domingo, 6 de enero de 2013

Realidad espaciotemporal

Hoy es día de mentiras. De contarles a los hijos, primos, sobrinos y a todo aquel que aún quiera creer lo contrario, que los Reyes, vaya, han venido y sus camellos se han desayunado ese musgo asqueroso. Aunque yo de pequeño les ponía cereales machacados. Y a sus majestades, una mezcla de todo lo que estuviera a mi corto alcance. Si realmente eran magos -pensaba- les gustaría aunque oliese y supiese peor.

Es día, les decía, de creer en lo inverosímil y derrumbar las leyes físicas. Quién pudiera ahora, ay, obviar la realidad espaciotemporal. De niño era otra cosa, caramba. Uno veía a Melchor, Gaspar y Baltasar en Madrid, Cartagena o Alicante al mismo tiempo, y no se hacía preguntas. Disfrutaba. Ansiaba.

Ahora es diferente. Ahora lo que duele no es descubrir el engaño -o a mi madre colocando los regalos- sino la verdad: saber que ella se fue por tu culpa o que la magia tiene truco.

La mentira, en cambio, te permite creer de adulto que quizás sea verdad que esta vez todo va a salir bien. Quiero creerlo, ya les digo. Es día, al menos, de pensarlo. Pensarte. Ansiarte. 

Yo aquí y tú, allá.