jueves, 20 de enero de 2011

Lo que sé de los eufemismos

Nos estamos volviendo un poquito gilipollitas. Un poquito meapilitas. Les sitúo. Vengo de la librería de mi barrio. Normalmente, suelo ir cada semana por nuevo material pero, en este caso, la cosa iba ya para dos meses. El motivo es que soy un maniático gilipollas y me gusta acabar los libros que empiezo; sean o no un coñazo. En el Camino, de Jack Kerouac, pertenece, por ejemplo, a este segundo subgrupo: libros que ni siquiera deberían haber sido escritos. Autores a los que habría que amputarles las falanges de los dedos y hasta la lengua. O bien, de llevar años muertos, desenterrar su cadáver y pasearlo por las calles al grito de: ¡Ni un libro más. Ni una historia. Ni siquiera un suelto-glosa. Nada que puedas volver a componer, hijo de perra!


Lo pienso y me excito. Hay ciertos escritores que merecerían un juicio literarísimo. Coelho. Bucay. Moccia. O esa otra fulana, ¿cómo se llama? Ah sí, Lucía Etxebarría. Eso. Y de todos he leído libros. Y a todos les he respetado hasta el final. Porque soy un absurdo y estimo que no acabarse una novela que comienzas es poco menos que faltarle al respeto a quien la escribió-sí, gilipollas profundo-; a mí me gustaría, pienso cuando la historia que leo es un tostón, que se leyeran mi obra de cabo a rabo y que después la dejaran en algún burdel -crossfucking- para que putas y clientes la leyeran entre polvo y polvo. Eso ya como fantasía. Pero que al menos se me criticara o alabara con enjundia. Con motivo. Después de haberse acabado mi libro, pongamos.


Lo malo de esto es que pierdes tiempo. Lo bueno es que ya estás prevenido para futuras lecturas del mismo fulano. Y dirán ustedes-y dirán, por cierto, muy bien-que de esta forma corro el riesgo de desdeñar a autores con libros muy buenos y dos o tres malillos, que han tenido la mala fortuna de caer en mis manos antes que los otros. Además, todos los libros no pueden ser buenos, les oigo decir. Hay novelas y novelas. Que no te haya gustado éste, no significa que no te puedan gustar otros del mismo tipo/a, que sí merecen "muy mucho" la pena. No puedes opinar de un escritor sin haberte leído las tres cuartas partes de su obra-esto los gafapastas-; es injusto que Verónika decide morir pague por El Peregrino de Compostela, añade mi amiga la mística.    


Y no les falta razón. La tienen. Aunque déjenme decirles algo: no soy tan cafre. Siempre concedo una segunda oportunidad-la novela de gracia, me gusta llamarlo a mí- a autores y autoras que de primeras no me convencen. Me pasó con Murakami y a punto estuve de liarla parda. Pero con Tokio Blues le perdoné la vida. Antes había leído After Dark. Insulsa. Otras veces, lástima, la llamada del gobernador no llega a tiempo. O bien el autor/a, que un principio te deleitaba, termina por cansarte. Con la señorita Etxebarría, por citar algunos de mis desechos, me sucedió esto mismo que les cuento. Me enamoré de ella en Beatriz y los cuerpos celestes o Amor, curiosidad, prozac y dudas; pero luego he terminado aborreciéndola en posteriores visitas.


De modo que ahórrense los comentarios recomendativos que, como en el caso de Meg Ryan, no me van a convencer. Mi suegra, sin ir más lejos, trató el otro día de venderme las grandezas de El Código Da Vinci y tururú. 


Volviendo al tema, que me lían. Les decía que había ido a la librería por mi dosis. Por fin había terminado de leer ese coñazo de novela que es On the road -"la obra de referencia de la generación beat", reza su contraportada (qué hijos de puta)-, y ansiaba mi chute. Mi pico. En concreto, lo último de Juanjo Millás. Y en ésas estaba, digo, buscando míope por toda la tienda el librecito de marras, cuando se me ocurrió preguntar dónde andaba Lo que sé de los enanos. Hombrecillos, me corrigió la dependienta. Eso, hombrecillos. Sí, que decir enanos está muy feo. Y ahí se lió la pajarraca. Dos señoras, gordas y viejas, que hacían tiempo dentro, me recriminaron mi actitud desdeñosa y tuve-no me quedó otra, lo juro- que mentarles a los clásicos. Éste fue el diálogo más o menos:


Señora gorda 1.- Qué falta de respeto llamar a una persona enana.


