sábado, 29 de enero de 2011

El niño del semáforo

No sé con qué extraño método conseguían sus padres acojonarles y/o engañarles de pequeños para que hicieran esto o aquello. Rubalcaba. El hombre del saco. Michael Jackson. Ustedes dirán. En mi caso, se trataba del niño inexistente del semáforo: un pobre diablo, contaban mis padres, vestido con harapos, que vendía pañuelos a la altura del paso de peatones. El mismo sitio donde yo acabaría -y esta era su velada amenaza- en caso de no aprobar todo ese año. Como pueden imaginarse, suspendía. Aunque más que por no estudiar, por mis ganas de conocer a ese crío, coétaneo mío, que a esas alturas más que miedo, me procuraba intriga. Todas las tardes, al volver del colegio, de hecho, pasábamos por el mismo semáforo donde me aseguraban mis padres que se ponía. Pero ni ellos ni yo conseguimos nunca nuestro propósito.


No recordaba esta anécdota. Me acordé hoy mientras volvía del dentista. En el paso de peatones había un malabarista, más o menos de mi edad, y pensé que tal vez el niño con el que me amenazaban y/o sugerían mis padres, existía realmente; y no solamente eso, sino que, además, era todo un espectáculo verlo. Tanto tiempo en el semáforo...de lo que sirve estudiar, me sorprendí diciendo en alto.

Pasaron varios turnos de peatones hasta que me decidí a abordarle. Hola, dijo mi yo de niño. Hola, se giró él. ¿Puedo hacerte una pregunta? Asintió. ¿Llevas mucho aquí? ¿En el semáforo? ¡Toda la vida!, me  reconoció. No cabía duda, era él. Pensé que no te conocería nunca. ¿Quién eres? Es una larga historia, cuánto llevas recaudado. Apenas cinco euros. Toma-le di un billete de 10 euros, lo que tenía-te lo debo. ¿Me lo debes? Te lo debo: yo tenía que haber ocupado tu puesto en el semáforo, me libré.

Y el tipo, que no era para nada un desarrapado, me miró con la misma cara con la que yo mismo miraba a mis padres al oír hablar de él, y guardó extrañado el billete. 


Gracias, me contestó tímido. Y eso fue todo.


Cuadro de Jabbar Al Ali

17 comentarios:

Michael Garv dijo...

sin comentarios inteligentes,simplemente wow!. no se si sea la hora que hace que todo tenga sentido pero esta narracion me a gustado enormemente y lo mas probable es que ahora duerma con la mente en aquel crucero del semaforo, muchas gracias por la redaccion.

Shigella dijo...

Todavía no te has librado...así que ya sabes, las pilas puestas (muak!!)

La historia es muy bonita. A mí me asustaban con que los Reyes Magos que lo veían todo no me iban a traer nada ese año si me portaba mal, hasta que un día, harta del temita, pregunté: Mamá, ¿¿¿es que los Reyes Magos nunca se cansan de mirar??? Y en ese momento mi madre comenzó a plantearse si no estaría abusando del recurso... ;D

Palabra: bessi jajajaja

R. dijo...

Muchas gracias, Michael. Si has soñado con semáforos, algo bueno he conseguido.

A ti por leerme.


Saludos!

R. dijo...

jajajajajaja menuda debías ser tú de niña, shige. Una lisa simpsons en toda regla. Bueno sigues siéndolo un poco...

Tomo nota. Si suspendo me voy a vender al semáforo. Aunque me temo que aunque apruebe, iré a parar allí, que está la cosa mu malita.

Más bessis! jeje

Princesa Ono dijo...

Iba a escribir "insuperable historia", pero creo que en la próxima te superarás, como siempre (vaya, estoy de un pelota últimamente...).
Yo no recuerdo que me dijeran nunca nada de eso de pequeña y eso que era un trasto de cuidado. Mi madre siempre me perseguía por toda la casa con la zapatilla...
Besoss

R. dijo...

Lo mejor siempre está por llegar. Si no no escribiríamos. Me alegra que te haya gustado mi historia.

Jajaja esas zapatillas voladoras las conozco. Algunas hasta tenían incorporado un microchip de seguimiento para que las tirases como las tirases y con la fuerza que fuera, alcanzaran su objetivo.

Las madres, qué fieras! jeje

Un besazo, guapa!

Menlove Avenue dijo...

