domingo, 28 de febrero de 2010

De cómo ella lo acabó sabiendo (y 4)



Había tocado fondo, les decía. Pero aún podía arrastrarme un poco más por el fango. De hecho, al día siguiente, lunes, me quedé sin trabajo. Lo supe nada más entrar por la puerta. Por aquella época, trabajaba de dependiente en una papelería. Vendía clips, lápices, bolígrafos. En fin, mierdas varias, con las cuales no iba a volver a comercializar más. Mi jefa fue tajante, y resolutiva: "Rodrigo, recoge tus cosas, y márchate. Estás despedido. ¿Despedido? ¿Y eso por qué? Porque aquí no nos gustan los ladrones. Huy lo que me ha dicho la puta zorra esta. ¿Ladrones? ¡Yo no he robado nada!, me defendí enérgico. No obstante, ella insistió en que durante las últimas semanas había faltado dinero de la caja, y material de la papelería. "Verás", le dije esta vez muy calmado,"no he cogido ni un mísero céntimo de la caja, y mucho menos material". Soy un tío decente, y honrado. Me pagas, o me pagabas mejor dicho, una mierda. Pero eso es algo que ya sabía cuando firmé el contrato. Lo asumí entonces, y lo seguía teniendo asumido estas últimas semanas, cuando, dices, te quitaron dinero de la caja. No te he robado nada. Así que me niego a que me acuses de algo que no he hecho, concluí. Y se me escapó, sin querer, un "payasa", que echó por tierra todos mis argumentos. Siempre me han perdido las formas, qué le voy a hacer.

Sin embargo, ahora ya no trabajo para ella, sino para mi mismo. Y puedo escribir payasa, o hija de la grandísima puta, si me place. De modo que en honor a la verdad, les diré que la muy frígida me echó a la calle sin pruebas, y basándose en suposiciones y prejuicios. Lo cual me entristeció sobremanera. Aquél no era el trabajo de mi vida, con todos mis respetos soy periodista, no dependiente. Pero me ayudaba, eso sí, a pagar el alquiler de este mismo cuarto, donde meses atrás había ideado el peor plan del mundo para recuperar a una ex. Lo siguiente, tras este desatino, sería perder mi habitación, y por ende, la posibilidad de dormir con ella, en sueños.

La sola idea de que eso se desvaneciera me destrozaba por dentro. Pero aquello, por otro lado, se antojaba irremediable. Como un derribo con premeditación y alevosía. Eso era mi vida por aquellas fechas: un castillo de arena, a orillas de la desgracia.

Vivía al día, y apenas tenía nada ahorrado. Sin trabajo, ni esperanza, iba a tener que volver a casa de mis padres. Y la verdad, no había llegado a cenar pienso de perro, para claudicar ahora. Para rendirme a la primera de cambio, pero, por otra parte, ¿qué otra cosa podía hacer a bote pronto?

Así, cavilando sobre mi futuro más inmediato, llegué a casa, sin darme cuenta. Justo cuando la ciudad comenzaba a desperezarse. Y una vez en mi cuarto, respiré hondo, tragué saliva, e hice lo que toda avestruz hubiese hecho en mi lugar: esconder la cabeza debajo de la almohada. Y llorar. De rabia. Impotencia. Desazón. Un poco de todo.

Más calmado, encendí el portátil con intención de enviar currículos, que seguramente nadie leería. Y que de nada me valdrían, viendo el panorama actual de despidos y expedientes de regulación de empleo (sic). Y en esas estaba, digo, cuando nada más acceder a mi bandeja de entrada me di de bruces con un correo familiar. Al fin, mi plan había funcionado. Me habían encontrado. Sólo que no ella, Susana, mi Susana. Sino Javier, un ex compañero de la facultad de Derecho, al cual había perdido la pista hacía años. En el mail me decía:

"¡Rodrigo qué bueno saber de ti. Resulta que hoy me ha dado curiosidad, y te he buscado en google por si eras ya una firma de éxito, o en su defecto, uno de los terroristas más buscados por la Interpol (esto último no lo entendí). Y cual es mi sopresa al ver que has hecho tus pinitos, y que encima tienes un blog personal, que está genial (ojo, copio literal, no es autobombo)!".

"La verdad, te vino bien dejar Derecho, se te ve más delgado, y te has quitado las greñas de José Mercé que gastabas. Espero que todo te vaya bien. Aunque, ¿por qué no quedamos y me lo cuentas en persona, con unas cañas? Me apetece verte. ¿Cuantos años van ya? ¿6, 7?".

"Te dejo mi número para que me llames, y concretemos día y hora.

675.............

Recibe un abrazo muy fuerte,

Javier XXXX XXXXXX".

Y le llamé, cómo no. Y quedamos. Y nos vimos. Pero antes de salir de casa, me puse un whisky solo. Y pensé en todo lo acontecido. La verdad que llevaba una mañana bastante convulsa: el despido, la acusación de robo, el mail de Javier. Pero de Susana, por desgracia, ni rastro. No obstante, había cierto margen de optimismo. Mi plan después de todo había dado sus frutos. Alguien había sentido nostalgia de mí, y me había buscado por Internet. Sólo que ese alguien tenía pene y la voz ronca. Pero algo es algo.

De la misma forma que Javier se había interesado por mi vida, también Susana podía sentir curiosidad. A fin de cuentas, con él no tuve nada, y con ella sí. La nostalgia, en su caso, debía ser mayor, y más pesada. Aunque en ese momento prevaleciera ¿su odio hacía mí? No lo sabía. Y esto era, precisamente, lo que más me angustiaba, el talón de Aquiles de mi estrategia, si es que puede llamarse así: el no conocer el estado de su corazón. Me había dejado llevar, y como resultado había dado por supuestas muchas cosas, que tal vez no lo eran tanto. De manera que me había lanzado a la Red, pensando que ella amortiguaría mi caída. Y ahora, mayday-mayday, descendía en picado a cientos de kilómetros por hora. A punto de estallar en mil pedazos. Pero uno cuando se dedica a vivir, rara vez piensa en estrellarse. Aunque haya un 99% de posibilidades.

Pese a todo, yo seguía contando con ese 1%, que decía que ella me echaba de menos. Y que algún día nos encontraríamos. Sin embargo, claro, había otras opciones más realistas: ¿Me odiaría todavía, me habría olvidado, se mostraría indiferente, estaría con otro? Todo eran preguntas, sin respuestas. Cuestiones que hasta entonces no me había planteado. Porque de haberlo hecho, muy posiblemente este blog no hubiese nacido. ¿Total, para qué? Si ella ya ha rehecho su vida, escribiría en la primera línea. Y acto seguido me daría de baja; de blogger y de mi mismo.

Susana y yo habíamos roto en la más absoluta de las intimidades y silencios. Aquél día que le dije que ya no la quería, se giró sin decir palabra y se marchó calle abajo, como una botella rodando inexorablemete hacia la nada. No supe, ni pude ir detrás de ella, y explicarme mejor. Tampoco hubiese servido de mucho, la verdad.

"La has cagado tío, no pretendas encima que te limpien el culo", solía decir Javier, mi único compañero en aquel primer y raro curso de Derecho, cuando quería referirse a que cada uno ha de aceptar sus errores, y afrontarlos. Y limpiar, luego, su rastro. Curiosamente, hasta ese mismo día, no había vuelto a pensar en la frasecita de marras: "No pretendas encima que te limpien el culo", repetí como un mantra. Y mi compañera de piso, que en ese momento iba al baño, se acercó y me dijo: "El culo me lo limpio yo solita, descuida".

Tras tres whiskys en ayunas, salí de casa medio ebrio. Rumbo a Callao, donde habíamos quedado Javier y yo, hacia las 11 del mediodía. Él también estaba en el paro. Algo más de que hablar. Como vivía cerca, llegué con diez minutos de adelanto. De modo que me senté en un banco a esperarle. Y entonces, sucedió lo impensable. Susana. Apareció. De. Repente. Y. Se. Sentó. En. El. Banco. De. Enfrente. A. Escasos. Cinco. Metros. De. Mí.

