domingo, 8 de enero de 2012

La ley del deseo

Anoche me contaron el triángulo amoroso que formaron, en su día, George Harrison, Eric Clapton y la musa de ambos, Patty Boyd; conocida, musicalmente, como Layla. Desconocía la historia. Me la relató una amigo, músico para más señas. Y me gustó tanto que se la traslado. Puede que ya les suene. Tal vez no. En cualquier caso, la anécdota me sirve para ilustrar el post de hoy.

Verán. Resulta que Clapton y Harrison amaban a la misma mujer, que era, a la sazón, la esposa del más místico de los beatles. Modelo de profesión, ambos se habían conocido durante la grabación de la película, Qué noche la de aquél día; casándose poco después. Paralelamente, Clapton estaba empezando a colaborar con Harrison, componiendo temas tan brillantes como éste que suena.

Patty y George celebraron su luna de miel en Barbados. Corría el año 1966 y eran una feliz pareja de recién casados. La típica historia de azafata conoce músico y viceversa. Aunque los problemas, eso sí, no tardarían en llegar. Y es que sugestionado por la cultura hindú, Harrison empieza a beberse hasta el agua de los floreros y a drogarse como si no hubiera un mañana. Su esposa, harta de que además se acueste con todo lo que se mueve -incluida la mujer de Ringo Starr-, se plantea abandonarle por aquellos días. Y aquí, queridos lectores, entra Clapton, ya amigo íntimo de Harrison y a quien ella pidió consejo. El bueno de Eric, que había conocido a Patty en una fiesta y que desde entonces estaba perdidamente enamorado de la mujer de su amigo, no perdió ocasión, vaya, y se lanzó directo a afinarle las cuerdas vocales. Pero ésta le hizo la cobra. Hecho que supuso un punto de inflexión en la carrera del popular guitarrista como se aprecia, ya ven, en la canción de marras. 

Antes o durante -mi fuente no supo concretarme- Layla se había vengado de Harrison liándose con John Lennon y Mick Jagger. Vamos, que el único que no pilló fue el pobre de Paul. Porque finalmente, y después de un escarceo amoroso a escondidas de George, me explicó mi contacto, Patty acepta a Clapton como legítimo esposo y se casa con él tras divorciarse de su marido. Superada la traición inicial, éste toca en su boda junto a Paul McCartney y Ringo Starr. Demostrando, así, que los hombres somos hombres por estas cosas. Y más.

¿Y qué pasó después?, se preguntarán ustedes. Pues que se cumplió la famosa ley del deseo. O lo que es lo mismo: cuando Clapton consiguió, por fin, al amor de su vida, éste quedó relegado a un segundo plano; siendo el alcohol y la cocaína, las nuevas obsesiones del músico. Deprimente, ¿no les parece? 

Apenas diez años después, la flamante pareja se divorciaría. Patty Boyd incluso llegaría a describir a Eric Clapton como un tipo "abominable". En ese tiempo, George Harrison encontró su mejor versión en brazos de Olivia Trinidad, quien le dio a su único hijo, Dhani Harrison, hoy uno de los músicos británicos más ricos.

Es ley de vida. Siempre deseamos lo que no tenemos y cuando lo tenemos -y nos acostumbramos a ello- ya no lo anhelamos (tanto). Hace poco han sido los Reyes, sin ir más lejos. Muchos niños y niñas estarán ahora mismo jugando con sus nuevos juguetes. Dentro de unos meses, auguro, criarán malvas en las estanterías.

Supongo que todo -menos los Beatles- es sustituible; olvidable.

Nosotros, incluso.

Tan triste, esto último, como palpable.

*La famosa 'Layla'. Foto sacada de http://espaciomusica.com; Patty y George en Barbados vía http://www.guardian.co.uk; Patty y Clapton vía http://www.amoeba.com
**Buscando corroborar la historia de mi amigo, di de bruces con este blog que recomiendo leer encarecidamente

17 comentarios:

Phant79 dijo...

No conocía la historia, gracias por compartirla. Un abrazo

R. dijo...

De nada, hombre.

¡Otro abrazo!

Mónica dijo...

Tienes amigos muy documentados en la materia. (yo tampoco la conocía)

La Arpía Milenaria dijo...

Ya se sabe: el amor dura, lo que dura..mmmm..no recuerdo el resto.
Yo si conocía la historia pero está bien recordar y aún mejor felicitarte el año.
De forma muy legal, te deseo.. que el 2012 te haga justicia y sea el mejor año que has vivido hasta ahora.

Feliz Año R.

perroandaluz dijo...

Muy bueno. Angie tiene una historia del estilo, creo, voy a consultar fuentes, a ver si me entero de algo.

Menlove Avenue dijo...

Yo sí conocía la historia, por encima, y cuando leo estas cosas pienso que hace unas décadas la prensa del corazón era mucho más interesante que ahora. Un saludo.

Shigella dijo...

Creo que es una maldición confundir deseo con amor. Pensar que amas y luego aburrirse. Sin embargo, no creo que sea ley de vida. Con trabajo y ganas, se puede llegar a diferenciar bastante bien.

Me resulta curioso que el arte vaya ligado, casi siempre, a una vida personal desastrosa. Es una lástima que sea ésa la base de grandes canciones, cuadros, poemas... Aunque por otro lado me parece genial poder convertir las miserias personales en algo hermoso para los sentidos del resto del mundo.

Yo por mi parte prefiero ser una feliz desconocida ;D

Un beso

Princesa Ono dijo...

Las historias de amor de los famosos de hace años eran mucho más románticas que las de ahora. Historias de amor, pasión, engaño, traición, abandono, despecho. Historias de las de verdad. Te diré que todo en reemplazable. Incluso los Beatles...

Shhh... dijo...

Genial la canción de Layla, sin duda una de mis preferidas. Hasta nosotros, como bien, dices, somos sustituibles... menos mal que siempre nos quedarán los Beatles, que últimamente pululan por doquier ;)

¡Besos!

Shhh... dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
R. dijo...

No lo sabes tú bien, Mercedes. Mis amigos son espectaculares. Y me quedo corto.

Abrazos.

R. dijo...

...lo que dura, dura.

Gracias por la felicitación, Arpía. Te deseo lo mismo: un 2012 lleno de éxitos y fracasos que te permitan acertar más tarde.

Un beso, guapa!

R. dijo...

Perfecto, perro. Por cierto, tú que sabes más de esto, por qué no te marcas un blog sobre anécdotas musicales, caramba. Y vuelves por estos lares. Me encantaría leer esa anécdota sobre Angie o cualquier otra.

Un abrazo!

R. dijo...

Ya te digo, rigby, el trasunto de este triángulo sería hoy día el polígono que forman la poligonera de Belén Esteban, en el papel de cateta que comparte, eso sí, con la Campa, y Jesulín como hipotenusa.

Lo dicho, igualito.

Besos, guapa.

R. dijo...

El concepto de desastre es bastante democrático. Está extendido por igual entre artistas y no artistas. La diferencia es que unos deciden contarlo para que los demás se identifiquen.

Lo demás es trabajo y esfuerzo, sí. Y circunstancias. Y canciones. Y poemas.

Besos!

R. dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, ono, y con la señorita Rigby, salvo en lo último. Los Beatles son insustituibles porque, gracias a dios, se separaron y pasaron a ser un mito en lugar de lastimosas gargantas.

Otro beso!

R. dijo...

Podrán cambiarnos por otros, podremos también cambiar a los demás pero siempre -siempre- nos quedarán los Beatles, Shhh...

Y un poco Calamaro.. ;)

¡Besos!