domingo, 31 de enero de 2010

Edimburgo, ¿allá voy?


Hablando de aviones, y pistas de aterrizaje. Dentro de unas semanas, si todo va bien, me iré a Edimburgo (Escocia). A visitar a una amiga, con un amigo. Pero antes debo renovarme por fuera, como lo estoy por dentro. Y es que tengo el pasaporte y el dni caducado (nota mental: apuntar esta frase como posible comienzo de un poema). Y claro, puede que no pase nada. Y los que escudriñan este tipo de cosas ni se den cuenta. O puede que se cumpla lo que decía en mi anterior post, y no pase de la frontera. Yo que me muero de ganas de chapotear en el Lago Ness, y vestirme con falda escocesa, y sin nada debajo. Y contemplar, después, el mundo desde Calton Hill. O visitar, ya puestos, el Scotish Whisky Heritage Centre, que creo que no necesita traducción.

No obstante, para que mis deseos se hagan realidad es menester, ya digo, que pase por ventanilla. Y actualice mis datos. Que por cierto, menudo coñazo de burocracia.

Por ello, recurro a ustedes. Por si alguien sabe de algún sitio de Madrid donde te renueven ipso facto tales documentos.

Voy contrarreloj. Y esta vez, que aterrice o no, no depende de ninguna fémina, sino de mi mismo.

Quien me eche un cable, además de tener mi bendición eterna, se verá recompensado con algún presente netamente escocés.

Palabrita de erre punto.


Un abrazo, y muchas gracias de antemano.

viernes, 29 de enero de 2010

Permiso para aterrizar



Estoy cansado de hacer escala en otros cuerpos. De volar solo. A mi aire. Si te soy sincero, me apetece echar el tren de aterrizaje, y respostar contigo. Y despegar, luego, más tarde. Cuando sea. Cuando el cielo esté despejado, y no haya turbulencias.

Puedo esperarte, si me lo pides. Podemos viajar en primera clase, nos lo merecemos. Y por una vez no padecer el síndrome de la clase despechada: demasiado amor para tan poco pecho.

Esta vez, te digo, quiero un vuelo sin incidencias, ni retrasos. Un vuelo rasante por tu piel de aterrizaje. Y amanecer, lejos, muy lejos. En Lisboa o Praga. Estambul o Nueva York.

O ya puestos, en mitad del desierto. Sudando juntos.

El caso es que me es indiferente el destino, como si no pasamos de la frontera.

Pero contigo.



Nota a pie de página: la segunda canción que suena es "La ciudad del viento", que se ha colado en el guión. Aunque bien pensado, también podríamos acercarnos a Chicago, que así es como llaman a esta ciudad norteamericana.

lunes, 25 de enero de 2010

El amor es un invento del Corte Inglés, y en menor medida de las floristerías


- Mi ex está con otro.
- Vaya, lo siento tío.
- Me he enterado por un sms. Resulta que me ha enviado a mí, un mensaje que iba para él. Decía algo así como que esta noche cenarían juntos y tal. Vamos que hoy mojan.
- Bueno, ánimo macho, ya verás como el menda es eunuco, o eyaculador precoz y la deja a medias.
- ¿Sabes? En realidad, no me jode tanto el hecho de que otro se la beneficie, sino el ser sentimentalmente reemplazable. Se supone que hemos vivido una historia juntos, una historia única e inimitable. Y ahora otro está usurpando mis recuerdos. Los momentos que he pasado con ella. De hecho, hoy seguramente hagan lo mismo que hicimos nosotros en nuestra primera cita: irán a un sitio especial, con velas, cenarán musaka, y se bajarán, con el tonteo, dos botellas de vino. Y después, tras unas copas en un bar cualquiera, acabarán en su casa, como si lo viera. Y follarán despacio, mirándose a los ojos, y al día siguiente todo les parecerá un cuento de hadas. Y así será hasta que meses después el amor se les acabe, y otro tipo sustituya al fulano que hoy se las promete muy felices. Es el ciclo natural del desamor.
- Es jodido, pero tienes razón. Somos piezas intercambiables.
- El amor no existe. Lo que la gente cree que es amor, en realidad son momentos que pasas con tal o cual persona, y que te hacen sentir bien. Pero que igualmente puedes vivir con otra persona. El corazón es una puta en venta.
- Pues sí.
- Y el amor, joder, una puñetera estafa. Yo pienso quejarme donde haga falta. Me han estado engañando durante años, haciéndome creer que podía vivir algo único, cuando en realidad no he hecho sino lo mismo que otros ya hicieron antes. Pasear, ir al cine, a cenar. De viaje; hasta saltar desde un puente. Todo eso ya estaba inventado mucho antes de que Susana y yo empezáramos a salir. Y sin embargo, me lo vendieron como algo virgen. Inexplorado. Valiente panda de hijos de puta los del Corte Inglés.
- ¿El Corte Inglés?
- Sí, ellos son los culpables de todo esto. El amor es un invento suyo para vender más en épocas señaladas.
- Estás desvariando, macho.
- No, y como prueba de mi enfado mañana mismo iré a anular mi tarjeta y que se la metan por el culo. Me niego a seguir formando parte de su engaño. Y luego me acercaré a la floristería, la que hay debajo de casa, y le haré comerse todos los capullos al tío que me vendió las flores. Él también está en el ajo.




Imagen sacada de laotracaradelosespejos.blogspot.com

Cuadrúpedo


En el mismo taxi de aquella noche, escribí también el comienzo de otro poema, que no terminé. Decía lo siguiente:

Al final,
ha sucedido
todo como tú
dijiste
que pasaría:

te has acabado
enamorando de mí

pero en el momento
equivocado,
y esto lo añado yo.

