lunes, 28 de septiembre de 2009

A la próxima me chivo

Tendría siete o ocho años cuando llegó nueva a clase: piel pálida, gafas de culo de vaso, enclenque y, además, mocosa. Se llamaba Natalia y fue nuestro blanco de humillaciones, en aquel lejano curso de 1992.

Desde tirones de pelo con piruletas chuperretadas, a zancadillas y escupitajos, pasando por dolorosas chinchetas en la silla. Toda una amalgama de crueldades. Inquisidores de metro treinta, como éramos. Y ella, joder, que nunca se quejaba. Sólo le limitaba a decir: "A la próxima me chivo", y así sucesivamente.

Pero Natalia nunca llegó a delatarnos. Y nuestros delitos, al final, quedaron impunes. Una mañana dejó de venir a clase, y nunca más se supo de ella. "Vuestra compañera Natalia ya no vendrá más", se limitó a comunicarnos escuetamente nuestro tutor, después de cuatro días viendo su pupitre vacío.

Nadie nos dio más explicaciones, aunque no obstante resultaba evidente lo que había pasado: ella se había chivado a sus padres, y estos la habían sacado del colegio. Relación causa-efecto. O si lo prefieren: tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe. Estalla. Se colma de paciencia, y de lágrimas.

Al saberlo, intuirlo, nos sentimos las personas más miserables del mundo. Niños que no merecían tener una feliz y pura infancia, ya que habían llenado de salivazos la de su compañera, y coetánea; arrebatándole a collejas los años más felices de su vida.

Le habíamos jodido la vida a Natalia, y nos merecíamos un castigo. Ojo por ojo, diente por diente.

Aquellos días posteriores a su marcha, deseamos con todas nuestras fuerzas que alguien nos abroncara y nos pusiera mirando a la pared. Expiar, en definitiva, nuestros pecados, y liberarnos de la culpa que nos ahogaba. Teníamos un nudo en la garganta, y necesitábamos que alguien o algo nos lo aflojara. Poder mirar el pupitre vacío de Natalia sin que se nos erizara la piel, y se nos encogieran nuestros diminutos testículos. A cambio, hubiésemos soportado, incluso, cualquier daño físico, o moral. Doña Alejandra, por ejemplo, partía flautas en las cabezas de sus alumnos peor entonados. Y del hermano Marcos se decía que hacía visitas regulares a los baños, justo a la hora en que los más pequeños salían al patio.

Lo que fuese con tal de estar en paz con el mundo, y nuestra propia conciencia.

Sin embargo, nadie nos partió un estuche en la cabeza, ni nos hizo cosquillas en los genitales. Tampoco nos dejaron sin recreo ni llamaron a nuestros padres; castigos, ésos, mucho más leves, pero penas al fin y al cabo.

Por no haber, no hubo ni tan si quiera caras largas. Miradas fulminantes. Listas negras, o avisos de expulsión.

Nada de eso. La clase, el curso, se mantuvo inalterable, a pesar de que nosotros ya no éramos los mismos.


Hoy Natalia está casada y trabaja en el Día, como cajera. Lo sé, porque es la persona que me atiende cuando voy a hacer la compra. Sigue igual: gafotas (como yo) piel paliducha, y hablar enclenque. Y sigue, la pobre, moqueando, solo que ahora tiene a mano un paquete de 'kleenex', por aquello de no dañar el género.

Si no fuera por la crisis, no la habría vuelto a ver. Antes vivía en otro barrio, pero me quedé sin trabajo y me tuve que buscar un sitio más económico. Cuando me la encontré por primera vez me dio un vuelco el corazón. Imagínense. No pude, ni supe decirle nada. Hasta hoy:

