martes, 18 de enero de 2011

Breve cuento navideño (y 5)

Bien. Les debía un final para este cuento. Aunque tarde, aquí lo tienen:


Jacobo siempre quiso parecerse a María. Lo supo desde que tenía 10 años. Cuando se vestía de niña a escondidas. Casi Avergonzada, María me cuenta cómo con esa edad, le robaba determinada ropa a su madre-"bragas y sujetadores, sobre todo"-para probársela en su cuarto por la noche. Fue así, de hecho, cómo eyaculó por primera vez: recreándose delante del espejo de su habitación. Un cristal enorme donde el pequeño Jacobo vislumbró su futuro: "Me encantaba desnudarme para mí, María era preciosa". ¿Y por qué elegiste ese nombre? Por una niña de mi clase, que era la más popular. Quería ser como ella. Más que ella, cuenta. Aquellos fueron sus pinitos en el travestismo. Los mejores años, recalca. El juego como tal. Después vendría la calle y los insultos. Las palizas de su padre. Y por último, el pecho. Las tetas. La culminación de una vida siempre a medio construir. A medio pagar. No en vano, antes de operarse, María se consideraba un hetero atrapado en el cuerpo equivocado. Fue lo que me dijo cuando nos conocimos en aquel bar excéntrico y grotesco.


¿Y nunca has pensado en dejarlo? ¡Tú estás loco, este cuerpazo no vale para fregar escaleras! Es verdad. María tiene un cuerpazo; de aquel maromo que me eché a la cara hace tres años queda ya tan sólo el nombre. Y la memoria. Aunque María se resista a dar detalles de su pasado. Como Machado, prefiere no mirar atrás. Caminar en presente y hacerse presente al andar. Lo ha superado. Se ha superado. Ahora tiene tetas y un micropene que hace las delicias de los heteros. ¿Qué más quieres, periolisto?


Hoy, por ejemplo, ha estado con nueve chulazos, como a ella le gusta decir, y dos eyaculadores precoces. ¿Y no te cansas nunca de ellos, de los clientes? A ti también te cuento, me sugiere María con una sonrisa lasciva. Tú y yo sólo hablamos. Y ellos también conmigo, qué te crees; te puedo asegurar que muchos ni siquiera quieren tocarme. Y señala a un par de tipos que negocian un completo con una de las prostitutas del bar. 70 con anal, escucho que le dicen.


Pagan más para estar más tiempo acompañados, me explica María. Muchos sólo quieren eso. Por eso las putas somos tan necesarias. La gente se siente sola, cada vez más. Muchos de mis clientes, te sorprenderías, no pagan por follar, como te digo, sino por sentirse acompañados; se les nota. El sexo es como el café de la charla. Ayuda, lubrica, pero es sólo la excusa para juntarse. Para no estar solo. Yo vivo gracias a la soledad de otros: la soledad es quien me paga la luz, el teléfono, quien me hace la compra y quien me ha dado la vida que quiero. 


Habla muy segura. Feliz, diría. Quizás soy yo el que está atrapado dentro de una vida para la que no he nacido. ¿Y en estas fechas, donde la gente se siente mas sola o directamente está más harta de su familia, notas un mayor reclamo?, le pregunto más por mí que por ella. La sola idea de pensar que lo mío pudiera no estar acotado a un periodo determinado, me turba. De pronto, quisiera tener su vida. Disponer de tetas y pene. Dos vidas, en suma. Una como entrevistador y otra como entrevistado. Ojalá. Y por pensar esto, casi me pierdo su respuesta: Cariño, siempre, y escúchame bien, SIEMPRE, hay reclamo. Sin putas nos habríamos matado hace siglos. Nuestro trabajo es una navidad prolongada.

Anoto esto último en mi libreta. María me mira y me recuerda que aún tengo un reportaje pendiente. Ya no trabajo de periodista, quién tuviera dos vidas. Pues hazte puto. Para eso hay que valer. Tienes razón. Esa sí que se lo ha montado bien. ¿Cómo? Sigo en las nubes, fantaseando. Hormonar el pasado, siliconar el presente, aumentar una talla de futuro. Sería fantást...Esa, me repite María. Y veo Belén Esteban, al fondo; está gritando algo en la tele del bar. Ramón, el dueño, comenta alguna barbaridad; no presto mucha atención. Estoy pensando en la cantidad de vidas distintas que podría probarme a escondidas. Abogado. Boxeador. Ladrón de bancos. Traficante. ¿Sabes cuál es vuestro problema?, me interrumpe de pronto María. ¿Qué?, respondo otra vez sin saber muy bien qué coño me está preguntando. Y otra vez estoy a punto de perdérmelo: Que los periodistas no os podéis cambiar la cara como esa furcia.

María pide otro vino y se lo bebe de un trago. Me voy. Ramón, invita el periolisto. Hala, ahora ya eres cliente mío. Su respuesta me remueve por dentro. Será puta. Los periodistas no somos como nos pintan. 


Nos despedimos. Suena su móvil. Es del hospital. Lo sé porque comienza a llorar. En ese momento, comprendo muchas cosas: se puede cambiar de vida; pero nunca se abandona del todo la anterior. Y ahora sé, también, que no hay nada más triste que una navidad eterna. Como esos arbolitos de plástico que continúan en el salón porque nadie se molesta en guardarlos. Y ahí siguen, ellas, navideñas, llueva o haga sol. Sea o no navidad. 


