miércoles, 17 de febrero de 2010

Edimburgo desde el otro lado del espejo

Pues no era para tanto la cosa. Lo de volar, digo. Aunque reconozco que en el despegue a Edimburgo, me acojoné un poquito, por no decir bastante. Pero tengo excusa: me aterra sobremanera el punto de no retorno, el momento en que el avión o despega o se estrella. No hay más. Y ante esa disyuntiva, ya me dirán ustedes si no es para pensárselo dos veces. Porque esto que sucede en el aire no pasa sobre suelo firme, donde por mucho punto de inflexión que haya, uno puede volver siempre sobre sus pasos, y tomar, ya sí, la decisión correcta. Salir ileso de la vida, en una palabra

Que te casas y el día de tu boda te arrepientes, pues te divorcias al día siguiente. Que haces tres años de Derecho, y en cuarto descubres que tu verdadera vocación es ser payaso, pues cambias los libros de Mercantil, por el maquillaje y los zapatos gigantes. En fin, ya me entienden. Creo que estarán conmigo, en que siempre es mejor tener un plan be, o ce, antes que jugárselo todo a una carta. Arriesgar pequeñas sumas de uno mismo, en lugar del lote completo. Pero bueno, aquí me tienen; vivito y posteando. En el fondo, la cosa mereció la pena: miren que vistas había a medio camino entre España y Escocia. La verdad que dan ganas de comprarse un terrenito en el cielo, y pasar el resto de la vida en una nube.

O al menos, irse durante una temporada. Y es que viajar enriquece. Forma. Y más cuando ves cosas curiosas, como sucede en Edimburgo, donde uno observa la vida desde el otro lado del espejo. Para empezar, conducen por la izquierda, lo que hace que te sientas como un suicida que fuese en dirección contraria. Aunque si no te matas conduciendo, ellos mismos te atropellan. Porque, claro, usted y yo estamos acostumbrados desde pequeñitos a cruzar la calle a la manera continental -esto es, mirando de izquierda a derecha-; es decir, lo contrario que ellos, los británicos, que circulan de derecha a izquierda. Y ocurre que un servidor, que está por lo general en la parra, mira a su siniestra, no ve nada y cruza como si tal cosa. Y de pronto, oh my god, aparece un taxi a su diestra, que se le echa encima como si hubiera ofendido a la mismísima reina. Y es ahí cuando pasas de las maneras locales y usas el 'spanish way of circulation', consistente en pegar un saltito, a lo Chiquito de la Calzada, y correr a toda leche hacia la otra acera.

Y aquí sigo, con dos piernas todavía, aunque más cerquita del infarto. Pero antes de palmar, me gustaría contarles más cosas sobre Edimburgo. Por ejemplo, que las paradas de autobús están colocadas al revés. De espaldas a la calle. Lo cual no deja de ser gracioso, porque vas caminando (la ciudad no tiene metro) y de repente ves una fila de personas que parece que estuviesen castigadas mirando a la pared. O algo peor. O puede ser, como decía mi acompañante, que les importe un pimiento el sentido de la marcha, y del propio mundo. Y que ésa sea su forma de rebelarse: estar a su rollo. Debatiendo y repartiendo de espaldas a la normalidad establecida. Y es entonces cuando llega el autobús, y, sólo en ese momento y nada más que en ese instante, se dan la vuelta, como un filete de pollo que ya estuviera dorado por una parte. Y ya sí, se reconcilian con la lógica y el paisaje. Y el conductor, por su parte, les levanta el castigo. Tras lo cual, otro séquito de inadaptados llega a la parada, y así hasta el fin de los días. Y aquí paz y después gloria. Y hablando de espiritualidades, por cierto, lo que es bárbaro de Edimburgo es la gestión del suelo que hace la Iglesia. Y aquí ya me pongo serio, porque esto es para quitarse el sombrero, o el hat.