Porque ahora
no gastaría
una sola gota
de saliva
besándote,
y mucho menos
una erección.

No me apetece
ni follar contigo,
fíjate lo que te digo.

Ni pasión me queda
a estas alturas
del culebrón.
Yo, que no paraba
de masturbarme
cuando lo dejamos.

Cuando me dejaste.

Ahora te toca a ti
mojarte por fuera
como yo me he
estado mojando
todo este tiempo,
por dentro.


Y ahí me quedé. Pero no porque el taxi llegase a mi destino, sino porque de repente me entraron unas ganas horribles de arrancarte la ropa y follarte salvajemente contra la pared, encima de la mesa, rodando por el suelo. Cogiéndote de las crines. Porque además de gilipollas, mal poeta, y coñazo. Soy un poco bastante contradictorio. Pero honesto, sin embargo. No puedo escribir algo si no lo siento. Es la primera y única norma que tengo y uso en mi vida: hacer las cosas con el estómago. Con las entrañas.

No sé fingir delante de una hoja.

Y aparte, estaba más empalmado que un caballo. ¿Con qué cara finiquito yo el asunto?




Imagen de http://www.guiafe.com

sábado, 23 de enero de 2010

Gilipollas (y 2)


Ayer un taxista me chuleó cinco euros. No es mucho, lo sé, pero más que el contenido, me escuece la forma. La manera en que el tipo arrancó cuando, ya en la calle, caí en la cuenta de su estafa. Desde aquí quiero decirte, taxista hijodeputa, que espero y deseo que la vida se te vaya sin pagar algún día.

No obstante, antes de que pasara todo esto, y el muy cabrón me dejase con cara de tonto, sonó en la radio Y sin embargo, de Sabina. Y ahí, entre las gotas de lluvia que empapaban los cristales del taxi, te escribí este poema; a ti que no te lo mereces. Pero ya saben ustedes que soy un poco gilipollas:

Suena en la radio
Y sin embargo,
de Sabina.
Estoy metido en un taxi
y no quiero que acabe
esta carrera,
ni la canción
de marras.

Si tuviese más dinero,
le pediría al taxista
que diese vueltas
alrededor de mi vida,
a ver si en una de estas
levantas la mano
y vuelves a mi vera.

Pero afuera
ahora mismo
no hay
ni rastro tuyo,
y sí
una lluvia rara,
mal puesta
como aquellos
besos que nos dábamos,
¿recuerdas?

Tan llenos de saliva
como de inexperiencia.

"Dos no es igual
que uno más uno", explica
Sabina en la letra.

Tú y yo fuimos
la suma de muchos
desastres
pero también
por añadidura,
la conjunción
de años buscándonos,
como decía Cortázar,
en Rayuela.

¿O era al revés?

Ay, mi Maga
si yo te encontrara
de nuevo.
No dejaría que acabase
esta canción,
ni este viaje.

Acaso el nuestro.
Aunque esta vez me toque
pagarlo solo.




Imagen sacada de http://palabrasmicrobioticas.files.wordpress.com

viernes, 22 de enero de 2010

Canción para un/una ex



Mi paisaje interior, contaminado
mi cabeza llena de pájaros enjaulados
las paredes de mi chabola aún guardan el recuerdo
de aquellas noches de invierno
follando como perros.
Por si te acuerdas de mí
te he apuntado en una barra de hielo
mi dirección y mis mejores deseos...
¡Que te follen!

Desde entonces espío a las parejas en los coches
solitario y llorón me masturbo toas las noches
escribo canciones, me pongo de caballo
a ver si aunque sea después de muerto
me hago millonario.





Pues eso, que te follen.

miércoles, 20 de enero de 2010

Los etarras también se enamoran


Quiero hablarles de un etarra. Jorge Uruñuela Mollinedo, de 31 años. Y natural de Barakaldo. El tipo cumple condena por actos de kale borroka, o violencia callejera. En 2005, según parece, quemó un concesionario y una surcursal. Y se le condenó por ello a 16 años de cárcel.

Ya en prisión, siguió desde un principio la disciplina del colectivo de presos etarras. Esto es: ser unos rancios de mierda y no relacionarse con nadie de fuera de su entorno, ni aceptar otros posibles abogados que no sean los impuestos por la banda terrorista. Ni tampoco participar de las actividades de la cárcel. Y, por supuesto, no entablar amistad alguna con los funcionarios de la prisión, objetivos prioritarios de ETA.

Pues bien, pasa el tiempo y Uruñuela se cansa de todo esto y acaba pasándose por el forro ideológico las directrices de los asesinos de Euskadi. Así, comienza a practicar todo tipo de deportes, participando, de este modo, en el 'normal' devenir de su estancia en prisión. Y como guinda, engaña a su novia abertzale con una funcionaria de prisiones. Ahí es nada.

La cosa tiene miga, porque su churri, además, es un icono dentro del mundillo proetarra. Y es que sufrió un accidente de tráfico volviendo de Madrid -a donde fue con motivo del juicio a su chico-, que le dejó en coma. Aunque finalmente se recuperó. Y automáticamente, pasó a engrosar la lista de (no) mártires del entramado batasuno-etarra.

Y él, qué cabrón, va y se la da con otra. Con todo lo que ella había sufrido por su amor. Esto, claro, no ha quedado así. A la funcionaria, que estaba de prácticas, le han expulsado de su puesto. Y a él, por su parte, le han mandado a otra prisión. Y ETA, en concreto, al paro. Sin embargo, el amor, cuando es de verdad, puede vencer cualquier obstáculo. Distancias, y entramados terroristas.

