martes, 15 de septiembre de 2009

Esa gentuza

Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.


Arturo Pérez-Reverte.

12 comentarios:

una más... dijo...

Plas, plas, plas!!! qué bien se queda uno después de despotricar, aunque en este caso no son mas que verdades..
todas las respuestas las tienes en tu ultimo parrafo y a eso se le llama indignación y vergüenza ajena.
La política en este país hoy por hoy es de risa.. se llenan los bolsillos una vez que están arriba y poca cosa más.
Bueno los de arriba, los del medio y hasta el más mediocre saca tajada.. mientras tanto aquí estamos los demás..
" encima de puta apaleá "
* sírvase a gusto del lector cambiar puta por burro. :P

Ayyyyy que se te hincha la vena R !!
enga abrazos pa que te calmes y besos pa que sonrías..
muas!!

R. dijo...

Bueno, el texto es de Pérez-Reverte, pero lo secundo entero. Él sí debió quedarse a gusto cuando lo cagó. Como yo al leerlo.


La política en este país es para mear y no echar gota. Aunque siempre podríamos estar peor.

Tiene cojones, por otro lado, que tengamos que consolarnos con eso.

En fin.


Besotes, guapa!

Eme dijo...

la politica, a mi parecer siempre deja que desear*

besosdulces*

R. dijo...

Y que lo digas, eme.


besos apolíticos

una más... dijo...

jaj te puedes creer que no vi " Arturo Perez Reverte " al final?
que fuerte..

FETE VIDAL dijo...

Lo mas lamentable de todo esto no es solo que Arturo P.R. tiene muchisima razón en lo que dice y cualquier ministro de izquierdas parece un emperador mas que una persona que predica por el bien del pueblo y pone a disposicion de este su trabajo para mejorar la sociedad ... Aqui en Mañilandia es digno de hacerles fotos, con sus coches y sus infulas, por desgracia conozco a demasiados personalmente por mi trabajo y son lo mas vergonzoso que he visto...
Con decir que una de ellas .. escribe la palabra habia sin h y con V
con eso ya hemos terminado de hablar ...
Saludos genio ...
La una mas ... insoportable, lo enamorada que esta ...
Casi hasta elvomito, da asco va por ahi recitando versos de Shakespeare ... y cazando margaritas por el campo

JotaEfe dijo...

Poco se puede añadir, más que dar la razón a todo lo que dice mi paisano. Yo creo que ha descrito un sentimiento general, de indignación ante tanta desfachatez como comenten los que se dicen nuestros representantes pero que, más bien, lo parecen de sus respectivos partidos e ideas.
En fin, un abrazo fuerte!

R. dijo...

Hombre gracias por atribuirme el texto, una más, jeje pero hay que ser legal en la vida. Al césar lo que es del césar.


un besote

R. dijo...

Bueno, de izquierdas y de derechas, fete, porque a mí me parecen todos igual. Para vomitarles encima. A Rajoy y Zapatero.

Y a alguno más que se me olvida.


un saludo!

R. dijo...

Ese es el problema jota, que no los ponen ahí el pueblo, sino el partido. Y claro se deben a ellos, y de nosotros sudan.

Desagradecidos...


en fin,

que me quemo

abrazos!

FETE VIDAL dijo...

me vengo a leer porque me encanta este texto ...
R. Que no se te ve por el ciber casi na
ya no navegas casi!!!!

R. dijo...

estoy, estoy, aunque no lo parezca, fete.


Un saludo!


sí, es un pedazo de texto. Reverte pone los puntos sobre las íes.