jueves, 9 de octubre de 2014

El piloto, el maquinista y la enfermera

En 2003, el avión Yak-42 se estrelló contra una montaña. En él viajaban 62 militares que regresaban de Afganistán. No quedó ni uno vivo. Y eso que la aeronave no tenía ni que haber despegado: ni el indicador de combustible ni el sistema de grabación de conversaciones en cabina funcionaba. Pero despegó y 62 familias se quedaron, de pronto, huérfanas, viudas o sin hermano. Esto, sin embargo, no fue todo: 30 de esas familias recibieron, además, un cuerpo que no era el suyo. Hubo, incluso, tres cadáveres en un solo féretro. ¿Se imaginan a quién culparon, no? Efectivamente, al piloto.

El accidente del tren de Santiago seguro que les suena más. Ocurrió en julio de 2013 y ocasionó 79 muertos y 140 heridos. Naturalmente culpabilizaron de todo al maquinista. Por no frenar a tiempo. A pesar de que en el tramo donde ocurrió el fatal siniestro no había lo que luego se supo que se llamaban eurobalizas y que impiden al conductor exceder la velocidad máxima de la zona, resumiendo mucho el asunto. Las pusieron un año después de la tragedia. Y mucho tiempo después del accidente del Metro de Valencia. Éste último dejó en 2006 a 43 familias rotas. Y a un conductor señalado, de nuevo, aún después de muerto.

El enésimo eslabón de esta cadena de infortunios lo ha protagonizado el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez. Este señor ha acusado, sin pruebas y “de su cosecha”, a la enfermera española contagiada de ébola. Por mentirosa, dice, y por no informar. El problema es que sí informó; sí dijo que se encontraba mal. De los trajes, de la improvisación, de la falta de protocolos y seguimiento, en cambio, chitón. Como ven, esta ruindad de apuntar -y criminalizar- al más débil no es nueva. Siempre pagan los mismos: el piloto, el maquinista, la enfermera, el que pasaba por ahí. “Si tengo que dimitir, dimitiría. Soy médico y tengo la vida resuelta”, dice el miserable.

El consejero de Sanidad de Madrid, Javier Rodríguez, junto a su antecesor, Javier Fernández-Lasquetty. EFE