Qué quieren que les diga, me gusta esta historia. Primero, no hay sangre de por medio (Uruñuela no ha matado a nadie). Segundo, se trata de alguien que ha tenido la valentía de plantarle cara a esa panda de caraduras que forman la cúpula de ETA. Y digo caraduras porque a ellos lo que menos les importa es la tan cacareada independencia del País Vasco. Ellos lo que quieren y buscan es la pasta que mueven los pines, y las chapas, y las huchas. Y demás. Lo otro se la pela con papel de lija. Sin embargo, por el bien de su coherencia, deben fingir que son gudaris, aguerridos soldados vascos, en lugar de meros empresarios chapuceros. Y ahí está el problema, que los de arriba mandan a los de abajo, más crédulos, que se manchen las manos por ellos.

Y matan al novio o al marido de tal o cual persona. Y eso ya me toca los cojones. Porque aquí todo el mundo tiene derecho a amar y ser amado. No solo los etarras, que deberían, dicho sea de paso, poder enamorarse de quien les diera la gana. Sin importar el grupo sanguíneo ni el apellido.

Porque el amor, al contrario que ETA, nunca mata.






Algunos datos de este post han sido extraídos de aquí. La foto es de http://www.diariocritico.com

lunes, 18 de enero de 2010

Asco

Siguiendo con Haití. Dos cosas que me han hecho vomitar hoy:

La primera. Algunos bancos están cobrando comisión en los donativos que la gente está realizando.

La segunda. A menos de 100 kilómetros del seísmo, había un crucero de lujo. Mientras la gente moría aplastada, otros tomaban cócteles en una hamaca. No les critico, pero no deja de ser vomitiva la coincidencia.



Qué asco de mundo, ya no sé si merece la pena intentar cambiarlo. O si es mejor que el planeta estalle y otra generación de seres humanos lo empiecen desde cero.

domingo, 17 de enero de 2010

Ese tal dios


Yo no sé si Dios existe o no, pero de ser cierto que hay un tipo que lleva años ejerciendo de director general del universo, debería ser cesado de inmediato. Por incomparecencia, dejadez en sus funciones e irregularidades manifiestas y continuadas. Miren si no a Haití. El país más pobre de América. Y que para más inri ahora está devastado por un seísmo. Si los haitianos no tenían nada, ahora tienen menos. Pero ellos no pierden la fe. Y siguen rezando a Dios. Todavían creen, de hecho, que va a venir a salvarles de lo insalvable. Porque Dios no permitiría esto: escombros y personas atrapadas bajo ellos.

Insisto, que alguien busque a ese tal dios y le ponga de patitas en la calle. Porque una cosa es lucrarse con la espiritualidad de la gente, y otra muy distinta jugar con sus vidas.


Para una ayuda más real:

BBVA 0182 5906 86 0010022227.

Bankinter 0128-0010-97-0100121395.

Caja Madrid 2038-1500-71-6000002275.

C.E.C.A. 2000-0002-28-9100510908.

Deutsche Bank y Bancorreos 0019-0631-22-4010202020.

La Caixa 2100-0600-85-0201960066.

Banco Popular 0075-0001-89-0600222267.

Banco Santander 0049-0001-53-2110022225.

TLF donaciones de la Cruz Roja: 902 22 22 92.


.......................

No he dicho nada aún de las palabras del obipso de San Sebastián, José Ignacio Munilla, el cual afirma que "hay males mayores que lo de Haití, como nuestra pobre situación espiritual".
La verdad, no me quedan ya fuerzas. He tenido un fin de semana movidito. Así que si me hacen el favor, le dan ustedes la patada en la boca.

Gracias.




Imagen sacada del diario de León.

Modernitos con patalones de pitillo, o cómo contradecirse en apenas unas líneas



Está comprobado científicamente: la exposición auditiva más o menos prolongada a una canción más o menos pegadiza, consigue un enganche inversamente propocional al deseado. Y es que resulta que uno va de intenso por la vida, con sus cantautores desconocidos, y su heavy metal quinceañero, y su Bob Dylan y su The Cure, y está tan expuesto como los demás a lo comercial, a lo 'moderno'. No hay opción de ser íntegramente intelectual; conozco a músicos de orquesta, de hecho, que cuando salen se desmelenan con las Supremas de Móstoles. Que ya hay que tener huevos. Son como el Baron Ashler, de Mazinger Z. Con sus dos caras: una solemne y discreta, con sus corcheas y sus semifusas; y otra más humana, sin tanta corrección ni tanta pajarita.

Y, como ellos, un servidor. Que tiene una menestra de gustos de difícil digestión. A saber: me gusta, por ejemplo, el cine de la 2 (y Cayetana Guillén Cuervo), y también Gran Hermano, programa del que estoy profundamente enganchado. Sí, qué pasa. Es perfectamente compatible. Se puede leer a Bukowski y acto seguido a Bucay. Perdón, no. Esto último es imposible, pero porque Bucay es un estafador, y yo con estafadores -y serpientes pitón- no trato. Manías de uno.

Volviendo al ejemplo. Decía que se puede conciliar el realismo sucio, con otras realidades, quizás, más limpias. Se me ocurre, Mendoza o Millás. O tal vez, el trepidante Kiko Amat.

Ven, no es incompatible. Como comer un día con tenedores, y otro con las manos. En la variedad está el gusto. Aplíquenselo también al sexo, que últimamente oigo mucho aquello de: "Mi churri, o mi churra, no me come esto o aquello". Si es que así va España, a la gresca, por no follar como debiera.

