sábado, 24 de abril de 2010

El pollo de Evo


"El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres".


Evo Morales, presidente de Bolivia.


Mira que me caía bien este tipo. Su hazaña-haber llegado al poder siendo un indígena cuasianalfabeto-me parecía loable y sobre todo romántica. Lo de los parias de la tierra y todo eso. Pero uno lee este tipo de declaraciones y se plantea ciertas cosas: si es o no conveniente que todo quisqui pueda presentarse a unas elecciones democráticas. Y ser elegido presidente. No sé. Para todo hay que valer en esta perra vida. Más cuando el puesto es de tan alta graduación. Madame de una casa de putas. Ahí es nada. Aunque luego te pongas un jersey y estés como Evo por su casa. Y el vértigo inicial sea simplemente eso. Vértigo inicial. Sin embargo, soy de los que creen que dirigir un país es algo más que apuntar al mear. No vale cualquiera-Bush, Aznar, Zapatero, Berlusconi-; para esto, considero, hay que saber en el sentido vasto de la palabra, y tener, además, una determinada prestancia. Sin ánimo de ser clasista, oiga, que gañanes hay en todos lados, y de todos los colores. Deformación profesional. Pero es que, como en el Risk, están en juego los designios de tu pequeño imperio. Y más aún: el ridículo de tus gentes. Porque lo malo de este mundo globalizado es que todo se ve, se escucha y se sabe. Como un micrófono abierto, que pensabas cerrado. Y la ignorancia, de este modo, se magnifica. Al margen de que la agenda de un presidente está salpicada de temas propios y ajenos. No sólo de impuestos viven los caudillos, también han de cortar bandas en lejanos y exóticos países. Representación lo llaman. Aquí es el Rey, que válgame. Y en Bolivia, Evo, que además de referirse a la homosexualidad como una desviación y relacionarla con el consumo de pollo transgénico, el lumbreras dice que en Europa casi todos somos calvos por las cosas que comemos. Vamos, que en indigelandia no hay frentes despejadas. Y me temo que tampoco lúcidas.

En fin, que me caía bien este tipo. Con su jerseicito y su canesú. No obstante, da la casualidad de que debajo de mi casa hay un Día, donde venden unos pollos espléndidos. Envasados con el culo en pompa, listos para endiñarles el limón y traca-traca. Y, claro, es incompatible lo uno con lo otro.

Lo gastronómico con lo estúpido.



Imagen de http://www.rtve.es

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo mejorcito que he leído del asunto.

Saludos cordiales.


Legui

R. dijo...

Lo dudo bastante, pero gracias legui

saludos cordiales a ti también

Onomatopeya dijo...

Vaya! eso desmonta la teoría que tienen algunos de que un niño adoptado por una pareja de homsexuales se vuelve necesariamente homosexual. ¡Con no darle pollo de comer es suficiente! Besos, "consonante sonora"!!

R. dijo...

Claro, ya no tienen excusa para no dejarles adoptar.


eso sí, la niña de belén esteban, bollera perdida.


"andreíta cómete el pollo, coño!"

jeje

un besote, princesa ono

jeje me ha gustado lo de consonante sonora jeje