miércoles, 2 de marzo de 2011

En eso consistía vivir


Uno de los finales más tristes de la literatura universal es el final de Peter Pan. La frase no es mía. Es de Ismael Serrano. Pero es vox populi que J. M. Barrie, el autor de la fábula, se pasó tres pueblos con el desenlace. De hecho, se podía haber ahorrado la bofetada generacional.  ¿A cuento de qué tanta crueldad? ¿Tanta dosis de realidad? ¿No se supone que es una lectura para niños? ¿Cómo qué al final Wendy se hace mayor y se olvida de volar? La verdad, cuánto cabrón suelto. Normal que éstos, los más pequeños, acaben luego con complejo. Yo, por ejemplo. Que ando estos días viendo a ver qué giro argumental le doy a mi trama. 

Quizás por eso he releído el cuento. Por ver si le encontraba algún fallo de raccord al que agarrarme. Alguna inexactitud que certificara, acaso, la ineficacia de los polvos de hada para levantar siquiera un palmo del suelo y, así, echar por tierra el falaz e inverosímil argumento de que Wendy olvida volar cuando nunca antes pudo ni supo cómo hacerlo. Combatir, en fin, con datos reales-lo que se hace en el periodismo-un burdo rumor. Ella nunca voló. Es materialmente imposible. Meteorológicamente dudoso. Un carajo para ti, Barrie.

Se trataba, ya les digo, de quitarle hierro al asunto. Y de paso desdramatizar el ya de por si dramático paso de la infancia a la madurez. Alquiler. Facturas. Paro. Uf. Sin embargo, justo cuando más convencido estaba, recordé de súbito que Wendy sí que emprendió el vuelo. Y no una, si no varias veces. Yo mismo, de hecho, me encargué de auparla. Lo recordé después, como les cuento, entre rachas de viento y cálculos fríos. Y no una, si no tantas veces como quise yo acompañarla. Porque hubo un tiempo, es verdad, en que volar era posible. Entonces bastaba con cerrar los ojos y desearlo. Se lo prometo. En eso consistía vivir. En soñarlo y no decir nunca (jamás).

No obstante, el tiempo pasa y la primavera se acumula. Y uno, aunque poco, crece. Se hace mayor, vaya. El autor, en ese sentido, tenía razón. Aunque discrepo en algo: no es Wendy quien pega el estirón sino Peter Pan, que es quien descubre todo el pastel y crece de golpe; sin duda mucho más dramático.

"Encenderé la luz para que comprendas", le sugiere ésta cuando él viene a buscarla por enésima vez. Como siempre. Como antaño. Pero en esta ocasión las cosas son bien distintas, que dijo mi ex. Wendy ahora es una mujer y quiere que Peter juzgue el resultado con sus propios ojos. Y continúa el relato de Barrie insinuando que "por primera vez que nosotros sepamos, Peter Pan tiene miedo". Miedo, supongo, a entender muchas cosas.

En eso consiste vivir, me temo. En que alguien encienda la luz contra tu voluntad y la realidad te golpee a la vista. Y veas, de este modo, lo que había detrás; lo que siempre estuvo ahí, por otro lado.  Es curioso. Yo quería cambiar el mundo y es el mundo quien, al final, me ha hecho a mí. El otro día no les quise responder. O no quise encender la luz del todo, mejor dicho. Les confesaré que sólo me sincero ante el espejo. Ayer le pregunté cómo veía el asunto. Me sentí un poco como la malvada madrastra de Blancanieves. No en vano, su respuesta no me satisfizo en absoluto: "Me recuerdas tanto a mí cuando era yo...", me espetó a la cara.

Y es que, como el señor Pan, yo tampoco quería entender nada o casi nada. Los ingenuos viven más años, está comprobado. Saberlo es ya otra cosa. Por ejemplo que todo es mentira. Partiendo de eso, hay cosas que son más verdad que otras: uno muere cuando no vive. Aunque vivir, lástima, no te exime de morir. Tal es el sinsentido. El grado de estupidez que la vida misma genera. Tanto nadar para acabar muriendo sobre la orilla. Para terminar arrojándose desde la ventana habiendo olvidado volar.