María se seca las lágrimas en el hombro de un cliente. Aún quedan algunos días para Reyes.

Fin.



Imagen del fotógrafo Alberto García-Alix

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Reconozco que el cuento se me estaba haciendo largo y pesado. Además de que me estaba dando un poco de asco. Travelos, pollas, aj. Pero este post tiene algunas frases muy buenas. No sé si invención tuya o declaraciones vívidas. En todo caso, parece que has vuelto a la senda de Madrugario. Leí por ahí que esto era algo así como una incursión en el realismo sucio. Bien, no experimentes. Escribe de lo que sabes y como sabes. Te sigo desde hace bastante y me gusta mucho tu blog. Pero hay post que no tanto. Supongo que no todos pueden ser de 10. A este cuento le doy un 6,5.

Sin acritud
Besos!

R. dijo...

Como en botica, hay de todo, anónimo. Realidad ficcionada que se llama. Y sí, no todos los post pueden ser de 10. O sí, pero no para todos.

El asunto está en escribir. En seguir dándole a la tecla. Por si llega el día en que uno escribe algo medianamente decente. Que la inspiración te pille posteando, y todo eso.

Respecto a lo último que me "recomiendas", lo siento pero este blog es, entre otras muchas cosas, un laboratorio de pruebas. Escribir es un juego-aunque no de niños-y yo, como calamaro, quiero seguir jugando.

Hoy ha tocado realismo sucio. Mañana, lo que me salga. Pues no siempre me levanto con el mismo estado de ánimo. Ni la misma neura. Aparte, que mantener el mismo tono y el mismo argumento es un coñazo. Este es un blog personal. No especializado. Y como tal, varía. Fluctúa.

También sin acritud.

Besos!

Guti dijo...

Ya ves amigo R. a mi me ha parecido corto. Me refiero al cuento, claro.
No te pongo nota, no soy ni un crítico ni un maestro, pero he disfrutado.
Hasta otra.

R. dijo...

Muchas gracias, guti. Se agradece.

Un abrazo!

Aleja dijo...

R. TU POST NO CORTOS, NO LARGO LO NECESARIO PARA DECIR LO QUE SE DEBE DECIR CABALLERO... ME LLAMO MUCHO LA ATENCIÓN TU CUENTO DE NAVIDAD...
BESOS c:

R. dijo...

Muchas gracias, aleja. Sí, es verdad, la extensión la marca la necesidad que se tenga o no de algo. Por una vez, no nos pongamos límites.

Un beso!

Desilusionista dijo...

Pues yo sólo tengo mi humilde opinión, pero he de decir que a mí no me ha disgustado para nada el cuento. Me ha parecido de lo más personal de lo "suciorrealista" que he leido últimamente, y sinceramente lo agradezco. Me parece que se está empezando a confundir el realismo sucio con un impulso por provocar arcadas a base de palabras mal sonantes y escenas desagradables.

Me gusta ver que todavía se puede escribir sucio y que quede algo limpio ;)

R. dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, desilusionista. Se puede escribir limpio sobre algo sucio como se puede también ensuciar algo limpio con un determinado tipo de lenguaje, formas, etc, que resulten sucias. Lo que dices.

Y es que no sólo de balcones y golondrinas vive la poesía. Y menos mal.

Un abrazo y gracias por comentar!

Wendolina. dijo...

Cojonuten Ro.

A mi si me dan a elegir de entre todas las vidas yo escojo la del pirata cojo.

Un beso.
Wendolina.

Shigella dijo...

"Show must go on". Me da a mi que elijamos la vida que elijamos más de una vez lo aplicaremos. Objetivo pues: no tener que hacerlo demasiado.

Un besazo

R. dijo...

Muchas gracias, señorita rocanrol. A mí me gustaría ser:

Al Capone en Chicago,
legionario en Melilla,
pintor en Montparnasse,
mercenario en Damasco,
costalero en Sevilla,
negro en Nueva Orleans,
viejo verde en Sodoma,
deportado en Siberia,
sultán en un harén,
triunfador de la feria,
gitanito en Jerez,
tahur en Montecarlo,
taxista en Nueva York,
el más chulo del barrio,
confesor de la reina,
banderillero en Cádiz,
tabernero en Dublín,
billarista a tres bandas,
insumiso en el cielo,
dueño de un cabaret,
tenor en Rigoletto,
pianista de un burdel,
bongosero en la Habana,
casanova en Venecia,
anciano en Shangri La,
vocalista de orquesta
cronista de sucesos,
detective en apuro,
suicida en el viaducto,
guapo en un culebrón,
morfinómano en China,
desertor en la guerra,
boxeador en Detroit,
cazador en la India,
marinero en Marsella
o
fotógrafo en Play Boy.

Ahí queda eso.

Besotes, guapetona!

R. dijo...

Pues sí, shige, el show ha de continuar. En este vida o en aquélla.

Un besazo, doble p

Princesa Ono dijo...

El rey del realismo puro y duro. Ese es R. Le guste a quien le guste y le disguste a quien le disguste, él seguirá escribiendo lo que le dé la gana y cómo le dé la gana. Y bien que hace. Si te mola bien y si no, pasa al siguiente blog.
Enhorabuena R... te mereces un buen puesto en un buen periódico!!
besos

R. dijo...

Ya será menos, ono. Aunque muchas gracias, joé. Me has puesto colorado, no, lo siguiente!!!!!!!!!!

Esto no se hace jeje

un besote, guapa!