domingo, 22 de enero de 2012

Madrid ya no nos quiere

Escribe Ray Loriga en Tokio ya no nos quiere que la memoria es el perro más absurdo: le lanzas un palo y te trae cualquier cosa. No encuentro, de hecho, mejor metáfora que ésta para explicar el sinsentido de algunos recuerdos. Anteayer, sin ir más lejos, me acordé de algo que tenía completamente soterrado bajo el derrumbe general de mi vida. Y es que hay menciones que se parecen mucho a las catástrofes naturales: quedan sepultadas en lo más hondo y para llegar a ellas hay que levantar, primero, muchas pérdidas. El peso, en fin, de varias vidas apiladas. Porque uno nunca es uno sino varios. Sin embargo, ya les digo, la memoria suele sobresalir con el tiempo y elevar el número de víctimas mortales.

Recordé, ya ven, la primera vez que me hicieron daño. Era san valentín y tenía, si no recuerdo mal, ocho años. Había hecho una figurita en clase de plástica y quise, así, regalársela a una compañera que me gustaba y que me provocaba mariposas o lo que mierda fueran. Como no me atrevía, mandé a un emisario político-sentimental. Y cuál fue mi sorpresa al ver que la interfecta cogía el regalo -horroroso, sí, pero todo un detalle- y lo lanzaba con absoluta crueldad a la pared. Crash. Boom. Bang. Puta.

Al levantar la vista me vi de nuevo en aquella fiesta rodeado de absolutos desconocidos, salvo unos compañeros del máster que estoy haciendo. Y tal vez les parezca absurdo pero me sentí, de pronto, tan perdido como aquel día. Completamente desubicado. De modo que agarré la cazadora; mis cosas. Y puse pies en polvorosa. Con la intención, acaso, de estrellarme yo mismo contra un buen vaso de bourbon. Algunos me siguieron; no sé si tenían la misma intención suicida. En cualquier caso, se lo agradezco.

Al acabar la noche le había dado mi número a una tipa tan fea como yonqui. Quiero decir que no me gustaba un carajo. ¿Por qué accedí, entonces?, se preguntarán ustedes. Supongo que por esto mismo del palo y la memoria: en ciertos momentos -y ciertas vicisitudes- uno es capaz de agarrarse a cualquier cosa. Sobre todo cuando recuerdas, una vez más, mirando las salpicaduras de tu camisa, que estampaste tu presente por considerarlo ya pasado cuando teníais todo el futuro por delante.

Esto fue el viernes, como les cuento. Hoy es domingo y mi teléfono sigue sonando. Pero no es ella

No he dicho a nadie, por cierto, que estuve a punto de llorar.

Fotografía sacada de http://lacomunidad.elpais.com/pixel-fugaz

8 comentarios:

Princesa Ono dijo...

Creo que hay situaciones y momentos en nuestra vida que nos marcan. Y nos marcan tanto que llegan a definir nuestra manera de relacionarnos con los demás. Puede ser la relación con tu madre, el bofetón que te dio tu abuelo a los 6 años, la chica que te dio calabazas a los 15 o la niña que estampó tu regalo contra la pared a los 8. la mayoría de las veces ni siquiera somos capaces de identificar esos momentos en los que nuestra vida cambió por una chorrada. Ojo, no digo que este sea tu caso, pero se me ha ocurrido mientras te leía. Un saludo

Mónica dijo...

"estampaste tu presente cuando tenías...!" muy buena frase.
Pero que tiene que ver Madrid con esto?

R. dijo...

Somos lo que arrastramos. No cabe duda, ono. Y dentro de ese revoltijo, siempre hay algo que destaca más que el resto.

¡Un beso, guapa!

R. dijo...

Gracias, Mercedes.

Todo y nada a la vez.

Mónica dijo...

todo y nada a la vez?

Mariela Parma dijo...

Me ha gustado mucho el blog. Interesante. tu visión. con un contenido diferente para todos.
Te invito a que conozcas mi blog, http://lablogoteca.20minutos.es/todo-preescolar-15750/0/
gracias!!! Ya faltan dos días nada más para poder votar!! Hasta el 3/2/12. Saludosssss

R. dijo...

Nada y todo al mismo tiempo, Mercedes.

R. dijo...

Muchas gracias, Mariela. Suerte.