domingo, 28 de febrero de 2010

De cómo ella lo acabó sabiendo (y 4)



Había tocado fondo, les decía. Pero aún podía arrastrarme un poco más por el fango. De hecho, al día siguiente, lunes, me quedé sin trabajo. Lo supe nada más entrar por la puerta. Por aquella época, trabajaba de dependiente en una papelería. Vendía clips, lápices, bolígrafos. En fin, mierdas varias, con las cuales no iba a volver a comercializar más. Mi jefa fue tajante, y resolutiva: "Rodrigo, recoge tus cosas, y márchate. Estás despedido. ¿Despedido? ¿Y eso por qué? Porque aquí no nos gustan los ladrones. Huy lo que me ha dicho la puta zorra esta. ¿Ladrones? ¡Yo no he robado nada!, me defendí enérgico. No obstante, ella insistió en que durante las últimas semanas había faltado dinero de la caja, y material de la papelería. "Verás", le dije esta vez muy calmado,"no he cogido ni un mísero céntimo de la caja, y mucho menos material". Soy un tío decente, y honrado. Me pagas, o me pagabas mejor dicho, una mierda. Pero eso es algo que ya sabía cuando firmé el contrato. Lo asumí entonces, y lo seguía teniendo asumido estas últimas semanas, cuando, dices, te quitaron dinero de la caja. No te he robado nada. Así que me niego a que me acuses de algo que no he hecho, concluí. Y se me escapó, sin querer, un "payasa", que echó por tierra todos mis argumentos. Siempre me han perdido las formas, qué le voy a hacer.

Sin embargo, ahora ya no trabajo para ella, sino para mi mismo. Y puedo escribir payasa, o hija de la grandísima puta, si me place. De modo que en honor a la verdad, les diré que la muy frígida me echó a la calle sin pruebas, y basándose en suposiciones y prejuicios. Lo cual me entristeció sobremanera. Aquél no era el trabajo de mi vida, con todos mis respetos soy periodista, no dependiente. Pero me ayudaba, eso sí, a pagar el alquiler de este mismo cuarto, donde meses atrás había ideado el peor plan del mundo para recuperar a una ex. Lo siguiente, tras este desatino, sería perder mi habitación, y por ende, la posibilidad de dormir con ella, en sueños.

La sola idea de que eso se desvaneciera me destrozaba por dentro. Pero aquello, por otro lado, se antojaba irremediable. Como un derribo con premeditación y alevosía. Eso era mi vida por aquellas fechas: un castillo de arena, a orillas de la desgracia.

Vivía al día, y apenas tenía nada ahorrado. Sin trabajo, ni esperanza, iba a tener que volver a casa de mis padres. Y la verdad, no había llegado a cenar pienso de perro, para claudicar ahora. Para rendirme a la primera de cambio, pero, por otra parte, ¿qué otra cosa podía hacer a bote pronto?

Así, cavilando sobre mi futuro más inmediato, llegué a casa, sin darme cuenta. Justo cuando la ciudad comenzaba a desperezarse. Y una vez en mi cuarto, respiré hondo, tragué saliva, e hice lo que toda avestruz hubiese hecho en mi lugar: esconder la cabeza debajo de la almohada. Y llorar. De rabia. Impotencia. Desazón. Un poco de todo.

Más calmado, encendí el portátil con intención de enviar currículos, que seguramente nadie leería. Y que de nada me valdrían, viendo el panorama actual de despidos y expedientes de regulación de empleo (sic). Y en esas estaba, digo, cuando nada más acceder a mi bandeja de entrada me di de bruces con un correo familiar. Al fin, mi plan había funcionado. Me habían encontrado. Sólo que no ella, Susana, mi Susana. Sino Javier, un ex compañero de la facultad de Derecho, al cual había perdido la pista hacía años. En el mail me decía:

"¡Rodrigo qué bueno saber de ti. Resulta que hoy me ha dado curiosidad, y te he buscado en google por si eras ya una firma de éxito, o en su defecto, uno de los terroristas más buscados por la Interpol (esto último no lo entendí). Y cual es mi sopresa al ver que has hecho tus pinitos, y que encima tienes un blog personal, que está genial (ojo, copio literal, no es autobombo)!".

"La verdad, te vino bien dejar Derecho, se te ve más delgado, y te has quitado las greñas de José Mercé que gastabas. Espero que todo te vaya bien. Aunque, ¿por qué no quedamos y me lo cuentas en persona, con unas cañas? Me apetece verte. ¿Cuantos años van ya? ¿6, 7?".

"Te dejo mi número para que me llames, y concretemos día y hora.

675.............

Recibe un abrazo muy fuerte,

Javier XXXX XXXXXX".

Y le llamé, cómo no. Y quedamos. Y nos vimos. Pero antes de salir de casa, me puse un whisky solo. Y pensé en todo lo acontecido. La verdad que llevaba una mañana bastante convulsa: el despido, la acusación de robo, el mail de Javier. Pero de Susana, por desgracia, ni rastro. No obstante, había cierto margen de optimismo. Mi plan después de todo había dado sus frutos. Alguien había sentido nostalgia de mí, y me había buscado por Internet. Sólo que ese alguien tenía pene y la voz ronca. Pero algo es algo.

