miércoles, 14 de enero de 2015

El chico de la foto

El chico de la foto tiene 22 años y dice que es periodista aunque aún no ha hecho gran cosa. Trabaja de becario en un diario gratuito; ese día está citado con un locutor local para hacerle una entrevista. Él aún no lo sabe, pero dentro de unos meses su jefe le sentará en su despacho y le dirá: “Vamos a renovarte la beca. Cobrarás 50 euros más”. De 350 a 400 euros. Con ese dinero se independizará. Las pasará canutas. Adelgazará. Mucho. Pero también se hinchará a vivir. Con todo lo que eso significa.

Pero no adelantemos acontecimientos. Nos habíamos quedado en que el chico de la foto aún no ha hecho gran cosa. No sabe, por ejemplo, que su ex también le echa de menos. Y que como él, los viernes por la noche desliza el pulgar por la tecla de llamada como esperando un último empuje que no termina de llegar. Es igual. Porque ellos no lo saben, pero van a volver. Y romperán de nuevo. Y otra vez se engancharán. Y descubrirán también el sexo sin amor. Así hasta que ella le diga una tarde de octubre: “Me he enamorado de otro”. Y él estalle y se abra un blog y cuente allí -y solo allí- sus cosas. Para entonces también se habrá quedado sin beca. 

Sin embargo, él está empeñado en ser periodista, decíamos. Es cabezota. “Aún estás a tiempo. Deja la carrera y matricúlate en otra cosa, que de periodista te vas a morir de hambre”. “Ya, pero ¿y lo que se folla con esto?”, les responde siempre que se tercia a sus amigos. Animalito. También le gusta escribir. Sabe que vale. Que tiene los cojones suficientes para meterse en problemas y volver con la libreta cargada. Rebosa vocación. Ha leído a los grandes: Bukowski. Baudelaire. Miller. Poe. Gente que también adelgazó mucho. Pero ahí están, piensa. Y a mí no me tumba ni dios, se envalentona. 

Ahora tiene 30 años y la misma vocación. Aunque le sobra algún kilo de pesimismo. Se ha quedado sin beca -otra vez- y con lo que cobra por colaboración no llega ni a esos 350 euros del principio. Podría chupar pollas o lamer algún que otro culo. Pero ése nunca ha sido su estilo. Si fuera un pelota o un trepa no habría llegado a donde ha llegado: hace poco su exnovia, la de entonces, le felicitó: “¿Sabes que guardo recortes de artículos tuyos? Mi marido me dice que estoy loca”. Lo tiene escrito en un sms que no ha borrado ni lo hará nunca. En un móvil viejo que ya no usa. Pero que le recuerda siempre que lo necesita lo mucho que aún la ama. A esta profesión, se entiende.