domingo, 27 de junio de 2010

Gracias por recordármelo


- Ayer conocí a la mujer de mi vida.
- ¿Ah, sí?
- Sí, estaba en un bar tomando algo y apareció de repente empapada por la puerta. Pidió un teléfono y mientras la veía hablar, supe que estábamos predestinados.
- ¿Y eso por qué?
- Esas cosas se saben. No hay que explicarlas. Además, que luego quise invitarla a un café y aceptó. Ella también lo sabía.
- Muy convencido estás tú.
- Después, cuando ya se iba, me ofrecí a acompañarla y resguardarla de la lluvia con mi paraguas.
- ¿Y aceptó siendo como eras un perfecto desconocido?
- Al principio no, pero tras ver el chaparrón que seguía cayendo, accedió. Qué remedio, me dijo.
- ¿Y qué pasó entonces?
- Al salir vimos anunciada Casablanca en un cine. Y como a los dos nos gustaba el cine clásico, decidimos entrar a verla.
- ¿Pero ella a dónde iba?
- A su casa. Se había dejado las llaves y llamó a su marido.
- Joder, que estaba casada.
- Bueno, no del todo. Se está separando. E intentando vender el piso, que tienen en común. Pero con esto de la crisis se han interesado muy pocos.
- Comprendo. Sigue, por favor.
- Bueno te decía que entramos a ver Casablanca.
- Sí.
- La vimos con palomitas, ya sabes que no entiendo el cine sin ellas.
- Lo sé.
- Y bueno, justo al final de la peli, cuando Rick le dice a Ilsa que siempre tendrán París, nuestras manos se rozaron al intentar hacernos con las pocas palomitas que quedaban. Y una cosa llevó a la otra y...
- ¿Y?
- Nos besamos. Con el maíz de las palomitas todavía en la boca.
- Qué asco, ¿no?
- En absoluto. Fue un beso de película.
- ¿Y después de eso, qué?
- Después de eso fuimos a mi casa.
- Para. Te besas con una tía casada, porque aún está casada, y os vais a tu casa así, ¿sin más?
- Eso es. Ya te dije que era la mujer de mi vida. Había que recuperar el tiempo perdido.
- Llámalo como quieras. A mí me sigue pareciendo precipitado. Y hasta peligroso. Imagina que su marido se entera.
- Se enteró.
- ¡No!
- Sí. Le llamó desde mi casa.
- Vaya con la mujer de las llamadas, ¿acaso no tiene móvil?
- Lo perdió esa misma tarde, justo antes de entrar en el bar.
- Como las llaves.
- No, las llaves no las perdió. Las llaves se las dejó en su casa.
- ¿Y el marido que hizo cuando se enteró, rastreó la llamada y tiró la puerta abajo?
- Le dio las buenas noches. Ya no están juntos, aunque vivan bajo el mismo techo. Lo que haga o deje de hacer con su vida, es sólo asunto de ella.
- ¿Y por qué se separaron?
- Eso mismo le pregunté yo, al acabar de hacer el amor.
- Anda que menudo tema de conversación. Te la tiras y le preguntas por el marido.
- No me la tiré. Hice el amor con ella, que es distinto. Y si le pregunté por el marido fue por curiosidad.
- Ya, ¿y ella qué te dijo?
- Que él era más de pelis de acción.
- Y será verdad.
- Sí, ella entiende el amor como un clásico y su marido como una forma de pasar el rato.
- Vaya.
- Como ves eres la mujer de mi vida.
- Y tú el hombre de la mía, gracias por recordármelo.





Fotograma de la película Cantando bajo la lluvia

jueves, 24 de junio de 2010

Chao


El día de mi 22 cumpleaños, mi chica me llamó y me dijo: "Hola gordi, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Supongo que con tus amigos. Ay, no sabes cómo me gustaría estar ahí contigo. Y celebrar juntos tu cumpleaños. Pero me va a ser imposible ir. Me ha surgido un imprevisto familiar y no voy a poder estar contigo, hoy. Por cierto, quiero dejarlo. Ya no siento lo mismo. Cuídate, chao.