Verán, el Ayuntamiento cede un terreno a la Iglesia y le cobra un alquiler que, por lo general, esta no es capaz de pagar por si misma. Entonces la misma Iglesia realquila parte de sus dependencias a terceros, y con lo que le pagan cumple con el contrato del Ayuntamiento. Hasta aquí todo normal. A fin de cuentas es lo que hace mucha gente con su hipoteca. Pero es que con el alquiler de esas 'habitaciones', llamémoslo así, otros montan dentro un bar, o un teatro. De manera, que la mayoría de las iglesias góticas que se ven, son, en realidad, pubs nocturnos, como el Frankenstein, donde uno puede ir a cenar y escuchar música, o bien salas teatrales, donde representan obras como Hamlet, entre otras muchas.

¿No les parece una iniciativa bellísimamente sacrílega? ¿Se imaginan esto mismo en la catedral de La Almudena, de Madrid? Hacer una macrodiscoteca temática. A lo grande. Con Rouco Varela ejerciendo las veces de dj. Uf, brutal. Pues eso mismo pensé yo al enterarme del asunto.

Con esto, los escoceses nos llevan años de ventaja. Bueno, y con la memoria histórica. Porque en Edimburgo también se cepillaron a unos cuantos. Sin embargo, no tienen ningún problema en recordarlo, y enseñar al mundo las páginas más negras de su historia. Prueba de ello es este grabado que recuerda el lugar exacto donde ahorcaban a los condenados por delitos de religión. A los cuales, antes de morir, les concedían la oportunidad de tomar la última copa. Ya ven, borrachos hasta la sepultura. Aunque no eran los únicos que se metían un copazo. Los verdugos también se apretaban un buen lingotazo antes de empezar a 'trabajar'.

Y es que no debe ser muy fácil cargarse a alguien. El pulso tiembla, la conciencia se te resbala, y al final erras el tiro, el golpe de gracia. No en vano, la guillotina se inventó por eso, porque los verdugos nunca acertaban. Bien porque estaban borrachos, bien porque tenían corazón, después de todo.

Y hablando de latidos, miren qué corazón más lustroso me encontré paseando por la Royal Mile. ¿Parece una invitación al amor, no? Pues nada más lejos. Su sístole evoca el lugar exacto donde se encerraba a los prisioneros, que solían escupir sobre su diástole, en señal de repulsa. Tradición, esta, que todavía hoy se mantiene, aunque con otros tintes. Ahora se escupe para no tener mala suerte. Un motivo mucho más 'light', y típico. Y pese a ser una cerdada, lo cierto es que el corazón siempre está salivando, como los perros de Pávlov. De hecho, no hay momento del día en que no luzca un escupitajo. Yo, en concreto, contribuí a la causa con tres; dos de ellos verdes.

Es curioso porque la gente pasa por encima sin inmutarse, sin importale en absoluto llenarse los zapatos de blanca fortuna. Eso es patriotismo, y lo demás tontería. Ya me gustaría a mí ver a esos que ma-tan por la patria, caminar sobre un manto de gapos, a cada cual más pringoso.

Aunque para prueba de amor esta que viene a continuación, y que a mí, particularmente, me sobrecogió: Bobby Greyfiar, era un pequeño terrier que vivía con su amo. Hasta que un día este murió, y lo enterraron. Entonces, Bobby se apoltronó en su tumba, esperando fielmente su vuelta. El pobre can no entendía lo que había pasado, creía, ingenuo, que el hombre, a la sazón su dueño, no había muerto. Que simplemente había salido a trabajar, como tantas otras veces. Por eso, en un acto de lealtad sólo al alcance de los animales, estuvo 14 años seguidos sin moverse del lugar. Bien pegado a la lápida. Y al final, qué remedio, el desdichado perro murió, como lo había hecho su amo más de una década antes. Y los vecinos, que conocían de sobra la historia y, por ende, el amor que ambos se profesaban, decidieron de este modo enterrarlos juntos. Para que nunca nadie olvidara la historia de amor más grande jamás ladrada.