Señora gorda 2.- Y tú tan tranquilo, claro. Te parecerá bonito.


Yo.- Señoras, yo mismo soy un enano y no pasa nada. No me crea un trauma ser bajito.


Dependienta.- Pero es que el libro no se llama lo que sé de los enanos; sino, lo que sé de los hombrecillos. Hom-bre-ci-llos. No enanos, hombre por dios.


Yo.- Enanos, hombrecillos. Muy altos no son, vaya.


Dependienta, Señora Gorda 1, Señora Gorda 2.- Oy, oy, oy, oy, oy...pero ¡qué sinvergüenza!


Señora gorda 2.- Y a la gente de color, ¿cómo les llamas?


Yo.- Negros. O dependiendo: muy negros.


Dependienta.- ¡Será racista!


Señora gorda 1.- ¡Eres un chenófobo!


Lo dijo así, se lo crean o no, con ché.


Yo.- Vamos a ver, señoras, ellos no son gente de color. Tienen un único color: el negro. Nosotros, en cambio, nos ponemos azules, amarillos o verdes según el día. ¿Quiénes son, entonces, las personas de color, eh?


Dependienta.- Me es igual hay que tener un respeto al hablar.


Señora gorda 1 y 2.- ¡Eso!


Yo.- Y un cojón de pato viudo.


Las tres otra vez.- Oy, oy, oy, oy, oy...


Yo.- Verán, lo que a mí me parece una falta de respeto es no llamar a las cosas por su nombre y utilizar eufemismos.


Señora gorda 2.- ¿Eufemio?


Yo.- Eufemismos, señora. Los mismos que ocultan o tratan de ocultar asesinatos, violaciones y despidos en masa. 


Las tres, again.- o_0


Yo.- Los eufemismos no son ningún eufemismo. 


Dependienta.- Sé a lo que te refieres. Pero hay formas y formas de llamar a las cosas. Y hay que tener un decoro y un respeto. Pobres enanos, ay.


Yo.- ¿Les puedo preguntar algo?


Señora gorda 1.- A ver...


Yo.- ¿Tienen algún familiar en paro?


Señora gorda 1 y 2 (atropelladas).- Yo, yo, yo, yo. Mi nieto Pedro, el pobre, que hizo una ingeniería; y a mi nuera la van a echar del trabajo, está fatal la cosa...


Yo.- No diga echar del trabajo, señora, que está feo. Diga mejor que le van a flexibilizar el horario. Y ahora con su permiso me voy a leer el puto libro de los enanos de los cojones.


Lo que les decía: gilipollitas perdidos. 




Imagen de actualidadliteratura.com

29 comentarios:

Duna Loves dijo...

no hay cosa más surrealista a veces que la vida misma jejeje :)

R. dijo...

Y que lo digas, duna jeje ;)

un beso!

Wendolina. dijo...

JJAJAJAJ La subreal vida de Ro. jajaja.
A mi con Lucía Etxebarría me pasó lo mismo, fliplé con Beatriz y los cuerpos celestes y con alguno más pero los últimos no me han gustado. Además me la he prohibido, porque luego no hago más que exaltar el girl power ( porque yo soy de la generación de las Spice Girl)
A Millás también me lo he prohibido. Leyendo sus libros había veces que me cabreaba porque el tío me ponía la cabeza como un tambor y cerraba el libro y pensaba: se acabó, ni un libro más de este tío. Pero me gusta mucho así que seguramente este también caiga.
Ahora me estoy terminando Memorias de un gansgter de Barcelona y podría sobrevivir en la Barna de los 80 perfectamente XD.

Un beso.
Wendolina.

Toño dijo...

Esto es realidad, ficción, o realidad ficcionada?

Me cago en Ros si es verdad me gustaría haber estado ahí!

Shigella dijo...

Me quedo flipada con la gente que va dando lecciones de comportamiento en las colas de los supermercados. Me paso una vez en un autobús urbano. Acababa mudarme a la ciudad desde un pueblo donde obviamente no se cogen esos bichos. Mi madre que estaba más acostumbrada me dejó sentarme en un asiento libre y ella se quedó de pie (porque si no me parto el espinazo). A esto que el viejo de al lado me dice: No te da vergüenza, sentarte cuando hay una persona mayor, si es que esta juventud,bla, bla, bla.... Mi madre intentando explicarle que no pasaba nada, que ella me había cedido el asiento a mi pero nada, el tipo, dale que te pego. Asi que yo ya roja como un tomate (por supuesto estaba gritando como un energúmeno)me giro y digo: Mamá, anda siéntate tú. Para qué más. ¿¿¿Encima es tu madre??? Esto es el colmo de la desfachatez!!!...
Madre mía, el viajecito que me dio el muy gilipollas.