Ayer la vi en una cafetería del centro de Madrid. Estaba acompañada de un chico. No había vuelto a tener noticias suyas desde aquél día en que rompió conmigo de forma inalámbrica. Pero justo cuando iba a cambiar mi café solo por un whisky doble, escuché lo siguiente:

- Por cierto, quiero dejarlo. Ya no siento lo mismo. Eh, eh, eh, nada de escenitas, poooor faaaavor, que somos mayorcitos. Por mí parte, está todo dicho. Así que nada más. Cuídate. Chao.


¿Adivinan quién se lo dijo a quién?




Imagen de enarmascontralasoledad.blogspot.com

sábado, 19 de junio de 2010

Ensayo sobre la realidad (y 2)


Enfrentarse a la realidad no es fácil. Mucho tema espinoso. Aunque existen, eso sí, atajos para abordarla. Saramago los llamaba cuentos. O mejor dicho, fábulas; las cuales les servían al fallecido escritor para explicar los hechos. Y de paso, encararlos.

Sucede, por ejemplo, en Las intermitencias de la muerte -una de sus mejores obras, por cierto-, donde el escritor portugués trata el tema de la muerte, así: desde una óptica ilusoria. En ella, la parca, caracterizada como una mujer-que Saramago o sus familiares más directos respondan ante el Ministerio de Igualdad-, decide un buen día dejar de matar. Como otros llaman al curro y dicen que están enfermos para quedarse en casa durmiendo. O follando con la parienta. Lo mismo da.

El caso es que lejos de ser una bicoca, el hecho de que nadie palme supone en la fábula de Saramago un cristo importante. Imagínense el percal: funerarias y empresas de seguros en la quiebra; residencias de ancianos colapsadas -la gente no muere, pero va cumpliendo años igual-; y lo que es peor: enfermos terminales que nunca terminan de morirse. Con el consiguiente dolor eterno.

Un cirio pascual, ya digo.

Pensaba en esto anoche cuando falleció, qué remedido, el bueno de José Saramago. En lo mucho que me hubiera gustado que la muerte ayer se hubiese tomado el día libre. Se me ocurre que para sodomizar a algún dictador de católicas maneras.

Y es que siempre se van los mejores. Aunque suene tópico y hasta falto de sensibilidad. Pero ya podrían retirarle la bula, joder, a los violadores, asesinos, pederastas o golpistas. En resumen, a los peores.

Y hasta aquí, mi breve ensayo sobre la realidad.

DEP, maestro.



Imagen de aiyana.blogia.com

viernes, 18 de junio de 2010

Ensayo sobre la realidad


Ha muerto José Saramago. Estoy jodidamente triste.




Imagen de nuevasletrasun.blogspot.com

martes, 15 de junio de 2010

Corazonables


Si lo piensan, el amor no es nada democrático. Uno no elige a la persona de la cual se enamora. Se enamora. Y después sufre las consecuencias de su 'no decisión'. Tanto en el caso de que el asunto acabe en boda como si al final la cosa se liquida en un juicio amorísimo, el mérito o la culpa, vaya, no es de uno, digo. Sino del assistant manager de turno. El destino, para que nos entendemos. Que es el que reparte las cartas sabiendo, eso sí, cuáles están marcadas. Porque ni siquiera exprimimos a nuestra media naranja. Qué menos que eso, caray: palpar el género antes de dar el visto bueno. Pues nada, ni con eso aflojan.

El amor es un golpe de estado sin margen para la lucha armada. Alguien irrumpe en tu vida y todo a tu alrededor cambia. Con o sin tu bendición. Y como en el caso de las insurreciones militares, de manera convulsa. Uno no se enamora progresivamente, ni de manera escalonada. No. Ojalá fuera todo tan metódico. Tan organizado. Pero el cabrón o cabrona que ideó esto quiso justamente lo contrario. Que perdiéramos la cabeza de golpe y con ella, toda posibilidad de raciocinio.

