viernes, 11 de septiembre de 2009

Réquiem por una relación acabada



Reciban cristiana sepultura nuestros cuerpos enamorados. Lo que fuimos un día, lo que se antojaba eterno, y duró un suspiro. Acaso el más largo de nuestra existencia. Pero suspiro al fin y al cabo. Etéreo y efímero.

Nuestra llama se ha consumido, y es hora, amor mío, de asumirlo: arrojar las cenizas al aire. Volar, que es siempre lo que quisimos. Volar y llegar de este modo al cielo. Tantas veces lo tuvimos tan cerca. Tantas noches lo palpamos con la punta de las yemas. ¿Recuerdas, amor mío, recuerdas? Todas las veces que levitamos, que ascendimos y casi lo rozamos.

"Casi". Y eso fue lo máximo que logramos en nuestro tiempo de vida: estar a las puertas de ser felices. Mucho o poco, según se mire. Otros no podrían decir lo mismo; y nosotros, a su vez, debamos callar, si nos comparamos con según quién. Y obviar por completo que hubo un tiempo en que fuimos tristefelices.

O felizmente tristes.

Porque el amor, ahora lo sé, es una pasión del todo inútil. Una guerra perdida de antemano. Qué ironía lo nuestro: tanto remar en un principio, tanto luchar por salvarnos del naufragio, para acabar muriendo sobre la orilla de nuestros recuerdos. Exhaustos de desidia, y de rutina.

Yo no sé qué fue lo que terminó por zambullirnos, amor, pero sí sé que estaba en nuestras manos poder evitarlo de algún modo, y que no hicimos, pienso, lo suficiente. A lo mejor con dos brazadas más habríamos llegado a buen puerto. O no, quien sabe. Sin embargo, al menos, hubiésemos muerto con algo más de dignidad. Y no así, tendidos sobre la franja de nuestra desgana, con el corazón hecho carroña. Tan neutros, y asépticos. Como si nunca hubiera pasado nada entre nosotros. Como si nunca nos hubiésemos arrancado la piel a mordiscos. Adiós. Hasta luego.

Cuídate.

No. No nos merecíamos este epílogo tan cruel. Nosotros, que íbamos para rey y reina de un cuento de hadas. Que habíamos nacido para estar juntos. Y ahora, ahora míranos: envueltos en una mortaja.

Qué pena, joder, qué pena tan grande.

Tengan piedad de nosotros aquellos que nos reciban. Y que los ángeles nos guarden allá donde no supimos llegar en vida. Se vino a juntar tu miedo y mi impaciencia, y al final, amor mío, hemos muerto de pereza.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo siento, Rodrigo.
Debe ser duro afrontar una situación así, máxime cuando uno es consciente de que quizá habiendo hecho algún esfuerzo más podría haberse evitado. Pero, en fin, tampoco sirve de mucho darle vueltas a las cosas. Éstas son como son, nos llegan cuando quieren y en la forma que ellas quieren, y no podemos más que aceptarlas como vienen y con resignación por mucho derecho al pataleo que tengamos.
Un abrazo y mucho ánimo, Juan.

una más... dijo...

Por quien doblan las campanas?
uff.. esta entrada es especialmente dura, igual que realista e irónica..
Todos tenemos una " muerte " así, aunque para ti no sea consuelo, quiero decir que se lo que se siente y que a veces sería mejor que el jodido angelito de las flechas no nos hubiera tocado, aunque las malas lenguas digan que amar siempre merece la pena, yo creo que a veces el precio a pagar es demasiado alto.
Besote grande Rodri..y un abrazo d esos que quitan la respiración..
Me ha encantado leerte hoy,a pesar de lo que significa el texto..

R. dijo...

No, no sirve de nada arrepentirse, juan, porque las cosas, como dices, llegan cuando quieren y en la forma que quieren.

Hay cosas que no dependen de uno, desgracidamente.

Aunque el derecho al pataleo está ahí, como opción.

un abrazo!

R. dijo...

Muchas gracias, una más.

Sí, es un precio a pagar demasiado alto, y encima sin ninguna garantía. Que sería, joder, lo mínimo. Te endeudas, que menos que puedas devolver la cosa si sale mal, y que Cupido te devuelva, a su vez, el tiempo perdido.

en fin.


besos con hipo

JotaEfe dijo...

Hola Rodrigo. Ya me hice un blog de estos y, de esa manera, no apareceré más como anónimo.
A partir de ahora soy JotaEfe, jajaja.
Un abrazo fuerte. Y estás invitado a mi blog,
Juan.

eme dijo...

No entiendo nada :S

R. dijo...

Bienvenido a la blogosfera, jotaefe.
Imagino que de 'Juan Fenómeno', porque eso es lo que es usted!

acepto la invitación, y celebro que al final te hayas decidido a hacerte uno.


Nos leemos.

Un abrazo!

R. dijo...

No hay mucho que entender, la muerte es algo incomprensible.


Besos, eme.

Eme dijo...

No creo que el amor no valga la pena, de hecho considero que es una de las cosas que mas pena merece en esta vida*

Solo hay que saber direccionar el amor a la persona adecuada*

muchos besosdulces y abrazosconfitados*

R. dijo...

Direccionar, ahí está la clave.

Lo malo que yo no tengo orientación ninguna, ni carnet de conducir, ni entiendo de direccionar.

Y así me va jeje


un besote, eme,

me gustan los abrazos confitados.

Te mando un beso mermelesco

M. dijo...

nunca leí una muerte tan tristemente feliz.
qué pena, joder!

qué pena...

R. dijo...

Pues sí, M., qué pena...