jueves, 24 de febrero de 2011

¿Lo imposible sólo tarda un poco más?

Sucede que uno se hace mayor y se da cuenta de ciertas cosas que antes le pasaron inadvertidas o simplemente no quiso creer. Por salud, algunas veces. Por fingida ingenuidad, el resto. En cualquier caso, se trata, creo yo, de poner a salvo los sueños, ideales e ilusiones que uno o una tuvo y aún retiene. Y que sin ser muy elaborados, le dan no obstante cierto sabor a tanto día insípido y hasta enternecen la cosa. Ya saben. El peor de los escenarios puede resultar el mejor de los decorados y todo ello sin cambiar el fondo del asunto. Depende del ánimo con que se mire. Y de la capacidad soñadora que se aglutine. En mi caso, va por rachas. Hay dias que lo veo todo negro. Y noches en que me aclaro y me permito ciertas licencias utópicas. Como seguir pensando-y van 26 años- que este mundo se puede cambiar. Sé que no es posible pero déjenme creerlo todavía. Enternecerme, en fin, con la idea.

Los expertos llaman a esto subterfugios mentales. Inmadurez. O ser un perfecto gilipollas, en el lenguaje clínico. Yo prefiero referirme a este tipo de burbujas como eso mismo: un refugio: ese lugar-mental o no- donde puedes volver a ser un niño y pensar por un momento que todo irá bien; o emocionarte también con una revolución más o menos programada, más o menos pensada, y soñar, digo, que cuelgan al tirano de la masa escrotal. Porque todos -ateos y no tanto- necesitamos creer en algo o en alguien. No lo digo yo. Lo dice la vulnerabilidad humana. El hecho mismo de ser gigantes con pies de barro. Ícaro a punto de estrellarse. Así, para algunos hay un cielo y para otros una tierra. Un ojo que todo lo ve o unas pupilas que al mirarte, te multiplican y hacen cierto el milagro de los panes y los peces. Es pueril, sí. Irreal, también. Pero si aún no me he pegado un tiro, les confieso, es por creer que existen motivos para seguir viviendo. Por ejemplo, ver como cae un dictador tras otro. Creo que es un buen argumento. Aunque, como en todo, siempre hay un cabrón que te dice que los reyes son los padres y que tu madre, además, se está haciendo un collar con tus dientes. Luego creces, como les cuento, y ese cabrón se convierte en tu profesor de Derecho Romano. Lo recuerdo como si fuese ayer.

Era mi primer día de universidad. 18 años recién cumplidos. Zapatos, camisa y un afeitado que dolía a la vista. Como siempre quiso mi madre. Como ahora, luengo y dejado, me recuerda.

Y entonces, lo dijo. Dijo: "Que levante la mano quien se haya matriculado en esta carrera (Derecho) por aquello de la justicia global y lo de cambiar el mundo, bla, bla, bla". Lo han adivinado: me faltaban manos, brazos y hasta falanges para autoerigirme en salvador de una vocación, que por aquella época consideraba tan necesaria como desvirtuada. Lo mismito que opino ahora de mi verdadero oficio, el periodismo. Pero eso se lo cuento otro día que venga de una entrevista no remunerada y me haga chiribitas la bilis. Ahora toca lo que toca.

En total, me acuerdo que conté a unas diez personas -habría apróximadamente 300- que como yo habían acudido raudas a la llamada de los parias de la tierra. Y de nuevo, se adelantan a la trama. El profesor, tan gordo y calvo como orgulloso de si, esbozó entonces una solvente sonrisa de superioridad moral y académica y muy tranquilo, apostilló: "Bien, ustedes pueden salir de clase e irse a la cafetería. El resto continuamos".

Nos fuimos, claro. Dignos y soñadores; maldiciendo cómo no a ese cabrón inhumano. A ese insensible romanista más preocupado por amasar dinero que de impartir verdadera justicia.

