lunes, 14 de marzo de 2011

Ajuste de cuentas

Supongo que a ustedes también les tocó. Hallar el punto exacto donde el tren de Zuera, provincia de Zaragoza, se cruza con el de Sevilla; saliendo, en ambos casos, a la misma hora y manteniendo, a lo largo de todo el recorrido, una velocidad constante y similar. Terrorífico, ¿verdad? De todos los malditos problemas de matématicas que tuve la desgracia de padecer, éste se lleva la palma. De hecho, jamás logré resolverlo. Ni supe entonces ni lo sé ahora. Para colmo, el conductor del convoy, es decir, nuestro profesor, solía introducir, en tan típico problema, elementos de carácter sensacionalista a fin de que la trama resultase más creíble y, por qué no, más melodramática: "Imaginaros", decía el muy cabrón, "que vuestra novia o novio va en el segundo tren y vosotros en el primero. Así que de vosotros depende que os veáis o no".  Y la clase resoplaba. Cómo no. Aquel año, les aseguro, fueron varias, decenas, las parejas que rompieron por culpa de los números. Como sucede a veces en la vida real, cuando uno más uno suman más de dos.

Aunque con esa edad, les aclaro, no entendía el por qué de resolver conflictos de ese tipo. Tendría once o doce años, por el amor de dios. El problema era a todas luces inverosímil. En primer lugar, un niño con esa edad -al menos mi generación- no va por ahí cogiendo trenes para ir a ver a la parienta. Y si los coge, que ya es mucho suponer, le escribe antes en su muro o le manda un sms para que ésta no haga planes y decida por su cuenta y riesgo ir a darle una sorpresa cogiendo, qué puta casualidad, el tren que sale a la misma hora y mantiene, joder, la misma velocidad de trayecto.

Hasta que una noche, digo, lo entendí todo perfectamente. Y cuando digo "perfectamente" es per-fec-ta-men-te. Fue de este modo: estaba durmiendo con mi ex, espalda con espalda, cuando me vino a la cabeza ese mismo problema. En ese instante, muchos años después de aquel primer suspenso en matemáticas, les juro que comprendí el ejemplo de mi profesor como nunca antes. De súbito supe lo que era la distancia física pero sobre todo la emocional, que es la que acerca o aleja personas. En este caso, estábamos en el mismo punto geográfico -pongamos la provincia de Madrid-, pero emocionalmente hacía tiempo que nos habíamos cruzado sin vernos además. 

¿En qué punto del trayecto coincidieron su desidia y la mía? Todavía hoy lo desconozco. Como les cuento, nunca supe resolver problemas de ese tipo. Sin embargo, una cosa sí que aprendí: que dos trenes salgan a la misma hora manteniendo, en cualquier caso, una velocidad constante, no garantiza ni mucho menos que estos lleguen si quiera a acercarse. Rozarse.

Dormir juntos no implica abrazar a la misma persona.

Ahora, por ejemplo, sabría qué poner en ese ejercicio: esos dos trenes avanzan en direcciones completamente opuestas, profesor. Si coinciden es fortuita y momentáneamente. Y nunca por verdadera vocación de encontrarse. Uno va cuando el otro vuelve. ¿Qué clase de amor es ese? Convertir un hecho aislado en dogma de fe me parece un error de base, sinceramente. Yo si quiere le hallo el punto exacto donde convergen. ¿Pero para qué? Está claro que lejos de reunirse, lo que se traduce del enunciado es que esa pareja está escapando de si misma. ¿Que los trenes pasarán al lado? Obviamente. Aún tienen cosas en común. Aunque será tan sólo un instante; acaso una ráfaga. Dirán, fue bonito. Y el cristal les devolverá su reflejo y quizás otros paisajes más recientes. Ambos trenes no se detendrán. Ya no. Por lo tanto, calcular ese momento carece de todo sentido. Es constatar lo que ya se sabe: que la vida sigue sin ti. Otra cosa, si me permite la innovación, sería encontrar el punto justo en que su tren descarriló y tomaron caminos distintos. Sabiéndolo o no. Pero eso ni los poetas. En lo que a mí respecta, sólo soy un niño de once años. Póngame, pues, la nota que estime oportuna.

Imagen sacada de http://realidadonirica.wordpress.com

22 comentarios:

Carolina Pérez dijo...

Erre, me ha enganchado el texto desde la primera línea. A lo mejor ha sido por la curiosidad de saber qué solución ibas a darle, o quizá porque un día cogí un tren espontáneamente para soprender a un ex y comprobé lo que tú cuentas, que había tiempo que viajábamos en trenes distintos. Leerte ha sido una catarsis, gracias ;)

Princesa Ono dijo...

Siempre odié ese tipo de problemas matemáticos. Se me daban fatal, como las matemáticas en general. Y al no saber resolverlos, nunca me plantee coger un tren para sorprender a nadie, por si acaso la sorprendida fuera yo. He comprobado que dos trenes también pueden partir del mismo sitio y acabar en destinos muy distintos. Incluso que dos personas pueden viajar en el mismo tren y creer que van al mismo sitio y cuando te das cuenta uno de los dos se ha bajado un par de paradas antes... Paso de trenes.

Anónimo dijo...

Hace un tiempo pasé por esto.

Aplaudo la forma en que te expresas.

Aleja dijo...