Y en la entrada del cementerio, pusieron su estatua. Y en el mismo camposanto, su lápida, que a mí personalmente me impresionó. No por la majestuosidad de la tumba, sino por su interior. Por la historia que descansa dentro, y que les he contado. Sinceramente, creo más en los animales, que en el género humano. Y esta anécdota no hizo sino corroborar mi filosofía.

Pese a todo, he de reconocer también que los escoceses a punto estuvieron de convencerme. Y es que son como el doctor Jekyll y Mister Hyde. Por el día, las personas más amables del mundo. Qué digo amables, son extremadamente gentiles, y hospitalarias. Tanto que te duele ser un rancio. Porque los españoles somos unos rancios con los extranjeros. Por no decir cosas peores. Y sin embargo, ellos ya te están pidiendo disculpas a diez metros por ir con prisas, y que quepa si quiera la posibilidad de rozarte levemente al pasar.

Aquí somos más de empujar, y después cagarnos en el árbol genealógico del interfecto. Es así. Es nuestra manera de ser. No nos gusta madrugar, y tenemos mal caracter cuando nos despertamos. En cambio, por la noche, somos de lo más simpáticos y alegres. Alcohol mediante, vale. Pero lo cortés no quita lo valiente.

Y es aquí donde se invierte la balanza. Porque los escoceses, con la luna, se transforman en hombres lobo, que despedazan todo a su paso. Sufren una mutación. De ser esa dulce abuelita que te vendió galletitas de mantequilla por la mañana, o ese simpático gaitero que vestido con su uniforme de gala pedía en la calle a mediodía, pasan a convertirse en auténticos hooligans, digo, que destrozan todo de madrugada. Los muy cabrones digievolucionan en ogros calvos, y con cara de cangrejo. Y así, de esta guisa, se dedican a ostiarse entre ellos, o contra la población foránea. Es aconsejable, si se ven en una de estas, que sigan recto, ajenos a los gritos de algún energúmeno, hijo de la gran bretaña, que en su dialecto le estará diciendo algo así como que se bebe los fluidos de su madre. La suya, y la mía. Lo sé, dan ganas de cogerlos y ponerles el resto del cuerpo del mismo color que la cara. Pero háganme caso, y pasen de todo, como los tipos que esperan el autobús de espaldas al mundo. Porque los escoceses tienen, a todas luces, un grave problema con el alcohol. Y no lo digo yo, ojo, lo dicen los propios periódicos, que ante tamaña situación lanzan consignas que aquí un estudiante de 15 años que haya hecho botellón al menos una vez en su vida, sabe y conoce de sobra: hidratarse y comer algo antes y durante el bebercio.

De puta coña. Pero es así, lo he leído. Sin embargo, más allá de meros parches o tiritas, la culpa de todo este descontrol parece que está en los horarios de emisión de los partidos de rugby y fútbol, que en Escocia emiten a las doce del mediodía, apróximadamente. Lo que hace que desde bien temprano, ya estén dándole al alpiste o, mejor dicho, a la cebada. Si incluso hay bares que te ponen una pinta considerable de cerveza por un libra (1,15 euros), y la acompañan con un chupito de tequila. Y eso, todo el día, y a todas horas. Allí el concepto 'hora feliz' es un eufemismo. Los litros de alcohol, como cantaba aquél, corren las 24 horas del día por sus venas. Non stop. Como para no despendolarse, y perder los estribos. Cosa que, por cierto, no me ha pasado, y eso que he probado todas las cervezas habidas y por haber: Foster, Guiness, Tennents, etc.