Y ahora, pasados los años y desde esta otra graduación de gafas, no sé qué habría hecho, la verdad. Si les soy sincero, no sé si hubiera levantado la mano. Si me hubiese posicionado tan claro. Quiero cambiar el mundo, contribuir a ello, sí, pero también me doy cuenta de que según avanzan los años, el mundo, mi mundo, es cada vez más estrecho. Ya no abarco tantas utopías.

Y esto es precisamente lo que más miedo me da: ser el día de mañana un señor calvo y gordo, doctor.

Imagen sacada de http://existir-para-ser.blogspot.com/

25 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé qué clase de penalista hubieses sido tú. Miedo me da imaginarte con toga, conociéndote como te conozco. Pero lo que sí sé es que el mundo ganó contigo un espléndido periodista. O un escritor de renombre, quién sabe. Así que lo comido por lo servido. O como te gusta decir a ti, "las gallinas que entran, por las que salen". Y respecto a lo otro, todos dejamos de ser idealistas cuando tenemos que pagar facturas, tomátelo como algo normal pues hay cosas contra las que no se puede luchar. Y el mundo, no lo podrás cambiar pero tú y todos nosotros siempre podemos mejorar. No está todo perdido.

pd: hubieras vuelto a levantar la mano por tocar los cojones y lo sabes.

Iria dijo...

Yo también conservo la ilusión, de, de alguna manera, poder cambiar algo. Y tengo miedo a que el conformismo y el día día me endurezcan de forma que deje sentimientos e ilusiones a un lado.

El creador dijo...

Pues, cada día te levantas para encontrar un motivo para continuar: útopias o contradicciones.

Pero como somos tercos, seguimos soñando, con un mañana benevolo.

Yo entre a la U, con ganas de hacer algo grande. Pero, me ha tocado empezar por cosas pequeñas: Yo mismo.

Shigella dijo...

Parece que somos varios con el mismo miedo. Yo vivo bajo la constante presión de convertirme en una mujer amargada, frustada, de que no me quede tiempo para las cosas realmente importantes. Así que hagamos otro trato: yo no te dejo ser un señor gordo y calvo y tu no me dejas ser una vieja cascarrabias (aunque eso es difícil ;P)

palabra: dififi. Guille diría "ez dififi cambia ed mundo, pedo noz guzta la gente como tú"

Max dijo...

muy bueno
http://relatosdeundesquiciado.blogspot.com/

La Arpía Milenaria dijo...

Desde hace 2 días soy una vieja amargada.Vi un dibujo en el que los niños, por su inocencia, ven 9 delfines y los adultos una pareja. Mis delfines se fueron nadando a otra parte.Como el idealismo y la juventud, me los curo el tiempo. Sino sería una ilusa o una abuelita ye-ye.

R. dijo...

Yo tampoco lo sé, anónimo. aunque de todas maneras no me veo de penalista ni quería serlo entonces. asesinatos. atentados. narcotráfico. uf, mucho jaleo. Con toga y sin ella.

Y lo otro, aún me queda muuuuuucho para serlo. Así que no adelantes acontecimientos.

Supongo que tienes razón, cuando el hambre aprieta nos olvidamos de casi todo lo demás. Y sí, es verdad, no podemos cambiar el mundo, pero podemos mejorar nosotros mismos.

pd: jeje sí, ahí me has pillado

Un saludo!

R. dijo...

Yo también vivo con ese miedo, iria. Y no sé si es ley de vida endurecerse, pero no quiero endurecerme del todo, o no debemos. ¿Cómo evitarlo? Difícil cuestión. Supongo que no pagando facturas...

Un besote, guapa!

R. dijo...

Así es, creador. Siempre hay un motivo. O también es que somos muy tercos, como bien dices, y no nos rendimos fácilmente.

Pues sí, antes de abarcar el mundo abarquémonos nosotros mismos. Que también es necesario. Y el cambio, como reza el dicho, empieza por uno mismo.

Un fuerte abrazo!

R. dijo...

Trato hecho, shigella. No puede ser tan difícil. Vamos a intentarlo, señorita (no) cascarrabias ;)

Besos!

R. dijo...

¿El qué, Max, tu blog?