- ¿Bolsas va a querer?
- No, lo que quiero es pedirte perdón.
- ¿Cómo?
- Sí, quiero que me perdones por haberte jodido la infancia.
- ...
- Yo fui uno de esos niños que te humillaba de pequeña, poniéndote chinchetas y haciéndote la vida imposible. Sé que te cambiaron de colegio por nuestra culpa. Y no sabes cómo me siento de mal por ello. Durante años, pensé, pensamos todos, en ir en tu búsqueda, localizarte, y disculparnos contigo, pero al final no llegamos a concretarlo. Crecimos y nos olvidamos del asunto. Por eso, al verte aquí, no he podido dejar escapar esta tremenda casualidad. Creo en el destino, y el maldito karma, sino cómo explicar este encuentro. Las cosas siempre pasan por algo, y las personas a su vez siempre se encuentran por alguna razón en la vida. Y creo, sinceramente, que la nuestra es empezar de cero.
- Pero yo estoy casada y no puedo...
- No, no. Nada eso. No vengo a pedirte que salgas conmigo. Simplemente, quiero aprovechar que te he localizado después de tantísimos años: siento mucho como te traté, y como me porté contigo, Natalia. Éramos niños, pero eso no es excusa. Lo siento, lo siento mucho.
- Disculpas aceptadas, toma anda, coge un 'kleenex'.







Imágenes sacadas de kyo-kara-maou.foroes.net, euskadicta.blogspot.com y realidadesdeeternia.blogspot.com

viernes, 25 de septiembre de 2009

Satánicas y de Carabanchel



En la foto, Ultramort y familia.


Ahora en serio. No entiendo esta forma que tiene Zapatero, y su esposa, de proteger a sus hijas de los medios.

Saliendo en la foto. En primer término. Y posando.

Lo de la vestimenta ya es un tema aparte. Secundario. Quién esté libre de adolescencia que tire la primera piedra. Yo era anarquista y jebi, no digo más.

Y ellas, Alba y Laura -13 y 16 años respectivamente- góticas. Pues vale, fantástico.

Dirán algunos/as que es que las angelitas, o demonias, han despezado el protocolo, como si de un vulgar murciélago se tratase, y nos han dejado a todos los españoles como satánicos y de Carabanchel.

¿Y qué esperaban? Son adolescentes: rebeldes e inconformistas. Han hecho lo que cualquiera a su edad sueña, o soñaba: violar las normas.

Liarla parda.

Como parda se ha liado en Internet. Y eso, pese a la rápida actuación del Gobierno, que pidió a la Casa Blanca que retirara la foto de su página web, por aquello, ya digo, de proteger a las menores. Sin embargo, basta que quede un reguero de negativos para encender la mecha.

Y si no vean.



En fin, que no entiendo yo esta 'metodología inversa' del presidente. Si no quieres compromisos, no te comprometas.


Si no quieres que tus hijas queden expuestas, no las expongas.


Creo que no es tan difícil de asimilar, entender.

Pero eran Obama y señora, el colmo del swing. Obligatorio retratarse.

Pues como dicen en mi pueblo, amigo ZP: "Ajo, agua, y resina".


No se puede tener todo en la vida. Fama y discreción. Y más cuando es uno mismo quien da la cara y la de su familia.



P.D.: Valiente panda de cabrones los montajistas jajaja

jueves, 24 de septiembre de 2009

"Soy el remedio sin receta y tu amor, mi enfermedad"




No hay peor enfermo que aquel que no quiere curarse.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La calle del olvido

Acabo de enterarme que el portal popes80.com está recogiendo firmas para conseguir que Madrid cuente con una calle dedicada a Enrique Urquijo, fallecido líder de Los Secretos.

Por supuesto, he colaborado. Me parece una iniciativa bellísima. Soy fan del grupo, y, sobre todo, de Enrique. Pero, además, he contribuido a la causa porque creo que deberían popularizarse este tipo de campañas, y extenderse a otros artistas y personas. El callejero de Madrid está plagado de políticos, reyes y generales. Personalidades que en el desempeño de sus funciones estuvieron, paradójicamente, muy alejadas del sentir callejero. Lo contrario que infinidad de poetas, músicos, pintores o dramaturgos contemporáneos, que debieran, pienso, ocupar y nombrar las principales arterias de la capital. O al menos tener un lugar en el mapa, junto al resto de 'callejeables'.

Por espacio no sería: hay tantas y tantas calles sin nombre, y avenidas asépticas en Madrid. Lugares no bautizados, que están pidiendo a gritos que los saquen de ese limbo nomenclativo, y les den un nombre y apellido. O un nombre solo. Lo que sea con tal de figurar en el registro asfáltico y en los gps.

