lunes, 10 de enero de 2011

Breve cuento navideño (y 4)

Entonces quería hacer un reportaje sobre prostitución visto desde todos los ángulos. Hablar con proxenetas, con asociaciones abolicionistas, a favor, con putas, ex putas, con clientes, etecé. Y exponer todas las aristas posibles para que cada lector se agarrase a sus propias concluiones. En ningún caso se trataba de tomar partido por una causa u otra, le expuse a mi jefa pero el director de nuestro insigne diario desestimó mi propósito. Cosas de la empresa periodística. Échenle la culpa al boogie, que diría aquél.

De modo que no me quedó más remedio que sacar cien euros del banco-cobraba 300- y echarme a la calle por cuenta propia y ajena. Sin embargo, ocurrió que al doblar la primera esquina me tembló el ánimo y las piernas. Vamos que me acojoné. Todavía lo recuerdo nítido. Me había lanzado a la aventura y no había previsto lo más importante: yo nunca me había ido de lumis. No sabía, por tanto, cómo entrarlas, tratarlas y, sobre todo, cómo entrevistarlas. Cómo llevar a cabo mi idea, en resumen. Tendría que pagarlas, sí, pero, ¿y si entraba alguien en la habitación y descubría que estábamos vestidos? O peor aún: con una grabadora encendida y, en mi caso, exprimiendo, además, el semen de un bolígrafo con intención de fecundar un reportaje que hablara, entre otras cosas, de la insalubridad de los hostales donde tienen lugar este tipo de encuentros, más o menos periodísticos.

Miles de macabras escenas pasaron en ese momento por mi mente. Destornilladores. Alicates. Rodillas. Uñas. Si me pillaban era hombre muerto. 

Y en esas estaba, digo, fantaseando con la posibilidad de convertirme en fiambre y que el mismo matón enviara mis trocitos a la redacción, cuando el tipo más grande que había visto hasta la fecha, se me acercó y con voz eslava me susuró en el tímpano: "Yo de ti no lo haría". "No, no lo haría". "Vaya que no". "Hazme caso, ahmigho, que luego vienen los moratones, el dolor". "Vaya que sí". Y como vino se marchó, aunque esta vez tarareando una canción de Julio Iglesias, que me puso los cojones de corbata.  Aquel soviético enorme. Aquel cantautor nefasto.

Durante el mismo reportaje me haría cargo de la opinión de extintos proxenetas, que me dirían, en confianza, que con la llegada de las mafias se habían visto abocados al paro. Si es que puede llamarse paro al hecho de no tener a nadie a quién explotar. "Ahora mandan los búlgaros", me revelaría, por ejemplo, Paco. No hace falta que lo jure, le respondería apenas un mes más tarde. Pero entonces, cuando ese eslavo enorme me abordó, desconocía la nueva toma de posesión.


Con Paco no me hubiese acojonado tanto. Era de mi altura y pesaba 20 kilos menos. Ya jubilado, se había pasado al robo de cobre para subsistir. No obstante, ese no es el tema que nos ocupa.


Continúo. Recuerdo que después de la charla con Lenin, entré en un bar, el primero que vi, y me apreté un lingotazo de algo que sabía a matarratas y que no supe determinar qué era-"ponme un chupito de lo que tengas más fuerte"-, pero que templó mis nervios casi al instante. Vamos, erre, son personas, cómo tú y como yo, me dije. Es fácil: llegas, te presentas, subes y las entrevistas. Y si viene algún chulo o el mismo Stalin, le haces ver que no quieres problemas. Que estás aquí por cuenta propia y ajena. Y si no, siempre te queda la opción de salir por patas, que de valientes está el cementerio lleno. 



"Te la chupo por 15 euros", escuché que le ofrecía de pronto una voz ronca a mi nuca. ¿Cómo?, contesté girándome. Y, les aseguro, que fue peor el remedio que la enfermedad: frente a mí, el maromo más grande que habían visto mis ojos en 23 años de existencia. Más aterrador, incluso, que aquél búlgaro chungo. Mucho más grotesco. Dantesco. Y con unas tetas, además, más grandes que su propia cabeza, enorme también.


Así que un reportaje, ¿eh?, me repitió María cuando le expliqué mi contraoferta, más traquilo. Al menos con ella estaba protegido. "Sí, eso es", volví a decirle. Está bien, aceptó. Y empezó a desnudarse en mitad del bar. Eh, eh, eh, qué haces. 

No pude parar aquello. Cuando quise darme cuenta, María tenía ya las bragas por los tobillos y agitaba en su mano un micropene, que más que una polla parecía un clítoris enorme. No hace falta ser tan explícita, mujer. "Sólo estoy quedándome contigo, vaya cara que has puesto". Y se río de mí alrededor de cinco minutos. Mejor eso que los alicates y el destornillador, pensé resignado ante el aplauso generalizado de todo el bar. En ese momento, me arrepentí de haber dejado Derecho. Ahora estaría en mi casa, entre tomos, imaginé, y no aquí viviendo la noche más absurda de mi vida.