Y es que Edimburgo es a los amantes de la birra, lo que Lady Gaga a los del transformismo. Toda una apoteósis, y casi casi el paraíso. Les cuento, las pintas no pasan de 3 pounds, y encima te las sirven heladas y en una jarra enorme. Otra cosa son los cubatas, que son un timo mayúsculo: las botellas llevan incorporadas un dosificador. De manera que suelen echarte, como muchísimo, un dedo meñique, y rellenar el resto del vaso con cocacola. Así, claro, es imposible emborracharse. De hecho, conocí a dos intrépidos, de aquí cómo no, que intentaron esa misma noche cogerse una melopea al estilo apañó. Pues bien, cuando iban por su vigésimo cuarto cubata, lo dieron por imposible. "No hay manera, macho", me dijeron ambos, "estos cabrones te echan una migaja".

No obstante, yo pasé de mezclas, y fui a tiro fijo. Que con la cerveza, ya digo, no se andan con chiquitas. No en vano, puedes bebértela hasta respirada. Porque Edimburgo, según como sople el viento, huele a cebada, o a comida rápida. Otro de los platos fuertes de la ciudad. Porque gastronomía no tendrán, pero lo que es restaurantes y sitios de comida, les sobran. Cada dos casas, hay uno. Y los precios, nuevamente, invitan a ponerse tibio: seis crepes por una libra; desayuno completo con café y huevos fritos, bacon, salchichas y judías (sí, han leído bien, desayunan judías los muy cafres) por 2, 5; perritos gigantes a 1,5; hamburguesa y cerveza por 2... ¡Si incluso venden chocolatinas y caramelos en las farmacias!

Así, no es de extrañar que constantemente haya gente comiendo por la calle: de camino al trabajo, al colegio, a la universidad; como si apenas tuvieran tiempo de interrumpir su apretada rutina. Cuando en realidad el ritmo de vida en Edimburgo es tranquilísmo por no decir residencial. Las personas caminan sin prisa aparente, conversando sobre esto o aquello. Con una relajación tal que ya la quisiera yo para aquí. Y sin embargo, engullen como si tuvieran dos minutos entre clase y clase. Lo cual no deja de ser inquietante. En vez de la solitaria, deben tener al monstruo del Lago Ness metido en el estómago, porque si no no se explica.

En mi caso, opté por tomármelo con relajación, y comer algo típico en algún restaurante de la ciudad. En este caso, el precio no rebasó las diez libras. Lo costoso fue sin duda hacerme entender con el camarero. Porque uno cree que sabe inglés, y llega a estos sitios y poco más que tiene que hablar con señas. Aunque por otro lado es normal. En Escocia no son tan puristas con el lenguaje como en Inglaterra. Hablan, ya digo, un dialecto. Como si un inglés se va a Mijas a aprender español. Pues hombre, aprender lo acabará aprendendiendo, pero de primeras no entenderá un carajo.

Y así, con señas, como les cuento, pedí un plato de haggis, como los pañales. Pero que difieren de estos últimos en varios aspectos. Los haggis escoceses son casquería pura y dura. Se preparan, según entendí, metiendo en el estómago del cerdo, los pulmones, el corazón, y la sangre. Y una vez bien cerradito, se tritura y se sirve la escabechina culinaria acompañada de puré de patatas y puré de zanahoria. Escrito así resulta vomitivo, pero les puedo asegurar que está delicioso. Al final no es más que un trozo de morcilla de Burgos desmenuzado, y mezclado con salsa de whisky, esto último optativo.

Vísceras aparte, la cosa estaba en coger fuerzas y prepararse para la noche, porque en el Reino Unido los horarios son más bien marcianos. Ellos desayunan a las seis-siete de la mañana. Comen a las doce del mediodía. Y cenan a las seis de la tarde, justo cuando empieza a anochecer. Con lo que a las siete u ocho como muy tarde, salen de marcha. Cuando nosotros aún estamos con el cafelito y la sobremesa. Que por cierto, aquí patinan, y de qué manera: ni un mísero café me tomé que fuera medianamente decente. Bueno sí, un par, pero porque la camarera era amiga, y, lo más importante, española, y pude especificarle.

