lunes, 24 de enero de 2011

Obsoletos

Noto mucho debate en torno a la llamada obsolescencia programada. De nuevo, otro eufemismo para referirse a la práctica habitual de muchas empresas de construir productos terminales, artefactos finitos. Como la cuenta atrás de las misivas que le enviaban al inspector Gadget, muchos útiles se autodestruyen pasado un tiempo. ¿Por qué? Según dicen los expertos, es algo programado por las grandes empresas para ganar más dinero. No se trata sólo de consumir sino de consumir cada vez más. Por eso no es extraño que de pronto se le caiga la estantería de Ikea encima o se le joda la lavadora en mitad de una colada cuando nunca antes le había dado problemas. Y como sin lavadora no se puede estar-¿de verdad no se puede?-, pues tiene usted que cambiarla o bien comprar una nueva: "Por lo que te sale arreglarla, te compras otra y además nueva", dice el imaginario colectivo. Esto es, el dependiente. Y muy cucos y pensándonos economistas, aflojamos la pasta, más pasta, y damos por supuesto que sin lavadora no podemos estar y que sale más a cuenta comprar una nueva que pagar a un técnico para que nos explique por qué demonios ya no rula la cosa; y de esta guisa, volvemos a casa, pongamos, repitiendo mentalmente el famoso eslogan del anuncio. Yo no soy tonto. 

Y es verdad. No somos tontos. Somos gilipollas. Porque si no de qué iba a retroalimentarse tanto hijo de puta. Yo consumo. Tú consumes. Él consume. ¿Y quién no lo hace, caray? Todos pasamos por caja. Y hacemos din-din. Aquí y en la China popular. Quiero decir que el capitalismo ya no es una forma ideológica de estar en el mundo; es el mundo. Con la diferencia de que unos productos son más vistosos que otros. Mas monos, vaya. Pero pagar, paga el rico y paga mucho más el pobre.

Así, llega un punto en que la culpa de que se nos rompa la tostadora ya no es de ellos-hábiles y zafios empresarios- sino nuestra por contribuir de esa pija definición de terrorismo doméstico. Por saberlo y, aún así, enchufarla. Y es que estamos en manos, como digo, de auténticos hijos de perra, que nos tienen completamente estudiados y medidos. Estatura, peso y hábitos de consumo. El eje del mal. Algunos, a la hora de buscar culpables, cargan las tintas contra los publicistas; yo prefiero ir más allá. Aunque, por otro lado, esta práctica de vender productos sin terminar no es más, opino, que el trasunto de la vida real, pues qué son las relaciones personales sino la crónica de una obsolescencia programada.


Mis amigos. Los adquirí pensando que serían para siempre y me duraron apenas unos años. Aún conservo a algunos pero al resto tuve que cambiarlos porque me daban problemas. O mis ex. O mis jefes. O mi vida actual y pasada. Nada dura para siempre, demonios. Todo está programado para romperse, para hacer catacroker. Para tener, en fin, que aflojar el ánimo. Y darle alpiste a la vida. 


Si no de qué íbamos a aguantarnos tanto tiempo.

.............................
Phant ha colgado en su blog un interesante documental sobre esto de la obsolescencia programada. Se lo recomiendo. El documental y su blog.


Imagen sacada de http://meteoro92.blog.com.es

15 comentarios:

Mónica dijo...

muchachada jajajaj
Color wisky...

Toño dijo...

Te lo digo yo que trabajo en tecnología... o debería llamarse "tecnológia"? :P

Nos vemos.

R. dijo...

Veo que te ha gustado el sketch, mónica jeje

R. dijo...

Por ahí van los tiros, toño...

nos vemos!!

Anónimo dijo...

Te ha quedado de puta madre, casteleiro!

R. dijo...

Pues muchas gracias, hombre.

saludos, anónimo.

rombo dijo...

Vaya...así que mi portátil debe de estar ya a punto de fundirse...

Ah, Hola, espero que todo te vaya bien... Un abrazo.

R. dijo...

Dependiendo de uso y la vida que le hayas dado, rombo.

Ah, todo bien, gracias. Espero que tú también andes de lujo.

Salud!

Artemisa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Artemisa dijo...

ya he visto el documental que recomiendas en el blog de phant y la verdad es que es un tema muy interesante, también me ha gustado tu post. BESOS*

Phant79 dijo...

Me ha hecho ilusión ver que has escrito un post sobre el documental que colgué. Lo encontré de rebote y me pareció muy interesante. Creo que de vez en cuando colgaré más documentales o cortos de este estilo.

Me quedo con una frase del tuyo (sencilla y real como la vida misma) "no somos tontos... somos gilipollas". Un abrazo

R. dijo...

Muchas gracias, artemisa. Sí, es un tema cuanto menos curioso. Hijoputesco.

Un beso, guapa!

R. dijo...

Casualmente, después de haberlo visto en tu blog, phant, lo vi recomendado también en twitter y además en un foro. La gente hablaba del documental y de casos particulares. La estantería que se cae, la tostadora que suelta chispas, etc. Y bueno, se me ocurrió esto.

Estaré atento, entonces.

Un abrazo!

Anónimo dijo...

Hace unas semanas que vi el documental, la verdad es que es desolador.

Aquí te dejo otro documental bastante interesante...

http://www.youtube.com/watch?v=lDTG_e7I4hU&playnext=1&list=PL5154A74B2609A545

Practiquemos el decrecimiento!

Raquel

R. dijo...

Gracias por el aporte, Raquel. Guardo la dirección para verlo en cuanto tenga algo de tiempo. He visto que es de Naomi Klein, has visto la doctrina del shock? Si no, te recomiendo ese documental de la misma autora. Acojona y cabrea al mismo tiempo. Como esto. Hijos de perra.

Besos!