lunes, 31 de mayo de 2010

180 x 90 de nostalgia



Lo peor de las camas es que no dependen del fabricante, sino de la persona que está (o no) a tu lado. Así, estas pueden encogerse o prolongarse hasta la tristeza, según el estado de ánimo que uno tenga. Y no el tamaño-180 x 90 la individual, 190 x 160 la de matrimonio-, que por no ser no es ni meramente indicativo. No existe, de hecho, ninguna medida estándar que cuantifique el paso del tiempo. Y esto es realmente lo incómodo del asunto. Del amor, si me permiten. Que dormir no implica necesariamente soñar. Ni amar, ser correspondido.

Desde el cabecero de la cama hasta los pies, tus pies fríos, todo es volátil. Cambiante. Inestable.

Ni si quiera ahí estamos a salvo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Debe ser amor



Peor que amar y no ser correspondido es padecer de desamor y ser, a su vez, correspondido.

domingo, 23 de mayo de 2010

Lo que yo quiero (y 2)



Yo lo que quiero
es aburguesarme
contigo, le dije.

Por amor, añadí.

Dejar paulatinamente
de ser un espíritu
libre, como afirmas
y veranear juntos
en Mallorca
o hacer la compra
y cambiarte
los tomates
cuando no mires
por unas latas
de cerveza
en oferta.

En fin, esas cosas
que, se supone,
hacen las parejas.
Pero no de buenas
a primeras, repito.
Que todo
tiene su tempo.

Podemos, si quieres,
probarnos tres meses
y si funcionamos
renovarnos por otros
seis. Etecé.

Lo contrario sería
un suicidio,
recapacita.
Además, yo soy más
del método
deductivo:
de lo general,
ya vamos viendo,
si eso,
a lo concreto:
creo que te quiero.

Se trata,
por otro lado,
de ser fiel
a unos principios,
que si no a ver
quién es el guapo
que se mira
después
al espejo.

Entonces ella,
muy seria,
me contestó:

yo no quiero
ser tu
plan de pensiones,
ni los ahorros
de toda una vida.

Yo quiero
que nos gastemos
ahora. Punto.

¿Lo tomas
o lo dejas?

Como supondrán
no llegamos
a un acuerdo.

Nunca
me fueron
los ultimátunes.
Y menos
de esa índole.

Ella, claro,
se buscó a otro.
Más del método
inductivo,
como habrán
adivinado.
De esto
hace ya un tiempo.
Y ahora
que no está conmigo,
me apetece
dilapidar
mis ahorros.

Tirar
el corazón
por la ventana.

Tiene
bemoles
la cosa.

El amor,
digo.

viernes, 21 de mayo de 2010

No siempre las teclas aguantan el peso...



Estoy reconstruyéndome. Disculpen mi ausencia.

domingo, 16 de mayo de 2010

Lo que yo quiero

Hoy toca ponerse trascendental y lacrimógeno. Es domingo, ya saben. El día en que o vas al cine, o pones lavadoras atrasadas, o te masturbas compulsivamente. El caso es hacer algo mecánico y no pensar mucho. Porque si piensas estás jodido/a. Los domingos son como ese pesado que te pilla al final de la barra, que como le des pie te cuenta su vida, versión extendida. Al final, qué remedio, terminas involucrándote y llorando codo con codo. Y no puede ser. Porque no hay nada más patético que dos desconocidos moqueando y balbuceando cosas como, "eres el único que me entiende", "qué pena no haberte conocido antes", etc. Sobre todo, porque al día siguiente, cuando os crucéis de nuevo, ambos disimularéis. Patético.

Los domingos, ya digo, son algo así. Si te dejas, al final acabas confesando lo inconfesable ante ese otro desconocido que es el espejo. Precisamente, es lo que me ha pasado hoy. Y como ya me he masturbado y ya he visto Alicia en el País de las Maravillas, se lo cuento. A ver si así me aireo. Verán. Hay una constante en mis relaciones amorosas que se repite por los siglos de los siglos, amén. Ya sean ellas rubias, morenas, altas o bajas. Tengan acento sureño, o del norte. De letras o ciencias. Pijas o perroflautas, es igual: ninguna ve futuro conmigo. "Tú estás bien para otras cosas, pero no para tener una relación estable, seria", me dicen todas, sin excepción. Y como razones aducen que es que soy "muy" desastre, despistado y, sobre todo, "muy" libre. Que parece que ser libre sea un problema cuando, considero, es la base de una relación sana y saludable. Poder decidir en cada momento cómo deseas continuar. Como esos libros de escoge tu propia aventura: si quieres que ella te presente a sus padres, ve a la página 42; si por el contrario deseas que lo vuestro se despeñe, avanza hacia la 65. En fin, no sé si me explico. Que yo lo que no quiero es que elijan mi champú, ni comerme una manzana dos veces por semana, sin ganas de comer.