Porque la realidad cafetil allí, en Escocia, es que si pides un café con leche, te traerán, en el 99% de los casos, un capuchino, y si pides un cortao, te lo pondrán con nata. La solución está en decir: "White cofee, please", y cruzar los dedos. Eso sí, se equivoquen o no, la sonrisa va incluida en el precio.

Ya he dicho que son extremadamente polites. Pero tienen sus cosillas. De Edimburgo, además del café, tampoco exportaría el ocio nocturno. No saben disfrutar de la noche, o eso me pareció a mí cuando estuve. Y si no lean, y a ver qué opinan ustedes: los escoceses salen de pubs hasta la una de la mañana. Después los más bregados se van a un 'after', que abren hasta las tres. Y colorín colorado, la fiesta se ha acabado. Porque más allá de esa hora no hay nada abierto. Bueno, sí, están las flats parties, o fiestas en los pisos, que duran hasta las seis de la mañana y a las que se accede por invitación personal, o colándose directamente. Yo lo hice, lo de colarme digo. Me presenté ahí, dije que era amigo de un tal Sam, que había comprado unas cervezas en los paquistaníes (otro detalle curioso, los chinos no venden alcohol) y para dentro. Pero vamos, que la cosa no fue nada del otro mundo. Ni fiesta desmadre ni gaitas. Todo muy normalito. Y sin poder fumar, porque en Escocia, y esto sí que lo aplicaría aquí, no se puede fumar en ningún sitio. Ni en los pubs, ni en las fiestas. Lo que está de puta madre, porque cuando vuelves a casa, no tienes que meter la ropa en la lavadora, salvo que te hayas vomitado encima. Que no fue el caso, aunque, por otro lado, sí vi a unos cuantos bastante perjudicados. Tipos con faldas, para más señas. Y que curiosamente no iban disfrazados, algo que yo pensaba por las fechas en las que estábamos.

Sin embargo, lejos de modas y carnavales, la realidad es que en Escocia hay mucha gente que viste con el kilt, o falda escocesa. Y sin nada debajo, atiende. Y esto último no es exhibicionismo, que conste. Lo pregunté, y me dijeron que la falda es tan pesada y tan gorda que hasta sudas por debajo. Algo bastante asquerosito, pero que ellos sobrellevan con mucho orgullo. Y que además ayuda, por lo visto, a que no se te congelen las pelotillas.

Nota climatológica: cuando fui a Edimburgo los termómetros marcaban -1 grado, pero la semana anterior las temperaturas habían bajado a -10.

Qué quieren que les diga, un servidor puede adaptarse con la comida, y comer criadillas y vísceras. Pero uno no es tan macho para ponerse en pleno invierno una faldita de colegiala. Por mucho que te sude la cosa. Que la integración tiene un límite. De hecho, vi a más gente sin falda que con ella. La mitad de ellos, españoles.

Y es que somos una jodida plaga. Nos reproducimos por esporas allá donde vamos. Aunque pensemos que somos los únicos a los que se nos ha antojado viajar hasta allí. No obstante, sucede que vas caminando por Princes Street, y de pronto escuchas un dicho made in Spain, tipo: "Esto está donde Cristo perdió el mechero". Y te giras y te ríes, porque nosotros no necesitamos traducción.
Es más, durante el viaje, le enseñé un par de tacos a una chica polaca, y al saber el significado, me contestó: "Los españoles sois muy creativos insultando". Y, coño, me sentí como si me hubieran dado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Pero es verdad, los españoles somos la eñe. De hecho, creo firmemente que de haber llegado a la luna nosotros primero, habríamos montado un chiringuito. Como este que se ve en la foto, y que me encontré in situ. Olé.

En Edimburgo, ya digo, hubo momentos en que agradecí un poco de calor patrio. Y sobre todo hablar en mi idioma con toda naturalidad, sin que el resto de personas me entendiesen lo más mínimo. Más cuando había mujeres delante. Guiris, ya saben. Y poder, así, expresarme libremente, sin miedo a llevarme un bofetón: "Qué culo tienes hija mía". Y ella que me mira y me sonríe, sin entender una mierda de lo que le estoy diciendo.