De la misma forma que Javier se había interesado por mi vida, también Susana podía sentir curiosidad. A fin de cuentas, con él no tuve nada, y con ella sí. La nostalgia, en su caso, debía ser mayor, y más pesada. Aunque en ese momento prevaleciera ¿su odio hacía mí? No lo sabía. Y esto era, precisamente, lo que más me angustiaba, el talón de Aquiles de mi estrategia, si es que puede llamarse así: el no conocer el estado de su corazón. Me había dejado llevar, y como resultado había dado por supuestas muchas cosas, que tal vez no lo eran tanto. De manera que me había lanzado a la Red, pensando que ella amortiguaría mi caída. Y ahora, mayday-mayday, descendía en picado a cientos de kilómetros por hora. A punto de estallar en mil pedazos. Pero uno cuando se dedica a vivir, rara vez piensa en estrellarse. Aunque haya un 99% de posibilidades.

Pese a todo, yo seguía contando con ese 1%, que decía que ella me echaba de menos. Y que algún día nos encontraríamos. Sin embargo, claro, había otras opciones más realistas: ¿Me odiaría todavía, me habría olvidado, se mostraría indiferente, estaría con otro? Todo eran preguntas, sin respuestas. Cuestiones que hasta entonces no me había planteado. Porque de haberlo hecho, muy posiblemente este blog no hubiese nacido. ¿Total, para qué? Si ella ya ha rehecho su vida, escribiría en la primera línea. Y acto seguido me daría de baja; de blogger y de mi mismo.

Susana y yo habíamos roto en la más absoluta de las intimidades y silencios. Aquél día que le dije que ya no la quería, se giró sin decir palabra y se marchó calle abajo, como una botella rodando inexorablemete hacia la nada. No supe, ni pude ir detrás de ella, y explicarme mejor. Tampoco hubiese servido de mucho, la verdad.

"La has cagado tío, no pretendas encima que te limpien el culo", solía decir Javier, mi único compañero en aquel primer y raro curso de Derecho, cuando quería referirse a que cada uno ha de aceptar sus errores, y afrontarlos. Y limpiar, luego, su rastro. Curiosamente, hasta ese mismo día, no había vuelto a pensar en la frasecita de marras: "No pretendas encima que te limpien el culo", repetí como un mantra. Y mi compañera de piso, que en ese momento iba al baño, se acercó y me dijo: "El culo me lo limpio yo solita, descuida".

Tras tres whiskys en ayunas, salí de casa medio ebrio. Rumbo a Callao, donde habíamos quedado Javier y yo, hacia las 11 del mediodía. Él también estaba en el paro. Algo más de que hablar. Como vivía cerca, llegué con diez minutos de adelanto. De modo que me senté en un banco a esperarle. Y entonces, sucedió lo impensable. Susana. Apareció. De. Repente. Y. Se. Sentó. En. El. Banco. De. Enfrente. A. Escasos. Cinco. Metros. De. Mí.

Como si tal cosa. Como si nunca nos hubiéramos distanciado. De nuevo, frente a frente. Los dos.

Es difícil explicar esto: qué se siente cuándo ves a tu ex, de pronto. Y más cuando llevas queriendo cruzártela meses. Y hasta entonces no ha habido manera. Pero voy a intentarlo. A cambio, les pido que alguien de ustedes, más puesto en la materia, me explique a mí qué clase de simulación utiliza el destino, la vida, Dios, o quien sea que esté detrás de este juego que es la vida, y que hace que dos personas puedan reencontrarse porque sí, una mañana grisácea, cuando durante meses esto mismo, que parecía a simple vista tan sencillo, no ha sido ni remotamente posible. Y eso que se lo puse a huevo. Que a este blog llega gente poniendo "nalgas gordas" en el google, entre otras claves de búsqueda. Ni siquiera tenía que tener morriña de mí, como era mi antojo; bastaba que tuviera acaso una filia. Pero nada. Que no hubo manera. Y de pronto, hago chas y aparezco a tu lado. ¿Cómo se come eso? A mí que me lo expliquen. Por favor.

Ahí se lo dejo como deberes. Y ahora, mi turno. Hum. Seré conciso: Susana estaba guapísima. Más alta, más delgada. Más morena. Más todo. Y yo todo lo contrario: más enjuto, más feo, más ojeroso. Menos todo. Hasta se me encogieron los testículos al verla, no les digo más. Pero el corazon, eso sí, se me agrandó tanto que pensé que iba a tener que vomitarlo para poder respirar. Y no morir ahogado. De pronto, se me agolpó la obra completa de Luis García Montero en la tráquea. Y me acordé de Almudena Grandes, y su santa madre. Y a punto estuve, como digo, de morir atragantado.