Como si tal cosa. Como si nunca nos hubiéramos distanciado. De nuevo, frente a frente. Los dos.

Es difícil explicar esto: qué se siente cuándo ves a tu ex, de pronto. Y más cuando llevas queriendo cruzártela meses. Y hasta entonces no ha habido manera. Pero voy a intentarlo. A cambio, les pido que alguien de ustedes, más puesto en la materia, me explique a mí qué clase de simulación utiliza el destino, la vida, Dios, o quien sea que esté detrás de este juego que es la vida, y que hace que dos personas puedan reencontrarse porque sí, una mañana grisácea, cuando durante meses esto mismo, que parecía a simple vista tan sencillo, no ha sido ni remotamente posible. Y eso que se lo puse a huevo. Que a este blog llega gente poniendo "nalgas gordas" en el google, entre otras claves de búsqueda. Ni siquiera tenía que tener morriña de mí, como era mi antojo; bastaba que tuviera acaso una filia. Pero nada. Que no hubo manera. Y de pronto, hago chas y aparezco a tu lado. ¿Cómo se come eso? A mí que me lo expliquen. Por favor.

Ahí se lo dejo como deberes. Y ahora, mi turno. Hum. Seré conciso: Susana estaba guapísima. Más alta, más delgada. Más morena. Más todo. Y yo todo lo contrario: más enjuto, más feo, más ojeroso. Menos todo. Hasta se me encogieron los testículos al verla, no les digo más. Pero el corazon, eso sí, se me agrandó tanto que pensé que iba a tener que vomitarlo para poder respirar. Y no morir ahogado. De pronto, se me agolpó la obra completa de Luis García Montero en la tráquea. Y me acordé de Almudena Grandes, y su santa madre. Y a punto estuve, como digo, de morir atragantado.

Sí, eso es exactamente lo que sentí: ver a una ex es como morir de asfixia, y salvarte en el último instante. Lo contrario que le pasó a David Carradine. Sí. Eso mismito es. Sólo que sin el matiz sexual. Ya digo, que mis huevos parecían canicas. Pero, no obstante, logré recobrar la compostura, en un ejercicio terriblemente cansado de masculinidad, y devolver, acto seguido, el poemario de Habitaciones Separadas, a mi estómago. De donde había salido. Y ya con todo en su sitio, y el corazón burbujeándome -esto último no lo pude evitar-, miré a Susana tan fijamente que a punto estuve de traspasarla, en plan Ghost.

Y fue en ese momento, y como ella misma me reconocería tiempo después, cuando se sintió "totalmente" observada, y al levantar la vista de su móvil, nos (re) encontramos. De nuevo. Frente a frente. Como si nunca nos hubiéramos despedido. Como si este blog jamás hubiese existido.

Y cuando por fin me disponía a levantarme y a acercarme (nos miramos durante un largo minuto, que no soy capaz de relatarles) apareció un fulano de metro ochenta, y la besó.





Mañana el final de la historia.

viernes, 26 de febrero de 2010

A veces, sí que puedes volver a atrás



El próximo día cinco voy a cumplir un sueño: ver a Los Suaves en directo. Siempre quise. Pero nunca tenía dinero. Les hablo de mis 15-16 años. Ahora, con casi 26, no es que esté forrado, pero algo tengo. Si no para meterme en una hipoteca (ni ganas, por otro lado) sí para ver a Yosi, su cantante, con un pedo parecido. Porque Los Suaves sobrios, son como el chocolate sin almendras. No es lo mismo. Ni saben igual.

Y como la vida consiste en cumplir objetivos -o eso me decían a mí en el colegio-, pues eso que zanjo. Que uno nunca sabe cuando...


Van a volver a tocar.



Salud, y rocanrol.

Disfunción neuronal


- Lo siento es la primera vez que me pasa.
- Ya.
- De verdad, nunca antes me había quedado en blanco...escribiendo.
- A mí no tienes que darme explicaciones, sólo soy una hoja más.
- Pero quiero explicarte.
- No hace falta, en serio.
- Pero yo quiero que sepas.
- Déjalo, anda. Si la culpa es mía por buscarme tíos con disfunción neuronal. Que mucho ir de inspirados por la vida, pero luego no pasáis de la primera línea.
- Tampoco es plan ponerse así, ¿no te parece?
- ¿Sabes acaso cuánto tiempo hace que nadie me escribe, me trata como su musa? ¿Eh? Que una aunque sea un folio en blanco, también necesita que la rellenen, ¿o qué te has creído, que puedes arrugarme como si tal cosa, y si te descrito, no me acuerdo?
- Vaya, lo siento, no era mi intención...
- Mira, déjalo, anda, déjalo, que bastantes estupideces has hecho ya.
- Eh, que los precalentamientos no han estado tan mal, mujer.
- ¿Qué precalentamientos, tres adjetivos y un par de sustantivos, y encima mal puestos?
- Joder, no hay manera de acertar contigo.
- Eso, eso, hazme sentir a mí la culpable.
- ¡Pero si has dicho antes que la culpa de todo la tenías tú!
- Ves, mira lo que has conseguido, ¡que se me corra la tinta!
- Hojas, quién las entiende...





Imagen de unahojadepapel.guateblogger.com

domingo, 21 de febrero de 2010

Mi mejor amigo se hace de ETA, y a mí me nombran presidente de la Conferencia Episcopal


Últimamente no paró de soñar. Dormido, me refiero. Que despierto es un no parar. Pero en este caso, como digo, hablo de cuando me acuesto. Y cierro los ojos. Entonces, no sé por qué razón neurodigestiva mi cerebro me monta unos chochos de película. Ayer, sin ir más lejos, soñé que mi mejor amigo se enamoraba de una etarra, y se hacía de ETA. Pero a mí eso me la repantingaba. Allá cada cual con sus modos de vida. Lo jodido era, sin lugar a dudas, que nada más ingresar le ordenaban que me matase. No sé si por ser demasiado rojo, o por ser demasiado facha. El caso es que él tenía que pegarme un tiro, y así me lo decía en el sueño: "Rodrigo no es por mí, es que si no te mato, ellos me matan a mí". ¿Y no has pensado que trabajar para una empresa que si no haces lo que te ordenan te matan, quizás no sea un buen lugar para estar? Pero yo la quiero, me decía. A su novia etarra. Y acto seguido yo me ponía gallito y le espeta que era un mierdas, y un mal amigo. Y que si tenía que matarme, que se diera prisa que tenía cosas que hacer.
Tal era la tensión en el sueño, que cuando me desperté, ostias, todavía me duraba el cabreo con mi amigo. Y eso que al final no se sabía muy bien si me disparaba o no. Me levanté justo cuando quitaba el seguro.

Sin embargo, para sueño turbio este que viene a continuación, y que se coció en mi imaginario hace tres noches. Resulta que me hacían presidente de la Conferencia Episcopal, y reunía a mi séquito por aquello, ya saben, de irnos conociendo. Y ahí estaba yo, sótana en ristre y alzacuellos, debatiendo sobre lo divino (já) y lo humano, con Rouco Varela y cía.
Recuerdo que les decía: "Señores tomen asiento, la situación es crítica". Y acto seguido pasaba a desglosar la lista de interminables problemas de la Iglesia. A saber: laicismo, matrimonio homosexual, aborto, etc, etc. Sólo que para mí nada de eso resultaba un escollo. Todo lo contrario. Yo creía, ingenuo y prelado, que el verdadero problema estaba dentro, en la propia Iglesia. En la manera, digo, de enfocar el asunto. Y así se lo hacía ver a los presentes en el sueño. Que teníamos que cambiar y modernizarnos. "Dejar que la gente viva como mejor le parezca, y ayudar por otro lado a los más necesitados, que son quienes de verdad nos necesitan". Pero Rouco se ponía farruco y decía que los cojones. Que ellos no habían aguantando "veintiún siglos", para convertirse ahora en una "vulgar" ong. Y como él, el resto de obispos que se mostraban contrarios a trabajar en esa dirección. Total, que los muy cabrones tras haberme investido presidente, me instaban a dejar el cargo, sin haber transcurrido si quiera dos horas de reunión. Decían: "Rodrigo creemos que no das el perfil para presidir la Confe -así lo decían, "Confe"-, y aunque no duele con toda el alma, no nos queda más remedio que pedirte que nos entregues tu sótana y el alzacuellos, y te marches. Eso sí, con Dios".
Y ahí me veía yo en mitad del sueño, compuesto y crucificado. Tras lo cual, me desperté y miré a mi alrededor por si Rouco aún seguía ahí. Conmigo.