Lo que yo quiero, joder, es morirme por alguien, y que ese alguien se muera por mí. Así de simple. Pero parece que a mi lado, ellas resucitan. Y es que al final todas se acaban yendo con otro. Más serio, más responsable y menos libre, supongo.

Y ahora, díganme que me entienden y que qué pena no habernos conocido antes. Que ya mañana, si eso, disimulamos.




Imagen de http://www.generaccion.com

sábado, 15 de mayo de 2010

A mi también me arden los labios


Supongo que la conocerán. Se llama Vicky Gastelo y compone cosas como esta:



Será mi corazón,
será este viejo hotel,
que no llamó
ni para intentarlo otra vez.

Seré yo,
será él,
nos aplastó el miedo a perder.

Será que se ha juntado todo
que lo quiero a mi modo,
que empiezo a deber, no lo sé
será, que el invierno es muy largo
que no hago pie en el barro,
que estoy sola otra vez...

Será el alcohol,
que no duermo bien,
de noche los fantasmas me vienen a ver.
Será que yo,
todo me lo jugué,
no sé de donde tirar,
no sé en lo que creer.

Será,
que siempre apunto alto
que ser fiel es tan saldo
que me sobreestime, no lo sé...

Será,
serán los treinta y tantos,
que me arden los labios,
por besarte otra vez...

Otra vez...

Otra vez...

Otra vez...


Será...

Será...

Será...

Será...
Que se ha juntado todo,
que lo quiero a mi modo,
que empiezo a deber, no lo sé,
no lo sé...

No lo sé...


.....................................

Si se han quedado con ganas de más, el 20 de mayo estará en la Sala Clamores. 10 euros. ¿No me digan que no es para comérsela?





Foto de gastelo.es

jueves, 13 de mayo de 2010

Qué manera de ganar


El paseo de los melancólicos, que lleva al estadio Vicente Calderón, es desde ayer el paseo de los soñadores. Felicidades, colchoneros.




Imagen de Reuters.

martes, 11 de mayo de 2010

El fracaso dignifica

Siempre que fracaso, no acierto, tengo un mal día o me levanto con el pie izquierdo, me acuerdo de otros muchos que también tuvieron lo suyo. Leonardo da Vinci, por ejemplo, que entre otras muchas cosas inventó la servilleta, en tiempos en que la gente solía limpiarse con el mantel. Algo que no cambió con la llegada de ese pequeño rectángulo de celulosa. Tal fue el caso, que el día de su puesta en práctica, el bueno de Leonardo se escondió tras una pared y dispuestas las servilletas sobre la mesa, esperó a que llegaran los comensales. Sin embargo, estos al ver el inaudito trozo de papel no supieron muy bien qué hacer con él. Algunos se sonaron los mocos, otros se lo lanzaron entre ellos, y no pocos se lo pusieron bajos sus nalgas; envolviendo, así, sus posaderas.

Y el pobre da Vinci, que lo único que quería era que la gente no se limpiase en el mantel, algo que quieren, por extensión, todas las madres y abuelas del mundo, inventoras o no, vio desde su pequeño rincón cómo su ingenio era usado con sorna e incomprensión. Una putada, la verdad.

Como el pobre tipo que inventó los sobres de azúcar alargados. Esto ya dentro del cajón de las leyendas urbanas. Yo se lo cuento y ustedes ven si se lo creen o no: resulta, dicen, que un fulano cualquiera, usted mismo, al ver cómo los sobres de azúcar normales-rectangulares de toda la vida- acababan siempre desmenuzados y, por tanto, ensuciando más de la cuenta, decidió crear un sistema mediante el cual se pudiese abrir el envoltorio de una sola vez y derramar el azúcar, sin desligar ninguna de sus partes.

Piensen en la manera que abren los sobres de azúcar, normalmente separando la parte de arriba del resto. Y ahora visualicen esos sobres alargados, por lo general rojos, que sirven a veces en las cafeterías. Bien, ¿se sitúan? Pues ahora díganme cómo los abren. Efectivamente: rompiendo la parte de arriba, y seccionando la cabeza del tronco, en lugar de hacer una abertura en el medio y echar todo el contenido sin descuartizar el sobre. Pues esto mismo veánlo ahora desde la perspectiva de un tipo, se supone, que se rompe los cuernos para que los camareros no tengan que recoger inútilmente pedacitos de papel, y al ir a constatar si su invento es efectivo comprueba desgraciado que la gente se pasa su sistema por el forro, y abre el sobrecito de marras justamente al contrario. ¿Se meten en el papel? ¿Sí? ¿Verdad que dan ganas de pegarse un tiro? ¿A qué sí? Pues eso mismo hizo él, según cuenta la leyenda. Suicidarse al ver que la cabra tiraba al monte.

