martes, 28 de junio de 2011

El año que bajó el Dépor (y 3)

Me fui de mi pueblo porque no soportaba-entre otras cosas- su tranquilidad. Su total y continuo so-sie-go. Y cuando digo sosiego me refiero a semanas enteras viendo lo mismo: pescadores, redes, otra vez pescadores y de nuevo redes. Imagínense el panorama. A esto, súmenle dos ó tres bares semivacíos, salvo la noche del sábado. Una estación de autobuses donde los forasteros no son bien recibidos. Y un paseo marítimo que a finales de agosto cesa su actividad. Con estos antecedentes, ya me dirán ustedes si es o no para pensárselo. Los hay, claro, que salen. Y no vuelven. Aunque estos, eso sí, son los menos. Lo normal -como en todos los pueblos, por añadidura- es echarse novio/a con 15 años. A los 19 tener un par de churumbeles. Y a los 26, año arriba, año abajo, haber cumplido con la vida. Aunque les aseguro que yo mismo me habría partido los morros por ser uno más. Por quedarme y echar raíces también. Y es que aquella aldea, aún con todo, tenía todo lo que un chaval de 14 años necesitaba para ser feliz.

Chicas. Verbena. Dulce irresponsabilidad. Entonces, todo estaba por estrenar. Incluido el corazón. La vida misma era una autopista y nosotros conductores suicidas tomando el desvío en la siguiente noche de verano. Esa sensación de vértigo que nunca jamás he vuelto a experimentar. Porque lo peor de vivir es eso mismo: vivir. Mirar por el espejo retrovisor y darte cuenta de lo que has dejado atrás.



Luego crecí. Crecimos. Y todo cambió. Cambiamos. Odiaba, ya les digo, la misma tranquilidad que mi amigo Valeriano siempre quiso para si. Cuando toqué a su puerta, de hecho, no dudé un segundo en que me recibiría. Y casi acerté: me abrió la Valeriana, su abuela. Ahora baja, me dijo como antaño. Y poco después se asomó un hombre con su misma cara. Coño, creciste.


Tras darnos un abrazo y mirarnos incrédulos, Valeriano me puso al corriente de los otros. A Julián lo engulló un ERE, me dijo. Con el dinero que le dieron, se compró una bici y ahora se dedica a dar vueltas por ahí. ¿Carlos y Javier? ¡Andan enrolados en la Marina! Están mucho más gordos pero siguen igual de golfos; esos no cambian. Víctor, por su parte, acabó Económicas y ahora está a ver si le cogen para limpiar playas. Lo dejó con Marta, ¿lo sabes? Tantos años juntos, ya ves tú, y un día va ella y decide que se ha cansado de la vida de este pueblo, ¿te lo puedes creer? Y bueno yo estoy trabajando en la industria del metal. Como suena. Me he comprado un piso aquí, frente a la casa de mis padres. No vivo mal. Ahora nos ha dado por jugar a los dardos. Paramos donde siempre. Hacemos lo de siempre. Menos Carlitos, que está metido en la droga. Si le ves, no le conoces. Y Manuel, que dejó embarazada a una del pueblo de al lado y se casa. Bajó el Dépor, ¡qué desgracia! ¿Y tú qué? ¿Periodista, ah sí? ¿Y cómo te trata la vida?


Le envidiaba. Envidiaba su tranquilidad. Su so-sie-go. Su calma. En la vida de Valeriano no había margen alguno para complicarse la existencia-"¿echarme novia? quita, quita"-; su día a día se escribía en línea recta, sin salirse un ápice. Todo le cuadraba: presente y futuro. Años atrás me habría parecido el colmo del aburrimiento. Ahora encontraba cierto reposo en sus palabras. 