De 0 a 100 en una sola mirada. En un sólo beso. En un único orgasmo.

Y la idea, en sí, como motor de la historia, no está mal. Es hasta agradable y todo. Quiero decir, que si al amor le quitas el vértigo, ¿qué te queda? ¿Un jodido donut light? ¿Qué mierda es ésa? El amor no puede ser nunca bajo en calorías. El verdadero, me refiero. El que te engorda el pecho y colapsa tus arterias de suspiros, si me permiten la licencia 'corintellesca'. Pero ahora bien -y esto es a lo que voy-, no estaría de más saber el tipo de manzana que mordemos. Aunque ello suponga acabar con la magia. Descubrir, en fin, dónde está el truco. Porque es evidente que el conejo no sale per se de la chistera. Suponiendo que sea una liebre lo que salga y no un gato con los dientes de Massiel.

Qué quieren que les diga. Podría ser la cosa de otra manera. Disponer de voto, además de veto, que es, hasta el momento, el único derecho que Cupido nos ofrece: poder mandar a la churri o al churro a freír esparrágaos, y quedarnos como dios. Sin embargo, podría el amor dejarme elegir a mi 'corazonable', si me permiten nuevamente el tono azucarado. Es lo que me gustaría. Lo que pido:

encontrarte y no toparme contigo.






Imagen de http://mirandonos.blogspot.com/

domingo, 13 de junio de 2010

Cuerpo a cuerpo



Discrepo en buena parte del discurso de Michi Panero. Pero en una cosa sí que tenía razón: "todos tenemos derecho a defendernos de la vida". Y la memoria, bien utilizada, es un arma cargada de futuro, adaptando a Celaya. Aunque Leopoldo, hermano de Michi, no opine lo mismo:



Ambos rehúyen o rehuían de los recuerdos. Quizás por lo mucho que saben y sabían de si mismos. Sin embargo, la vida como tal no prescribe. En ese sentido, no hay manera alguna de librarse del pasado. O borrar, por ejemplo, tus huellas sin dejar, a su vez, otras nuevas. Y es que por muchas precauciones que tomes, siempre habrá algún testigo incómodo que te sitúe en el lugar de los hechos.

En este caso, los recuerdos.

Pensaba en ello el otro día cuando al abrir un cajón me encontré con tus bragas. Las olí, no pude evitar la tentación. Y hasta se me pasó por la cabeza vestirme con ellas para tener, acaso, la sensación de volver a desnudarte.

Todos tenemos derecho a defendernos de la vida. Y qué mejor manera de hacerlo, pienso, que atacándola con sus mismas armas.

jueves, 10 de junio de 2010

Chiribirichichi


Hoy toca dejar aparcada la tristeza en doble fila, a ver si con un poco de suerte viene la grúa y se la lleva. Que la va a reclamar su puta madre, a la sazón, la nostalgia. Cumplo dos años en la blogosfera, que es más, por ejemplo, de lo que duré con mi ex. Y me apetece celebrarlo con todos ustedes por todo lo alto. Así que suban el volumen y escuchen bien esto que les digo: al final, va a ser cierto eso de que como en casa de uno, en ningún sitio. Y que si no te quieres tú a ti mismo, poco más vas a rascar por ahí. Etecé. Aunque tantas veces, sí que es verdad, he querido deconstruir este blog, y empezar de cero en otra vida, en otro mundo-pero a su lado-, que hoy lo pienso y me pregunto cómo coño he conseguido aguantar el tipo; yo que en esto de las letras soy más bien un sparring triguero, comparado con otros pesos pesados.

Pero resistir es ganar, como bien decía un profesor que tuve en la facultad. Y aquí me tienen. Hecho un ecce homo. Pero en pie, no obstante. Dispuesto como el salmón a enamorarme a contracorriente. Igual de triste e igual de feliz. Porque los extremos, como servidor, siempre se tocan. Y más en un blog, donde el roce hace el cariño. Y la esquizofrenia, el resto.

Se os quiere. A todos, todas.

Gracias por seguir ahí, a pesar de.