DEBE SER LA JUSTICIA DIVINA... EL DESTINO Y NO LOS PROBLEMAS matemáticos QUE POR CIERTO LOS DETESTO... ME ENCANTA TUS PUBLICACIONES AMIGO SIGUE ASÍ... Y ESCRIBISTE COMO TE RECOMENDÓ TU PSICÓLOGO ?

Guti dijo...

Los trenes. Cuántas películas con trenes se han hecho!! Me gustan los trenes!
Yo creo que los trenes acercan a las gentes, los aviones las alejan.

Iria dijo...

Acabo de recordar los problemas que nos ponia el profesor de estadistica ya en la facultad, eran de lo mas subrealista. "Si un narcotraficante esconde droga en una maleta, cuantas posibilidades hay de que en un control rutinario al azar abran la maleta con el fardo" y cosas así Jaja

Mónica dijo...

R, has hecho un escrito muy realista. Pero de tan realista es ideal, es romántico.
Sentarse en un vagón me emociona, siempre es bonito ver moverse un tren. Las ventanillas.
Oye uno y uno once? podría ser. Pero tambien podría ser dos.

La Arpía Milenaria dijo...

La primera vez que escuché ese problema me pregunté ¿qué es un tren?.Ahora me pregunto ¿qué es un novio?. No puede ser el g.. que me deja sola visitando a su madre ...
Espero que en alguno de los próximos 599 post. me lo expliques ;)

Menlove Avenue dijo...

¡Con lo fácil que era el "Pepito come peras" en lengua! Sujeto-Verbo-Complemento Directo. Ya está. Por eso acabé estudiando lo que estudié, ya desde pequeña pensé que a mí no me la daban... ¡jajaja!

Mira que hace tiempo que te sigo, R., pero últimamente te superas, ¿eh? Sigue así, porque es un verdadero placer leerte, de verdad.

Un beso.

R. dijo...

Vaya! Muchas gracias, Carol! Sí, a veces sucede eso mismo: que uno viaja hacia zuera y la otra persona hacia sevilla.

Lo peor es cuando no se sabe. Y te enteras una vez tienes los billetes en la mano y no puedes cambiarlos...o sí, pero con un sobrecargo.

Celebro esa catarsis.

A ti, guapa!

Besos!

R. dijo...

Ese es otro caso bastante jodido, princesa ono. Que uno de los dos se tire en marcha de la relación...

Pero hay mucha variedad de trenes. Y a veces, incluso, llegan a su destino.

Besos, guapetona!

R. dijo...

Espero que todo saliese bien. O mal pero que ahora estés mejor, anónimo.

Muchas gracias!

Un saludo!

R. dijo...

Yo también los detesto. Pero los números ahí están, detrás del cosmos. O eso dicen, Aleja.

Sí, escribo para no volverme loco, entre otras muchas razones.

Besos, guapa!

R. dijo...

Nunca lo había pensado de ese modo, guti. Pero no es desvcabellado: las distancias que cubren los aviones son mucho más kilométricas que las que puede afrontar un tren, quitando tres o cuatro casos puntuales como el transiberiano y redes por el estilo.

A mí también me gustan mucho los trenes. Es mi medio de transporte favorito, de hecho. Aunque odie los problemas sobre y de trenes.

Un abrazo!

R. dijo...

Jajajajajajajajajaj!

Me declaro fan absoluto de tu profesor de estadística, Iria!!

Qué crack!!!

Besos de contrabando!

R. dijo...

Muchas gracias, moni. Sí, a mí también me emociona.

Oye, está bien tu asociación de números. Uno y uno, once. Me gusta!

Un beso!

R. dijo...

Uf, arpía. Me pones una tarea difícil aunque aún tenga tiempo para resolverla. Supongo que como cualquier pareja es lo que uno o una quiere que él o ella sea. Llámalo equis...

Un besote, guapa!

R. dijo...

Ya te cuento, señorita rigby! Son ganas de complicarse. Pablo clavó un clavito. Punto. No hay más.

Shh, calla, que me sacas los colores. Aunque muchas gracias, guapa. Se hace lo que se puede. A veces mejor, otras peor.

Besos con sujeto!

Shigella dijo...

Compras el billete y piensas que sabes dónde vas a llegar, incluso a la hora que vas a hacerlo. Nada más lejos de la verdad. Estoy recordando últimamente que lo mejor es coger el tren sin pretender conocer el destino y que en vez de obsesionarse con el final del trayecto es preferible disfrutar del paisaje.

y pasando de hormonas ;P

R. dijo...

Pues sí, shige. Así se hace más corto el viaje o más largo, según lo que se mire y a quién se mire.

Besos sin hormonas!

Graham dijo...

Cuando estaba en el instituto, me encantaban esta clase de problemas. En física era un portento, y me divertían un monton.
Con los años, a pesar de que creo que tengo más capacidad para comprender las cosas, me doy cuenta que soy incapaz de dar solución a problemas como este. No los entiendo.
Al final, la distancia que realmente importa, estés donde estés, es la emocional. Da igual dónde estes, a cuántos kilometros. Lo importante es dónde estén tus pensamientos, y esos, viajan gratis y a cualquier velocidad.

R. dijo...

Pues sí, graham. Al final la distancia que más pesa -o no- es la emocional.

Y como bien dices, la mente no tiene que facturar.

Un abrazo, portento!