viernes, 8 de julio de 2011

La doble vida de la SGAE y otras

Cambiando de tema. Me ha llamado la atención una declaración del cantante Ramoncín en la que asegura que le cuesta creer que su amigo y ex consejero de la SGAE, José Luis Rodríguez Neri, sea el cerebro de la trama parasitaria que estos días ha salpicado a la Sociedad General de Autores y Editores. Dice el autor de "Marica de Terciopelo" que le resulta increíble, vaya, que su amigo esté metido en el ajo porque, comenta, "va siempre sin chaqueta ni corbata", y es "muy llano". Toma a-te-nuan-te. Como si el hábito hiciese al presunto delincuente. Y la seda al capullo.

Aunque su sagaz raciocinio me lleva a hablarles hoy del maravilloso mundo de las dobles vidas. Porque Ramoncín, a fin de cuentas, no es más que esa vecina que se entera un día al volver de la compra que su vecino es un presunto parricida. "Jamás me lo hubiera imaginado", comenta a las cámaras sugestionada, "es un chico muy cordial, a mí me ayudaba siempre a subir la compra", añade sudorosa. Televisiva. Y una cosa no quita la otra, oiga. Se puede, en fin, vestir casual y al mismo tiempo llevárselo muerto.

Es un tema que me apasiona, digo. Durante aquel reportaje de prostitución que hice y mencioné aquí, conocí, de hecho, a varios hombres y mujeres que llevaban a cuestas el peso muerto de varias vidas. Por la mañana perfectos trabajores; a media tarde, excelentes padres de familia. Por la noche, excéntricos puteros con toda una amalgama de filias que se la pondrían dura al mismísimo Freud. Como sé que son morbosos, les cuento algunas: los había que se traían de casa el camisón de su abuela para que la puta en cuestión se vistiera de nonagenaria. Otros pedían que les mearan encima. ¿Y si ella no tenía ganas de orinar? Pues pagaban otra hora. Aunque el caso más surrealista fue el de un hombre que se iba de lumis cuando acompañaba a su mujer a la compra. Le decía algo así como te espero en el coche, cariño. Y mientras su mujer metía en el carro medio supermercado, él vaciaba el suyo propio en brazos de doña Carmen-cincuenta años de experiencia demostrable-, apenas unos pisos más arriba.

Las dobles y triples vidas, ya ven. No obstante, ¿hasta qué punto uno es responsable de la vida o vidas que cargan a su nombre? Quiero decir, ¿quién crea a los álter egos? ¿Uno mismo, los otros? Muchos de mis conocidos, sin ir más lejos, me toman por algo que no soy. Es decir, me atribuyen una vida que no tengo. De tal modo que ¿uno se proyecta o es proyectado? ¿Somos algo por nosotros mismos o, por el contrario, sólo representamos lo que otros ven en nosotros? En ese sentido, quizás el famoso Neri no sea un hombre llano. Quizá sólo es considerado como tal. Lo mismo hasta tiene un armario lleno de corbatas ordenadas por colores. De elefantitos y mierdas así.

Y si finge a sabiendas, qué demonios. La vida, muchas veces, es demasiado real como para no cortarla con algo. Bicarbonato de esperanza o una solución de ficción en polvo. Lo que sea con tal de no morir por una sobredosis de hechos probados y consumados. La escritura -se lo recomiendo- suele ayudar. No en vano, ésta es también una forma parasitaria de relacionarse con los demás, y, por ende, enriquecerse: los parroquianos del bar; el mismo camarero;  amigos; conocidos; amantes. Todos forman parte del mismo entramado. La misma mentira blanqueada tantas veces hasta hacerse real como un billete de lotería premiado. En mi caso, como ya reconocí, escribo para cambiar el final del cuento. Soy, en fin, el principal imputado de una gran trama de tráfico de influencias. Y ustedes, mis colaboradores necesarios. Gracias, por cierto. 


Viñeta del ilustrador Kuroi Tsuki

4 comentarios:

perroandaluz dijo...

Hacía tiempo que no pasaba por aquí, y he disfrutado de un buen artículo. Ha sido como esquiar sobre nieve virgen. Dejo este comentario como marca de mi paso.

Guti dijo...

Había leído la versión alfa de este post. Me gustan las dos: esta y la versión alfa.
Salud.

R. dijo...

Vaya, perro, muchas gracias. Pocas o muchas veces, eres siempre bien recibido.

Un abrazo!

R. dijo...

Gracias, Guti. La verdad que soy un coñazo: escribo, corrijo, borro, pongo, y otra vez borro.

Pero por salud mental, así se queda.

Un abrazo!