sábado, 2 de agosto de 2014

El piano de 'Casablanca'

Rick Blaine se deshace de su piano. Lo subasta. Tal vez para no recordar a Ilsa Lund; la mujer que dejó escapar -volar- junto a su marido. Se entienden, por tanto, sus razones. Es fácil imaginárselo ahora, de hecho, más calvo y con barriga balbuceando beodo: "Debí haber subido yo a ese avión, Sam". Y estrellando después con estrépito su vaso de ginebra en la pared. 

Cualquier imbécil se daría de cabezazos por haber dejado escapar al amor de su vida. No hace falta ser Humphrey Bogart. Pero su fama de tipo duro, de castigador quedó, sin embargo, en entredicho en Casablanca. Le faltaron cojones. Arrojo. El mismo que tuvo para cargarse al mayor Strasser. No pongo "ojo, spoiler" porque se supone que todos ustedes han visto la película. Si no es así, deje de leer. Y pónganse al día, caray. Y discúlpeme. El detalle, en cualquier caso, es intrascendente: el nazi habría perecido igualmente en la contraofensiva soviética.

Volviendo al asunto. Creo que Rick debió coger a Ilsa del brazo y haber subido los dos a ese avión. La compañía de un amigo -con o sin porra- no suple, ni de lejos, la sensación de saber lo que pudo haber sido -porque se sabe, vaya qué sí se sabe- y tener que conformarse con el comienzo de una bonita amistad. Y todo ello a pesar de que la señora Lund (Ingrid Bergman) fuese una pérfida de mucho cuidado; uno, en fin, no elige de quién se enamora ni por quién se juega el tipo y los visados. Rick no lo hizo y nos quedó, así, un final de película: el mundo se enamoraba y él se derrumbaba. La épica del derrotado y todo eso. Pero 72 años después de aquella grandísima cagada, el bueno de Blaine se ha visto en la necesidad, ya lo ven, de poner a la venta parte de sus recuerdos para no caer en la tentación, precisamente, de pedir un último bis a su pobre y sufrido pianista. 

De su amor poco o nada se sabe. ¿Qué fue de Ilsa Lund? ¿Tuvo hijos? ¿Siguió con Victor? ¿Se divorció al cabo? ¿Se fue con otro camarero? Quién lo sabe. 

De ti, en cambio, sé algo más. Sé que debí haberte cogido del brazo y haber salido los dos corriendo. Cualquier imbécil se habría dado cuenta. No lo hice. Y aquel final se proyecta aún en mi vida. Como en una subasta desierta, sigo sin desprenderme de tu ausencia.

Fotograma de 'Casablanca'

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