sábado, 28 de noviembre de 2009

Te guardé una entrada para el desconcierto



Me comenta yomisma que ya tenemos las entradas para ver a Los Secretos el 18 de diciembre en las Ventas. Y esta vez no tengo que cubrirlo. De modo que pienso ponerme hasta las patas de nostalgia y dejarme hasta la última cuerda de la garganta.

Y como canten esta canción de José María Granados, que nunca cantan en los conciertos, ya podré morirme tranquilo.

martes, 24 de noviembre de 2009

Dos locos



Me duele la piel de estar en tu espalda
Me duele la risa de usarla en la playa
Que mira la vida contigo mojada
Me duele el reloj, ya se que se acaba

No acabes amor, que empieza la duda
Nos queda un colchón de salitre y cura
Por manta un avión con alas de luna
Sonríen los dos, le escribe en la nuca

Somos dos notas comunes
En un jardín de tu barrio
Soy una especie de colgado, colgado

Somos el norte y el este al sur de piedras y charcos
Somos dos locos, enamorados, por un rato

Fueron brillando a lo lejos como la estela de un faro
Fueron gaviotas, volando largo
Fueron sirenas y luces, con sus padres a buscarlos
Jamás volvieron a ser humanos, humanos.



.....


¿Te imaginas que nos hubiésemos fugado juntos?

Tontos esperanzados


Leo que en las administraciones de Lotería, la gente está pidiendo boletos concretos: o bien el '1918' (año de la gripe española), o el '25609'-fecha de la muerte de Jacko-o, ya rizando el rizo, el número '27109' (léase con voz de niño de San Ildefonso), que corresponde a la fecha en que el Alcorcón le metió cuatro goles al Real Madrid.

Y yo me pregunto, ¿esta gente es gilipollas? ¿Se puede ser más tonto?

Ya no sólo es que se gasten un dineral en este engañabobos que es la lotería, sino que encima, los ilusos, se piensan que apelando a las efemérides (¡y qué efemérides, joder!) tienen más posibilidades de ganar. Ya que sacan el tema, diré que, por mi parte, no conozco a nadie que le haya tocado nunca la lotería. Por contra, sí sé de gente que se ha operado del riñón, está en el paro, u odia a su suegra. Cosas mucho más banales, pero, no obstante, cosas que suceden a diario.

El gordo de la lotería, como los Reyes Magos o Dios, no existe. Para mí que los que salen en la tele, hasta arriba de champán y confeti, son figurantes. Y el pueblo de Sort, el decorado. Porque a los curritos de a pie, a los que se dejan verdaderamente el salario comprando décimos, a esos, digo, nunca les toca ni un pellizco. Al contrario, lo pierden todo. Y luego en enero, vienen las llantinas. Pues jódase, buen hombre, o buena mujer. No haberse gastado los cuartos en polvo de aire. Si hasta el famoso calvo de la Lotería ha desertado del gremio. Piénselo.

Aunque lo mejor está por llegar, cuando el Gobierno privatice La Lotería y Apuestas del Estado. Y estos mismos yonquis del azar, se las vean y se las deseen para decirle a una máquina expendedora, pongamos por nombre Manolita, cuál es el décimo que quieren. Ya les veo aporreando el artefacto: "¡Hija de puta dame el boleto de Michael Jackson!".

Ahora en serio, me cabrean este tipo de cosas: que haya gente que se lucre y se aproveche de la tonta esperanza ajena, y sobre todo, de la ingenuidad colectiva. Y más en estos tiempos que corren. Vean, sino, ese anuncio de telecinco, que regala casas (sic) a costa de engordarle a uno la factura telefónica.

Un timpo. Como la lotería.

Si fuera dictador, estos charlatanes no veían más la luz del sol.


En fin, no me extiendo más.

Un abrazo, y que la realidad les acompañe, porque lo que es la suerte...




Viñeta de Forges

jueves, 19 de noviembre de 2009

Desempleo




Yo solía dormir contigo en mi día libre. Los jueves. Dormíamos abrazados. Juntos. Después mi día cambió al martes, y con él nuestra postura en la cama. Pero no nuestra manera de abrazarnos.

Con el tiempo, mi jefe me dijo que no tenía por qué venir a trabajar más. Me dio, de hecho, extra de días libres. Y yo, ingenuo de mí, pensé entonces que lo bueno de quedarme sin trabajo era que podría dormir contigo todos los días de mi vida, o al menos del mes.

Sin embargo, no volvimos a abrazarnos nunca más.


