miércoles, 28 de julio de 2010

Impreso vital


Mi amigo Antonio tiene la extraña costumbre de pedir siempre en todos los cajeros donde saca dinero un recibo impreso de sus movimientos. "Así gastan papel, que se jodan", apunta eufórico cada vez que salimos de marcha. Como si a un coloso como Caja Madrid-la segunda caja más importante de España, tras la Caixa-le supusiera algún problema que cuatro colgados o cuatrocientos, lo mismo da, gasten más papel del debido. No es un wáter, le digo. Pero él, cuán espartano, no afloja un ápice. Sabe que tiene perdida la lucha de antemano pero hay algo que jamás le podrán arrebatar: la dignidad. La dignidad de perecer con honra. Impreso en mano.

Son sus pequeñas victorias, como él las llama, dentro de esa gran derrota general que es la vida. Sinceramente, le admiro. Yo nunca pido recibo. Quizás para no tener constancia del poco dinero que me queda en la cuenta-yo soy al ahorro, lo que Bush a los derechos humanos-o porque, al contrario que mi buen amigo, hace tiempo que di la batalla por perdida. Y es que contra la vida-y los bancos-no se puede luchar. La realidad es que al final, hagas lo que hagas, siempre pagas comisión.




Imagen de http://www.amedias.org

miércoles, 21 de julio de 2010

Destruyendo que es gerundio

Hoy de camino al trabajo me he topado con un inmenso camión, aparcado a las puertas de una importante-inmensa también-auditoría. Aunque lo reseñable del asunto, en este caso, no es el tamaño, que poco importa -¿o, sí?-, sino la función que, según su lomo, era atribuíble al propio camión: "Destrucción confidencial de documentación", rezaba su propaganda. Esto, claro, me ha hecho pensar. Ya no es que una auditoría necesite destruir confidencialmente su documentación-todas las empresas, por añadidura, lo hacen o deberían hacerlo-sino que esta misma idea traída al terreno de las emociones sería, para muchos, la cura de san benito. Imagínense: "Destrucción confidencial de emociones". Enormes camiones, gigantescos camiones, dedicados por entero a llevarse los restos sentimentales de una relación (fra) acabada; destruyendo, así, cualquier posible lazo o vínculo, que pudiese incriminarle a uno/a ante la nostalgia, esa juez insobornable.

De esta forma, pienso, no habría problema en olvidarse del ex o la ex de turno. Tarea esta que a veces cuesta más de lo suyo. Pajas, aparte. Sin embargo, contratando a un equipo de operarios que, cada cierto tiempo, entrasen en tu corazón y barrieran uno a uno los cajones de la memoria nos quitaríamos, digo, de este tipo de pajas mentales. No quedaría, vaya, ningún cabo suelto o rescoldo incómodo. Ninguna huella. Ni, por supuesto, ninguna factura de teléfono más subida de tono.

Aunque, por otra parte, sin este tipo de antecedentes, volveríamos luego a fijarnos en el mismo tipo de persona y cometeríamos, válgame, los mismos errores. Así que, ¿para qué formatearnos?

Por mi parte, prefiero sufrir y sanar, que no sanar y sufrir.

Y ustedes, ¿contratarían este tipo de servicios?



Imagen de http://www.safetydoc.es

sábado, 17 de julio de 2010

"Vestida para mí"



Ayer le hablé de Bukowski a mi chica. No sabía quién era. Y eso me encanta. Que no compartamos gustos. Que no sepa, por añadidura, quién coño fue Baudelaire ni Rimbaud. O tampoco si Morrissey es un cantante o un modisto. Por mi parte, también me estoy poniendo al día, no crean. Con ella, estoy haciendo un curso acelerado de ropa y complementos femeninos; mi talón de aquiles. De hecho, poco a poco voy sabiendo qué demonios es un triquini-como un bikini pero en absurdo-, unos leggins o leotardos sin tobilleras, o, esto ya para nota: unos zapatos manolos, que, dicho sea de paso, tiene cojones el nombrecito.