La verdad no entiendo nada. Ceno normal, ni muy pesado ni muy ligero. Y cuando esto sucedió no había probado ni gota de alcohol. Y mucho menos sustancias estupefacientes.

¿Qué clase de mensaje me está lanzando mi inconsciente?


¿Hay algún psicoanalista en la sala?





Imagen sacada de http://www.extraconfidencial.com

jueves, 18 de febrero de 2010

"Yo soy español, español, español, yo soy español, español, español..."


Lo que son las redes sociales. Resulta que Jon Rosales, uno de los dos presuntos etarras detenidos ayer en Camprodon (Girona), tenía en su facebook una foto vistiendo la camiseta de la selección española de fútbol. Y no solamente eso, sino que en los comentarios del muro, el otro etarra detenido, y que también aparece posando, Adur Arístegui, le menta el eslogan patrio, "Podemos", que la cadena Cuatro inmortalizó durante la pasada Eurocopa de 2008. Y que ahora, parece, vuelve a casa por el Mundial.

Lo que son las cosas: yo también tengo esa camiseta, y además con el seis de Iniesta. Para mí el mejor jugador español, catalán, albaceteño, y del mundo entero. Pero, claro, yo no soy un presunto terrorista. Aunque en todos los controles aeroportuarios me paren, y me cacheen. Sin embargo, esa es otra historia que no viene al caso. A lo que me refiero es que yo no digo a, y me visto be. Es decir, que si afirmo por activa y por pasiva que odio, por poner un ejemplo, a los modernitos que se ponen palestinas de colores, luego no voy y me calzo una kefia fosforita.

No obstante, si les soy sincero, he de reconocerles que estas cosas, pese a todo, me fascinan. La doble vida de personas, a priori, tan íntegras. En este caso, filoterroristas, pero que bien podían haber sido personajes de Twin Peaks; serie, esta, que les recomiendo si no han visto, pues es la mejor serie de todos los tiempos, con el permiso, eso sí, de Prison Break.

El caso, que me pierdo, es que esta noticia, que a fin de cuentas no deja de ser una tontería, me ha recordado a este sketch del programa 'Vaya semanita', que emite, o emitía, la cadena vasca ETB:



Coñas aparte, la cosa tiene su miga. Es más, yo no sé qué pensar de todo esto. A ver si ustedes, que son más listos, me ayudan:

¿Síndrome de Estocolmo o necesidad de pasar inadvertidos?

Espero sus respuestas.

Gracias.



Foto de 20minutos.es

Click



En esto del amor, yo solía ser un asesino a sueldo. Amaba por encargo. Hasta que mi corazón me encomendaba otra víctima propiciatoria, y, así, cambiaba de boquilla. Más cerrada, más abierta. Daba igual. El caso es que siempre era yo el último en disparar. Y el primero en marcharse de la escena del crimen. Pero sucedió que un día se me encasquillaron las palabras, y ella aprovechó para encañonarme a bocajarro. Y fue así como caí tendido al suelo, en un charco de sangre. Y supe lo que era morir de amor, por primera vez en mi vida.

.....

Te sentaste justo al borde del sofá
como si algo allí te fuera a morder.
Dijiste: "Hay cosas que tenemos que aprender,
yo a mentir y tú a decirme la verdad,
yo a ser fuerte y tú a mostrar debilidad,
tú a morir y yo a matar."

Y después se hizo el silencio y el silencio fue a parar
a una especie de pesada y repartida soledad,
y la soledad dio paso a un terror que hacia el final
nos mostró un mundo del que ninguno quisimos hablar.

Y así eran nuestras noches y así era nuestro amor,
comenzaba en el silencio, continuaba en el terror,
y otra vez de allí al silencio. Dime, ¿para qué hablar
de lo que pudo haber sido y de lo que jamás será,
tratando de adivinar qué fue eso que hicimos tan mal?,
si, en fin, se trata de morir o de matar.

Así que, si aún andas por aquí,
y alguien vuelve a prometerte amor,
con dinero, encanto y alguna canción,
por favor, prepárate para huir.
Vete lejos y limítate a observar
esta escena tan vulgar.

Conoció a unas cien mujeres y a cincuenta enamoró,
conoció a otros tantos hombres y con tantos se acostó,
y fundió todo el dinero y la gente se cansó
de escuchar noche tras noche la misma triste canción.

Y ahora ve que el universo es un lugar vacío y cruel,
cuando no hay nada mayor que su necesidad en él.
Y encendiendo un cigarillo se comienza a torturar
y habrá cerca alguien gritándole "hágase tu voluntad"
y el "la culpa sólo en parte es mía y en parte lo es de los demás".
De lo que se trata es de morir o de matar, de morir o matar.

Fue aquella gitana que nos leyó el porvenir,
dijo "uno es el asesino y el otro el que va a morir".
Y salimos de allí y me mirarte asustada y el miedo sonó en tu voz:
"antes de que tú me mates, prefiero matarme yo".

Y emprendiste así tu huida y yo corrí a mi habitación
y mezclé en una cuchara el polvo blanco y el marrón.
Y con la sangre aún resbalando te llamé desde ese hotel:
"Por favor, entiende que algo no funciona en mí muy bien".
Y al otro lado te oí llorar y yo seguí y no colgué,
y me suplicaste: "Déjame de una vez, déjame de una vez".

Y tus párpados cayendo se me antojan guillotinas,
y te observaré durmiendo y me pondré a susurrar:
"nuestras almas no conocen el reposo vida mía,
pero si hay algo que es cierto es que
te quiero un mundo entero con su belleza y su fealdad.
¿Por qué no puedes aceptar que esto no se trata más
que, amor mío, de morir o de matar, de morir o matar?"

Moriré, moriré, moriré ...
moriré, moriré y es lo único que sé.
Moriré, moriré ...
moriré y cuando lo haga al fin ya nada va a impedirme descansar
y así obtendré la santa paz que en vida no gocé jamás,
pues hasta morir la única opción siempre es matar, siempre matar.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Edimburgo desde el otro lado del espejo

Pues no era para tanto la cosa. Lo de volar, digo. Aunque reconozco que en el despegue a Edimburgo, me acojoné un poquito, por no decir bastante. Pero tengo excusa: me aterra sobremanera el punto de no retorno, el momento en que el avión o despega o se estrella. No hay más. Y ante esa disyuntiva, ya me dirán ustedes si no es para pensárselo dos veces. Porque esto que sucede en el aire no pasa sobre suelo firme, donde por mucho punto de inflexión que haya, uno puede volver siempre sobre sus pasos, y tomar, ya sí, la decisión correcta. Salir ileso de la vida, en una palabra

Que te casas y el día de tu boda te arrepientes, pues te divorcias al día siguiente. Que haces tres años de Derecho, y en cuarto descubres que tu verdadera vocación es ser payaso, pues cambias los libros de Mercantil, por el maquillaje y los zapatos gigantes. En fin, ya me entienden. Creo que estarán conmigo, en que siempre es mejor tener un plan be, o ce, antes que jugárselo todo a una carta. Arriesgar pequeñas sumas de uno mismo, en lugar del lote completo. Pero bueno, aquí me tienen; vivito y posteando. En el fondo, la cosa mereció la pena: miren que vistas había a medio camino entre España y Escocia. La verdad que dan ganas de comprarse un terrenito en el cielo, y pasar el resto de la vida en una nube.