R. dijo...

Es la parte más complicada, arpía. cómo ser idealista o romántico sin ser a la vez y como expones un/a iluso/a o un/a ye-ye?

Me temo que el sino de cada cual es ver cada vez menos delfines. Pero siempre podremos soñarlos, no?

Un beso y de vieja amargada nada

Mónica dijo...

... que dolía a la vista. Me has hecho sonreir!
Ese es el problema del miedo, no tengas miedo al mañana, el mañana no existe (por lo tanto no existe el miedo), es el hoy. (si ya lo se es fácil decirlo pero sentirlo...)

R. dijo...

Es el comentario más certero y lúcido que te he leído, mónica. Toda la razón.

+1!

Princesa Ono dijo...

Mira, yo entré en Medicina porque quería curar a la gente, salvar vidas. Terminé la carrera con la misma idea. Pero han pasado los años y me he ido dando cuenta de la cruda realidad. Vidas salvamos alguna que otra, pero, desengañémonos, no curamos a casi nadie. Ves como delante de tus narices van cayendo personas menores de 60 años víctimas de diferentes enfermedades, de accidentes o de un cúmulo de fatalidades. La bonita utopía de curar se convierte en algo también bonito, pero duro: aliviar síntomas y sufrimiento. Y a veces me levanto con la idea de que aun se puede hacer algo por curar algunas enfermedades, pero no puedo hacer otra cosa que sentarme a esperar a que descubran la cura del cáncer o el modo de hacerse insensible al dolor ajeno. No creo que se consiga ninguna de las dos.
Gran post, R.

Mónica dijo...

R, a mi también me ha gustado mucho tu texto.
He sentido totalmente tus palabras.
+1 qué significa punto positivo o parte de la quiniela?

R. dijo...

Vaya, princesa ono, no sabía eso de ti. Me has emocionado. Y aunque quizás no consigas ninguna de esas dos cosas, o quizás sí, quien sabe, al menos, gracias a gente como tú, el mundo aún no se ha ido al garete.

Gran comentario.

Besos, guapa!

R. dijo...

Gracias, moni. Sí, +1 significa punto positivo. Y también un resultado casero en la quiniela. ¿Tú en un espanyol-real sociedad, qué habrías puesto?

Mónica dijo...

Nunca hago quinielas pero me hubiera gustado haberla hecho esta semana y asi iría a ver que había puesto y te lo contaría ahora...
Dos nombres con solera, no?

Gab Mateosian dijo...

Muy copada tu reflexion... hay unos cuantos sujetos mas o menos con la descrpcion que diste en mi facultad.. (estudio comunicacion social) pero en si.. mas allá de esas personas, creo que uno tiene que conservar lo que piensa, y hacerlo valer, asi, supongo, se forja la personalidad de uno.. no?

Saludos !! :)

R. dijo...

Yo tampoco hago muchas quinielas, moni. Pero esos son dos nombres con mucha solera, sí

R. dijo...

Bien mirado tienes razón, Gab. Aunque, ¿hasta qué punto no está condicionada, que no determinada, nuestra personalidad por la sociedad, por el mundo en sí? ¿Somos lo que queremos ser, o somos lo que nos dejan ser?

Yo no me atrevo a responder. Lo dejo en el aire.

Un beso y me alegro que hayas escogido esa carrera ;)

Mónica dijo...

Fue resultado casero no?
En cuanto a tu pregunta en el aire, yo creo que esta sociedad nos condiciona demasiado, de ahi los malos rollos que hay. Los niños que no quieren hacer los deberes, los compañeros que no aguantan a la otra mitad de los compañeros, media humanidad en penunbra...

R. dijo...

Sí, fue casero. O eso creo.

Tal vez, sí.

Mónica dijo...

Poca gente es lo que quiere ser.
El egoista es lo que quiere ser pero claro siempre perjudicando al de al lado.
Yo creo que la crueldad devora y gana y no deja respirar al resto, aunque hay que tener el consuelo que la vida es larga y no todot es como empieza sino como acaba.
Tendremos que tener alegria para tomarlo con buena actitud... aunque a veces siempre salen dias mas tristes que otros.