La cosa parece que viene por su diseñador, Manolo Blahnik, pero aún así la etiqueta que le han puesto es cañí que te pasas. El toro de Osborne, a su lado, una pastelada. Aunque bien pensado yo también quiero que de mayor le pongan mi impronta a unos zapatos, más o menos cucos. Nada de cascárselo a un avión, como hizo Bisbal. No. Yo lo que quiero es que todas las mujeres del mundo se pongan unos rodrigos y anden suspirando por mí en todos los escaparates. Y una amiga le diga a su otra amiga, a la cual, por cierto, no soporta: me encantan tus rodrigos. Y ella le responda, todavía más cínica: ah, pues tengo también otro par en naranja fosforito, cuando quieras te los pruebas. ¿Sí? Pues ya me los dejarás, que me muero de ganas de sentir su tacto. El mío, se entiende.

Sí, eso quiero. A eso voy a encaminar mis esfuerzos. Pero hasta que me ponga al lío, aún me quedan muchas más cosas por saber del universo femenino; para mí un auténtico agujero negro. Es precisamente lo que más me pone del asunto, como les digo. Llámenme si quieren degenerado, pero que mi chica y yo seamos tan distintos, me pone berraco perdido. Porque yo vivía engañado, ¿saben? O harto, siendo precisos.

Harto de culturetas o pseudobohemias, con las que, sí, compartía gustos, la inmensa mayoría, pero con las que, paradójicamente, me aburría como una ostra. Y ellas me temo que también. Porque salvo el sexo, nada en intensidad es bueno. Al final ni yo les descubría nada, ni ellas me contaban a mí algo que no supiera ya de antemano. Siempre los mismo poetas, los mismos músicos, los mismos pintores. ¡Joder, vístete de hombre y azótame la retaguardia! Variemos un poco, demonios.

Y es que ese era mi engaño: creer a pies juntillas que había que tener si no los mismos gustos, parecidos, para que la convivencia fuera tolerable. Asumible.

Y nada más lejos.

Como en el sexo, se trata de variar. Ahora dominas tú, ahora yo. Ahora te ato yo, ahora me atas tú. Porque follar siempre en la misma postura cansa. Agota. Harta.

Y aunque no le vea sentido a ponerle "Manolo" a unos zapatos, me encanta, digo, que mi chica me hable de ellos -de los zapatos, no del grupo-, con la misma intensidad con que yo le recito versos de poetas malditos. O le cuento que desde que estamos juntos, la tierra ya no cae sobre mi cabeza.

jueves, 15 de julio de 2010

Hambrientos y saciados

La vida está llena de sinsentidos. El amor, sin ir más lejos. Quien lo busca, no lo encuentra. Y quien lo encuentra, se lo encuentra.

Como sucede con el hambre, medio mundo se muere de amor, mientras el otro hemisferio se infarta de este. Los hay que incluso se dejan trozos de felicidad en el plato, que la rutina tira luego a la basura. Los hay que aman, en fin, sin merecerlo. Y los hay que merecen ser amados y no tienen ni un mal beso que llevarse a la jodida boca. Cuántas noches no habré yo rebuscado en esos contenedores de materia orgánica que son los bares a ciertas horas, buscando, acaso, una vana ilusión con la que engañar al estómago.

Porque el hambre agudiza la soledad. Hambre de unos muslos cálidos. Y de un cálido despertar. Distinto hambre pero una misma necesidad.

Y ahora que por fin estoy saciado, miro a la gente y me siento, en cierta medida, culpable de mis kilos de más. Frente a mí hoy en el metro, un par de amigas famélicas. Y en el asiento de al lado, un joven también hambriento. Es una sensación extraña. Hace poco, ustedes lo han leído, mi vida era todo pellejo. Me alimentaba a base de raspas. Y hoy ceno a la carta. He pasado del Sur al Norte, en cuestión de semanas. Prosperar, lo llaman. Pero eso no me asienta el estómago. Por mucho derecho a, no puedo evitar pensar que soy un advenedizo. Acostumbrado a robar comida, hoy me la sirven en bandeja. ¿Y todo esto, por qué? ¿Qué he hecho yo para merecer estar arriba y no abajo? Y no me hablen de justicia poética, por favor. Ni de karma. O incluso de olfato. Eso de estar en el lugar preciso, en el momento adecuado. No. Nada de eso. Cuando pasó esto, yo no estaba en ningún sitio. Yo sólo abrí los ojos y el resto, como saben, es historia.

