoooooooooor". La muestra no es casual. Siempre lo repite tres veces. Y luego, pasados unos diez minutos, vuelve: "El afilaadoooooooor". Con voz poderosa. A pesar de las innumerables cajetillas de tabaco negro. Lo hace, insisto, todos los días. De lunes a domingo. Y siempre a la misma hora. O como mucho dos o tres minutos más tarde. Aunque desde que estoy aquí nunca le he visto afilar nada. "Es que nunca baja nadie, pero yo no me rindo", me contestó la primera vez que le requerí por el asunto. ¿Y por qué no se dedica a otra cosa? "Pues porque yo nací afilador y afilador me moriré". La gesta tiene su miga, no se crean; ocho de cada 10 residentes se han quejado. No son horas, le espetan. En cambio, a mi otro vecino el sordo y a mí no nos molesta tanto. Todo lo contrario. 

Pienso en él ahora que las cosas no van tan bien. Y el mercado me insta a reconvertirme. A ser, en definitiva, algo que no soy. Hace poco una amiga me llamó llorando por esto mismo: tenía ante sí una oferta laboral de dos años. Muy bien pagada. Y ella, siendo periodista como yo, sabía que algo así no lo iba a encontrar fácilmente. Lo lógico era aceptar, claro. Pero aquello suponía dos cosas: dejar de ser periodista -de los de tinta en las venas y suelas gastadas- y convertirse en alguien infeliz. Triste. Con dinero suficiente para antidepresivos. La sola idea de verse en aquella oficina -balbuceaba- le provocaba tal ansiedad que ambos convenimos en la necesidad de decir "no". De aprender a decir que no. Pese a quien pese. Y seguir, así, con el cuchillo entre los dientes. Como Manolo. Si él no se ha rendido, nosotros tampoco.

Imagen sacada de aquí.

4 comentarios:

ainoqui dijo...

A mi también me gusta el afilador. Lo escucho los domingos desde la cama y sube olor a barrio por la ventana. Sin embargo, como poco en casa y aún cocino menos, así que la cubertería no es una prioridad en mi hogar.

Tampoco bajo a por el periódico los domingos. Es un hábito que apenas cultivé un verano. Sin embargo, no me pierdo ni uno solo de tus posts desde que te encontré.Y apoyo la moción y voto con vosotros un rotundo sí al "no". De principios no se come, cierto. Pero sin principios...

Se pude comer sin cuchillos, pero no sin dientes.

Teneis mucho que contar y el mundo necesita oirlo, aunque aún no lo sepan. No nos dejes caer señor en la tentación y libranos de salvamedelux. Amen.

R. dijo...

Es usted un encanto, Ainoqui. Si alguna vez pasa por Madrid -o si ya vive aquí y así le place- envíeme un correo avisándome. Las cañas, huelga decirlo, corren a cargo de mis principios. Hay que tener cerca a tus amigos, pero mucho más a tus -fieles- lectores. Aunque uno no acabe de entenderlo del todo. Se agradece, no obstante.

¡Un saludo afilado!

ainoqui dijo...

Pues sucede Mr. R. que no llegué aquí por casualidad. En algún momento de la historia de mi vida, tu pagina se cruzó con la mía y la curiosidad se pegó a las suelas d mis zapatos hasta q acabé, una noche recorriendo la googlesfera. Al final aterricé aquí, en donde esperabas a otra q no era yo. Y sin embargo, lo que encontré me sorprendió tanto y tan gratamente que no pude menos que quedarme y adentrarme una y otra noche entre las paginas de tus madrugadas. Me fascinó tu historia y aún más, la forma de contarla.

Y te escribí una y otra vez, casi tantas como borré, y abrí mi balcón esperando que llegara al tuyo mi música.. y mi mensaje. Y así, quizas, coincidir contigo y ese cafe. Pero lo cierto es q no soy una fan al uso. Asi q ahí lanzo el guante.

Si finalmente te puede la curiosidad y se desafloja un poco el instinto te resultará relativamente fácil encontrarme y hasta saber quien soy. Si entonces aun quieres compartir birra y panchitos, estaré encantada. Hasta entonces esperaré por aquí compartiendo algún que otro desvelo. Aunque tú no lo sepas..

R. dijo...

Cómo me conoces. La felicidad es compartir birra (s) -en plural, que con una sola no te quitas la sed de curiosidad- y panchitos. Intuyo por esto último que eres de Madrid. Nadie de fuera de esta ciudad dice "panchitos". Y por supuesto que me apetece. Si me hiciste daño, ya lo tengo olvidado. Y si me hiciste feliz, qué menos que agradecértelo. Y si no me hiciste nada, házmelo. Pero yo te he estado escribiendo -tal vez, sin saberlo- mucho tiempo. Ahora te toca a ti. A menos que seas un troll o un psicópata. En ese caso, las birras las pagas tú. Pero, sí, me apetece. Alégrame el día. Mándame un mail y concretamos. Lo tienes en la pestaña de contacto. Aunque algo me dice que ya lo sabes.