El caso, y volviendo nuevamente al hilo, es que todo este rollo que les he soltado acerca de la variedad y suputamadre, viene a colación de la canción que les quiero presentar, y que seguro habrán escuchado ya. Vaya por delante, que a mí el rollito indie me da mucho por culo. Pero más los modernitos de ahora, esos que van con palestina porque es fashion y llevan gafas gigantescas y hombreras porque está de moda. Iros al pedo, para mí sois una pandilla de Frankensteins.

Sin embargo, ya he dicho que la exposición auditiva más o menos bla, bla, bla...produce monstruos. Y a mí se me ha creado uno muy grande con este tema del grupo Zenttric, que son, sin lugar a dudas, un atajo de modernos, cuyo cantante opta, en este caso, por ponerse imposibles pantalones de pitillo. Pero que me encanta, digo. La canción, no los pantalones. ¿Vale? Yo sé reconocer las cosas cuando las veo, aunque me joda. Y esta canción es cojonuda. No sé si una vil copia (se lleva mucho en ese mundillo). Pero brutal, no obstante.

Espero que les guste. Se lo digo con la boca pequeña, que uno tiene una reputación bohemia que mantener, y todo eso.




¡Já!

sábado, 16 de enero de 2010

"Quién fuese Cristo en la última cena"



Cambiando radicalmente de tema. El sábado que viene toca Carlos Chaouen en la sala Galileo Galilei, de Madrid. No sé si le conocerán, tal vez le suene esta canción que la ex de Mecano, Ana Torroja, estuvo perpetrando durante más de un año, sin corrérsele la vergüenza. No me canso, es uno de los buques insignias de Chaouen, y nunca debió salir de su boca. Pero salió, y la gente, qué puto asco, me decía: "Vaya temazo ha sacado la Torroja". Es de Carlos Chaouen. ¿Carlos qué?

Ay, el vulgo, que diría Fete. En fin, no sigo, que me crispo. Lo que les decía: el tipo actúa el próximo sábado. Y merece muy mucho la pena. A mí me encanta, y eso que en su día me dio calabazas.

Si van, les veo por ahí. Me haría ilusión, oye.

Y de regalo, este otro tema, para que vayan aprendiéndose la letra:

Con las entrañas

Es curioso esto de la música. De las canciones. Por lo general, nunca están cuando las necesitas. Quiero decir que rara vez, al menos en mi caso, encuentro la canción que necesito, justo en el momento en que me hace falta escucharla. Esta de Quique González, por ejemplo, me habría venido de perlas hace años. Entonces necesitaba oír algo así: "Espero que no vuelvas nunca más". Porque ella acabó volviendo, o yo dejé que entrara de nuevo en mi vida. El amor, decía Baudelaire, es un crimen que no puede realizarse sin cómplice. Y yo fui el suyo. Su compañero de fechorías. Querernos era un delito. Y yo terminé encausado, que es lo mismo que decir bien jodido. Pero entonces, ya digo, no existía este tema tan propicio. De hecho, no ha existido hasta este año, que Quique González la ha compuesto. Y a mí, personalmente, me ha hecho una putada bien sonora. Porque ahora en vez de olvidarla, que es de lo que habla la letra, me hace recordarla. Pensar cuánto la quise a la muy hija de puta. No es un insulto gratuito, creánme. El término empleado es el estríctamente correcto. Ella es y será por siempre la hija de la gran puta que más he querido en mi vida. Lo siento por ti, por las demás que habeis venido después. Pero por mucho que me hayáis puteado, no le llegáis a la suela de los zapatos. Ella es demasiado zorra para vosotras. Y ahora con su permiso, me coseré las tripas otra vez, que se me han salido los puntos. Disculpen la escabechina y disfruten de esta canción, ustedes que pueden.

jueves, 14 de enero de 2010

Vete de putas, me aconsejó


Consejos. Los consejos por lo general suelen ser bastante inútiles. No por quien los da. Sino por quien los recibe, que a fin de cuentas hará, no lo que le digan o aconsejen, sino lo que le de la real y soberana gana. Que para eso es suya. Tuya. Mía. Y es que los consejos, entérate mi buen amigo/a, no son vinculantes. No hay en ellos una claúsula de obligado cumplimiento. Algo que diga, por ejemplo: "Por la presente me comprometo a dejar a fulana o mengano, tal y como aconseja mi buen amigo Paco o Pili, que de esto sabe un montón".

No. No existe tal cosa. Ni si quiera de forma tácita; entre dos personas, la consejera, y la aconsejada, por el cual la segunda da su palabra de seguir los mismos pasos de la primera. No. Nada de eso. Aquí la burocracia no tiene cabida. No hay, de hecho, ninguna letra pequeña entre tanto diente, ni ningún formulario, que nos lleve a marcar los mismos errores que otros ya cometieron; porque al final, consejo arriba, consejo abajo, todo el mundo yerra en lo mismo. No tenemos por qué hacerle caso a la gente. Eso, lo siento mucho, es delegar responsabilidades que nos son propias. Evadir años, y blanquear desgracias. Y yo quiero el pack completo. La colección íntegra de mi vida por fascículos, y no una biografía apócrifa y mal terminada. Y lo que es peor, escrita por otro.

Nuestras acciones son nuestras, y de nadie más. Como también lo son las consecuencias, que aprovecho para decirles que es el título también del último disco de Bunbury. Sigo. Las cosas, retomando el meollo, son evitables o no en la medida en que tomamos tal o cual decisión. Pero ahí está la gracia (y el infortunio) de vivir, que no hay ningún mapa que te sepa 'aconsejar'. Y menos, que esté actualizado.