Como digo, no se me quita el complejo de culpa, además del miedo. Les juro que estoy aterrado. Les parecerá absurdo pero me asusta muchísimo ser feliz, que es, sin lugar a dudas, la peor de todas las congojas. Si no tienes nada, nada te pueden quitar. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo tengo algo que perder:


a ti.

miércoles, 14 de julio de 2010

"Alegrías del incendio"



Tiene razón Shigella. Lo difícil no es ganar un mundial, sino mantener el título. Conservar a la chica, siguiendo con el símil futbolístico. Y en eso, servidor es como la España de Zubizarreta, Hierro, Goikoetxea, Caminero o Julio Salinas. Es decir: un querer y no poder. Lo intento pero nunca paso de cuartos, si llego. Bien por mala suerte o bien por mal juego. Porque encajo todos los goles o porque no meto ni uno. El caso es que no se me da nada bien, vaya, estar enamorado. Lo mío es perder de penalti injusto, en el último minuto de la prórroga. Sí. A eso me he acostumbrado. Tanto que cada vez que empiezo algo, sé de antemano lo que va a pasar. No puede salir bien, me digo a mi mismo. Y como el pulpo Paúl, termino acertando. Abro el cofre que encierra mi mala suerte. El mejillón de mi desdicha. Y la vida, como aquél nefasto árbitro que nos birló el Mundial de Corea y Japón, pita el final de la relación y me manda de vuelta a la realidad. A la habitual: te quise como nunca y te perdí como siempre.

Hasta ayer. Ayer, les juro, que supe, por fin, qué cable cortar para no dinamitar el asunto antes de tiempo. Porque sé que siendo como soy -un artificiero mananzas y torpe-, al final terminaré metiendo la pata. Más pronto que tarde. Y el desamor, otra vez, me estallará en la cara. Y al ir a recomponer mis restos, la caja negra de mis recuerdos dirá lo mismo de siempre: que soy un piloto míope, que no sé maniobrar en las distancias cortas, que no me gusta tener que aterrizar. Etcétera, etcétera.

Pero hasta que eso pase, digo, hasta que Cupido se inmole, tengo algo de tiempo. El suficiente para irte a buscar esta noche y hacer arder nuestras ganas, al contacto con la piel.

lunes, 12 de julio de 2010

Campeones del mundo


Como España, yo también gané mi partido en los últimos minutos de la prórroga. Justo cuando estaban cerrando el bar. Entonces, conecté un disparo inapelable para el portero y el primer beso, por fin, subió al marcador. Antes lo había intentado, fiel al estilo de la 'Roja'. Esto es: mucho toque y poca profundidad. Dominando el encuentro, pero sin sentenciarlo.

Sin embargo, al final, como digo, el destino quiso que me proclamara campeón del mundo (contigo). Y como Iniesta, también después me quité la camiseta para festejarlo.

Somos campeones. Aún no me lo creo.





Imagen de http://www.valencianista.es

viernes, 9 de julio de 2010

Suficiente



Y de repente un día cualquiera vas y te enamoras. Tal cual. Como suena. Como canta Serrat: "No te busqué/ni me viniste a buscar". O tal vez sí. Tal vez "andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos por encontrarnos". Tal vez.

Te enamoras, decía. Y te frotas casi de inmediato el corazón por aquello de despejar espejismos, que uno, ya lo saben, tiende a pensar que el amor, cuando hay sed, se pinta de maravilla. Pero luego, ay luego.

Sin embargo, esta vez no tengo escapatoria. El agua me sabe a agua. Y el luego es ahora: esta noche voy a cenar con la mujer de mi vida. Ella no lo sabe. Que lo es, me refiero. Lo de la cena está claro. Yo le dije, cenemos el viernes. Y ella me contestó que no. Que se iba de viaje. Pero la sombra de Cortázar es alargada: andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que algún día cenaríamos juntos.