Sí, eso es exactamente lo que sentí: ver a una ex es como morir de asfixia, y salvarte en el último instante. Lo contrario que le pasó a David Carradine. Sí. Eso mismito es. Sólo que sin el matiz sexual. Ya digo, que mis huevos parecían canicas. Pero, no obstante, logré recobrar la compostura, en un ejercicio terriblemente cansado de masculinidad, y devolver, acto seguido, el poemario de Habitaciones Separadas, a mi estómago. De donde había salido. Y ya con todo en su sitio, y el corazón burbujeándome -esto último no lo pude evitar-, miré a Susana tan fijamente que a punto estuve de traspasarla, en plan Ghost.

Y fue en ese momento, y como ella misma me reconocería tiempo después, cuando se sintió "totalmente" observada, y al levantar la vista de su móvil, nos (re) encontramos. De nuevo. Frente a frente. Como si nunca nos hubiéramos despedido. Como si este blog jamás hubiese existido.

Y cuando por fin me disponía a levantarme y a acercarme (nos miramos durante un largo minuto, que no soy capaz de relatarles) apareció un fulano de metro ochenta, y la besó.





Mañana el final de la historia.

14 comentarios:

R. dijo...

Debí haberme acercado más urgentemente...

Nefertiti dijo...

No entiendo a los tios. No entiendo porque os hacéis los duros. No entiendo porque dejáis a la persona que amáis. No entiendo porque la dejas y al día siguiente te das cuenta que es el amor de tu vida. No entiendo porque al cabo de los días de ver tu error no coges el teléfono y la llamas, o sales en su búsqueda, no entiendo.......
Besossssssssss

R. dijo...

Eso mismo me dijo ella, faraona. mañana te lo explico.

un besote

Laura dijo...

Nada hubiera cambiado si te hubieras acercado...Quizás te lo hubiese presentado, así que no se qué es peor.
Podría hacer un copia y pega del comentario de Nefertiti:
Sois todos i-gua-les tengais 16 o 20 y largos!
¿Cuándo evolucionaréis?


Mientras, me sigue gustando leerte.
Un besote Sr.R!!

R. dijo...

O sí cambió, laura. pero el desenlace, mañana jejej


bueno, en realiad, el gilipollismo es algo muye extendido, tanto en hombres como mujeres. No solamente yo he dejado a alguien que quería, también me han dejado a mí, queriéndome.

En fin, así son las relaciones, para mear y no echar gota.


pero qué nos quiten lo bailao.

un besote, guapa!

Ola Na Tungee dijo...

Cuando he leído el "Mañana el final de la historia" no me lo podía creer... cómo te gusta tenernos en vilo. Pues ná, a pasarse mañana por aquí, otra vez. :)

¿Sabes? Estudié Filología Hispánica y hace unos años vino a mi clase Luis García Montero, a presentar "La habitación de la serpiente" y además, nos leyó algunos poemas de "Habitaciones separadas". Ahí es cuando lo descubrí. Fue una de las mejores experiencias, intelectualmente hablando, que he tenido en mi vida. De largo, mi poeta favorito. ¡Qué grande! :)

R. dijo...

Joé muchas gracias, señorita rigby, me haces sentir cómo si el final de la serie de perdidos estuviese en mis manos jeje nada, un capítulo más y sales de dudas.

qué envidia!!!!!!!!!!!!!!!

ves, yo me equivoqué de carrera, en mis clases nunca trajeron a nadie interesante.

Yo le conocí también con habitaciones separadas, para mí su mejor poemario.

sí, es un grande. me tiene enamorado. y a la vez cohibido. por su culpa dejé de escribir poemas. y es que leí aunque tú no lo sepas, y me dejó noqueado.

aunq asumí felizmente mi derrota.


besos, te espero por aquí mañana.


;)

Berenitze... dijo...

Ehhh!! Me dejas en "ascuas" diría mi abuela, jaja. Mmmm todos cometemos errores, muchas veces nos damos cuenta de ellos cuando no hay mucho por hacer. Espero ansiosa el final.
Un abrazote y besos...

R. dijo...

Sí, berenitze, ahí te doy la razón, todos cometemos errores y aunq a veces no se puede volver a atrás, otras en cambio sí.


o al menos eso intenté.


un besote, mañana más...

Sara Royo dijo...

Po dió, termina ya, q esto es un sinvivir!!!!
Esto... lo del pienso para perros es de coña, no?

Besicos, maestro.

R. dijo...

descuida, sara, que esta noche finiquito la historia.

lo del pienso...es para contarlo en un post jeje


besotes, guapa

Me llaman octubre... dijo...

espero impaciente la resolución de la histora..

y no, todos no sois iguales.

R. dijo...

Menos mal que siempre estás ahí octubre, para poner los matices, y los grises a tanto blanco y negro.

no queda ya nada. volvemos después de la publicidad, con el final de la saga...

jeje


besotes, guapetona

ainoqui dijo...

Ese día que encontraste a Susana era mi cumpleaños. Hubiera sido un bonito regalo si de aquella ya te hubiera conocido. Y si, te conocía, pero aún no conocía este blog, ni vuestra historia.

Hay días que pesan más que otros, días en los que pasan más cosas. Este podría ser uno de ellos...