jueves, 26 de mayo de 2011

Me-mo-ria

Quise saber la opinión de Miguel Ángel sobre todo esto de la elecciones, los acampados, etc. Me comentó, "me he emborrachado muchas veces de utopía pero te deja dolor de cabeza al día siguiente; voy al baño, me meo". El muy cabrón. Tiene razón, pensé. La utopía sube rápido pero la realidad, al final, te martillea la cabeza. Era viernes. No hacía ni diez minutos que había dejado Sol y la marabunta de manifestantes para meterme en otra aglomeración, ésta ya de conocidos. 

En el bar le pregunté a Toni por Miguel Ángel. Toni es el dueño. Un tipo de extremos: un día quiere suicidarse y al otro te hace un alegato en favor de la vida. No obstante, aquella noche parecía tranquilo: ahí lo tienes, me dijo señalándole. Y ahí estaba, efectivamente. En el último rincón, hecho un guiñapo. Dándole vueltas a un gin tonic roído y a su vida misma, como siempre. Ni rastro, por tanto, del sueño del otro día. Se lo conté nada más verle: el otro día te confundí con Antonio Vega. Quiero decir que soñé que te estabas muriendo. Y me moriré, me confirmó Miguel Ángel, no te quepa la menor duda. Todos nos estamos muriendo, apostilló. Y otra vez tenía razón.


Al volver del baño, se dio de bruces con una pareja que en ese momento nadaba hacia la barra. Me fijé en el escote de la chica. Grotesco. Cuando se sentó, Miguel Ángel pontificó: "Verás. Uno vive dos vidas-como dos carretas, asocié-. La vida con la que empieza y la vida con la que acaba. Yo empecé siendo algo y ahora soy esto que ves. No pasa nada. Venderé mi casa y me mudaré de ciudad; tal vez vaya al sur, a Granada, donde vive Lapido. Tal vez allí tenga una tercera vida". ¿Y cómo era la primera?

Tenía una chica muy parecida a esa que está ahí -señaló a la pareja de antes a la que aún, por cierto, no habían atendido-. Pelirroja, gordita y con unas tetas...qué tetas. ¿Grotescas, verdad? Y también tenía unos padres, claro. Y una hermana. Y memoria; sobre todo eso. Me-mo-ria. ¿Sabes que es lo peor de ser amnésico? Te lo digo yo: tienes cons-cien-cia de cosas que viviste pero eres incapaz de situarlas. Es como un barco encallado en mitad de la arena. ¿De dónde viene? ¿Lo sabes tú? Porque yo no sé de dónde vengo ni a dónde voy.

"Mi madre murió. Mi padre está en una residencia. Y con mi hermana no me hablo".


¿Y ella?, le sugerí. A ella la perdí y no me acuerdo por qué. Pero sí que la perdí. Eso no se me olvida. Como tampoco cómo era.


Lo peor, me dijo mirándola, es que mañana lo habré olvidado.
  
Imagen sacada de http://www.mundopoesia.com

9 comentarios:

R. dijo...

Qué puta la memoria, ¿eh?

perroandaluz dijo...

Q bueno eres, cabrón, escribiendo... y viviendo!

Anónimo dijo...

Qué historia tan triste, colega!!!

R. dijo...

Y tú peloteando ;)

Gracias, hombre. Se hace lo que se puede.

Un abrazo, perraco

R. dijo...

Es jodidilla sí, anónimo. Pero también humana.

Un saludo

Guti dijo...

Al día siguiente de una buena cogorza cuando te va volviendo la memoria y te empiezas a acordar de algo es que ya se va pasando la resaca...
Al menos en mi caso...

Shigella dijo...

La verdad es que aumentan mis ganas de conocerlo. Espero, sinceramente, que le vaya bien en su tercera vida y se vaya por la puerta grande. Aquí tiene cabida todo el que quiera venirse.

Un beso

R. dijo...

Yo suelo acordarme de todo, sólo en dos ocasiones he tenido lagunillas. Pero poca cosa.

Un abrazo, guti!

R. dijo...

Yo también espero que le vaya bien en su tercera o cuarta vida. Aquí o donde caiga. Se lo merece, caray.

Un beso, shige!