Y aquí me leen. Hecho un manojo de nervios. Me tiemblan hasta las yemas, fíjense lo que les digo. Y eso que sólo la he visto una vez en mi vida.


Suficiente.


Y es que a pesar de ser míope, creo en los amores a primera vista.

sábado, 3 de julio de 2010

"Escribo para cambiar el final del cuento"


Siento el mareo de estos días. Uno que no da con la tecla adecuada. Pero esto que viene a continuación creo que les gustará. Se trata de una entrevista que me ha hecho una lectora de este blog, cuyo nombre no diré porque me capa. Y que yo he procurado responder de la manera más sincera posible. Quitándome (casi) toda la ropa.

Este ha sido el resultado:

¿Cómo te definirías a ti mismo?

Como un gato sin dueño. No espero caricias, pero se agradecen.


¿Qué crees que piensan las personas de ti cuando no te conocen?

Que soy un tipo interesante.


¿Y cuando te conocen?

Que no era para tanto la cosa.


¿Crees que la vida te ha tratado bien, mal o regular? ¿Por qué?

Regular. La vida aún me debe muchas horas extras y alguna que otra paga extraordinaria, que me adeuda desde hace tiempo. Pero vivo, que no es poco.


¿Cuál es la mayor locura que has hecho por amor?

Enamorarme de quien no debía.


Habitualmente ¿eres dócil o salvaje en la cama?

Salvajemente dócil.


¿Quién es la persona más importante de tu vida?

Servidor.


Dime cuál de tus sueños ves más inalcanzable.

Hacer de señor Lobo en un remake de Pulp Fiction.


¿Qué es la familia para ti?

Un pilar importante.


¿Cómo imaginas la tuya propia?

Hace unos meses Jota me leyó el futuro y me dijo que iba a dejar embarazada a una africana, mientras cubría una información en su país, y que me enteraría de esto años más tarde. Tras lo cual, volvería a África para hacerme cargo de mi hija, futura terrorista. Así que esa es la familia que me espera.


¿Qué significa para ti escribir?
Es una forma de cambiar el final del cuento. Y a veces, incluso, a tu favor.


Dime un defecto que tengas y una virtud y explícalos.

Mi mayor defecto es que soy muy impaciente, lo quiero todo para ya. Y como virtud diría que la empatía. Tiendo a ponerme en la piel de los demás.


Para conquistar a alguien ¿Miradas o palabras?

Soy míope y, además, tengo las gafas mal gradudadas. De modo que cuando miro fijamente a una persona que me gusta, piensa que sospecho de ella. Y así, poca conquista. Supongo que con las palabras precisas, todo es más fácil.


¿Un libro que te haya marcado?

La insoportable levedad del ser
, de Milan Kundera. Es la mayor paja mental que he leído. Y aún así, me corrí de gusto.


Algo que no estarías dispuesto a hacer por nada del mundo.

Habría que verse en la situación. Nunca digas de este agua no beberé. Ni el cura no es mi padre.


¿Qué es en lo primero que te fijas en una persona del sexo opuesto?

En su mente. Y en su culo. A la vez. Por un lado escucho, y por otro miro.


¿Tienes miedo a la muerte?

A la mía propia, no. A la de mis seres queridos, sí.


¿Qué sentido tiene para ti la vida?

Saber que pasará mañana. Vivo por curiosidad, por ver en qué acaba todo esto.


En las relaciones sueles dar más tú que la otra persona o al contrario.

Intento, sin éxito, que sea más o menos parejo. Si veo que no recibo lo que doy, corto el grifo. Y así, se equipara la cosa. Aunque el amor es de por si desequilibrado y contra éso no se puede luchar.


¿Cómo es la mujer de tu vida?

Le gusta ver películas antiguas y comer chucherías. Y cuando se deja los calcetines puestos con el pijama está irresistiblemente sexy.