O al menos, irse durante una temporada. Y es que viajar enriquece. Forma. Y más cuando ves cosas curiosas, como sucede en Edimburgo, donde uno observa la vida desde el otro lado del espejo. Para empezar, conducen por la izquierda, lo que hace que te sientas como un suicida que fuese en dirección contraria. Aunque si no te matas conduciendo, ellos mismos te atropellan. Porque, claro, usted y yo estamos acostumbrados desde pequeñitos a cruzar la calle a la manera continental -esto es, mirando de izquierda a derecha-; es decir, lo contrario que ellos, los británicos, que circulan de derecha a izquierda. Y ocurre que un servidor, que está por lo general en la parra, mira a su siniestra, no ve nada y cruza como si tal cosa. Y de pronto, oh my god, aparece un taxi a su diestra, que se le echa encima como si hubiera ofendido a la mismísima reina. Y es ahí cuando pasas de las maneras locales y usas el 'spanish way of circulation', consistente en pegar un saltito, a lo Chiquito de la Calzada, y correr a toda leche hacia la otra acera.

Y aquí sigo, con dos piernas todavía, aunque más cerquita del infarto. Pero antes de palmar, me gustaría contarles más cosas sobre Edimburgo. Por ejemplo, que las paradas de autobús están colocadas al revés. De espaldas a la calle. Lo cual no deja de ser gracioso, porque vas caminando (la ciudad no tiene metro) y de repente ves una fila de personas que parece que estuviesen castigadas mirando a la pared. O algo peor. O puede ser, como decía mi acompañante, que les importe un pimiento el sentido de la marcha, y del propio mundo. Y que ésa sea su forma de rebelarse: estar a su rollo. Debatiendo y repartiendo de espaldas a la normalidad establecida. Y es entonces cuando llega el autobús, y, sólo en ese momento y nada más que en ese instante, se dan la vuelta, como un filete de pollo que ya estuviera dorado por una parte. Y ya sí, se reconcilian con la lógica y el paisaje. Y el conductor, por su parte, les levanta el castigo. Tras lo cual, otro séquito de inadaptados llega a la parada, y así hasta el fin de los días. Y aquí paz y después gloria. Y hablando de espiritualidades, por cierto, lo que es bárbaro de Edimburgo es la gestión del suelo que hace la Iglesia. Y aquí ya me pongo serio, porque esto es para quitarse el sombrero, o el hat.

Verán, el Ayuntamiento cede un terreno a la Iglesia y le cobra un alquiler que, por lo general, esta no es capaz de pagar por si misma. Entonces la misma Iglesia realquila parte de sus dependencias a terceros, y con lo que le pagan cumple con el contrato del Ayuntamiento. Hasta aquí todo normal. A fin de cuentas es lo que hace mucha gente con su hipoteca. Pero es que con el alquiler de esas 'habitaciones', llamémoslo así, otros montan dentro un bar, o un teatro. De manera, que la mayoría de las iglesias góticas que se ven, son, en realidad, pubs nocturnos, como el Frankenstein, donde uno puede ir a cenar y escuchar música, o bien salas teatrales, donde representan obras como Hamlet, entre otras muchas.

¿No les parece una iniciativa bellísimamente sacrílega? ¿Se imaginan esto mismo en la catedral de La Almudena, de Madrid? Hacer una macrodiscoteca temática. A lo grande. Con Rouco Varela ejerciendo las veces de dj. Uf, brutal. Pues eso mismo pensé yo al enterarme del asunto.

Con esto, los escoceses nos llevan años de ventaja. Bueno, y con la memoria histórica. Porque en Edimburgo también se cepillaron a unos cuantos. Sin embargo, no tienen ningún problema en recordarlo, y enseñar al mundo las páginas más negras de su historia. Prueba de ello es este grabado que recuerda el lugar exacto donde ahorcaban a los condenados por delitos de religión. A los cuales, antes de morir, les concedían la oportunidad de tomar la última copa. Ya ven, borrachos hasta la sepultura. Aunque no eran los únicos que se metían un copazo. Los verdugos también se apretaban un buen lingotazo antes de empezar a 'trabajar'.

Y es que no debe ser muy fácil cargarse a alguien. El pulso tiembla, la conciencia se te resbala, y al final erras el tiro, el golpe de gracia. No en vano, la guillotina se inventó por eso, porque los verdugos nunca acertaban. Bien porque estaban borrachos, bien porque tenían corazón, después de todo.

Y hablando de latidos, miren qué corazón más lustroso me encontré paseando por la Royal Mile. ¿Parece una invitación al amor, no? Pues nada más lejos. Su sístole evoca el lugar exacto donde se encerraba a los prisioneros, que solían escupir sobre su diástole, en señal de repulsa. Tradición, esta, que todavía hoy se mantiene, aunque con otros tintes. Ahora se escupe para no tener mala suerte. Un motivo mucho más 'light', y típico. Y pese a ser una cerdada, lo cierto es que el corazón siempre está salivando, como los perros de Pávlov. De hecho, no hay momento del día en que no luzca un escupitajo. Yo, en concreto, contribuí a la causa con tres; dos de ellos verdes.

Es curioso porque la gente pasa por encima sin inmutarse, sin importale en absoluto llenarse los zapatos de blanca fortuna. Eso es patriotismo, y lo demás tontería. Ya me gustaría a mí ver a esos que ma-tan por la patria, caminar sobre un manto de gapos, a cada cual más pringoso.

Aunque para prueba de amor esta que viene a continuación, y que a mí, particularmente, me sobrecogió: Bobby Greyfiar, era un pequeño terrier que vivía con su amo. Hasta que un día este murió, y lo enterraron. Entonces, Bobby se apoltronó en su tumba, esperando fielmente su vuelta. El pobre can no entendía lo que había pasado, creía, ingenuo, que el hombre, a la sazón su dueño, no había muerto. Que simplemente había salido a trabajar, como tantas otras veces. Por eso, en un acto de lealtad sólo al alcance de los animales, estuvo 14 años seguidos sin moverse del lugar. Bien pegado a la lápida. Y al final, qué remedio, el desdichado perro murió, como lo había hecho su amo más de una década antes. Y los vecinos, que conocían de sobra la historia y, por ende, el amor que ambos se profesaban, decidieron de este modo enterrarlos juntos. Para que nunca nadie olvidara la historia de amor más grande jamás ladrada.

Y en la entrada del cementerio, pusieron su estatua. Y en el mismo camposanto, su lápida, que a mí personalmente me impresionó. No por la majestuosidad de la tumba, sino por su interior. Por la historia que descansa dentro, y que les he contado. Sinceramente, creo más en los animales, que en el género humano. Y esta anécdota no hizo sino corroborar mi filosofía.

Pese a todo, he de reconocer también que los escoceses a punto estuvieron de convencerme. Y es que son como el doctor Jekyll y Mister Hyde. Por el día, las personas más amables del mundo. Qué digo amables, son extremadamente gentiles, y hospitalarias. Tanto que te duele ser un rancio. Porque los españoles somos unos rancios con los extranjeros. Por no decir cosas peores. Y sin embargo, ellos ya te están pidiendo disculpas a diez metros por ir con prisas, y que quepa si quiera la posibilidad de rozarte levemente al pasar.

Aquí somos más de empujar, y después cagarnos en el árbol genealógico del interfecto. Es así. Es nuestra manera de ser. No nos gusta madrugar, y tenemos mal caracter cuando nos despertamos. En cambio, por la noche, somos de lo más simpáticos y alegres. Alcohol mediante, vale. Pero lo cortés no quita lo valiente.

Y es aquí donde se invierte la balanza. Porque los escoceses, con la luna, se transforman en hombres lobo, que despedazan todo a su paso. Sufren una mutación. De ser esa dulce abuelita que te vendió galletitas de mantequilla por la mañana, o ese simpático gaitero que vestido con su uniforme de gala pedía en la calle a mediodía, pasan a convertirse en auténticos hooligans, digo, que destrozan todo de madrugada. Los muy cabrones digievolucionan en ogros calvos, y con cara de cangrejo. Y así, de esta guisa, se dedican a ostiarse entre ellos, o contra la población foránea. Es aconsejable, si se ven en una de estas, que sigan recto, ajenos a los gritos de algún energúmeno, hijo de la gran bretaña, que en su dialecto le estará diciendo algo así como que se bebe los fluidos de su madre. La suya, y la mía. Lo sé, dan ganas de cogerlos y ponerles el resto del cuerpo del mismo color que la cara. Pero háganme caso, y pasen de todo, como los tipos que esperan el autobús de espaldas al mundo. Porque los escoceses tienen, a todas luces, un grave problema con el alcohol. Y no lo digo yo, ojo, lo dicen los propios periódicos, que ante tamaña situación lanzan consignas que aquí un estudiante de 15 años que haya hecho botellón al menos una vez en su vida, sabe y conoce de sobra: hidratarse y comer algo antes y durante el bebercio.