¿Se imaginan, por ejemplo, vivir en la plaza Antonio Vega, o en la avenida Mario Benedetti? O mudarse al ensanche del Salmón, ubicado en la misma dirección que el barrio de la Melancolía. O, ya puestos, empezar desde cero en la calle del olvido.

La calle de Enrique Urquijo.

Mi casa a partir de ahora.





Y ustedes, ¿qué otros nombres les pondrían a las calles de su ciudad?


sábado, 19 de septiembre de 2009

Gordos y bastardos

Ayer vi Gordos, de Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro), y me dejó un sabor agridulce. Dulce, por el ritmo de la película (dura dos horas), algunos diálogos, y el papelón de Antonio de la Torre, mi apuesta para los Goya de este año. Agrio, porque el género de la comedia dramática -esta película lo es- salvo contadas excepciones como Mar Adentro (Amenábar) o Tu vida en 65 minutos, de María Ripoll, es muy difícil de sostener. Fundir. Quiero decir, que mezclar carcajadas y llantos en una misma escena, y que parezca un accidente, no está al alcance de muchos. Y claro, sucede, que, al final, se te ve el plumero por algún lado: o la cosa no tiene ni puta gracia, o la pataleta (de Verónica Sánchez, por ejemplo) es demasiado forzada.

Con todo, la película resulta una apuesta brillante. Contundente. Hay gorditos, gordos y obesos. Pero también gente delgada y fibrada. Porque el quid del asunto, y de la cinta, aunque se llame como se llame, no está en los kilos de más. Los que les sobran a algunos personajes. Sino en los de menos: los que les faltan a todos ellos y ellas de autoestima.

Como a usted, a mí, o a cualquiera, por otro lado.

Y es que Sánchez Arévalo usa el sobrepeso como un elemento meramente accesorio a la trama. Como una excusa para lubricar el argumento y hacer que la idea, lo que quiere contar, se deslice mejor.

Así, el director madrileño amolda la gordura, como concepto social y estético, para dar forma a otros problemas vitales, y humanos que están a la orden del día, y que escapan a básculas y dietas milagro: dependencia amorosa, miedo al compromiso, pavor a la felicidad (aquí me incluyo yo), anulación del individuo o la siempre recurrente contradicción humana, que alcanza en esta segunda obra del mencionado cineasta, connotaciones casi 'almodovarianas'.

Hay un gay que se acuesta con la viuda de su socio. Un opusino (el genial Raúl Arévalo) que se pajea en los sex-shops, pero luego ve sucia a su novia, "una monja feliz", con la que folla apasionadamente y sin condón. Y hasta un terapeuta, el que trata a toda esta tropa, que va de liberado y underground, y tiene más complejos y prejuicios, acaso, que sus pacientes.
Y también una que...No, mejor me callo. Que al final voy, y les corto la digestión. Es mejor que se sirvan ustedes mismos del plato. Que vean la película, y después, si quieren, me digan qué opinan.

....................

Y la próxima semana toca Malditos Bastardos, de Quentin Tarantino. Pero no podré hacer la ¿crítica? Adoro demasiado a Tarantino, y no sería objetivo. Le admiro tanto, que hasta le perdono mierdas del calibre de Jackie Brown o Kill Bill 2, mucho más lenta y menos plástica que la primera.

Sirva, no obstante, este trailer para compensar tanta chupada de polla:



P.D.: Dicen las malas lenguas que Brad Pitt tuvo que beberse cinco botellas de vino para aceptar el papel protagonista. Yo por una hago de Señor Lobo, en un remake de 'Pulp Fiction'.

Ahí lo dejo caer.



Abrazos.




Imágenes sacadas de origin-www.fotogramas.es, www.blogdecine.com y www.cinenterate.com

jueves, 17 de septiembre de 2009

Por interés, te quiero Andrés


¿Se imaginan estar hasta el gorro de su pareja, y no poder separarse/divorciarse? Pues éso es lo que les está pasando a miles de enamorados (sic), que con el tema de la crisis financiera no les ha quedado más remedio que seguir aguantándose. Los pisos, ya se sabe, no se pagan solos, y sin trabajo ni esperanza a ver quien es el guapo o la guapa que se pone digno y hace las maletas.