¿Serías capaz de cambiar por amor?
No. Amar a alguien supone aceptar el pack completo. A pesar de que en el lote vengan también yogures de coco.


Si fueras palabra ¿Cuál serías?

Esternocleidomastoideo. Y para más inri, me estiraría completamente en el sofá. Ah, qué gustazo.


Un acontecimiento bueno/malo que haya cambiado tu vida de forma irreversible.
Mi accidente de coche, del que salí vivo de puto milgaro. Desde entonces quiero vivir más cosas, en menos tiempo. Y eso, a veces, no es posible. Soy consciente de ello.


Del 1 al 10 ¿Qué importancia tiene el sexo en tu vida?

Notable alto.


¿Una persona a la que admires profundamente y por qué?

Cualquier ciudadano que hago algo por los demás merece toda mi admiración. Sea médico, bombero o cajera del Día.


¿Algo que no soportes en los demás?

La mala educación. Decir: "Hola, gracias, buenos días, buenas tardes, mucho gusto, hasta mañana, etc", cuesta menos que no decirlo.


Define cómo es tu vida en una sola palabra.
Curiosa.


¿La razón puede obligarnos a no obedecer al corazón?

Es su trabajo, otra cosa es que lo consiga.


Crees que eres un hombre seguro de si mismo? Explica la respuesta.

Soy un tío 'echao palante', lo cual oculta mis inseguridades.


¿Qué es estar enamorado?

Una de las mayores causas de suicidio en el mundo.


Dime alguien de tu vida a quien te apetecería besar ahora mismo.

Si digo a quién, no la pillaría por sorpresa. Y los besos que se esperan saben peor que los que te cogen de improviso en mitad de una conversación, por ejemplo.


¿Eres una persona impulsiva o cauta?

Totalmente impulsiva; me muevo por impulsos que es, pienso, la única manera de ser feliz: hacer en cada momento -y siempre que puedas- lo que deseas hacer. Aunque con límites. A mí a veces me encantaría atropellar a según que gente. Pero todo en esta vida no puede ser.


¿Crees que los sueños pierden valor una vez que los conseguimos?

No, porque siempre queda la hazaña. El recuerdo de haberlo logrado. Y este se magnifica con el paso de los años.


¿El fin justifica los medios?

Depende de la situación. Kant opinaba que no. Pero lo mismo, el filósofo no valoró todas las posibles circunstancias que rodean al acto humano. Este blog, sin ir más lejos, fue un medio para alcanzar un fin: encontrar a mi ex. Y no me siento ni amoral, ni poco ético. Todo lo contrario.


¿Se puede amar sin perder la cabeza?

¿Se puede vivir sin domiciliar tu nómina? Se puede. Otra cosa es que te sea fácil.


¿Cuál recuerdas como el mejor momento de tu vida?

Está por llegar. El mejor momento siempre está por llegar. Si no no valdría de mucho vivir. Cumpliríamos con la vida a los 15, 20 ó 25, si me apuras. Y después, a vivir de las rentas. Esto, la verdad, no me convence.


¿Qué tienes tú que no tenga nadie más a quien conozcas?

Una gata-perro, que me trae las cosas que le tiro. Bien sean lápices, bolas de papel, etc.


Si ahora mismo se pudiese cumplir uno de tus deseos ¿Cuál pedirías?

Poder cumplir el resto de mis deseos. Optimización de recursos.


¿Prefieres llorar en soledad o en un hombro sobre el que apoyarte?

Soy pro soledad. Nadie mejor que uno para desahogarse.


¿Qué es mejor, ser soñador o vivir despierto?

Creo que lo mejor es soñar pero despierto. Los sueños, adaptando lo que dijo Saramago sobre la sal, no alimentan pero dan sabor a la vida. Aunque siempre, eso sí, con los ojos abiertos.


¿Crees en el azar o en el destino?

En el azar, no. En el destino, sí. Todo pasa por algo. Hay toda una red de casualidades bajo nuestros pies.


¿Una canción que defina tu personalidad?
Paloma, de Andrés Calamaro. Triste y esperanzada, al mismo tiempo.


Muchas gracias por responder
A ti.





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