De puta coña. Pero es así, lo he leído. Sin embargo, más allá de meros parches o tiritas, la culpa de todo este descontrol parece que está en los horarios de emisión de los partidos de rugby y fútbol, que en Escocia emiten a las doce del mediodía, apróximadamente. Lo que hace que desde bien temprano, ya estén dándole al alpiste o, mejor dicho, a la cebada. Si incluso hay bares que te ponen una pinta considerable de cerveza por un libra (1,15 euros), y la acompañan con un chupito de tequila. Y eso, todo el día, y a todas horas. Allí el concepto 'hora feliz' es un eufemismo. Los litros de alcohol, como cantaba aquél, corren las 24 horas del día por sus venas. Non stop. Como para no despendolarse, y perder los estribos. Cosa que, por cierto, no me ha pasado, y eso que he probado todas las cervezas habidas y por haber: Foster, Guiness, Tennents, etc.

Y es que Edimburgo es a los amantes de la birra, lo que Lady Gaga a los del transformismo. Toda una apoteósis, y casi casi el paraíso. Les cuento, las pintas no pasan de 3 pounds, y encima te las sirven heladas y en una jarra enorme. Otra cosa son los cubatas, que son un timo mayúsculo: las botellas llevan incorporadas un dosificador. De manera que suelen echarte, como muchísimo, un dedo meñique, y rellenar el resto del vaso con cocacola. Así, claro, es imposible emborracharse. De hecho, conocí a dos intrépidos, de aquí cómo no, que intentaron esa misma noche cogerse una melopea al estilo apañó. Pues bien, cuando iban por su vigésimo cuarto cubata, lo dieron por imposible. "No hay manera, macho", me dijeron ambos, "estos cabrones te echan una migaja".

No obstante, yo pasé de mezclas, y fui a tiro fijo. Que con la cerveza, ya digo, no se andan con chiquitas. No en vano, puedes bebértela hasta respirada. Porque Edimburgo, según como sople el viento, huele a cebada, o a comida rápida. Otro de los platos fuertes de la ciudad. Porque gastronomía no tendrán, pero lo que es restaurantes y sitios de comida, les sobran. Cada dos casas, hay uno. Y los precios, nuevamente, invitan a ponerse tibio: seis crepes por una libra; desayuno completo con café y huevos fritos, bacon, salchichas y judías (sí, han leído bien, desayunan judías los muy cafres) por 2, 5; perritos gigantes a 1,5; hamburguesa y cerveza por 2... ¡Si incluso venden chocolatinas y caramelos en las farmacias!

Así, no es de extrañar que constantemente haya gente comiendo por la calle: de camino al trabajo, al colegio, a la universidad; como si apenas tuvieran tiempo de interrumpir su apretada rutina. Cuando en realidad el ritmo de vida en Edimburgo es tranquilísmo por no decir residencial. Las personas caminan sin prisa aparente, conversando sobre esto o aquello. Con una relajación tal que ya la quisiera yo para aquí. Y sin embargo, engullen como si tuvieran dos minutos entre clase y clase. Lo cual no deja de ser inquietante. En vez de la solitaria, deben tener al monstruo del Lago Ness metido en el estómago, porque si no no se explica.

En mi caso, opté por tomármelo con relajación, y comer algo típico en algún restaurante de la ciudad. En este caso, el precio no rebasó las diez libras. Lo costoso fue sin duda hacerme entender con el camarero. Porque uno cree que sabe inglés, y llega a estos sitios y poco más que tiene que hablar con señas. Aunque por otro lado es normal. En Escocia no son tan puristas con el lenguaje como en Inglaterra. Hablan, ya digo, un dialecto. Como si un inglés se va a Mijas a aprender español. Pues hombre, aprender lo acabará aprendendiendo, pero de primeras no entenderá un carajo.

Y así, con señas, como les cuento, pedí un plato de haggis, como los pañales. Pero que difieren de estos últimos en varios aspectos. Los haggis escoceses son casquería pura y dura. Se preparan, según entendí, metiendo en el estómago del cerdo, los pulmones, el corazón, y la sangre. Y una vez bien cerradito, se tritura y se sirve la escabechina culinaria acompañada de puré de patatas y puré de zanahoria. Escrito así resulta vomitivo, pero les puedo asegurar que está delicioso. Al final no es más que un trozo de morcilla de Burgos desmenuzado, y mezclado con salsa de whisky, esto último optativo.

Vísceras aparte, la cosa estaba en coger fuerzas y prepararse para la noche, porque en el Reino Unido los horarios son más bien marcianos. Ellos desayunan a las seis-siete de la mañana. Comen a las doce del mediodía. Y cenan a las seis de la tarde, justo cuando empieza a anochecer. Con lo que a las siete u ocho como muy tarde, salen de marcha. Cuando nosotros aún estamos con el cafelito y la sobremesa. Que por cierto, aquí patinan, y de qué manera: ni un mísero café me tomé que fuera medianamente decente. Bueno sí, un par, pero porque la camarera era amiga, y, lo más importante, española, y pude especificarle.

Porque la realidad cafetil allí, en Escocia, es que si pides un café con leche, te traerán, en el 99% de los casos, un capuchino, y si pides un cortao, te lo pondrán con nata. La solución está en decir: "White cofee, please", y cruzar los dedos. Eso sí, se equivoquen o no, la sonrisa va incluida en el precio.

Ya he dicho que son extremadamente polites. Pero tienen sus cosillas. De Edimburgo, además del café, tampoco exportaría el ocio nocturno. No saben disfrutar de la noche, o eso me pareció a mí cuando estuve. Y si no lean, y a ver qué opinan ustedes: los escoceses salen de pubs hasta la una de la mañana. Después los más bregados se van a un 'after', que abren hasta las tres. Y colorín colorado, la fiesta se ha acabado. Porque más allá de esa hora no hay nada abierto. Bueno, sí, están las flats parties, o fiestas en los pisos, que duran hasta las seis de la mañana y a las que se accede por invitación personal, o colándose directamente. Yo lo hice, lo de colarme digo. Me presenté ahí, dije que era amigo de un tal Sam, que había comprado unas cervezas en los paquistaníes (otro detalle curioso, los chinos no venden alcohol) y para dentro. Pero vamos, que la cosa no fue nada del otro mundo. Ni fiesta desmadre ni gaitas. Todo muy normalito. Y sin poder fumar, porque en Escocia, y esto sí que lo aplicaría aquí, no se puede fumar en ningún sitio. Ni en los pubs, ni en las fiestas. Lo que está de puta madre, porque cuando vuelves a casa, no tienes que meter la ropa en la lavadora, salvo que te hayas vomitado encima. Que no fue el caso, aunque, por otro lado, sí vi a unos cuantos bastante perjudicados. Tipos con faldas, para más señas. Y que curiosamente no iban disfrazados, algo que yo pensaba por las fechas en las que estábamos.

Sin embargo, lejos de modas y carnavales, la realidad es que en Escocia hay mucha gente que viste con el kilt, o falda escocesa. Y sin nada debajo, atiende. Y esto último no es exhibicionismo, que conste. Lo pregunté, y me dijeron que la falda es tan pesada y tan gorda que hasta sudas por debajo. Algo bastante asquerosito, pero que ellos sobrellevan con mucho orgullo. Y que además ayuda, por lo visto, a que no se te congelen las pelotillas.

Nota climatológica: cuando fui a Edimburgo los termómetros marcaban -1 grado, pero la semana anterior las temperaturas habían bajado a -10.

Qué quieren que les diga, un servidor puede adaptarse con la comida, y comer criadillas y vísceras. Pero uno no es tan macho para ponerse en pleno invierno una faldita de colegiala. Por mucho que te sude la cosa. Que la integración tiene un límite. De hecho, vi a más gente sin falda que con ella. La mitad de ellos, españoles.

