domingo, 2 de enero de 2011

Héroes


En un post anterior les hablé de la fascinación por el dolor. Del afán de trascendencia y todo eso. Casualidad o no, todos mis héroes murieron en combate. Quizás por eso son mis héroes. Enrique Urquijo. Larra. Janis Joplin. O este que suena: Jeff Buckley, del que dicen que se ahogó repentinamente. Yo no lo creo. Yo más bien opino que se cansó de vivir, que es distinto.

Para mí hay dos formas de quitarse de en medio: con premeditación -voladura de sesos, asfixia, muerte dulce, etecé-; y sin ella. A veces uno decide suicidarse y otras se cansa de estar vivo. Quiero decir que hay quien busca la forma y quien directamente se formula. Quien tiene hambre y quien come. Como el protagonista de la entrada de hoy, que no esperó siquiera a que le sonaran las tripas. Todo lo contrario. Se sumergió en el río Wolf, y adiós al chico triste y solitario de California.

Es lo que pienso. ¿Por qué? Porque es algo que sucede a diario. La gente se cansa de vivir. Bien porque tocan techo; bien porque no terminan de salir del fango. El pretexto, no obstante, es lo de menos. A lo que me refiero es al hecho mismo de matarse. 

Los hay que escogen un método; estos, en realidad, no quieren suicidarse. Reclaman atención. Y si no la obtienen en un plazo de tiempo determinado-pongamos por caso lo que tarda uno en dejar de respirar-, se aseguran de que, al menos, hablen de ellos después de muertos, donde todo son alabanzas y panegíricos.

Los otros, los suicidas auténticos, son más prácticos. Como su propio nombre indica, éstos están cansados de la vida, de la suya propia, y quieren descansar. De manera que no pierden el tiempo en idear un plan indoloro o insípido, sino que escogen el método más rápido y eficaz: se lanzan, se hunden o se estrellan. Y al carajo todo lo demás. La atención, las notas de despedida, la solemnidad, las extrañas circunstancias...

Fue el caso de Jeff Buckley, mucho me temo. Son conjeturas pero imagínense tenerlo todo. Haber alcanzado todos sus sueños. Metas. Imposibles. Bien, ¿y ahora, qué?, dirían. Diríamos. 

Dijo él, aquella tarde de mayo mientras sonaba whole lotta love, de Led Zeppelin. Su réquiem particular. Buckley y los suyos habían llegado a Memphis para grabar el que iba a ser su segundo disco. Y entonces sucedió. Su amigo se giró un momento para subir el volumen y cuando volvió la vista hacia el río donde él estaba nadando, ya no le vio. No en vano, su cuerpo apareció cinco días después, completamente desnudo. Dicen que se mató porque había perdido el anonimato. Otra forma de estar cansado, supongo. De ahí la necesidad de fracasar como una manera de evitar este tipo de colapsos, se me ocurre. Y es que sin fracaso, estimo, no hay esperanza de vida. Esperanza, quizás, de lograrlo. Porque mientras se fracasa también se vive, oiga. Así salvó la vida, por ejemplo, la princesa Sherezade. Alargando la cosa. Por intentarlo que no quede. A la última va la vencida. Los últimos serán los primeros. Y toda esa retahíla de mantras manidos y tópicos que sirven, acaso, para evitar que la bala entre por donde no debe.

Esto no siempre se consigue. A veces el agotamiento vital sobrepasa a la expectativa de estar vivos. Supongo que por eso mismo: por vivir; por cansarse de intentarlo. Porque al final uno se suicida porque vive. Porque sus ganas se colman y estas se derraman vidrio abajo. O porque, previsor, se ve al borde de. Y opta por abandonar la empresa, la suya propia, antes de que sea la vida quien le despida.

Hasta aquí hemos llegado. Esto es todo, amigos. O lo que sea que uno o una dice cuando salta al vacío de su propia existencia.

Hay personas que se cansan de estar vivos y otras que no tienen fuerzas para seguir viviendo. Hete aquí la diferencia.

En mi caso, fue la falta de proteínas lo que me llevó a poner un pie sobre la misma ventana que tantos amaneceres me traería luego. Me reclamaron a tiempo, ya ven. Y aquí sigo. Vivo. 

Feliz año nuevo, por cierto.

4 comentarios:

Sara Royo dijo...

Pues no veas como me alegro, de q te reclamaran, digo. Sabes?, hay q ser mucho más valiente para seguir adelante q para ponerle fin a la tristeza. Y estoy convencida de q esa cabezonería en superar el mal momento tiene un premio estupendo, o muchos premios menores, siempre q e tengan ojos para ver y alma para estrenar.
Q feliz año, desde el corazón.

Shigella dijo...

Yo me alegro infinitamente también Sara y estoy totalmente de acuerdo. Creo que antes ni siquiera de pensar en el suicidio hay que probar hasta lo improbable. Que sepamos vida sólo tenemos una y vamos a estar muuuuucho tiempo muertos. Así que ¿por qué adelantar el momento? Mejor intentar componer la mejor obra posible con los materiales de los que disponemos.

Que nunca se sabe cuando la cosa puede dar un giro inesperado ¿verdad R?

Un besazo

R. dijo...

Hay que vivir aunque sea por curiosidad. Sí. Tienes toda la razón, Sara. Al final, por muy negra que sea la noche, termina amaneciendo. Y de todo se sale, menos de la muerte.

Un besazo y feliz año guapa!

R. dijo...

Pues no, shige, nunca se sabe. Y es del género bobo levantarse de la butaca antes de saber cómo acaba la peli.

Un besote, bacteria!