A mí me atemorizaban con el hombre del saco, hasta que un bonito y soleado día de primavera, mientras jugaba a la comba en el portal tan inocentemente, pasó un hombre mayor, tosco, cargando un saco de patatas... ¡Qué disgusto pillé! Entré corriendo a casa y me pasé horas llorando, y la noche en vela, porque pensaba que el hombre iba rodando la casa porque aquella noche vendría a por mí. Mis padres nunca más volvieron a hablarme de él. Creo que se tuvieron que sentir tan culpables... ¡Y co razón! :)

Menlove Avenue dijo...

Creo que la N del teclado no me va muy bien... :) tendría que poner "roNdando", "coN"...

R. dijo...

¡Joder qué acojone, señorita Rigby! Con razón tus padres no volvieron a sacar el tema. Normal. Se les fue de las manos. Con lo fácil que hubiera sido recurrir a monstruos o personas que no tuvieran ningún parecido en la realidad. Putas coincidencias. A mí me pasó algo similar, aunque sin padres de por medio. Fue en mi pueblo. Un verano. La típica casa deshabitada, con su característica ventana arriba del todo. La típica casa chunga, con su típico ventanal chungo, vaya. Y siempre había alguien que decía: "¿Os imagináis que un día se asoma una vieja y nos saluda"? Y nosotros no reíamos, claro. Pues dicho y hecho. Una noche, mientras conversábamos frente a la casa, vimos como de repente una vieja se asomaba a la ventana y nos saludaba muy len-ta-men-te. No le dio tiempo a preguntarnos qué tal porque salimos por patas y acabamos en el pueblo de al lado. Lo misterioso es que al día siguiente, y con luz de por medio, volvimos al lugar del cirmen y obviamente nos dijeron que ahí no vivía nadie desde hacía años. Que la casa estaba deshabitada.

Suputamadre.

Besos sin sacos ni viejas!

Siona dijo...

A mi me obligaban a comer diciendo que los niños de África se morían de hambre....yo repetía insistentemente que encantada de la vida, les regalaba los guisantes y otras viandas...pero no podía ser, porqué estaban muy lejos, decía mi abuela...cuando fuí mayor, y ya no tenía problemas con comer,pero sí con otras cosas, la amenaza estrella era que me iban a ingresar en un internado...lo que hace la desesperación y los pocos recursos...a ver con que voy a amenazar yo a mi hija...qué miedo!

R. dijo...

Esa amenaza tampoco surtía efecto conmigo, siona. Me decían lo mismo, que si los niños africano. Y yo, como tú, encantado de mandarles mi comida.

Creo que el día de mañana -y tal y como está la cosa- serán nuestros hijos quienes nos amenacen a nosotros. Ya pasa, de hecho. Miedo me da.

Un beso, guapa!

Phant79 dijo...

Veo que mi madre era más de acción que de amenazas o chantajes emocionales. A mi me sentaban en la encimera de la cocina hasta que si o si me comia las lentejas... o en su defecto ese dichoso plato aparecia mágicamente ante mi a la hora de la merienda o la cena (hasta que finalmente lo hacia desaparecer). Con hambre todo sabe mejor...

P.D: Me has hecho sonreir con tu historia... he recordado que a mi me amenazaban con lo mismo.

El creador dijo...

Me ha gustado tu historia!!
El niño del semaforo como la deuda de ua vida que, quizás,era para tí o para cualquie otro.

A mi, me asustaban con el Diablo. jejeje Pero lo superé facílmente.

Llegue aquí Bloggeando.
Te invitó a que nos visites.

http://sententiagiovane.blogspot.com/

R. dijo...

Vaya, Phant, entonces qué poca imaginación tienen los padres. Debe haber por ahí un manual del acojone básico que rula de padre en padre y que por lo visto no trae muchos recursos jeje

Con lo de la comida, yo llegaba a un acuerdo. O más bien, ellos conmigo. Decía, no como. Y ellos, cuatro cuacharadas más y puedes levantarte. Aunque sí recuerdo a la madre de un amigo, que nos hizo lo que tus padres. Un plato de acelgas y a comérselo sí o sí. Fue la peor media hora de mi vida. Con ella allí sentada, mirándonos con disciplina prusiana...

Y nosotros, seremos tan cabrones con nuestros hijos? Sepa dios.

Un abrazo!

R. dijo...

Muchas gracias, creador. Así es, se trataba de una deuda moral para con el crío.

He visto tu blog, tiene buena pinta. Nos leemos!

Saludos!

Iria dijo...

Que preciosidad de historia, enhorabuena por el blog :)

R. dijo...

Vaya, muchas gracias, Iria. Enhorabuena a ti por ese curro que tienes. Salvar animales sí que es una preciosidad!

Besos!