jueves, 21 de octubre de 2010

A franquear en destino

No puedo evitar sentirme como un polizón cada vez que te penetro y penetro en tu vida. Y viajo, así, por rugosos océanos de felicidad sin tener que mostrar mi pasaporte de tristezas en cada poro de tu cuerpo. No puedo evitarlo. Me siento prófugo de mi mismo. De un pasado que antaño me perseguía vestido de etiqueta para exigirme el pago adeudado de todas las noches que derroché buscándote en otros ojos. En otros lunares. En otras camas. Y hoy, acurrucado finalmente dentro tu ombligo, miro al futuro y está delante de mis ojos.

Y el único interés que se me exige son dos vidas a franquear en destino.



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martes, 19 de octubre de 2010

Amar sobre plano

Una vez conocí a un tipo que compró un piso sobre plano y jamás vio su vivienda construida. Al poco tiempo, la constructora encargada de tal menester quebró y lo único tridimensional que obtuvo el buen hombre -Manuel recuerdo que se llamaba- fueron un puñado de ladrillos que no llegaban a dos pisos y lo que se suponía iba a ser el tejado. Lo peor es que el fulano, cuarentón y divorciado, estaba alojado en casa de sus padres, justo enfrente de la explanada donde, creía, iba a edificarse su casa. Se imaginan el percal.

Pienso ahora en ello y no puedo evitar encontrar cierto símil con el amor . No en vano, enamorarse es verse también proyectado sobre el diseño de una realidad todavía por levantarse y, más aún, mantenerse. Es, en fin, invertir todos tus ahorros, los de una vida que se dice pronto, y especular con ellos. Quién sabe lo que sucederá.

No hay garantía de nada. Y a diferencia de la circunstancia que les cito, cuando Cupido se declara en bancarrota, nadie se hace cargo del asunto. Por no haber, no hay ni un mal perito que evalúe los daños ocasionados. Y mucho menos una compensación de índole sentimental. Como tampoco existe la posibilidad de recuperar o amortizar parte de la inversión desplegada.  Es lo que hay, amigo. Nada es para siempre. Se nos gastó el amor de tanto usarlo. Etcétera, etcétera.

Por eso estoy acojonado, así en confidencia. Y es que resulta que actualmente estoy en la misma situación que el pobre Manuel. Como él, yo también me he visto dentro de un plano: la escala de su cuerpo. La longitud justa de piel donde ha de erizarse mi futuro, se supone. Y al igual que Manuel, temo que la vida me paralice las obras -el corazón- y al asomarme a la memoria tan sólo encuentre un proyecto a medio construir. Acaso dos pisos de promesas mal fraguadas.

Veremos.



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jueves, 7 de octubre de 2010

Bastó mirarnos

La primera vez que hicimos el amor no nos quitamos ni siquiera la ropa. Bastó mirarnos para eyacular entonces lentas lágrimas y desgarrarnos.



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martes, 5 de octubre de 2010

Sofocado de frío

Quisiera no quererte tanto. O quererte gradualmente. Tener, acaso, un corazón regulable. Un termostato. Controlar, en fin, la situación. Pues sucede que a tu lado el corazón se me dispara como los termómetros en hora punta. Y a la vez se me hiela la sangre con tan sólo tocarte. Aunque es al marcharte cuando tiritan, de verdad, mis sábanas. Muertas de sed. Y yo me quedo así, abrazado a tu surco, como en un mal simulacro. Presa del cambio climático.



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Amo tanto la vida



De haber sido yo Rick Blaine no habría dejado que ese avión despegara sin nosotros dos dentro.