miércoles, 1 de junio de 2011

La muerte más dolorosa

Una vez escuché que "cuando el cerebro se ve privado de oxígeno, se acelera y utiliza todos los recursos que tiene para seguir dirigiendo el cuerpo. Como resultado, todos los sentidos se activan a la vez y todo lo que has conocido, sentido o creído te pasa de pronto por la mente". Razón por la que muchos, tras tener una experiencia cercana a la muerte, aseguran haber visto su vida pasar. A borbotones, imagino. Sin discriminación alguna. Imagínense. Toda una vida asimilada de cualquier forma. Guardada en un trastero minísculo. Pero guardada, en fin. Y de pronto, las baldas que ceden. Miles de olores que se liberan. Sabores que se derraman y se mezclan perdiendo, de este modo, su textura original. Soledad y alegría pasan a ser solegría. ¿Y qué me dicen del olor a hierba mojada-atemporal, imperecedero- mezclado con el olor del aceite rehusado de tus años independientes? No sé sus vidas pero en la mía ha llovido lo suficiente como para acordarme de todos los huevos fritos que me he comido mientras veía deslizarse mi existencia, gota a gota. O esa chica que una vez fue tuya y que ahora está rota en mil pedazos. Pedazos que se mezclan con las cenizas de los cadáveres que fuiste amontonando también de cualquier modo: ese niño que pasaba las tardes jugando al fútbol por no escuchar los gritos de su casa; o el chaval que, entre paja y paja, llamaba a su ex y colgaba sin atreverse a decirle: te necesito. Todos hechos miga. Todos vencidos. Sobrevenidos. Algunos, desde luego, inoportunos. No obstante, esa es tu vida y no puedes alterarla. No eres David Lynch ni Woody Allen. No puedes dirigirte a ti mismo. Montártelo por tu cuenta. No. De ninguna manera. Estás aquí para obedecer. Y, sobre todo, para ver. Como Álex en La Naranja Mecánica. Asusta pensarlo: de pronto formas parte del álbum de cromos que nunca llegaste a completar. Todas las calles que pisaste; todas las ciudades que te fotografiaron; todas las veces que te derramaste sobre su espalda. Y luego la abrazaste. Espeluznante, ¿no creen? Al final, no es la falta de oxígeno lo que te mata; sino la abundancia de vida. La muerte más dolorosa.

Fotograma de La Naranja Mecánica

18 comentarios:

Charlota dijo...

O sea, que no es falta de oxígeno, sino sobra de recuerdos?, exceso de vivencias quizá

Majo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Majo dijo...

Lo que no hicimos, la gente cuyo nombre pasamos de acompañar de "conozco" a "conocí", las cosas bonitas que no dijimos por miedo, los centímetros de distancia que no guardamos por miedo, las puertas que no cerramos cuando era hora por miedo. Buff, espero que llegue ese día sin tener la sensación de que mi enemigo me paralizó hasta el extremo de acompañar a todos mis no-actos.

El texto, sublime. Un beso

Mónica dijo...

...todas las calles que pisaste...
tu te acuerdas de todas?

Me llaman octubre... dijo...

me gustaría poner un largo comentario sobre lo que has escrito (y podría, créeme). pero hoy me limitaré a regalarte un poco el oído diciéndote que tienes una capacidad casi insuperable para hacer que algo dentro de mí se retuerza al final de tus textos. justo antes del punto y final. te recordaré cuando me falte el oxígeno?

Anónimo dijo...

.............

R. dijo...

Será eso, charlota. Al menos, emocionalmente hablando, es la muerte más dolorosa. Recordarlo todo. Sentirlo todo otra vez. A la vez. Uf. No quisiera pasar por eso.

Un beso, madraza ;)

R. dijo...

Como dice la canción, majo, "uno sólo conserva lo que no amarra". Yo también lo espero, la verdad. Que al final el sentido del miedo pierda su textura original. Ojalá.

Un beso, guapa!

R. dijo...

En algún lugar estarán, moni. Y más si se activan todos los sentidos al mismo tiempo. Una calle es tacto, olfato, vista, oído. Gusto, no. Aunque haya mordido muchas veces el asfalto.

Un beso, cada vez me gusta más tu paso de troll a persona. +1 para ti.

R. dijo...

Vaya, octubre, muchas gracias. De verdad.

¿Cuando te falte el oxígeno? Quien sabe. Y si es así, espero que sea un buen recuerdo, de esos que te retuercen por dentro ;)

Un besote, guapa!

R. dijo...

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Ah, un saludo anónimo!

Shigella dijo...

No puedo imaginarme cómo sería un viaje semejante por mi vida. Soy consciente (de una forma extraña) de que he sumergido muchas cosas en el lago del subsconsciente. ¿qué ocurriría si en un momento de descontrol semejante esos fantasmas que he "eliminado" me saltaran a la cara? ¿Y si ese fuera el momento en el que descubriera que mi vida se ha basado en el autoengaño de que puedo llegar a ser como quiero realmente ser? Sería esa, sin ninguna duda, la puñalada letal, la que rematara la faena.

Toño dijo...

Pues no se te da tan mal el morse, no...

Graham dijo...

Ah pero ahora también hablas morse?
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:)

R. dijo...

La oscuridad se cierne sobre ti, Shige.

^_^

Besos, guapa!

R. dijo...

Y hacer la morsa ni te cuento, Toño.

Jeje.

Un abrazo!

R. dijo...

Tuve una buena maestra...

Un besote, graham!

Shigella dijo...

Me has hecho daño, tío, la has cagado complicándome la vida...

;P