¿Qué cómo son las mujeres escocesas? Pues las hay de dos tipos: a las que les respeta la genética, y a las que no. Es decir, grandes, muy grandes, y delgadas, muy delgadas. En resumen, un coñazo, porque yo soy más de carnes intermedias. Que los extremos aunque se toquen y acaricien, no me terminan de convencer.

Y esto es todo lo que puedo contarles de mi viaje, no sé si les valdrá de algo o no. Pero la verdad es que a mí me ha servido de mucho. Por lo pronto, para superar, bueno, aligerar, mi miedo a volar. Y después para conocer una ciudad, Edimburgo, que sin duda merece la pena visitar. Conocer. Si no para vivir, si para estar una temporada.


Fin del vuelo, ya pueden desabrocharse las pupilas.

E ir reservando plaza para la próxima parada: Lisboa, en Semana Santa.


¿Alguien se apunta?



Todas las fotografías son de Toño, salvo tres que he sacado de http://sobreescocia.com, http://www.factorradio.com y http://www.tengounblog.tk.

18 comentarios:

una más dijo...

Joooder, se te ha quedado algún detalle?? jajaj increíble, yo no sé si podría hablar tanto de algún viaje.. lo de las iglesias, una pasada.. lo q comiste, asqueroso! ya, ya se q has dicho q era una delicia, pero contado así.. agggghhh!
Aquí falta alguna foto en plan " yo haciendo el chorra en Edimburgo " me has fallao!:P
Me alegro q lo pasaras bien.. un lujo esta entrada, en serio.
Besos!!!
( lo de tus gapos, te lo podrías haber ahorrado, marrano.. ¬¬' )

R. dijo...

jej, pues yo creo una que no me olvido de nada...así de memoria.
lo de las iglesias es la puta ostia, mola mazo entrar y comerte una hamburguesa donde el cura reparte las ostias jeje

ya, si yo también pienso que los huggies son asquerosos, pero es que saben taaaan bien...

esas fotos existen, pero me las reservo para mi álbum personal, que no es plan colgar por ejemplo una que me hice enseñando el culo a lo william wallace...

muchas gracias una por tus palabras


hombre lo de los gapos...todo sea por la buena suerte! jeje


un besote, guapa!

Ola Na Tungee dijo...

Jo, a mí me dio palo en su día hacer una crónica del viaje a Liverpool y Dublín que hice por navidad (tres vuelos en una semana —chasquido con guiño, jeje—), pero ahora casi que podría copiar y pegar esto porque la mayoría de anécdotas son tal cual las has contado.

También estuvieron a punto de atropellarme varias veces, también me puse hasta las cejas de cervezas (encima, el día de año nuevo, con toda la cogorza, nos fuimos a visitar la fábrica de la Guinness), también pensé que parecía que fueran a su bola los que esperaban el autobús, también estaba plagado de españoles (sobre todo en Dublín porque Liverpool no es tan turístico), en una semana no pude adaptarme a sus horarios de comidas, los ingleses/irlandeses tampoco me parecieron gran cosa, también estábamos bajo cero todos los días (un día en concreto tuvimos niebla, viento, lluvia, granizo, nieve y sol, así, todo casi a la vez), etc.

En fin, que me ha encantado, qué recuerdos...

P.D. Estoy empezando a aprender portugués, espero poder ir pronto también a Lisboa (o aledaños). Ya nos contarás. :)

Ola Na Tungee dijo...

Por cierto, no estás solo. Jajaja.
http://www.youtube.com/watch?v=CZf7Yk1FYbQ

R. dijo...

Pues de vergüenza nada, Eleanor (permíteme que te llama así..;), que seguro que tienes un montón de cosas por contar. además, aunque se parezcan, siempre puedes imprimirle tu toque personal. tu fragancia, que para eso es tuya y de nadie más.