R. dijo...

Pues este último, wendo, es una grandísima paranoia made in millas. la verdad que echo en falta novelas del tipo dos mujeres en praga, o soledad era esto o como el mundo, para mí la mejor novela de millás.

Tiene buena pinta el libro que cuentas, lo investigaré.

Muack, guapa!

R. dijo...

Lo siento, toño, pero nunca revelo si lo que cuento es cierto o no. Aunque te diré que no todo lo que parece inverosímil es mentira y no todo lo cierto, es cierto.

Te ha gustado, no? Pues ya está. Eso es lo importante, amigo.

Abrazos!

R. dijo...

Ahora entiendes, shige, por qué quiero un ak-47, no? Para casos como el tuyo viene de lujo. Que se pone farruco, lo sacas, le apuntas y le guías sutilmente hasta la salida. Chao, chao.

Lo que no sé si esto está homologado. Lo investigaré, también.

Un besito, guapetona!

Desilusionista dijo...

Tengo una amiga enamorada de Millás locamente, y dice que el libro de los enanos, aunque no es de lo mejor que ha escrito, está "bastante bien". Ya me dirás qué opinión te merece a ti, por añadir posibles lecturas a la lista.

Por cierto! Kafka en la orilla y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, los dos del señor Murakami, también son más que salvables, por si te da el neurazo de volver a leer al japo (seré racista...)

Un abrazo.

Caparina dijo...

Yo también me siento casi obligada a terminar todos los libros que empiezo aunque no me gusten. Aunque tengo que reconocer que he empezado El Silmarillion tres veces y nunca lo he terminado... Pero lo tengo pendiente y lo haré xDD

Y por cierto, no soporto la gente como esas mujeres. Yo las hubiera contestado!

Guti dijo...

No te imagino a tí R. con un ak-47 en las manos. De todas formas nunca se sabe.
Suelo acabarme los libros que empiezo, aunque sean tan bodrios como "Lo mejor que le puede pasar a un cruasan", que también me acabé. Hace mucho que leí "En el camino" y reconozco que ahora, en 2011, pueda parecer un soberano coñazo.
De Lucia Etxeberría se dijo en su día que un "negro" le escribía alguna de sus novelas, no se si será verdad.
Un abrazo.

R. dijo...

Pues voy por la página 80, desilusionista, y no pinta mal. Aunque ya te adelanto que es una grandísima paja mental. Quizás no tanto como el orden alfabético pero por el estilo. La verdad que echo en falta más novelas de Millás del estilo de Laura y Julio, Dos mujeres en Praga, La soledad era esto o El desorden de tu nombre.

Con todo, se lo perdono. A Juanjo no puedo decirle que no. Me pasa igual que con Tarantino que le perdoné la segunda parte de Kill Bill, por ejemplo.

Un abrazo!

R. dijo...

Vaya!Me alegra saber, caparina, que no soy el único masoca!Consuela saberlo.

No he leído ese libro aunque me han hablado de él y casi todo malo pero seguro que tú puedes; a la cuarta-o quinta- va la vencida!

Yo hay libros con los que no me atrevo ni a empezar. Quijote. Regenta. Y novelas del estilo. Quizás algún día los abra y ya no haya vuelta atrás...por si acaso me mantengo alejado de ello jeje

Un besote, guapa!

R. dijo...

Y sí, a ese tipo de señoras, caparina, hay que ponerlas en su sitio.

más besos!

R. dijo...

Lo del AK-47 es una vieja coña, guti. Yo tampoco me imagino tiroteando a nadie...creo.

Leí por recomendación lo mejor que le puede pasar a un cruasán...y craso error. Estoy contigo.

De lucía etxebarría se ha dicho de todo y casi todo malo. No creo que llegue a tanto la cosa. Lo mismo tiene un negro pero para otros menesteres. A mí la tipa no me cae mal, aunque me cargue la literatura feminazi. Por eso dejé de leerla. Porque una cosa es escribir sobre mujeres y otra escribir contra los hombres.

Un abrazo desde los madriles. Con frío polar y rachas de viento nada moderadas.

Ola Na Tungee dijo...