En fin. Que el fracaso dignifica. Humaniza a la persona o, en este caso, a su leyenda. ¿Y el friqui de erre por qué carajo nos cuenta esto?, dirán ustedes. Pues la cosa viene porque hoy me ha llegado una carta de una editorial rechazando un pequeño poemario que les envié. Y me he sentido un poco como da Vinci con su servilleta. O el tipo este del azúcar. O siguiendo con la estela de personajes que fracasaron estrepitosamente en algún momento de sus vidas, y por citar un ejemplo más literario, como el escritor y periodista estadounidense, Ernest Hemingway; el cual, antes de publicar su primera novela, fue rechazado 27 veces, por 27 editoriales distintas. Aunque este, al contrario que el otro, no se suicidó. Al menos no en ese momento. Luego ya sí. Siete años después de ganar el premio Nobel, siendo concretos, el autor de Por quién doblan las campanas se pegó un tiro en la cabeza. Pero antes de eso y como buen sparring-Hemingway lo fue de varios boxeadores-aguantó, ya digo, 27 asaltos.

Yo llevo uno, pero aún no me han tumbado.




Imágenes de www.flickr.com/photos/batiburrillo, 86400.es y www.plataformasinc.es

domingo, 9 de mayo de 2010

"Estoy metido en un lío, y no sé cómo voy a salir"


Me he metido en un lío vecinal-futbolístico de once pares de botas. Verán, les cuento: resulta que tengo engañado al vecino de abajo, madridista confeso, que se piensa que además de escalera compartimos equipo. Vaya, que se cree que soy más merengue que el propio Santiago Bernabéu. Este malentendido se remonta al día en que el Barça volvió a ganar al Madrid, a domicilio Esa noche salí a celebrarlo, cómo no. La liga parecía estar sentenciada, y, para más inri, ante el eterno rival; justo como el año pasado. Así que me agarré una melopea blaugrana y al volver a casa, cinco o cinco y media, no recuerdo, me encontré a este vecino que les digo, con el que hasta entonces no había intercambiado más allá de un "pues parece que el tiempo ha empeorado"; el cual nada más montarnos en el ascensor, se sinceró conmigo desgarrado:

- Vaya putada lo del Barça-me dijo hundido y humillado.

Y yo, por seguirle la corriente y no hacer leña del árbol caído -hay que saber ganar-, le contesté que sí, que vaya faena. Que qué mamón Messi. Etcétera, etcétera.

El caso es que el tipo debió tomárselo a pecho porque a los pocos días, y viéndonos de nuevo en el ascensor, me invitó a su casa a ver la vuelta de semifinales entre el Inter de Milán y mi Barcelona. "A ver si caen de una vez estos culés", me sonrió, supongo, cómplice. Sin embargo, esta vez me mantuve en mi sitio. Le dije que no podía, que tenía que hacer cosas en casa pero que sí, que a ver si caían. Joder, entiéndanme. La mentira era a esas alturas una gran bola gigante, que amenazaba con venírseme encima de un momento a otro. Cosa que estuvo a punto de ocurrir aquella misma noche. Cuando Piqué marcó y yo pegué un bote y un grito que, obviamente, le hizo sospechar:

- Te oí gritar, anoche. Como si estuvieras festejando el gol del Barcelona- me espetó al ir a bajar la basura al día siguiente. Casualmente me estaba esperando en el portal.
- ¿Yo? ¡Qué va! Estaba...estaba...follando. Yo es que soy muy sentío para esas cosas. Y en seguida me vengo arriba, y claro.
- Ja,ja,ja- rió con una camaradería que a mí me provocó ardor de estómago-; así me gusta merengue: madridista y hombre.

Y me dijo esto último, dándome, dios santo, una palmada en la espalda. Que apostilló, virgen santísima, con la coletilla 'padrinesca', "ya eres de la familia".

La cosa, por si fuera poco, se complica. Y es que el próximo fin de semana se juega la última jornada de liga y es muy posible que el equipo de Guardiola se proclame campeón. Algo que de producirse me pondría entre mi garganta y la pared.

¿Ustedes qué harían?

a) Se lo dirían en el rellano. Y correrían a encerrarse en casa bajo doble llave.
b) Se irían de borrachera con él, y esperarían a que estuviese borracho perdido para sincerarse.
c) No le dirían nada, y en caso de ser cogidos 'in fraganti' aducirían el síndrome Luis Figo: doble personalidad futbolística paranoide.
d) Le meterían una bufanda culé en el buzón, en plan mano negra, y que él atase cabos.