Y es que somos una jodida plaga. Nos reproducimos por esporas allá donde vamos. Aunque pensemos que somos los únicos a los que se nos ha antojado viajar hasta allí. No obstante, sucede que vas caminando por Princes Street, y de pronto escuchas un dicho made in Spain, tipo: "Esto está donde Cristo perdió el mechero". Y te giras y te ríes, porque nosotros no necesitamos traducción.
Es más, durante el viaje, le enseñé un par de tacos a una chica polaca, y al saber el significado, me contestó: "Los españoles sois muy creativos insultando". Y, coño, me sentí como si me hubieran dado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Pero es verdad, los españoles somos la eñe. De hecho, creo firmemente que de haber llegado a la luna nosotros primero, habríamos montado un chiringuito. Como este que se ve en la foto, y que me encontré in situ. Olé.

En Edimburgo, ya digo, hubo momentos en que agradecí un poco de calor patrio. Y sobre todo hablar en mi idioma con toda naturalidad, sin que el resto de personas me entendiesen lo más mínimo. Más cuando había mujeres delante. Guiris, ya saben. Y poder, así, expresarme libremente, sin miedo a llevarme un bofetón: "Qué culo tienes hija mía". Y ella que me mira y me sonríe, sin entender una mierda de lo que le estoy diciendo.

¿Qué cómo son las mujeres escocesas? Pues las hay de dos tipos: a las que les respeta la genética, y a las que no. Es decir, grandes, muy grandes, y delgadas, muy delgadas. En resumen, un coñazo, porque yo soy más de carnes intermedias. Que los extremos aunque se toquen y acaricien, no me terminan de convencer.

Y esto es todo lo que puedo contarles de mi viaje, no sé si les valdrá de algo o no. Pero la verdad es que a mí me ha servido de mucho. Por lo pronto, para superar, bueno, aligerar, mi miedo a volar. Y después para conocer una ciudad, Edimburgo, que sin duda merece la pena visitar. Conocer. Si no para vivir, si para estar una temporada.


Fin del vuelo, ya pueden desabrocharse las pupilas.

E ir reservando plaza para la próxima parada: Lisboa, en Semana Santa.


¿Alguien se apunta?



Todas las fotografías son de Toño, salvo tres que he sacado de http://sobreescocia.com, http://www.factorradio.com y http://www.tengounblog.tk.

viernes, 12 de febrero de 2010

Edimburgo, allá voy

Me voy a Edimburgo. Vuelo a las 16.00 horas. Así que a mi vuelta les termino de contar la historia de cómo ella lo acabó sabiendo todo. Porque lo supo. Y más cositas, que espero les gusten.

Un abrazo, y gracias por seguir ahí. A pesar de.


R.



P.D.: Odio volar. Me pone de los nervios. De modo que, con su permiso, voy a ver si me tomo un lingotazo; para presurizarme, más que nada.


Salud.

jueves, 11 de febrero de 2010

Va por ti, maestro



Yo siempre quise ser tan roquero y tan torero como Jaime Urrutia. Con esa pose de diestro bregado en mil y un conciertos. Y ese pañuelo, anudado al cuello, que sólo a él le queda bien. Yo si me lo pusiera, parecería un jodido marinero en carnavales. Que por cierto, ya estamos, o vamos a estar en ellos. Pero no hay disfraz, por otra parte, que abarque lo que el señor Urrutia. Tan chulo y tan castizo, que deberían quitar el oso y el madroño de la Puerta del Sol, y poner una estatua suya. Y abajo, como leyenda: "De Madrid a Soria". ¿No me digan que no sería fantástico?

Y es que se cumplen 30 años de la movida madrileña, y me apetece homenajear a este tipo de alguna forma. Tan ninguneado como ha estado siempre por la crítica y el público.

Para mí, Don Jaime Urrutia.

Olé maestro.

miércoles, 10 de febrero de 2010

De cómo ella lo acabó sabiendo (y 3)



"¿Encontraría a la Maga?". Así comienza Rayuela, de Julio Cortázar, que yo por aquella época estaba leyendo. ¿Te encontraría a ti? No lo sabía. Lo único cierto era que los meses iban pasando y mi plan no daba sus frutos. Y yo, mientras, desesperado. Sin saber qué hacer. Hasta pensé en cerrar el blog, e irla a buscar con todos mis -sus- post, pegados al cuerpo. Al fin me quité la coraza, le diría, y acto seguido me arrancaría la piel a tiras. Nunca mejor dicho.

Pero no sabía, digo, dónde encontrarla, ni cómo localizarla. Tiempo atrás había borrado y olvidado su número de teléfono. Y ahora me veía rebuscando en la basura de mi cuarto, intentando reconstruir los trozos marchitos de la antepenúltima factura. Como un pordiosero hambriento de amor y de cariño, ya ven.

Sin embargo, por más que profundicé en el asunto, no hubo manera de encajar su rutina con la mía. De modo que, harto de todo, salí esa misma noche dispuesto a emborracharme tanto como para olvidarme también de la descabellada idea de (re) encontrarla.

Tal fue la melopea que agarré, que aún hoy tengo lagunas. Aunque, en cambio, me recuerdo nítidamente follando con alguien. Una mujer, de edad indeterminada. Menuda y con el pelo rapado. Y en un ejercicio desgastador de memoria veo, además, cómo no logro correrme. Ella a cuatro patas, y yo sudando tras haber probado ya varias posturas, y formas distintas. Y ella que comienza a quejarse del dolor que le produce el roce del condón, me acuerdo; y yo, que por mi parte, me noto y me siento tan insensible como absurdo.

- No puedo más, me duele mucho- me dice la chica del pelo rapado. Y me guardo la polla cansado, como se guarda en el frigorífico la comida que sobra tras una cena copiosa. De esa forma me la meto en los calzoncillos o bajo las sábanas, qué sé yo. Tras lo cual, le pido, no sé si educamente o no, que se marche de mi cuarto, de mi casa. De mi vida.

No estoy bien, me excuso. Y entonces mi memoria recuerda varios insultos, y un portazo seco.

No obstante, en ese instante todo me da igual. Me siento como un niño que se hubiese perdido en un gigantesco bosque, y estuviera buscando a sus padres inútilmente: desorientado, y sin recursos.

¡Papá, mamá!

¡Susana!

Y el llamarla a gritos me devuelve a la vida misma. Pienso en ella, en mi ex, y comienzo a masturbarme, solitario sobre un colchón mojado y pegajoso. Y otra vez palpito. Y otra vez lato. Tan fuerte incluso, que siento que voy a correrme de inmediato. Como un resorte, mi polla responde a mis recuerdos, y Susana y yo volvemos a hacer el amor, como si esa misma madrugada se acabase el mundo. De esa clase de polvos de tres o cuatro minutos, que a veces son tan necesarios, y que no cabe explicar. Hay que vivirlo. Follarlo.

Eyaculo sobre la pared, acartonada por el gotelé. Y no es semen lo que veo resbalar, sino lágrimas.

Las mías. Y es que aunque borracho, me sigo acordando de los trozos de factura rotos.


Continuará.

lunes, 8 de febrero de 2010

A golpes por la crisis económica

Centro de Madrid. Media tarde. Parada del autobús. Un hombre saca su cartera del bolsillo y comienza a contar el dinero delante del resto de personas que hacen, hacemos, cola. A simple vista distingo tres o cuatro billetes de 500 euros, dos de 100 y un par de 50. El hombre lleva encima una pasta gansa y no muestra ningún tipo de precaución. Todo lo contrario, parece pavonearse. Por otro lado, es su dinero y nadie debería intentar quitárselo. Pero la situación en sí no deja de ser brusca. Y más con los tiempos que corren. De hecho, a mi lado, hay varias personas que no le quitan ojo. Diría que le miran con odio. Con inquina. Con cara de asco: "El forrado y nosotros sin paro, tócate los cojones", estalla un padre de familia. Lo sé porque sujeta a su hija de la mano, y está, además, acompañado de su mujer, que asiente y hace aspavientos.

