viernes, 18 de diciembre de 2009

El día en que conocí a Michael J. Fox



Sucede que uno se pasa media vida escuchando este tipo de canciones, y, claro, al final se las termina creyendo. Piensa, ingenuo, que las locuras por amor, nunca son locuras. Sino cuerdas inversiones en felicidad.

Las locuras desgravan. Aún hoy lo pienso, aunque ya no invierta tanto en cometerlas. Gajes del oficio, ya saben.

El caso es que aquél día yo estaba borracho como una cuba. Y la echaba de menos. Ya conté en otro post que sólo me enamoro de noche. Pues bien, por aquel entonces, vivía en una oscuridad constante de amor, y aquella madrugada, en concreto, se me dispararon los niveles de serotonina hasta el punto de que a las cuatro y pico de la madrugada me presenté de esta guisa en su portal. Y poco más que la llamé a gritos.

Vociferé y vociferé, pero ella no me abrió la puerta. La cosa no acabó ahí. Yo me había propuesto verla, y besarla, y decirle lo mucho que la quería y todas esas moñadas que uno escucha en las canciones, que luego hace suyas. Y, por supuesto, no estaba dispuesto a dar mi garganta a torcer.

De modo, que pasé al plan be. Empecé a aporrear la puerta, y un vecino o vecina, nunca supe, llamó a la policía, alarmado/a. Esta llego rauda y veloz, y un agente se me acercó y me dijo:

- Caballero, deje de hacer ruido. Está perturbando el sueño de los inquilinos del inmueble.

"Perturbando el sueño de los inquilinos del inmueble", repetí beodo. Y añadí:

- Yo lo que quiero es que ella me quiera, coño, y nos perturbemos mutuamente el sueño.

El agente me miró entonces muy fijamente, y por un instante sentí, sentimos, que nos conocíamos de toda la vida. Y que a él también le había pasado lo mismo. Putas mujeres, leí en su mente. Ya ves macho, respondí yo.

Sin embargo, justo detrás suyo, había otro policía, con cara de querer meterme en el calabozo, previa somanta de ostias, y ambos tuvimos que reprimir nuestro sincero compañerismo. Y adoptar, por otro lado, el rol que se suponía mejor le iba a la situación: agente de la autoridad, y tipo borracho que está molestando a los vecinos.

El poli bueno me observó desde su metro ochenta, y con ojos de comprensión mutua me instó a intentarlo al día siguiente, "a la luz del sol, y sin tanto grito". El malo, por su parte, me dejó claras dos cosas. Una. Que si seguía gritando me iba a dar "la del pulpo". Y dos. Que a las mujeres no se las conquista así.

Quise preguntarle de qué manera si no se las conquista, pero la primera premisa me echó para atrás. Los pulpos tienen varios tentáculos con los que atizarte.

Así, una vez zanjada la cuestión, me disculpé con mi aliento de sapo. En vista de lo cual, el poli bueno, que tenía un aire a Michael J. Fox, sacó un aparatito y me hizo soplar. Pero cómo, si yo no conduzco, rehusé. Sople, o le detenemos por desacato, intervino el policía pulpo.

Y, joder, soplé como nunca, tanto que di cuatro puntos más por encima de lo permitido.

"Está usted completamente enamorado", concluyó Michael. Y se largó con una sonrisa.

16 comentarios:

david dijo...

Si es que hacen con nosotros lo que quieren, parecemos muy fuertes y muy machos y a la hora de la verdad....tiran más dos tetas que dos carretas.

R. dijo...

Las tetas, el corazón, el caso es que al final uno acaba donde menos se lo espera. Mucho ir de machos, pero nos desmontan enseguida.


un abrazo!!

una más... dijo...

Yo no descartaría esas locuras.. a la próxima quizáz sí te abran la puerta y ella sea otra loca que esté deseando sentir tu aliento de sapo, completamente borracho digo.. enamorado.
Besitos grandes!

R. dijo...

Hombre, yo tampoco las descarto, pero las circunstancias le vuelven a uno un poquito más cuerdo.

Mmmm aliento de sapo. Irresistuble.


jeje


un besote, guapa!

JotaEfe dijo...

Y se supone que somos el sexo fuerte, jejeje, y ni las fuerzas del orden se resisten a las mujeres, a los sentimientos, al amor y, por supuesto, al dolor que causa el amor y el mal de amores.
Suerte con el examen¡
Un abrazo.

Yo dijo...

Menudo lìo armaste en la puerta de esa casa! Y ella no te abriò?
Lo de aliento de sapo es discutible; yo amo el aliento de sapo si proviene del hombre que amo :)
Saludos

Anónimo dijo...

Las locuras no sólo las frena la experiencia, si no el miedo.
Y para cuando el miedo ha pasado y queremos hacerlas, ya es tarde.

A veces las mujeres tienen motivos de sobra para no abrir la puerta.
Mario

R. dijo...

De sexo fuerte nada, Jota. Ya quisiéramos.


muchas gracias!!!!!

un abrazo!

R. dijo...

No, no me abrió.

Claro, si te das un beso de amor verdadero, el aliento de sapo se convierte en aliento de príncipe o princesa...

;)


un abrazo yo!

R. dijo...

Sí, el miedo nos vuelve aterradoramente cuerdos, mario.


En realidad, todos y todas tenemos razones para no abrir determinadas puertas.

un saludo!

SEA dijo...

Tenías que arriesgar, simplemente perdiste esta batalla, no creo que la guerra este perdida... Un abrazo

R. dijo...

Muchas gracias, sea!


sí, no se ha perdido nada todavía...

besos guapa

Sara dijo...

Hay un "enamomerómetro"? Dónde lo puedo comprar?
Besicos.

R. dijo...

Lo puedes comprar en cualquier armería, sara, junto a las flechas de Cupido...


la verdad que estaría bien un aparatito así...

mesalinabr2000 dijo...

No creo que necesitemos un aparato para ver si estamos enamorados.
¿ No os dais cuenta de la cantidad de tonterias y bobadas que hacemos cuando estamos en ese estado de idiotez?
Ojala nos durara mucho tiempo...

R. dijo...

Cierto es Mesalina, nuestra tontería es un buen indicador.


un beso, guapa!