Pues hablando de eufemismos... ya tengo nuevo blog: "Bilingüismo emocional". Pasa por mi perfil. ;)

No tiene mucho que ver, pero acabo de ver una foto en un blog de un amigo que me ha hecho pensar lo mismo... gilipollitas perdidos, jajaja!

http://aningunsitioperoquesealejos.blogspot.com/2011/01/con-criterio.html

Besos.

R. dijo...

Te he contestado en tu blog, ola, que ya sigo. Bienvenida de nuevo a la blogosfera!!!


Muack, guapa!

Anónimo dijo...

¿Y a Ola Na Tungee no le dices nada por la autopromoción de su blog en el tuyo? Recuerdo a una tía que la pusiste de vuelta y media por hacer lo mismo que ella...

R. dijo...

Estimado troll-a:

No sólo no le digo nada sino que animo desde aquí a todo el mundo a seguir a Ola. A ti también. ¿Por qué? Porque es una compadre bloguera, porque lleva varios blogs a sus espaldas y porque cuando comenta -en este o cualquier otro blog- aporta siempre algo.

Y si encima se da la circunstancia de que ha vuelto a la blogosfera, razón de más. Ya te digo, yo mismo le cedo encantado el espacio publicitario. Entre compadres hay que ayudarse.

En cuanto a lo otro que planteas, te diré que en ningún caso puse verde a nadie. Simplemente le recomendé a esa persona cómo hacerse autobombo de una forma un tanto más sibilina y, por ende, menos cutre.

Y ya que te pones, te diré, así en confianza, que me honra tu ¿inquina? hacia mí. No conozco, de hecho, a nadie que siga mi blog como tú; siempre al quite. Siempre tan fiel.

Tuyo siempre.

R.

Anónimo dijo...

te vuelves a confundir, como casi siempre.

R. dijo...

No se puede tener siempre razón, anónimo. qué coñazo si no.

Shigella dijo...

Cuando termirné el hobbit empecé super emocionada el señor de los anillos que pese a que me encanta el mundo creado por Tolkien, algunas descripciones se me hicieron pesadas. Me hablaron de que el Silmarillion se centraba en linajes y linajes de familias y bufff!!! Ni me he atrevido!! Así que mereces todos mis respetos Caparina sólo por haberlo intentado xD

Carolina Pérez dijo...

Erre, genial esta entrada.
Para mí El mundo es también la mejor novela de Millás, y eso que era difícil superar El desorden de tu nombre. El fragmento en el que habla del frío que pasó en su infancia es insuperable...
Ya me contarás qué tal es este de los hombrecillos, seguro que acabo leyéndolo; Millás es mi autor favorito de los que rondan el panorama nacional en la actualidad.
Para el instituto tuve que hacer una recopilación de eufemismos para entregar a los alumnos, y no veas cómo nos lo pasamos leyéndolos: aunque alguno no tiene ninguna gracia (conflicto armado, daños colaterales...) otros, como "empleado de fincas urbanas" ('portero') o "técnico en combustibles vegetales" ('leñador') no tienen precio.
Creo que me comentaste la respuesta de Millás en el enlace ¿Por qué escribo?... pues eso.
¡Un abrazo!

R. dijo...

Hola Carol!

Millás es dios. Y su novela el mundo, el universo.

Esa parte como todo el libro es brutal. Cuando la leí, lloré, reí, me enamoré y me angustié, al terminarla. Menudo susto me dio con lo que expone al final...

Jajajajajaja! la verdad que hay "eufemios" que son de coña aunque otros sean muy peligrosos por lo que tratan de esconder a la opinión pública.

Sí, así es, guapa.

Te mando muchos besucos desordenados!

muak!

Anónimo dijo...

es que no la tiene casi nunca y sigue empeñándose,siga intentándolo, puede que un día madure.suerte.

R. dijo...

Va un cazador por el bosque proceloso, armado con su escopeta de un solo tiro. Viste en plan Rambo: camuflaje, gorro verde y demás. Nacido para matar, como dicen los lejías. Avanza así por la foresta, cauto, el arma dispuesta, cuando ve a un oso que está al pie de un árbol, roncando la siesta: un oso adulto, normal, pardo. De infantería. Al verlo, nuestro cazador se acerca de puntillas como el gato Silvestre, apunta el chopo y desde tres o cuatro metros de distancia le arrea un escopetazo. Y le falla. Al oír el tiro, el plantígrado abre un ojo, mira al cazador, abre el otro ojo, se levanta sacudiéndose las ramitas de pino y las hojas secas de la pelambre, y le dice: «Chaval, has tenido mala suerte. Soy un oso gay, o sea, maricón. Y no me gusta que me disparen a la hora de la siesta. Así que, para escarmentarte, ven aquí, que te voy a poner los pavos a la sombra». Y dicho y hecho; el oso agarra al cazador, y zaca. Lo sodomiza.