Por eso huyo de los consejos como mi gata del transportín. Estos, repito, no llevan a ninguna parte. Con perdón. Pero es así. Vean si no el último que me dieron: "Si quieres olvidarla, vete de putas". Ya no pírate una noche de fiesta y líate con otra. No. El menda en cuestión, un tipo bregado en estas lides, me aconseja que para no pensar en ella, me gaste el parné en una princesa de porcelana. Y acto seguido me mira como si me estuviese ofreciendo la cura de san benito. "Yo ya te he dicho lo que hacer, ahora ya es cosa tuya".

Ven lo que les digo. Si hubiera seguido su consejo, ahora la echaría todavía más de menos (el sexo, en según qué circunstancias, alivia pero no consuela), y encima tendría menos dinero del que tengo. Y por lo tanto, dos problemas, en lugar de uno.

Háganme caso y suden mucho de los consejos, que son puro garrafón. Quédense mejor con las frases lapidarias. Que no proponen, sentencian. Yo tengo dos guardadas en mi bloc mental. Cada una pertenece a un extremo de mi vida. Aunque las dos tengan que ver con esta gloriosa y por qué no decirlo, noble profesión, que es el periodismo, y que tanto tiene en común con la labor que ejercen nuestras colegas las putas.

Oigan esto, a ver qué les parece:

(Repecto al trabajo) "Dales tú de comer a ellos, y no ellos a ti".

"Olvídate de cambiar el mundo, preocúpate de contarle a la gente lo que pasa".



Y ahí va la mía, esta ya general: "Por mucho que huyas del pasado, al final te lo vas a encontrar de frente".



Es jueves, no me esperen levantados.






Imagen sacada de lamanini.blogspot.com

miércoles, 13 de enero de 2010

"En plan: sueño con tu boca"

Estoy un tanto agotado. Tanto física como mentalmente. Últimamente no paro, y lo único que me apetece cuando arrivo a casa es echarme a dormir. Pero no me olvido de ustedes. Y como muestra un botón: esta canción, que es capaz de derretir la nieve. La que cae estos días. Y hacer que todos y todas entremos en calor.





Ay, con lo golfo que yo he sido y lo tonto que hoy parezco...

viernes, 8 de enero de 2010

So guarra


No sé si se han fijado, pero cada vez hay más máquinas haciendo el trabajo de una persona. En lugar de telefonistas, hay contestadores. Y en vez de dependientes, máquinas expendedoras. Y claro a estas no puedes reclamarles como te gustaría. Por contra, puedes golpearlas, y diluir, así, tu ira. Aunque sea vandalismo, pero ah y lo que relaja. Uf. A mí es de las cosas que más me cabrean en este mundo: que me atienda una máquina, o un/una autómata con voz de pito. Cuando esto sucede, juro por todo en lo que creo, me entran ganas de cogerla y zarandearla y desconectarla y abrirle las tripas y sacarle las pilas. Y estamparla después contra el suelo. Me convierto en un psicópata de la tecnología. Un maltratador 2.0. Y yo mismo me doy miedo.

Hoy me ha pasado, sin ir más lejos. He tenido que hacer una llamada a Londres, y he usado una tarjeta. Se pueden imaginar el cristo de pines y cifras, y códigos y su puta madre. Todo para que al final el número no exista y una voz de señorita reprogramada me recuerde dónde puedo recargar el saldo. Porque corazón no tendrán las muy hijas de puta, pero para el tema de la avaricia son meridianamente humanas. De modo que he comenzado a insultarla. Desgraciada. Ojalá te quedes obsoleta, so guarra. Y ella, mientras, a lo suyo; repitiendo el mensaje de bienvenida. Pero yo me he quedado más a gusto que nadie. Enajenado, pero tranquilo.

Y si volviera a nacer, me hacía ludita, fíjense lo que les digo. Ni neoliberal ni socialdemócrata ni gaitas. Lu-di-ta. Y me cargaba no uno, sino todos los contestadores, y máquinas por el estilo. Qué falta de respeto es esta, que uno cuando habla ni se le escucha. Valiente panda de cabrones. Deberíamos manifestarnos por la supresión de este tipo de máquinas y pedir la vuelta innegociable al tú a tú, al diálogo entre interlocutor y oyente. Ahí lo dejo caer.

Y ahora si quieren hablar conmigo, pulsen uno.

miércoles, 6 de enero de 2010

Aquellos años heavys



Permítanme que me ponga un poco heavy a estas alturas del blog. Y recupere por un momento la esencia de mis 15 años, cuando no había vida más alla del rock y el metal. Cuando Quique González, Enrique Urquijo, Calamaro, o Serrat, eran aún notas de un pentagrama inexistente para mí. El que hoy conforma buena parte de mi banda sonora. Pero entonces, digo, no existían ni Paloma ni Aquellas pequeñas cosas ni, por supuesto, Se nos iba la vida. Y sí este Fear of the dark, que a mí, un retaco con pelusilla, me ponía el incipiente vello de punta. Despúes todo cambió. Pero eso se lo cuento otro día que hoy, joder, me apetece ponerle cuero a mis recuerdos:



Todavía hoy, cuando quiero conjurarme ante algo, sacar fuerzas de flaqueza, o simplemente sentir que mis testículos se expanden, escucho esta canción de Barón Rojo. Y les aseguro que acto seguido, podría tirar yo solo el muro de Berlín.



Tiene huevos la cosa. En su día, Don Octavio, mi profesor de Lengua del colegio, nos obligó a aprendernos este poema de José de Espronceda, que yo jamás pude memorizar. Siempre me quedaba en lo de "no corta el mar sino vuela, un velero bergantín". Y ya no avanzaba más. Quien me iba a decir a mí, que años más tarde me lo sabría de cabo a rabo.