Ahí te quedas vacaburra. Que te den, pichafloja.

Ah, qué tiempos aquellos, cuando uno o una podía mandar a su respectivo/a a freír espárragos. A tomar viento. A chuparla.

Ahora, qué putada, toca apretarse el cinturón, y fingirle orgasmos a la crisis. Porque amor mío lo nuestro va para largo. Ya lo dijo el cura, en la boda: "Hasta que la hipoteca os separe".


Amén.


Y de regalo esta (sabia) canción:

martes, 15 de septiembre de 2009

Esa gentuza

Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.


Arturo Pérez-Reverte.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Carta abierta a Joan Laporta


"Catalunya es una nación dentro de España; Madrid es una distribución administrativa de la Constitución".


Joan Laporta, presidente del F.C. Barcelona.




Dos cosas, señor Laporta:

Una. Si es usted tan amable, le pediría por favor que no usase el nombre y la proyección del Barça para sus fines y afanes políticos. Pues además de tener aficionados en esa "nación dentro de España" que es Catalunya, el club que usted dirige cuenta con seguidores en el resto de las naciones del país, como Andalucía, Galicia, Extremadura, Castilla León, Castilla La Mancha, o la propia región administrativa de Madrid, de la que soy vecino y residente, muy a mi pesar. Pero no se equivoque, tampoco me cambiaría por usted señor Laporta. No soy catalán, ni quiero serlo. Como tampoco me apetece ser andaluz, o vasco. O mallorquín o gallego. Y no me apetece, digo, porque a mí, al contrario que usted señor Laporta, lo que me importa son las personas, y no de donde vengan. Las naciones me las paso por el forro de los cojones. Así de solemne. Y digo más: me chirría, y mucho, que en pleno siglo XXI se siga jugando al 'Risk' con el mapa de España, que es un país de mierda, pero es nuestro país. La familia que nos ha tocado en gracia. Y en todos lados (también en su queridísima nación, señor Laporta) cuecen habas.

Puestos a debatir, ¿no habrá cosas más importantes, pienso, para gastar saliva y presupuesto, que la configuración territorial del estado, que, a fin de cuentas, sólo le importa a algún que otro terrorista patrio, y a un puñado de presidentes acomplejados?

Sinceramente, señor Laporta, me hiere y me daña que usted, en su fuero interno, me deje fuera del once titular, cerrándome, así, cualquier posibilidad de ser españolito y culé. Como Xavi, Iniesta, Puyol o Piqué. Todos ellos grandísimos jugadores de la Selección Española de Fútbol. Campeona de la Eurocopa y, si Brasil no nos lo impide, del próximo Mundial.

Y dos, y con esto ya termino: háganos un favor a los seguidores del fútbol en general, y del equipo culé, en particular, y cállese la boca, que lo malo de todo esto no es el qué, sino el quién. Me explico. Si usted en vez de Joan Laporta, presidente del club más importante de España, o de Espanya, para que me entienda, fuese Joan a secas, votante de Esquerra Republicana, y vecino de Sant Boi, por ejemplo, no pasaría nada. Porque su opinión valdría lo mismo que la mía: un carajo. Sin embargo, da la casualidad de que usted no se llama Joan, ni vive en Sant Boi de Llobregat. Usted señor Laporta representa a 'més que un club', y sus declaraciones, por tanto, son més que un comentario. Aunque solo sea porque hay que vender periódicos, pero el caso es que lo que usted dice no pasa inadvertido. Y al final, joder, de tanto insistir en el tema de las naciones, y suputamadre, la gente, los aficionados blaugranas y catalanoparlantes, se lo van a terminar por creer. Y no solamente eso, sino que también van a empezar a reivindicar, como es lógico, una liga para esa nación catalana que usted profesa y defiende. Una liga genéticamente catalana, sin charnegos ni nada. Y me cago en la puta de oros, y aquí ya me pongo serio, porque si por la mierda esta de sentirse diferente al resto de paisanos, nos va a dejar usted sin el clásico del Madrid-Barcelona, y el Barcelona-Madrid, voy y, adaptando la frase que dijo aquél, le meto la puta Cataluña por el culo. ¿Me ha entendido?