Tres vuelos en una semana? ostias creo que no he superado mi miedo a volar!!!! ufff, yo no podría. o sí, pero tendrían que drogarme como a MA.

Hum...creo tú y yo miramos la vida desde el mismo lado del espejo. Eso, o que realmente querían atropellarnos. Habrá que consultar las estadísticas de atropellos de la ciudad, porque da miedo como conducen!!!


aggg cerveza, babas babas. ves, eso sí que lo importaría. por su precio y su cantidad, calidad.

jeje los inadaptados del bus son muy grandes, para mí que son un clan secreto que planea dominar edimburgo, y después gales, inglaterra e irlanda...y cambiarle el nombre al país, por reino de espaldas jejeje

la verdad que no tienen ningún tirón erótico los y las británicos/as. Donde estén los morenas y morenas, que se quite todo!!

y sí, la verdad que casi había tantos españoles como sitios de comida rápida, es un canteo jejej

pero tenemos colonizado medio mundo! jeje
y el tiempo, pues mira yo pasé más frío al llegar a madrid, con eso te lo digo todo.

gracias por tus palabras, señorita rigby.

y si te animas, ya sabes.

yo no parlo ni papa de portugués. obrigado y poco más. Pero hay que intentarlo no?

a ver qué tal se da.


un besote, guapa

R. dijo...

menos mal!!! ya empezaba a pensar que era el único!!!!

jo, y menudo apoyo, marta sánchez, casi nada.

jejej qué temón!!!

que vuelvan olé olé!!!!

Ola Na Tungee dijo...

¡Hostia, sí! Hace un par de años estuve en Madrid (soy de Barcelona), también por navidad, y creo que nunca pasé tanto frío como allí. Un amigo mío siempre me recuerda que se partía cuando le dije "el frío de Madrid duele", casi llorando. ¡Qué seco, por Dios! ¡En dos días se me resquebrajaron las manos y la cara que parecía que me iba a quedar sin piel!

Bueno, también pasé frío un invierno en Almería, manda huevos lo gafe que soy, yo con una rebequilla porque me decían que allí casi no saben lo que es una calefacción, pues pillé viento, lluvia y nieve a saco, ¡Jaja! Lo nunca visto. Ojú, qué ganas de playa me han venido de golpe, tanto hablar de frío... ¡Jajaja!

Más que mirar la vida desde el mismo lado del espejo, yo la miraba hacia abajo (Look right... look left... ¡Coño! La nieve no me deja ver ¿Qué pone ahí?). "Reino de espaldas" ¡Jajajajaja! La crónica de Liverpool la tengo a medias, en modo borrador, tal vez la cuelgue algún día, pero es que llegué saturada de Beatles y necesito descansar un poco, ¡Jajaja!

Y sí, pienso lo mismo de los británicos, tanto rubio estirado y tanto pelirrojo no mola, no. Y la verdad es que no era todo tan caro como decían, solo que allí la cerveza la servían caliente... ¡Meeeeec! ¡Gallifante para Edimburgo! :)

Y los Olé Olé del principio molaban. Estoy preparando una entrada "revival" con canciones de la infancia, por eso la tenía reciente, jajaja. No hay nada mejor que pasar la crisis de los treinta con música. :)

Y poco más, tampoco sé mucho más que tú de portugués, pero ahora estoy empezando a descubrir la bossa nova y releyendo a Pessoa y me voy quedando con cosillas. Me ha picado el gusanillo. Llevo años queriendo aprenderlo. :)

Nada más, que aquí no hay quien duerma. He pasado un rato agradable. Muchas gracias. ¡Un beso! :)

Anónimo dijo...

muy bueno! me ha faltao algo sobre los fantasmas... q son muy creyentes en esas historias...¿entraste a mary kings close?
Lo del perro muy bueno bobby!
Me alegro q lo pasaras bien
un besazo
Raquel
pd: no subiste al arthur seat?