Mi ciudad...era entonces Vallecas, donde solíamos ir a beber cerveza y seducir, con nefastos resultados, a señoritas heavys, que siempre nos rechazaban, les dijésemos lo que dijésemos. Fuéramos como fuéramos. Ellas, extrañamente, preferían a tíos más guapos, más altos y menos gordos que nosotros. ¿Qué clase de heavys eran esas, que anteponían lo superficial a lo intravenoso?, solíamos preguntarnos sobre la barra del Kaos o el Excalibur. Bah, ellas se lo pierden, zanjábamos poco después de brindar, sin un mero rasguño en nuestro orgullo. O casi. La verdad, que éramos muy feos, muy animales, y muy cerdos. Y no necesariamente por este orden.



Qué decir de esta canción de Barricada. La primera vez que la escuché tenía 14 años. Me la pasó un amigo en una cinta, y ambos hicimos de ella nuestro himno marcial. Y es que por aquella época teníamos broncas continuas con el colegio de al lado. Sólo que nosotros éramos reservistas. Aunque aspirábamos, eso sí, a pasar a primera línea de combate. El caso es que un día se armó la de dios es cristo, y nuestro comandante en jefe, un repetidor con barba, pidió voluntarios para "la gran lucha final", como la bautizó. Y entre clases, y cursos, formamos un escuadrón de casi 80 personas. A cada cual más retaco y blandengue, pero, en suma, ochenta tipos, con 160 brazos y 160 piernas. Y los del colegio vecino, que al vernos emprenden la retirada. Y de pronto hay 100 niños corriendo calle abajo, y uno de ellos, con una bandera hecha a mano que pone: "Dispuesto a buscar pelea si hace falta".



"No pienses que estoy muy triste, si no me ves sonreír. Es simplememte despiste. Maneras de vivir". Nunca sonrío en las fotos, alguien escribió una vez que una sonrisa es algo demasiado preciado como para ir derrochándolo por ahí. Y tiene toda la razón. Además, no me va posar. Por eso cada vez que un amigo o amiga saca una cámara y dispara, yo siempre salgo con la misma cara. Maneras de vivir, les digo.




Uf, qué atracón de nostalgia. Voy a ver si encuentro mi walkman...

lunes, 4 de enero de 2010

Sobre taxis rosas


Hay algo que nunca he entendido, ni entenderé en la vida: que las víctimas se vuelvan verdugos. Que los torturados, torturen. Y así sucesivamente. Pasó con los judíos, que de ser flacos y desnutridos, ahora se nutren de territorios ajenos. Y cosas peores. O los esclavos negros de EE.UU., por ejemplo, que una vez abolida la esclavitud y devueltos a África, de donde fueron arrancados, siguieron la serie y esclavizaron ellos mismos al resto de la población. Como sucedió en Liberia. A mí esto, qué quieren que les diga, no me entra en la cabeza. Aunque sólo sea por corporativismo. Pero no quieras para el prójimo lo que no deseas para ti. Y si encima lo has sufrido en tus carnes, razón de más.

Dicen que no se debe legislar en caliente, pero yo añadiría que quien haya sido víctima de un abuso, o injusticia, tampoco opinara. Miren si no a Losantos, lleno de inquina y mala baba. Normal. De joven, unos terroristas le ataron a un árbol y le pegaron un tiro en la pierna. A mí si me hacen eso, lo menos que hago es coger un micrófono y metérselo al susodicho por el culo. Y luego hacer una conexión en directo.

El caso es que esto que les cuento viene a colación de una noticia que he leído, y que ha hecho que me acuerde de los israelitas y los americo-liberianos y Jiménez Losantos. Y es que en Barcelona se ha puesto en circulación una flota de taxis únicamente para mujeres. 'Taxis rosas', lo llaman. Aunque usen el mismo color que los taxis para machos, puesto que la normativa del Institut Metropolità del Taxi impide que se prescinda del clásico negro y amarillo, que a mí personalmente me encanta.

Esto, que suena a lo que es-discrimación por cuestión de género-ya funciona en otras ciudades como Nueva York, Moscú o Londres. Y ahora, como digo, también en Barcelona. Los motivos que aducen son los de mejorar la seguridad de las féminas, sobre todo por la noche. Y hacer que se sientan más cómodas al coger un taxi. Lo cual viene a decir que todos los hombres, taxistas o no, somos potenciales violadores, abusadores y, pero aún, babosos.

Si no no se explica. Si el problema es la seguridad- en 2009 hubo en Nueva York 530.000 detenciones-, que pongan más policías patrullando, o más sencillo, que castren a los violadores. Química o manualmente. Porque esto de los taxis conducidos por y para mujeres no soluciona el ¿conflicto?, al contrario, lo magnifica. Hace de la real diferencia entre hombres y mujeres un escollo social, en vez de un mero matiz.

Además de ser discriminatorio. Pónganse en el ejemplo contrario. Taxis sólo para hombres, que hay mucha loba suelta. O...taxis para blancos, porque a los negros no se les ve en la oscuridad y se aprovechan de su invisibilidad. O taxis para rubios y nada de que se suban morenos, que somos lo más parecido a una mierda.

Pero, claro, ahora las mujeres tienen cuotas de poder, y mandan. Y como los judíos o los negros del África post colonial, invierten la balanza: de discriminadas pasan a discriminadoras. Y con eso, piensa Aído, se igualan las fuerzas. Pues mire no. Siento mucho si mis antepasados varones les prohibían salir de casa, o si les obligaban a cuidar de la prole, pero yo no tengo la culpa de haber nacido con pito. Así que estoy en mi derecho de quejarme de que ahora para solventar y solucionar 20 siglos de opresión y machismo, vengan ustedes, hembras, y utilicen el noble feminismo de Federica Montseny o Clara Campoamor, para justificar actitudes descaradamente discriminatorias, que ningún bien le hacen a la igualdad.