Por cierto, ¿tienes facebook?, me preguntó sin dejarme acabar. Espera que te agrego, añadió profesional. Y sacó un iPhone que en sus manos parecía la maldita piedra filosofal. Tuve que repetirle cuatro veces que no tenía cuenta ahí. ¿No? Pues ya es raro. Es igual. Voy a escribirles a estos en el muro y les digo que estás aquí. No, nada de eso, le espeté. Este viaje es analógico. Quiero encontrármelos artesanalmente.


Y eso hice. Buscarlos en dirección contraria a los nuevos tiempos. 

Por la noche, ya sí, quedamos todos. Aunque eso se lo cuento en el siguiente y último post.

Imagen de http://www.aupadeportivo.com

15 comentarios:

Iria Veterinaria dijo...

Me has puesto la piel de gallina, describes a la perfeccion l q siento al recordar los veranos de juvetud - adolescencia en el pueblo, cuando pensabas el verano ya esta aquí, y se te hacía la boca agua de expectacion, ilusion por las nuevas experiencias, todo era nuevo, a estrenar como tu dices. "Incluido el corazón. La vida misma era una autopista y nosotros conductores suicidas tomando el desvío en la siguiente noche de verano"

genial, un besiño!

Anónimo dijo...

me encanta esta saga! no quiero que se acabe!! soy del madrid pero mucho depor!

Shigella dijo...

Me ha gustado mucho :D. Yo tb echo de menos los veranos de pueblo, pero no te creas, que también recuerdo los problemas de entonces, que ahora parecen nimios pero que entonces no lo eran: que si estoy totalmente colada por él y pasa de mí, que si aquella me va criticando a las espaldas... Porque... contéstame con la mano en el corazón ¿eras entonces completamente feliz? y del mismo modo ¿ahora eres tan desgraciado? creo que cada etapa tiene sus encantos y sus correspondientes mierdas asociadas. Aún así yo también echo mucho de menos las tibias noches de verano y la "dulce irresponsabilidad".

Un besazo Peter

Campanilla

R. dijo...

Muchas gracias, Iria. Por lo que cuentas, hemos tenido veranos parecidos. Con todo a estrenar, vaya.

Bicos, guapa!

R. dijo...

Gracias anónimo. Aunque a esta saga le queda un post. Se me acumulan las neuras y hay que darles salida.

Aún así, te lo agradezco.

Moito!

R. dijo...

Ni tanto ni tan calvo, shige. Lo que quiero decir es que entonces estábamos verdes en todo. Y todo lo hacíamos por primera vez. El olor a nuevo de la vida, en fin.

Ese vértigo que ya nunca más se experimenta. Pero esto no quiere decir que sea ahora mismo un desgraciado. Viviré otrás cosas, aunque sean de segunda mano. O estén tamizadas.

Besotes, guapa!

Ulisa dijo...

y si no estuve ahi, tu me lo cuentas, al punto que escucho las voces y huelo perfumes en el aire.


Saludos desde Bs As.

Shigella dijo...

Yo todavía experimento cosas por primera vez, incluso a mis titantos volví a enamorame como si tuviera 15 y la verdad es que no considero que fuera un flechazo de "segunda mano". ¿Y el vértigo? ¡¡Vaya que si lo experimento!!

De hecho cada vez que me besa...

Así que dejáte de tamices, guapo ;P

Muaka

Mónica dijo...

Hoy te veo un poco negativo. No estoy de acuerdo contigo. Hay muchísimas carreteras por estrenar. Seguro que incluso en la propia hay comarcales que no has pisado...

Mónica dijo...

Galicia queria poner...

Shigella dijo...

Eso Mónica! Carpe Diem!

Mónica dijo...

Es verdad Shigella, y para aprovechar el momento estoy escuchando una canción impresionante...

R. dijo...

O eso es lo que pretendo, Ulisa. Bien o mal.

Un abrazo hasta Buenos Aires!

R. dijo...

Touché, shige.

;)

Besos de quince años.

R. dijo...

Tienes toda la razón, moni. Hay infinidad de comarcales que no he pisado. No está todo recorrido. Ni antes ni ahora. +1000 para tu comentario!

Besos!