Para referéndum de independencia y soberanía, el 2-6 que le metimos al Madrid la liga pasada en su campo.


He dicho.



Atentamente,

R.


Un culé ciudadano del mundo.









Imagen sacada de http://lacomunidad.cadenaser.com

domingo, 13 de septiembre de 2009

Nostalgia asesina


La nostalgia
como
los asesinos
a sueldo,
nunca descansa.

Pues siempre
hay gente
a la que matar
y echar de menos.





Imagen sacada de www.cineclubmunicipal.org

sábado, 12 de septiembre de 2009

Tú eliges


Dice el Príncipe Felipe que no tendría problemas en irse si la cosa se pone fea. Es decir, si cuando abdique su padre -ya falta menos- el pueblo en masa clama por una República, la tercera. Entonces, asegura el máximo heredero, no pondría dificultad en marcharse, y abandonar su cargo.

¿Se puede llamar cargo a lo que ejerce Don Felipe?

En fin, que yo no sé si el príncipe pensará realmente así o no, pero el caso es que lo ha dicho. Y a mí me parece que la Leti, que es "una fulana muy lista" (Letizia dixit), es quien está detrás de todo esto.

Y es que, lujos aparte, la vida de palacio debe ser un coñazo. Si no piénselo por un momento. Abstraiganse por completo de todo ese surtido cuétara de chalés, yates, y mayordomos, e imagínense todo el día tirados a la bartola; sin hacer mucho, o nada. Y peor aún: sin poder eructar ni tirarse pedos, ni permitirse la veleidad de, ¡virgen santísima!, andar en tanga o en gayumbos por la casa, que es algo que apetece, oye. Y, por supuesto, nada de rascarse los bajos fondos. Protocolo manda. Protocolo obliga.


¿Ven lo que les digo? Eso no hay cristiano, ni princesa consorte, que lo aguante. Por eso, seguramente Letizia le habrá dicho a Felipe, así en plan ultimátum: "O tu trabajo, o yo".

¿Se puede llamar trabajo a lo que hace Don Felipe?

Porque a los Borbones, de toda la vida de dios, se les ha echado siempre del país. Nunca han presentado ellos la baja voluntaria.




Lo que no consiga una mujer...





Salud y República.






Imagen sacada de geekwars.wordpress.com

viernes, 11 de septiembre de 2009

Réquiem por una relación acabada



Reciban cristiana sepultura nuestros cuerpos enamorados. Lo que fuimos un día, lo que se antojaba eterno, y duró un suspiro. Acaso el más largo de nuestra existencia. Pero suspiro al fin y al cabo. Etéreo y efímero.

Nuestra llama se ha consumido, y es hora, amor mío, de asumirlo: arrojar las cenizas al aire. Volar, que es siempre lo que quisimos. Volar y llegar de este modo al cielo. Tantas veces lo tuvimos tan cerca. Tantas noches lo palpamos con la punta de las yemas. ¿Recuerdas, amor mío, recuerdas? Todas las veces que levitamos, que ascendimos y casi lo rozamos.

"Casi". Y eso fue lo máximo que logramos en nuestro tiempo de vida: estar a las puertas de ser felices. Mucho o poco, según se mire. Otros no podrían decir lo mismo; y nosotros, a su vez, debamos callar, si nos comparamos con según quién. Y obviar por completo que hubo un tiempo en que fuimos tristefelices.

O felizmente tristes.

Porque el amor, ahora lo sé, es una pasión del todo inútil. Una guerra perdida de antemano. Qué ironía lo nuestro: tanto remar en un principio, tanto luchar por salvarnos del naufragio, para acabar muriendo sobre la orilla de nuestros recuerdos. Exhaustos de desidia, y de rutina.

Yo no sé qué fue lo que terminó por zambullirnos, amor, pero sí sé que estaba en nuestras manos poder evitarlo de algún modo, y que no hicimos, pienso, lo suficiente. A lo mejor con dos brazadas más habríamos llegado a buen puerto. O no, quien sabe. Sin embargo, al menos, hubiésemos muerto con algo más de dignidad. Y no así, tendidos sobre la franja de nuestra desgana, con el corazón hecho carroña. Tan neutros, y asépticos. Como si nunca hubiera pasado nada entre nosotros. Como si nunca nos hubiésemos arrancado la piel a mordiscos. Adiós. Hasta luego.