Como aquella iluminada de Fuenlabrada (Madrid) que le puso falda y coleta a los monigotes del semáforo porque así eran menos sexistas. Como si las mujeres no llevasen pantalones largos ni el pelo corto.

Y como esto, el colo rosa. Que es además de todo un tono machista. El rosa de las niñas, y el azul de los niños. Bravo, os habéis lucido.

Un consejo, a título personal. Si lo que quieren es igualdad, empiecen por desterrar estereotipos como los mencionados arriba, y trabajen para que ningún ser humano se sienta discriminado; tenga coño o polla. Ese es el verdadero igualitarismo. Por el que yo abogo, y el que yo defiendo.

Los hombres y las mujeres nunca seremos iguales, porque genéticamente somos diferentes. Un ejemplo tonto, pero muy gráfico: yo jamás sabré lo que es tener la regla, y tú, mi querida amiga, lo que siente uno cuando le dan un balonazo en la joya de la corona.

Esto, por supuesto, no es óbvice para que no tengamos los mismos derechos y obligaciones, que es lo verdaderamente crucial. Y no estas putas mierdas de iniciativas que lo único que hacen es avivar la mal llamada guerra de sexos. Y digo mal llamada, porque ambos estamos en el mismo bando. Pues tanto hombres como mujeres sufrimos o gozamos de la mala o buena gestión de los gobernantes, que es a fin de cuentas lo que nos afecta. Que la educación, la sanidad, o la justicia funcione. Y no el hecho de mear de pie o sentados.

Lo siento pero me niego a pedir perdón por ser hombre, de la misma forma que no pediré nunca disculpas por ser bajito, moreno, y con mala leche. Considero que son detalles secundarios, nimios, y que la profesión va por dentro. Somos personas, no sexos.

Ah, y otra cosa: yo soy periodista. No periodisto.

Así que dejen de marear el lenguaje, señoras y señoritas del ministerio de Igualdad.



Que me tienen hasta la pepitilla.





Imagen de elmundo.es

domingo, 3 de enero de 2010

Trátala con cariño



Uno rara vez suele estar preparado para una ruptura amorosa. Por lo general, te pillan de improviso: en mitad de una tarde lluviosa paseando idílicamente con tu chico/a, o entremedias de una conversación, a priori, sin importancia. "Te pido un café. Sí, pero con hielo y en vaso. ¿En pleno mes de diciembre? No pasa nada, sabes que siempre estoy ardiendo. A mí últimamente me pasa lo contrario".

¡Zas! Y el camarero que te mira y te cambia el café por un whisky doble.

Aunque ahora, viéndolo con perspectiva, no la culparía; dejar a alguien siempre es complicado. Yo he dejado, y me han dejado. No sé en qué proporción, no sé si me he quedado yo con más besos de los que me correspondían, o si, por el contrario, me han chuleado hasta la última gota de saliva. Pero he estado en los dos lados de la balanza, y en ambos, les puedo asegurar, el pecho aprieta. Y ahoga.

Como por ejemplo aquél día, en que ella, ya digo, se decidió por fin a dejarme. Llevábamos seis meses horribles, y cuando digo horribles, es horribles. Discusiones, insultos, infidelidades. En fin, que no éramos la pareja perfecta. Pese a que nosotros, en momentos de lúcidez amorosa, pensásemos lo contrario; ya saben, el amor es ciego, y la dependencia, sorda. Imagínense. No sólo es que no viéramos la realidad-que nos estábamos haciendo daño-, sino que, además, no escuchábamos las críticas, los consejos, ni las opiniones del resto; amigos que por lo general no iban desencaminados. Sin embargo, como bien se suele decir, cada cual es muy libre de estrellarse como le plazca. Y sí, discutíamos, y ella me la dio con su ex, y yo, en venganza, con una rubia fatal, que, aquí entre usted y yo, me supo a gloria. Pero cuando estábamos bien, y esto era un hecho incontestable, no había quien nos comiese terreno. Éramos, joder, la pareja del año. Winona Ryder y Gary Oldman, en Drácula.

Todo el mundo lo decía: sois como la eterna lucha entre bien y el mal. Uno necesita del otro para saber quién es.

Y así vivíamos, insisto, en nuestra propia burbuja tóxica y autodestructiva. Hasta que un día, como digo, ella decidió pincharla: me citó de improviso en el mismo bar donde años antes habíamos empezado, y me dijo que lo nuestro, pardiez, era imposible. Tenemos, me explicó detalladamente, un enganche sexual, pero nada más. Yo no te quiero. Y tú solo estás obsesionado conmigo. Sólo obsesionado. Pues menos mal que sólo estoy obsesionado contigo, pensé. Y no enamorado, agregué en voz alta. Porque entonces en vez de tener arcadas, como tengo, ahora me estaría dando un ictus. Un marichalazo.

Menos mal que sólo estoy obsesionado y mi cerebro sólo corre a 140 kilómetros por hora en dirección contraria, en lugar de estar varado.

Enamorado.

Sí, menos mal que sólo estoy obsesionado, repetí una vez más. Y ella hizo ademán de levantarse de la mesa, pero la cogí del brazo y le di una nota, que ya tenía escrita de antemano. Tras leerla varias veces, me miró con ojos desorbitados y se echó a llorar, como si acabara de reconocer ante la policía un asesinato de envergadura. La llevo en la cartera desde que te liaste con tu ex, estaba esperando el momento adecuado para ponerle fecha y dártela. Hoy al salir de casa, preví que podía pasar esto. Y la firmé. Pero es mentira lo que digo en la nota: yo no he asumido nada. Yo sigo obsesionado contigo, como dices. Pero bueno no se puede preveer todo en la vida. ¿Te acuerdas cuando empezamos? Estábamos sentados en esta misma puta mesa, y tuve que beberme 6 cervezas para lanzarme. Ahora tendré que beberme el doble para olvidarte. O al menos para que esta noche, la primera sin ti, no me duelas tanto.