Nos desempleamos.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

En Bilbao no gusta la Selección

Dice Fernando García Macua, presidente del Athletic de Bilbao, que no percibe un sentir por acoger a la Selección, y que esta pueda jugar en el estadio de San Mamés. Algo que no ocurre desde hace más de cuarenta años. "Será por algo", incide Macua.

Vamos, que en Bilbao no gusta la Selección:





P.D.:Las bombas y los tiros en la nuca empiezan por cosas como ésta.

martes, 17 de noviembre de 2009

10 años atrás


Hoy se cumplen 10 años de la muerte de Enrique Urquijo. Aquel 17 de noviembre de 1999, el cantante y líder de Los Secretos aparecía muerto en un portal del céntrico barrio de Malasaña, en Madrid.

Falleció de sobredosis. Sin embargo, no me enteré hasta dos años después. La razón es muy sencilla: cuando Enrique murió, yo tenía 15 años y mis gustos musicales se ceñían a una horquilla de grupos tales como Platero y tú, Reincidentes o Los Suaves. Ni rastro, por tanto, de Los Secretos.

Sería, como digo, años más tarde cuando mi chica de aquel entonces, me lo comentaría:

- Tú te pareces un poco a Enrique Urquijo.
- ¿A quién?
- Al cantante de Los Secretos.
- Yo soy de Yosi, nena. A mí me ponen Los Suaves.
- Ya, bueno, pero aunque no le conozcas, tenéis la misma personalidad: así, depresiva, y tal. De hecho, él se mató hará ahora...dos años.
- ¡Joder!
- Sí, lo encontraron muerto por sobredosis en un portal de Malasaña, muy cerca del bar donde paramos.

Aquél detalle encendió mi curiosidad. Y apenas me despedí de ella, salí zumbando hacia el Madrid Rock, que hoy es una tienda de ropa. Cosas de la involución, vaya.

Pero entonces era la mejor tienda de música de todo Madrid. Y ahí, entre rokers y siniestros, me hice con dos recopilatorios de Los Secretos, que me costaron cerca de las dos mil pesetas. Para mí, un dineral. No obstante, había sido tal la insistencia de S., que decidí darle una oportunidad al grupo de marras.

Ya en casa, encendí el loro y me hice un porro. Y fue entonces, cuando, tirado en la cama, escuché este tema de Enrique, y sentí cómo se me desgarraba el pecho. Y alguien hacía blup-blup con mi corazón:



Hacía tan sólo un año que me había pasado lo mismo que decía la canción: sin darme cuenta había ido a parar a su calle, a su casa, y al girarme, me había dado de bruces con su imagen. Tiempo después de haber roto con ella.

S. era, de hecho, mi cambio de planes. Mi plan be, para olvidar a R. Así que aquél recopilatorio de Los Secretos se convirtió de la noche a la mañana en mi diván particular. Mi pentotal. Con él exorcizaba mis recuerdos y fantasmas, y, sobre todo, reconocía mis miedos y tristezas. Algo a lo que no estaba muy acostumbrado. Yo era un tipo duro. Un roquero. Y de repente me había vuelto un blando. O un cacas, que es como llamaban los de mi estirpe a los que escuchaban a Los Secretos, o Antonio Vega. Tipos que en lugar de blandir amenazantes una botella partida de cerveza, aprovechaban el filo para cortarse las venas. "Mariconazos".

Y de esta guisa, como digo, fui creciendo. Como un tránsfuga. Presa de la nostalgia, y la melancolía. Y al final, qué demonios, terminé por abandonar el rock duro y me pasé al pop melódico, blandito.

Y hoy, diez años después, soy yo quien les recomienda a Los Secretos. Y más concretamente a Enrique Urquijo.


Echen, si pueden, unas lágrimas a mí, su salud.



Y es que, ¿qué sería del arte sin la tristeza?





Foto sacada de www.antoniovega.org

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Marcas


- ¡Ñaaaam!
- ¡Qué haces, para!
- ¿No te gusta?
- No, es sólo que no quiero que me muerdas el cachete del culo.
- ¿Te he hecho daño?
- No, pero mi ex solía morderme las nalgas cuando follábamos, y no quiero acordarme de eso. Me pone triste.
- Está bien...
- Sigue dándome besos por el cuello, éso me gusta. Me gusta mucho.
- ¿Él no te daba besos por el cuello?
- Sí, pero eso es más común. Lo del culo era su seña de identidad.
- Mi ex solía hacerme cosquillitas en la espalda.
- Descuida, que respetaré esa parte de ti.
- No, no pasa nada. Si quieres puedes hacérmelas: lo echo tanto de menos.




Fin. Ha sido un placer. Nos leemos.



Imagen sacada de loquevenmisojos.spaces.live.com