lunes, 20 de septiembre de 2010

Ropa y miserias


Son días raros. Estos que suenan. Y no porque haya vuelto de Lanzarote con algún tipo de síndrome postvacacional o premenstrual. La isla, que me perdone Itziar, no es para tanto. O tal vez yo no supe descubrir sus encantos. Quien sabe. Digamos que fue un polvo rápido. De esos que se disfrutan y no se disfrutan. Aunque lo cierto es que tengo muchos de los síntomas del famoso-y dudoso- síndrome de marras: me encuentro desubicado y sin ganas de nada. En una ciudad hostil, que me recibe con granizo. Y ante la visión de un horizonte deshabitado. Un paisaje lunar, citando uno de los encantos que sí supe reconocerle a la isla de los volcanes, como se conoce popularmente a Lanzarote.

Miro a lo lejos y no vislumbro mi futuro. Y al mirar atrás sólo encuentro un pasado deshecho, recogido a la carrera. Muchas cosas se quedaron por el camino. Tú, sin ir más lejos.

Son días raros, repito. Y lo peor es que ahora tengo a una persona a mi cargo. Quiero decir que si mañana decido tirarme por la ventana no caeré solo. Tan leal como letal. Me agobia pensarlo. Soy así de hijo de puta. Pretendo cargar con mi vida yo solo. Y que nadie se moleste en recoger mis restos al esparcirme. No es su obligación. No debería serlo.

Pero el amor, al contrario que el sexo, no entiende de facturaciones. Follar es amar ligero de equipaje. Dejando en tierra ropa y miserias.

Querer a alguien es otra cosa. Es verse proyectado en otra persona y asumir-entender-que no estás solo. Que toda acción tiene su consecuencia. Y sobre todo, su reflejo.

Es verla llorar y saber que es por mi culpa.



Son días raros estos que suenan.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Playa, mojito y minigolf

Como saben, volar me aterra. Pero esta ciudad se ha puesto imposible y puede más el remedio que la enfermedad. Me marcho a Lanzarote. Ocho días. Playa, mojito y minigolf. Por ese orden.

Les echaré de menos. Hablamos a la vuelta. O durante. Me llevo la blackberry y la libreta. Por lo que pueda pasar. Por lo que pueda contarles, acaso, de relevante. Que con las musas uno nunca sabe. En Madrid desde luego que no están. No obstante, volverán las oscuras golondrinas. Perras.

En fin, muchas gracias por seguir ahí, a pesar de.

Nos leemos.

Un fuerte abrazo,

R.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Sobre gárgaras y negros


Tengo un amigo músico que trabaja de negro. Compone canciones para otros artistas. La lista es larga, se lo aseguro. No voy a citarlos a todos aquí-soy muy joven para que me pongan una querella- pero les aseguro que se echarían las manos a la cabeza si supieran la cantidad de cantantes de primera fila a los que les dan el trabajo hecho. No en vano, yo no sé si llamarles cantantes o simples voceros, que es lo que son. Vale, está el tema de saber cantar, de no desafinar; de la voz, propiamente dicha. Pero eso es como comerse una tostada sin nada encima. De nada sirve tener la base si esta no tiene sustancia. Lo que esta gente hace, pienso, son gárgaras. Lo mismito que yo cuando me levanto y me acuesto. Así que no me vengan con milongas: usted no es cantante, usted es gargarista. Enjuaguista, si lo prefiere. Pero ¿artista? Mis huevos toreros.

La situación, como pueden imaginarse, me escama. La redistribución de la riqueza es algo que me quita el sueño, amén de que cuando el río suena es que agua lleva. Es decir, que si tus canciones están en el mercado, será por algo. Entonces, ¿por qué coño la discográfica, sabiéndolo, no invierte en ti?, le pregunto indignado a mi amigo. La respuesta, obvia. Al parecer, prefieren ir sobre seguro y ahorrarse, de paso, una pasta en promoción.

Él acepta porque su hijo tiene que comer. Putas somos y en el camino nos encontraremos. Y mientras llega ese "contrato millonario", pues va tirando con esto.

¿No les recuerda a la película Una proposición indecente, del director Adrian Lyne? En el fondo es usurpar una vida que no te pertenece, aprovechándote de una apretura económica. Ser un hijo de puta, vaya. Por mucho Robert Redford que seas. Y es que es indecente, o a mí me lo parece, que un triunfito, mierda ya lo he dicho, se folle a tu mujer. Cante tus canciones. Y no solamente eso sino que, además, se crea el padre de la criatura -para más recochineo- cuando ni siquiera ha estado presente en el parto. Rosendo, por ejemplo, se encierra en un hotel con un paquete de folios y un diccionario. ¿Saben, acaso, estos gorgoristas lo que es sudar la gota gorda cuando las Musas se van?


Pasa también en literatura. Elena, de Proyecto de Escritora, ya trató el tema en este post, que recomiendo leer. Por lo visto, hay hasta empresas que se ofrecen para desempeñar tal labor y ahorrarle, así, el esfuerzo al autor. Con dos cojones. Y yo aquí rompiéndome los cuernos por acabar mi primera novela. Si es que

hoy en día quien no publica es tonto. O demasiado honrado. Gilipollas, en suma.

Les cuento esto para contextualizar mi cabreo, impotencia. E
stos días me he planteado cerrar el blog. El motivo se lo pueden imaginar: no estoy dispuesto a hacer de negro de nadie y mucho menos sin yo saberlo. Mi vida es mía; personal e intransferible. Y este blog, ficticiamente real, lleva mi adn impreso. Como dije, he sangrado y parido cada post sin epidural. Y no me sale de las yemas que venga nadie a llevárselo crudo por toda la tecla.

Al final, como saben, X acabó borrando mi post de su perfil. Tres mails y alguna denuncia después y porque la cacé, no nos engañemos. Que si no ahí seguiría. No obstante, ya no está o eso me ha dicho. A pesar de lo cual, sigo intranquilo. No por ella, sino por los que son parecidos. Como les digo, me planteé cerrar el grifo y que a este tipo de gente los inspire su puta madre. Sin embargo, cuando más convencido estaba de hacerlo, ya digo,

me amenazaron con partirme las piernas si dejaba el blog o cambiaba de fondo.

Y aquí me ven, posteando por encargo. Cuán negro de mi mismo.




Imagen de http://www.taringa.net