Su comentario enciende la mecha. ¿Era de esperar? No lo sé, pero el caso es que ahora otro hombre está encarándose con el señor, con el apoyo de una señora mayor que justo acaba de llegar. Entre ambos le espetan que se guarde su dinero, y que "no se enseña el filete en casa del pobre". Ante lo cual, el fulano de los 2.300 euros aprox, les contesta, muy correcto, que tiene todo el derecho del mundo a contar su dinero dónde le plazca. Que acaba de cerrar un acuerdo y que si les molesta que no miren. Y apuntala la frase con un, "criticones". Y aquí es donde pierde enteros. Pues el mismo hombre que tiene enfrente se desboca y le asesta un derechazo que le tira al suelo. Y con él, todos su billetes que caen desperdigados en mitad del asfalto.

Se desata la locura. El padre de familia y el hombre que ha agredido al señor, se enzarzan entonces por los billestes más altos, mientras la mujer y la niña, que no pasa de los diez años, recogen las 'sobras', apartando, como pueden, a la señora. Y todos son gritos, y empujones, y hasta patadas. Y yo no sé qué hacer: me sale ayudar al señor, que está en el suelo sangrando. Pero mi lado más hijodeputa me insta a llevarme parte del botín.

En un despiste generalizado, cojo los dos billetes de 100 que nadie ha visto, y me los meto en el bolsillo. Para entonces, el padre de familia, mucho más robusto, se ha hecho con la mayor parte de los billetes morados, y escapa calle abajo junto a su mujer e hija. El otro tipo, por su parte, ha tenido que conformarse con el reintegro, que se niega a compartir con la señora, que le insiste e insiste en que su pensión es "muy" pequeña. "Anda y vete por ahí", zanja él. Sin embargo, el haberse llevado un pellizco no parece calmarle. Sigue molesto, y se dirige por segunda vez al hombre:

- Eso te pasa por ir de listo por la vida-le grita, y se va con 500 euros arrugados.

Eso, eso, secunda la señora subiéndose la solapa del abrigo, a lo garçon. Tras lo cual, muy digna, prosigue su camino. ¿Pero ésta no estaba esperando el autobús? Jodida vieja cotilla y malmete, pienso. Y en esas, miro al señor y siento una pena increíble. Apoyado sobre el cartel de la marquesina, sollozando.

- Tome, esto es todo cuanto he podido recuperar-y le doy los 200 euros que le había quitado.
- Gracias, gracias-me dice moqueando-¿Sabes? En realidad no había cerrado ningún trato, simplemente me los había encontrado en la calle. En esta misma cartera. Y ya ves, por no querer dejarla en comisaría, el karma me ha castigado.

Y le ayudo a levantarse, con su última frase bombeando todavía en mi mente. Según él, la paliza se la tenía merecida por avaricioso.

¿Sí?

¿Tal vez?


No lo sé. Pero de ser cierto lo que dice, y de ser, también, ese padre de familia, o el otro tipo, estaría temblando.

El karma les va a dar hasta en el cielo de la boca. La vieja, me temo, bastante tiene con su vida.




Imagen de http://poesiaparalagente.files.wordpress.com

De cómo ella lo acabó sabiendo (y 2)



Bien. Tenía un plan para encontrar a mi ex, les decía, pero faltaba lo más importante: el anzuelo. Un blog con denominación de origen, donde pudiera sincerarme entrelíneas. Y contar(le) lo mucho que le echaba de menos, y lo mucho que me arrepentía de haberla dejado. Etc, etc. Así que me puse manos a la obra. Y pensé un nombre sugerente, atractivo para mi espacio. Como ya conté, el primero que me vino a la mente, por sútil y directo, fue: "Aunque tú no lo sepas". Más por el poema de Luis García Montero, que por la canción de Quique González. Aunque ambas letras son increíebles. Sin embargo, lástima de cabecera, ese título ya estaba cogido. De modo que me dije, si voy a hacerme un blog personal qué menos que ponerle un nombre propio, hecho a medida. Como la alta costura. Y estrujándome el coco, salió "Madrugario". Tenía clara la idea: lo mío sería un diario a la manera de los exploradores antiguos (me chiflan); y como soy más búho que gallo, cambié un par de letras, le puse un fondo estrellado, una luna en todo lo alto. Y voilá. Ya tenía mi cuaderno de bitácora nocturno. La madrugada hecha palabra. Bueno, esto último es un tanto pretencioso. Pero esa era un poco la idea. Escribir(la) a horas intempestivas, las mías. Y que el amanecer diera, acaso, sus frutos.

¿Saben lo más curioso? Que mi ex es totalmente diurna, se acuesta pronto, y se levanta más temprano todavía. Es una chica atareada, yo también, que conste, pero ella es, además de todo, responsable. Lo pensé. Que quizás era absurda toda esta estratagema, pues, al fin y al cabo, teníamos el horario cambiado. Aparte de mi jet lag sentimental. No obstante, cabía la posibilidad de que me encontrase por la mañana, o por la tarde. Y vernos por la noche. Vamos, todo rodado.

Y así empecé este blog, pero no hablé de ella en el primer post. Sino de una prostituta que ejercía debajo de mi trabajo. Y con la que solía hablar de vez en cuando. Hasta le cogí cariño, oye. Pero eso se lo amplío otro día.



Continuará.

domingo, 7 de febrero de 2010

De cómo ella lo acabó sabiendo



Aunque tú no lo sepas. Nunca un título dio para tanto. Para un poema, el de Luis García Montero, que inspiró, a su vez, la canción homónima que Quique González compuso para Enrique Urquijo. Esta que suena. Y que además es una película de Juan Vicente Cordoba, basada, también, en un relato de Almudena Grandes, que escribió influida por el poema de su marido, el propio Montero.

Un círculo de casualidades que vino a cerrarse con este blog. Pues el primer nombre que pensé fue precisamente ese: "Aunque tú no lo sepas". Pero ya estaba cogido. Lo tiene registrado una tal Auxita, que ni tan siquiera lo usa. En fin, que la red da blogs a quien no tiene palabras. Yo, por el contrario, tenía varias acumuladas. Y es que la razón principal de crearme este espacio fue, ya ven, encontrar a mi ex. O que ella diese conmigo, no sabía bien. Yo firmaría todos mis escritos con nombre y apellido, y mi foto al lado. Y a ella, se supone, le entraría la curiosidad un día y me buscaría en google. Y aquí le estaría yo esperando. A puertita gayola.

Y entonces, claro, leería todo. Y se enteraría del pastel. De lo mucho que la echaba de menos, etc, etc.

Parecía un plan sencillo...o no.



Continuará.




Imagen de http://lucesdesol.blogspot.com

sábado, 6 de febrero de 2010

Menú del día

¿Saben?, estoy empezando a cogerle mucha manía a Zapatero. Y cuando digo mucha, es mucha. Manía de querer echármelo en la cara y decirle, a la manera real: "¿Por qué no te callas?". Que yo no es que sea especialmente monárquico, y mucho menos juancarlista ("ganarás el pan con el sudor de tu frente") pero aquéllo que le dijo el rey a Chávez, me gustó. Faltó añadir, a mi gusto, un "cojones", que es algo, como argumenta Otegi, muy español. Muy de aquí: "Por qué cojones no cierras la boca, la puta boca, y te callas?". Pues eso, Zapatero, por qué diantres no reconoces la evidencia, convocas elecciones, y te marchas a León con tus hijas, que menuda segunda legislatura les estás dando.

Y es que resulta que el Gobierno le entregó ayer a la patronal y los sindicatos (¿sin di qué?) su propuesta de reforma laboral, que incluye, entre otras lindezas, el abaratamiento del despido-¿les suena de algo?-para los jóvenes. Así, con la nueva reforma, el contrato por indemnización pasaría a ser de 33 días, en lugar de los 45 actuales. ZP, que se jactaba de que nunca jamás flexibilizaría el despido, como proponía la derecha y los empresarios. Y que fomentaría, además, el empleo entre los más jóvenes. Pues chupa del frasco carrasco. Ahora aparte de sobradamente preparados, estamos sobradamente ninguneados. Más si cabe.