El cazador se toma el asunto con muy poca deportividad. «¡Venganza!», grita cuando corre al pueblo más cercano, que casualmente es Eibar. Llega, entra en una armería y pide un fusil mataosos de cinco tiros. Echa atrás el cerrojo y con mano airada mete los cartuchos. Clac, clac, clac, clac, clac. Se va a enterar, piensa tomando de nuevo el camino del bosque. Se va enterar. Avanza así nuestro intrépido y vengativo cazador entre los árboles, el fusil dispuesto para la sarracina, los ojos inyectados en sangre. Y al fin divisa al oso maricón que está de espaldas, entretenido con un panal de rica miel al que da golosos lengüetazos, ajeno a la tragedia que se cierne sobre su vida, y a lo peligroso que se ha vuelto el planeta azul. El caso es que se aproxima con sumo tiento el cazador, apuntando a la osuna cabeza No quiere fallar, así que se acerca más, y más más. Está a un metro, y el oso sigue a lo suyo. Entonces, con una risa locuela, resuelto al escabeche, el cazador grita de nuevo «¡venganza!» aprieta cinco veces el gatillo. Bang, bang, bang, bang, bang. Le pega cinco tiros como cinco sartenazos al oso. Y el muy gilipollas falla los cinco. Entonces el oso se vuelve despacio, con mucha flema, y se lo queda mirando. «Hombre-dice-pero si es mi amigo el escopetero». Luego se le acerca, sonriente. «Pues ya sabes, chaval -dice-. Yo Tarzán, tú Jane. Cinco tiros son cinco ñaca-ñacas. Ven, mi vida». El cazador intenta largarse, pero el oso, que es muy ágil aunque no lo parezca, da una especie de salto de ballet y lo trinca. Luego se lo calza cinco veces, una detrás de otra. Cling, cling, cling, cling. Cling.

Imagínense ahora a ese cazador volviendo al pueblo -esta vez camina ya con cierta dificultad camino de la armería. Ese cazador que entra en la tienda gritando «venganza» como un descosido. Esa ametralladora que compra. “¿Cuántos tiros le pongo?”, pregunta el armero. «Doscientos», responde. Imagínense luego a ese cazador camino del bosque con la ametralladora colgada, poniéndose alrededor de los hombros y del cuello, con manos temblorosas por la cólera, las cintas de reluciente munición. «¡Venganza!». Y ahora imagínense ese bosque donde canta el mirlo, o lo que cante, y donde las ardillas, asustadas y tímidas en sus ramas, ven pasar al cazador con cara de jinete del Apocalipsis. «¡Venganza!», grita de nuevo el Rambo. Llega así hasta el oso; que es un oso maricón, sí, pero culto, y en ese preciso instante se encuentra leyendo una autobiografía de José María Mendiluce. Y sin más, a un palmo de su cabeza, le dispara la cinta entera. Ratatatatatat, Doscientos tiros uno detrás de otro, sin respirar. Y le falla los doscientos. Entonces el oso lo mira, chasquea la lengua, cierra el libro y se levanta despacio, como con desgana. Luego se acerca un poco más al cazador, que se ha quedado de pasta de boniato, le pasa un brazo peludo por los hombros y le pregunta, en tono de confidencia: «Venga, colega. Sé sincero... ¿Tú aquí no has venido cazar, ¿verdad?»

(Arturo Pérez-Reverte)

Anónimo dijo...

..te tiras piedras tu solo...jajajajaja
deu!

R. dijo...

Anónimo poco anónimo:

Me temo que no has entendido nada del cuento. Te lo explico pero presta más atención la próxima vez que, la verdad, tienes ya una edad para saber leer entrelíneas: tú aquí no vienes a debatir, a decirme qué cosas te parecen que están bien o cuáles crees que están mal. No. A ti te mueve otro motivo, sexual o no, eso ya lo desconozco, pero, sea el que sea, no cuentes conmigo.

Ah, y cierra al salir.

Anónimo dijo...

muy mal,chaval, muy mal,¿y la libertad de expresión? Mejor dejo abierto, que se renueve un poco el aire viciado.