R. dijo...

Es que en Madrid es muy clasicona: en verano te asas y en invierno mueres directamente congelado. Aunque te digo, que yo aguanto mejor el frío madrileño que el calor. Esto en agosto es una sauna.

En almería estuve un verano, bueno en septiembre, y no pillé ni frío ni calor. me salvé. porque ya es mala pata lo tuyo, qué mala leche tuvo el hombre! jeje

shhhh calla, y no digas playa, que aquí de eso no tenemos, y como dijo aquel, "no se enseña el filete en casa del pobre" jeje

jo, ya ves que si apatece!

bueno, dájala reposar entonces, a fuego lento que sabré mejor.

la gente que sirve cerveza caliente deberían morir ahogada en ella. qué clase de violación de derechos etílicos es esa!!!!??

hombre por dios, que todo ser humano tiene derecho a una cañita digna!

crisis? qué crisis? estáis todos igual, pa meteros en un gran hermano de treintañeros, joe ni que tuviérais 50 tacos. aunque bueno yo hablo desde la ignorancia más absoluta, que a mí pa llegar a los 30 aún me quedan unos añitos jijiji

A mí me está pasando eso que dices, con Japón. Y es que estoy leyendo Tokio Blues, de Murakami, y tengo el culo que se me hace pespsicola.

pero eso más que un viaje pendiente, es una fantasía!!!


pues anda que no molaría irse a japón un finde...así por lo pronto jeje


gracias por pasarte, el disfrute es mutuo.

esta es tu casa, siéntate en el diván las veces que quieras.


besotes

R. dijo...

Qué mala leche tuvo el hombre del tiempo, quería decir, no el hombre a secas. Que también pudo ser culpa nuestra, de nuestra condición, pero en principio los tiros apunta hacia mario picazo

R. dijo...

Hola Raquel, pues sí, los tipos creen mucho en fantasmas y espíritus, de hecho, según tengo entendido, Edimburgo es la ciudad con más historias de fantasmas por metro cuadrado.

Pero no entré en Mary Kings Close. valía 15 pounds el tour, y sólo el precio ya me daba miedo...

tampoco subí a arthur seat, me dejé la guía olvidada en casa. y fui improvisando.

que creo que es como mejor se conocen las ciudades: perdiéndose.

y mezclándose con la población.

aunque sean un poquito esquizofrénicos, ya digo.

Pero habrá una vuelta, que en dos días aunque hice de todo, no me dio tiempo casi a hacer de nada.

entonces espero venir con historias tétricas pa contártelas.

esto no ha sido más que una avanzadilla.

un besote!

R. dijo...

Y sí, lo del perro es genial, emotivo. dulce. no sé, ya podríamos aprender los humanos de ciertos animales.

otros besos

Eme dijo...

Me has cautivado realmente con este post, es que me he imaginado a un R narrandome toda la historia de las faldas y las cervezass*

Con ese acento y monerias españolas*


Un beso dulce R*

R. dijo...

Jejeje, pues me alegro que te hayas metido en el post, dulceme y hayas sido partícipe de mis monerías

jeje

te mando un besazo de ida y vuelta

Laura dijo...

Menuda decepción de entrada. Todos esperabamos la foto del Sr.R con la falda!!!
Es broma poma. Espero que lo hayas pasado en grande después de los problemillas del dni y eso...

Musuuuuuus R!

R. dijo...

Insisto hay fotos que me guardo pa mí jeje

lo pasé genial, muchas gracias laura.

un besito

yo misma dijo...

me han entrado mas ganas aun si cabe de ir!!!! si es q hay q llevarme en la maleta!!!!me alegro q disfrutaras...ahora entiendes or que me gusta tanto viajar?porque siempre aprendes..! yo soy una estudiante de por vida!

R. dijo...

Bueno, pues en el próximo viaje te metemos en la maleta, y decimos que eres equipaje de mano y listo.

y así, aprendemos juntos.

un besito, willy fog