Se admiten opciones.




Imagen de http://www.blaugranas.com

jueves, 6 de mayo de 2010

Qué recuerdos


Creo que la memoria es necesaria. No para reabrir heridas, sino para cerrarlas. Sin memoria estaríamos abocados a morir desangrados. Carentes de cura. Recordar es vivir todavía. Uno muere cuando deja de acordarse de las cosas. Cuando la enfermedad tapia sus recuerdos. Y se ve incapaz de asomarse a su pasado. Esa es la peor de las desgracias. Vivir sin memoria. Sin esperanza. Porque evocar es también una forma de mantenerse en pie, cuando tu chica, por ejemplo, se va con otro. Y el corazón, muy suyo como es para estas cosas, te agarra del pecho y te pregunta si eres gilipollas.

¿Eres gilipollas, qué haces recordándola si ya no está contigo? Suelta que te explico. Las rupturas hay que valorarlas a largo plazo. Con memoria. Y no de cuerpo presente. En caliente.

Si quieren se lo ejemplifico con un caso práctico, al hilo del supuesto que les citaba en el párrafo anterior. Me ocurrió hace unos días, mientras volvía a casa. Paseaba tan tranquilo cuando de pronto y sin previo aviso me di de bruces-qué expresión tan gráfica-con mi ex y su, me supuse, novio, marido, amante bandido o follamigo con derecho a pernada. Al verles, me paré y les saludé, muy cortesmente. Por la cara de ella supe de inmediato que aquél no era un encuentro deseado. Al menos por su parte. Para mí, en cambio, no dejaba de ser algo casual. No buscado, pero no por ello molesto. De hecho, unos meses antes me había estado acordando de ciertas manías suyas al hacer la compra; como coger siempre alimentos pares. Algo que yo consideraba patológico. Háztelo mirar, solía decirle mientras la veía hacer y deshacer el carrito de la compra a fin de hallar la proporción áurea entre los tomates y las lechugas. La tenía, en fin, perfectamente integrada en mi memoria: junto a los álbumes de cromos y mis chapas. Es decir, en un lugar no preferente. Pero parte de mí, no obstante.

Ella, por su parte, me había tirado a la basura, al no darme ya uso. Y ahora mis restos orgánicos sobresalían a su paso:

- Hola, cómo estás, cuánto tiempo-dije sin ninguna pretensión.
- Ah, eh...
- I,O,U-y su chico se río. Me cae bien, pensé.
- Esto...¡¿qué haces aquí?!-contestó alarmada como si les acabara de pillar en mi cama, poniéndome los cuernos. Sólo le faltó añadir: ¿no salías hoy más tarde de trabajar?
- Vivo aquí, me mudé hace poco.
- Anda, qué casualidad.

Su novio volvió a reír. Tenía una boca enorme. Llena de dientes. Descubrí entonces el motivo de que ella me dejara por él: su maníbula era más grande que la mía. Viendo que no nos presentaba, hice yo los honores:

- Me llamo Rodrigo y hace unos años ocupé tu mismo puesto. No es un mal curro, le dije, aunque, eso sí, sin indemnización por despido. O a mí, al menos, no me indemnizaron.

Y ambos estallamos en risas. Como si fuéramos compadres de toda la vida. Algo que a mi ex le molestó especialmente. Se suponía que entre los dos debía haber una distancia viril y recelosa. A fin de cuentas, él me había levantado a la churri. Sin embargo, y en contra del imaginario masculino, seguimos con las bromas y ella nos miró, ya sí, con cara de querer rebañarnos el pescuezo ahí mismo. Qué hijos de puta, susurró.

- Bueno-tercié-he de irme. Ha sido un placer volver a verte, y respecto a ti, encantado. Cuídala. Cuidaros. Y que os cuiden mucho-me puse paternalista.

Al llegar a casa, algo más tarde, saqué del armario mis viejos cromos y mis chapas. Desparramando sobre la cama un cajón entero de mi memoria.

Qué recuerdos. Cuando Romario jugaba en el Barça.




Imagen de http://farm3.static.flickr.com

lunes, 3 de mayo de 2010

No soy Humphrey Bogart


"El mundo
se derrumba
y nosotros
nos enamoramos",
te dije aquella tarde
de lluvia,
frente a aquella
dársena

salvando
las distancias
con Casablanca.

Y ahora
que no estás,
y París
queda tan lejos,
es el mundo
quien se enamora
y yo el que
me derrumbo.




Imagen sacada de blogdenogma.blogspot.com