Tragué salive y continué: quiero que le des esta misma nota al primero que venga después de mí. Para que no cometa los mismos errores, que yo he cometido contigo. Para que cometa otros, vaya. Te mereces, nos merecemos, ser felices. Y tener una vida un poco más variada. Discutir, en fin, por temas distintos. Y no siempre por lo mismo.

Ella asintió y guardó la nota en el bolso. "Al final me has dejado tú a mí", me contestó tras secarse las lágrimas. No, no, no te equivoques, que la que ha dicho que no me quieres eres tú. Digo que me has dejado tú a mí...sin palabras; y me besó por última vez, antes de marcharse para siempre de mi vida. El camarero, entonces, me cambió el café por un whisky doble. A este invita la casa.

Y ahí, en mitad del bar, solo en esa puta mesa, les juro que me sentí la persona más gilipollas del planeta. Lo suyo habría sido ponerse firmes, y reclamarle daños y perjuicios por falsedad sentimental. Por estafa emocional. Y no esto:

Me dirijo a ti, ruidoso y grosero amante, que estás a punto de llevarte a la que fue mi chica. Sí, para ti van estas palabras: trátala con cariño. No le lastimes, al menos no tanto como yo. Trata de entenderla, al menos más que yo. Intenta, si puedes, que sea feliz. Contigo, a poder ser. Y si por algún casual eres músico, no le escribas canciones tristes, que connmigo ya tuvo bastante.

Asumo la derrota. Que seáis muy felices.


Madrid, 24-septiembre-2006.


Ahora me arrepentía. Ni por asomo quería que otro la besara, que otro estuviera con ella. ¿Pero qué podía hacer yo? A veces en la vida hemos de tomar este tipo de decisiones: perder a alguien que quieres, para conservarlo. Ver como se aleja, y aún así, no ir detrás.

Ella cruzando la plaza, y yo tras el cristal.

¿Que qué pasó después? Pues verán, ingenuo de mí, no supe nada más de ella hasta un año y pico después, que me llegó un mensaje al móvil. Decía lo siguiente:

"Es músico. Pero dice que no piensa hacerme canciones tristes".


Canciones como esta que suena, y con la que yo suelo llorar a veces:

Oh madre, puedo sentir la tierra cayendo sobre mi cabeza.
Y mientras trepo a una cama vacía.
Oh bueno, ya he dicho demasiado.

Sé que se ha acabado y aunque me aferre,
no sé a dónde más puedo ir.
Se ha acabado.

Oh madre, puedo sentir la tierra cayendo sobre mi cabeza.
Mira, el mar quiere llevarme,
el cuchillo quiere cortarme.
¿Crees que puedes ayudarme?

Triste novia con velo, por favor, sé feliz.
Guapo novio, hazle sitio.
Ruidoso, grosero amante, trátala con cariño.
(Aunque ella te necesite mas de lo que te ame).

Y aunque sé que se ha acabado, todavía me aferro.
No sé a dónde más puedo ir.
Se ha acabado.
Y realmente nunca empezó
pero en mi corazón era tan real,
que incluso me hablabas y me decías:

"Si eres tan gracioso,
¿por qué estás tan solo esta noche?
Si eres tan listo,
entonces ¿por qué estás tan solo esta noche?
Si eres tan ameno,
¿por qué estás tan solo esta noche?
Si eres tan apuesto,
¿por qué duermes solo esta noche?
Yo lo sé:
es porque esta noche es como cualquier otra noche.
Y es por eso que estás tan solo esta noche
con tus triunfos y tus encantos,
mientras ellas están en otros brazos".

Es tan fácil reír.
Es tan fácil odiar.
Hace falta fuerza para ser amable y gentil.
Se acabó, se acabó, se acabó.

Es tan fácil reír.
Es tan fácil odiar.
Hay que tener agallas para ser amable y gentil.
Se acabó, se acabó.

El amor es natural y real
pero no para ti, mi amor.
No esta noche, mi amor.
El amor es natural y real
pero no para los que se parecen a ti y a mí, mi amor.

Oh madre, puedo sentir la tierra cayendo sobre mi cabeza.

viernes, 1 de enero de 2010

"Tengo mucha mala leche: como alambre de espinas, y meo napalm..."



Por suerte para mí, vi Los Puentes de Madison antes que El sargento de hierro. Si no, en la ya comentada escena final de la amorosa película, mi imaginario hubiera sacado a Clint de la camioneta, para coger a Francesca (Meryl Streep) como si de un saco de patatas se tratase, y espetarle al marido cornudo:

- ¿Qué estás mirado, soplapollas? ¿Acaso quieres que te folle a ti en lugar de a ella?


¿Se lo imaginan? Con esa voz de Costantino Romero, que gasta el fulano. Y esa cara arrugada y polivalente. Que lo mismo sirve para ponerle rostro a la muerte, que al mismísimo desamor.

Aunque por suerte, como digo, no caerá esa breva. La de ver al bueno de Clint sodomizando al pobre-e ingenuo- marido. Por el bien del cine, y de un servidor, el cual ha conocido primero al fotógrafo romántico y despechado. Y después, al marine que más cerveza ha bebido, más sangre ha meado, más polvos ha echado, y más huevos ha chafado.

No obstante, si les soy sincero, me quedo más con la segunda versión del actor. Al menos, en ella, habría acabado con la chica...