El hijoputa de Barrie tenía razón.

14 comentarios:

eLena dijo...

"Uno muere cuándo vive" valla forma la suya de advertir eh! Yo aún pienso que puedo volar y que los azotones van a estar ahí al por mayor, pero que va.

Me has hecho reír mucho, es como al otro lado del mundo y ver la luna a la mitad, bastando con regresar para volver a verle completa.

Un besote

Iria dijo...

Genial tu descripcion del paso de niño a adulto apoyandote en la historia de Peter Pan.

Fue y siempre será mi cuento favorito. Yo aun vivo en mi Pais de Nunca Jamás

Charlota dijo...

Sin embargo yo nunca leí el cuento de Peter Pan, y no sé de que campanilla de pronto olvidara volar.
Independientemente de eso, aplaudo este post de una forma incansable, ¿sabes de esos aplausos que duran un buen rato y cuando parece que están terminando retoman con más fuerza y duran unos cuantos minutos más?, pues ese es el que dedico hoy a tus letras.

Phant79 dijo...

Estoy de acuerdo con charlota, me uno a su aplauso. Me ha parecido una buena reflexión y me has dejado pensativo. Creo que por mucho que queramos creerlo, la vida en si no tiene ningún sentido... el que no lo vea que encienda la luz.
Un abrazo

Shigella dijo...

Dicen que es mejor vigilar a los enemigos de cerca... Crecer es inevitable así que mejor subirse al carro y aprovechar lo mejor de cada etapa. Si nos empeñamos en seguir siendo lo que éramos puede pasar algo cómo esto:
http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Peter_Pan

Y que esté diciendo yo esto tiene huevos, yo que soy un hada.

En fin, que me lio, que las cosas irán viniendo solas.

Un soplo de hada

La Arpía Milenaria dijo...

Wendy se compró una escoba voladora (como todas las mujeres). Pasó de Peter y sus polvos, mágicos. Y él, rechazado,se fue por el camino más amargo a Nunca Jamás..
!Qué triste!Es la primera vez que Peter Pan me da pena.
Esto me pasa por leerte R.

R. dijo...

No, elena, escribí que uno muere cuando no vive. cuando deja que la vida se marche sin él o ella.

Yo soy algo más pesimista que tú: ahora me da miedo lanzarme al vacío...

Me alegra haberte arrancado una sonrisa con mi post!

otro besote, guapa!

R. dijo...

Muchas gracias, Iria. También es mi cuento favorito, junto con El Principito.

Yo tengo una casa árbol allí, aunque apenas paso ya por ahí. Así que si estás interesada puedo alquilártela...

Besos, guapa!

R. dijo...

Campanilla sigue volando. Celosa, además, de Wendy que es quien reclama la atención de Peter. n el fondo, es un culebrón el cuento, Charlota jeje

Vaya muchas gracias. Pero ya que nos ponemos, soy yo el que se levanta y te aplaude a ti, madraza.

Me alegra tenerte por aquí, guapa.

te mando un beso fuerte!

R. dijo...

Yo no lo habría explicado mejor, phant. Sí. el que no quiera verlo, que encienda la luz y comprenda.

Un abrazo reflexivo!

R. dijo...

Así estamos muchos, shige, peterpescos perdidos...como los niños de nunca jamás.

Hay que adaptarse y actualizar sueños e ilusiones. Hacerlos más acordes. O buscar un psiquiatra barato. Todo puede ser.

No obstante, las cosas, como dices, irán apareciendo. No adelantemos acontecimientos, que lo mismo nos perdemos muchos sueños.

Besos alados!

R. dijo...

Así es, arpía. Wendy dejó a Peter con un palmo de narices. Aunque éste antes había tonteado con Campanilla y una niña india. Así que las gallinas que entran, por las que salen.

Y yo encantado de que me sigas leyendo!

Besos!

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Adentrarse en la lucidez es acentuar el desengaño del mundo. El premio por no haber errado es la miseria interior.

R. dijo...

Pues sí, Francisco. Y el resultado, me temo, el suicidio. Social o humano.

Un abrazo!