Lo siguiente, imagino, será cambiar la "S", de socialista, por la de Sinvergüenza, que es el término que mejor se adecúa a las siglas del partido.

Pero es que la oposición tampoco se libra. Aunque yo ya tengo asumido que Rajoy, virgen santísima, será presidente del Gobierno. Y la política española, una mala copia del día de la marmota. Nada cambiará. Porque si uno es imbécil, el otro directamente ni pincha ni corta en su propia casa. Dos ejemplos de cómo llegar a la Moncloa sin creérselo. Porque don Mariano, en otra tesitura, no pisa el verde césped del jardín presidencial ni harto de vino. De la misma manera, que Zapatero, aunque escueza, fue presidente por el triste y 'aznaril' atentado del once de marzo.

En ambos casos, ninguno hizo, ni ha hecho méritos para ser presidente. Y ese parece ser nuestro pan de cada día, lo que nos toca tragar: de primero sopa de falsas promesas, y de segundo populismo al ajillo.

Como para no vomitar.

Y de postre, por si todavía hay hambre, pastel de ego con extra de autoritarismo.

Qué quieren qué les diga, viendo el menú electoral, prefiero seguir a dieta.

A mí que no me pongan plato.




Imágenes de http://iberaldea.es y http://semaforoabierto.files.wordpress.com

miércoles, 3 de febrero de 2010

Pero cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada pantalla


Ella me reprochó que sólo decía "cosas bonitas" en el blog. Y que encima nunca se las dedicaba. "Yo no escribo por encargo", le contesté, "yo escribo según me encuentro y según me siento". Y no siempre, que para eso tengo un blog personal y no un contrato por obra y servicio. Y para que lo sepas, sí que hay cosas sobre ti. "Sobre nosotros", añadí solemne. Pero lo esencial, amiga mía, "es invisible a los ojos".

A ella, sin embargo, el símil con el Principito le resultó demagogo. De-ma-go-go. Así que unas semanas más tarde, y viendo que solo colgaba canciones y demás recursos manidos, zanjó el asunto con un argumento lapidario: "No eres la misma persona que conocí en el blog".

Pues claro que no. Soy humano, no una pantalla con fondo negro, rehusé. Pero ella no lo entendió. O yo no entendí bien lo que quería decirme. Aquello era un caos dialéctico y encima el verla con el sujetador a medio poner y las tetas apuntándome como dos francotiradores, no ayudaba mucho. A mí el pecho femenino me produce el mismo efecto que la marihuana. Me seda por completo.

Total, que se acabó pirando de mi casa, no sin antes criticar la mierda de piso, y de cuarto en el que (mal)vivía por aquel entonces. "Con el colchón por el suelo, y el suelo, además, lleno de libros y discos desperdigados". ¿No querías una vida más bohemia? Pues toma dos tazas.

Ahora me río. Entonces me tocó bastante la moral. Qué coño se ha creído esta, que me conoce de dos líneas, pensaba. Ahora, como digo, me la pela. Me quedo con la parte divulgativa del asunto. Y es que la conocí a través del blog. Ligamos a través de Madrugario. O gracias a. Y esto me turba y a la vez me fascina. El hecho de que sea posible tener relaciones sentimentales o, en su defecto, eróticofestivas, mediante los blogs. Ya no hablo de redes sociales, con perfiles vestidos para la ocasión, sino de espacios más o menos biográficos. Donde la gente cuenta su mierda. Y todos o ninguno nos sentimos identificados. Aunque es una atracción virtual, falseada y medidada por la ciberrealidad, la gente, ustedes, yo mismo, podemos llegar a creernos como ciertas y verdaderas determinadas cualidades y características que atribuimos insensatamente al bloguero o bloguera de turno. Mi amiga B., por ejemplo. Anda enchochaíta perdida por un fulano que se las da de intenso y terapeuta en su blog. Al cual aborrezco. Y aunque ella me da la razón y piensa, como yo, que es un gilipollas engreído, cuando lee su espacio, no obstante, se le caen las bragas. Ve su perfil y se lo imagina tan perfecto, tan todo. Que no piensa que sea su imaginación quien esté proyectando en ese tipo, al hombre de su vida. Sino el destino, tan caprichoso como es.

Ojo, no voy a negar que a mí no me pase lo mismo. Como ya he dicho, soy humano. Somos humanos. Vulnerables, en suma. Y por eso mismo necesitamos creer en algo, y sobre todo, ilusionarnos por alguien. La esperanza como la sal, dice Saramago, no alimenta pero da sabor a la vida. Y un servidor, como ya conté en otro post, está más cerca del común de los mortales y de Belén Esteban, que del cine iraní y de Kant, filófoso, este, por cierto, que me toca bastante la polla. Pero esa es otra neura, y este post no va de filosofía.

Sino del amor en los tiempos de Internet. Yo, por ejemplo, estoy perdidamente fascinado por todas y cada una de las blogueras guapas que leo: escritora, una, la agente scully, octubre, otoño, dulceme, laqueandasolaporlacalle; por no hablar de sara, que es la pestañita más sexy que he visto nunca, o la faraona, o mesalina, siempre al quite, o tantas otras a las que idealizo, y me imagino tan, tan. Tan todo. Y esto por citar solo algunas internautas que, sin duda, merecería la pena conocer.

Porque Internet, insisto, ha revolucionado los sentimientos. Ahora cualquiera puede vivir una bonita historia de amor, como en el cine, y creérsela. Pixelada, pero enajenadamente dulce, a pesar de. Porque con esto de las nuevas tecnologías, todo el mundo puede fabricarse una relación a medida. Por no hablar de muñecas y muñecos hinchables, que los hay que hasta sudan de verdad.

La modernidad es terrorífica. Al final nuestra copia, o avatar (vayan a verla, es brutal), nos superará en accesorios, y nos relegará irremediablemente a un segundo plano. El mío con que sepa planchar, ya me manda al paro.
Y con el amor, digo, pasa un poco parecido. Ahora se puede soñar en wifi. Y conectarte a otra persona de forma inalámbrica. Basta con desarlo. Programarlo. Y que el imaginario megryanesco o sandrabullokiano haga el resto.

En fin, que me alargo y no quería. Les decía que ella al conocerme de forma tangible vio que no era el príncipe de Beckelar. Que me tiraba pedos y eructos. Y, claro, así su historia 2.0 perdía encanto. Ella me prefería en versión último modelo. Yo, que soy vintage por dentro y vintage por fuera.

No obstante, quiero saldar mi deuda. Y por eso le he escrito un post homenaje; ella que decía que nunca le escribía nada. Un escrito, el que sigue, que creo que aúna mis dos partes más sobresalientes: la cerda y la intimista. Las que conforman, en buena parte, este blog. Mitad mío, mitad de ustedes.

Aunque esta vez hable solo para ella. Sin citarla expresamente, que uno es un caballero (¿Sí, lo soy?) y, además, me consta que sigue parando por aquí. Y no es plan que me corte el módem. Y otra cosa.

Así que, para ti va este post, mi dulce avatar:

Acabo de masturbarme pensando en ti. Y me muero de ganas de abrazarte. Pero no estás aquí, a mi lado. Es una pena que tu imagen siempre se espese con mi semen. Quisiera poder también masturbar mi mente. Mis recuerdos contigo. Y eyacular minutos más tarde abrazos y tardes de cine. Y no esta densa soledad, que huele a periódicos viejos. Pero lo cierto es que mi vida masturbatoria es bastante deprimente. Soy un animal que acaba de imaginarte jadeando encima. Los dos follándonos la casa, y hasta el gotelé. Y ahora, joder, lo único que tengo junto a mí es una camiseta, la tuya, impregnada de falta de cariño.

Te echo de menos cuando me masturbo, pero me muero sin ti, después de correrme.




Creo que es un post tierno. ¿Ustedes que dicen? ¿Al natural o con megapíxeles?





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P.D.: Quiero agradecerles la molestia que se tomaron por mí en el post anterior. Gracias de veras, por indicarme dónde renovar el pasaporte y el dni. Les debo un vuelo.




Imagen de http://blogs.clarin.com