"Ahora en serio", paró de reírse, "tú quieres hacer un reportaje de putas y contar lo que pasa en la calle. Y yo me trago todo lo que pasa por esta calle. Soy tu chica, pero yo cobro hasta por mirarme". Fueron sus palabras exactas. Su carta de presentación. Su apretón de manos. ¿Dije eso?, me interrumpe María.  Calla, y déjame contárselo a esta gente. Y yo accedí, sigo; cómo no. Ya puestos, que volviera a casa con algo que contar, ¿no creen?. 

Así, María y yo hablamos largo y tendido. De su infancia en un colegio de curas. De cómo empezó en el mundillo. De lo que costaba una vagina y hoy de wikileaks, ya ven.



Me acuerdo que te pregunté si alguna vez habías sido cliente tú de alguien. Tu respuesta bien valió los 10 euros que te di en compensación por perder varios clientes conmigo: "Cada vez que me masturbo", contesta María. "Todavía sigo siendo mi mejor cliente", añade hoy con la perspectiva que dan los años.

Después, ella se puso triste porque su padre, ese día, le había llamado por el nombre de pila. "Es un cabrón, lo hace para joderme; ojalá pille algún día algo chungo".

Aquella noche era viernes, como hoy. Y antes de encender la grabadora, María me pidió unos minutos para retocarse. "No siempre fui así de guapa, te vayas a creer".

Para serlo, empezó con una peluca y vistiéndose de mujer. Pero eso se lo cuento mañana junto con el desenlace de este cuento navideño, ¿les parece?



Imagen sacada de http://pleine.blogspot.com/

11 comentarios:

Shigella dijo...

Te recomiendo que te leas "Los hombres que no amaban a las mujeres", que te va a gustar...

R. dijo...

Sí? tú crees? mira que yo no soy mucho de best sellers...

besos, guapa!

Shigella dijo...

Creo sinceramente que esta trilogía merece la pena ser leída. La historia está cuidada, los personajes son interesantes (sobre todo Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander), está bien escrito (aunque a veces se pierde en los detalles...).

Creo sinceramente que te va a gustar. Yo me fio de ti, ¿te fías tu de mí? jejeje

Shigella dijo...

A veces me como las tildes.... (ops!!!)

Palabra: rehaecr... rehacer el comentario!! jajajjaja

R. dijo...

Vale, aceptamos barco como animal acuático. Me la leeré. Lo intentaré. No puede ser mucho peor que el coñazo que estoy digiriendo: en el camino, de Kerouac.

Guti dijo...

Pues mañana estaré esperando este fin.
Abrazos.

Marya J. dijo...

¡Buenas!
He estado buscando blogs interesantes y el tuyo es de los pocos que me han llamado la atención.
Permíteme que me promocione (es lo que hay que hacer en este estoico mundo ahora)...

Si te interesa la escritura, la poesía y los ensayos, más que otras banalidades que hoy día se valoran...
si no tienes tabúes que te restrinjan, y prefieres decir lo que piensas...
si quieres saber sobre el proceso de creación de libros de una autora de dos publicaciones y así sus cambios hasta la locura...

échale un vistazo a mi blog,
y si te gusta, que nadie te calle, ¡síguelo!
http://librosy3.blogspot.com

Anónimo dijo...

Qué ha pasado con la historia de María, para cuándo el final prometido?

R. dijo...

Mañana lo tendrás, guti. gracias por interesarte. Un abrazo!

R. dijo...

Estimada Marya J,

Deduzco de tus palabras que mi blog, en realidad, te importa un soberano carajo. Lo que quieres es promocionarte a través de.

Bien. Estás en tu derecho. Pero permíteme decirte que el mundo no es estoico. El mundo sangra. Y se duele de si mismo. Quizás querías referirte a otra cosa; no lo sé.

Respecto a lo segundo que comentas, me gustaría indicarte que hay otras formas menos cutres y más eficaces, por cierto, de promocionarse. Para ello están las redes sociales y tu blog, sin ir más lejos. No es que no me importe lo que me dices, ojo, es que creo que la descripción que detallas acerca de tu valiente espacio encaja más y mejor en tu perfil de facebook, tuenti, twitter o, como te digo, blogger. Y no en los comentarios de este humilde bitácora más o menos nocturno.

Aún así, si persistes en tu idea de comentar en los blogs de la gente para hacerte autobombo, te diré que existen otras maneras más sibilinas de hacerlo y que parezca un accidente. Te dejo algunos ejemplos: "Hola, me encanta tu blog, échale si puedes un vistazo al mío". "Me ha gustado esta entrada y te he enlazado en mi blog, espero no te importe", etecé. ¿Captas el ligero matiz?

Lo siento, pero no practico el follow to follow. Es decir, no sigo si me siguen y si sigo a alguien no espero que éste me siga por la circunstancia anteriormente descrita.

Sin acritud te lo digo.

Saludos y suerte por la blogosfera.

R. dijo...

He estado enfermo y estos días de viaje, anónimo. Mañana me pondré con el final, que quiero darle matarile a mi incursión en el realismo sucio y escribir sobre otras cosas.

Gracias a ti también por interesarte.

Saludos!