Abrazos,

R.


P.D.: dos años ya, qué puta barbaridad.

miércoles, 9 de junio de 2010

Una pieza


Reconstruirse no es nada fácil. Hace falta paciencia. Tino. Precisión. Y sobre todo, tener todas las piezas. A mí me falta una, precisamente la más importante. La que va colocada en el centro y sirve de anclaje para el resto.

Maldita sea mi estructura.




Imagen de trazoide.com

jueves, 3 de junio de 2010

Jo no sóc de Barcelona, però també em moro de calor



Decían Quimi Portet y Manolo García, a la sazón El último de la fila, que la imaginación es libre. Y el público, un mundo. Y por tanto, resulta en vano tratar de explicar el significado, a veces críptico, de las canciones. Las suyas propias. Porque además eso supone -y esto lo añado yo- romper el hechizo. La magia. El acuerdo tácito entre emisor y receptor, por el cual el segundo hace suya hasta la última coma. Y se lo come todo sin dejar nada en el plato. Ni preguntar tampoco si eso que le sirven lleva ingredientes naturales o si por el contrario está hecho de conservantes artificiales.

No quieras saberlo. No enciendas la luz, que me da miedo. Etcétera.

Así, tanto Portet como García optaban por que cada cual le diese un significado propio a sus temas. Y sacara también sus propias conclusiones.

En mi caso, iba a escribir un largo y tragicómico post explicando por qué últimamente encuentro gigantesca mi diminuta cama. O por qué cuando voy a la compra confundo los tomates con las latas de cerveza. Los lectores más avezados sabrán a qué me refiero.

Pero en lugar de eso, digo, he colgado esta canción, que, según mi inventario, cuenta con pelos y señales mi vida más inmediata. La que he vivido estas semanas, o, incluso, la que llevo viviendo años. Mi sino, vaya. No encuentro, de hecho, mejor comparación que esta para adjuntar en mi currículum vitae, valga la redundancia: como un burro amarrado a la puerta del baile.

Siempre a las puertas de la felicidad. Viendo como otros se divierten. Un día de estos me pongo a dar coces y me quedo solo, se lo aseguro.

Pero por hoy es suficiente.

Que la disfruten. Y ya saben: échenle imaginación al asunto.


Me dices "good bye" en tu nota tan ricamente,
y no me hago a la idea de no volver a verte.
si lo llego a saber, mimosa, no te bajo el puente,
me tiré de cabeza y me arrastró la corriente.
Este es mi destino, al cabo de la calle estoy;
me siento como aquel ladrón que busca su fortuna
en un callejón por donde nunca pasa nadie.
como un burro amarrado en la puerta del baile.
Mi primo, que tiene un bar, desde siempre me ha dicho,
y me consta que todo lo dice de muy buena fe:
tanto tienes, tanto vales, no se puede remediar.
si eres de los que no tienen, a galeras a remar.
Y si sólo tengo amor,
¿qué es lo que valgo yo?
si tengo ganas de bailar,
¿para qué voy a esperar?
ahora necesito amor,
es mi única ambición;
como yo no sé bailar,
a galeras a remar.
Baila conmigo, amor, que soy muy cariñoso, guapa,
que aunque muy chico y muy feo, piloto de aeroplano soy.
Llévame al cine, amor, y a comer un arrocito a castelló.
si total son cuatro días, "pa" qué vas a exprimirte el limón.
"escolta", piquer, dame aire con tu abanico,
"que soc de barcelona i em moro de calor".
Si sólo tengo amor, ¿qué es lo que valgo yo?
si tengo ganas de bailar,
¿para qué voy a esperar?
ahora necesito amor,
es mi única ambición;
y como yo no sé bailar,
a galeras a remar.
Y si sólo tengo "love",
¿qué es lo que valgo yo?
si tengo ganas de bailar,
¿para qué voy a esperar?
ahora necesito amor
porque mi novia me dejó.
como yo no sé bailar,
a galeras a remar.
Ahora necesito amor.


Fuente de la letra: musica.com