Cuídate.

No. No nos merecíamos este epílogo tan cruel. Nosotros, que íbamos para rey y reina de un cuento de hadas. Que habíamos nacido para estar juntos. Y ahora, ahora míranos: envueltos en una mortaja.

Qué pena, joder, qué pena tan grande.

Tengan piedad de nosotros aquellos que nos reciban. Y que los ángeles nos guarden allá donde no supimos llegar en vida. Se vino a juntar tu miedo y mi impaciencia, y al final, amor mío, hemos muerto de pereza.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Costras


Hoy me he duchado, y me he quitado de encima tus últimas caricias. No diré que ha sido fácil. De hecho, he tenido que frotar a conciencia para levantar de mi piel la corteza de besos y saliva, que formaban tu costra. Hasta he sangrado un poco. Pero no lo suficiente para volverte a llamar.



Y es que de nosotros, ya solo queda la cicatriz.





Imagen sacada de www.scumdoctor.com

Con un par



Un corto para empezar con motivación la semana.

domingo, 6 de septiembre de 2009

30 éxitos muy chungos

Lo prometido es deuda. Ya está aquí la lista de canciones más vergonzosas de la historia. Los éxitos que marcaron una época, la peor de sus vidas, y que ahora vuelven para quedarse en sus tímpanos, como el hijo del anuncio de Ikea. Donde caben dos, caben 3, ó 30. Porque al final no han sido 20, sino una treintena las canciones elegidas por ustedes y por mí. Perversa memoria.

Desde nefastos y siliconados singles del verano, a hits de gasolinera, pasando por lo más chungo de la música electrónica. Sin duda, el peor homenaje que se le podría hacer a la música.

Les presento el disco estrellado: ideal para sabotear fiestas y cumpleaños:

30.- Leonardo Dantés. Tiene nombres mil. Los hay grandes, medianos y pequeños. Flacos, normales y como el cuello de un cantaor. Pero, sobre todo, los hay que tienen mil nombres. Y solamente por la molestia de haberlos recopilado todos y cada uno de ellos en una sola canción, Leonardo Dantés se merece aparecer y cerrar esta lista. Quien sabe si después de, usará su sempiterno pañuelo para limpiarse la...

29.- Dinio. Haciendo el amor. Probablemente la canción menos propicia para hacer el amor, o follar. Por eso, y porque el tipo le pone ganas al asunto, este tema merece entrar en la lista en un honroso y viril penúltimo puesto.

28.- Lorna. Papi chulo. Nalgas latinas, poca ropa, y una mujer, Lorna, sentando las bases del nuevo feminismo: "Mujeres vírgenes que se quiten los pelos". Y yo añadiría: y las no vírgenes también. Que hay cada mata chunga, chunga.

27.- Sex Boom. Me dice ven. Ya lo decían Los Panchos: "Si tú me dices ven, lo dejo todo". Y es que, al final, tiran más dos tetas, que dos carretas.

26.- Georgie Dann. La barbacoa. Una canción no apta para vegetarianos.

25.- Rebeca. Duro de pelar. De vivir todavía, Leandro Fernández de Moratín estaría encantado de musicalizar su obra El sí de las niñas, con este llenapistas de Rebeca, que pega duro en el número 25 .

24.- Antonia Dell´Atte. He comprado un hombre en el mercado. El futuro ya está aquí. Hombres compartiendo espacio con filetes de merluza, y besugos. Nada nuevo, por otra parte.

23.- Raúl. Sueño su boca. En el 23 encontramos a Raúl, olvidado y defenestrado por la crítica. El pobre, además de no comerse un rosco, tuvo que ver, encima, como un niño, Raulito, le hacía sombra interpretando este mismo tema, parido por él. Más que un sueño, una pesadilla.

22.- Banda Blanca. Sopa de caracol. Puede que su letra sea indescifrable:"Watanegui consup/Iupipati Iupipati/Wuli Wani Wanaga", pero la canción Sopa de Caracol, de los hondureños Banda Blanca, merece, sin duda, una segunda oportunidad. Para ellos el puesto 22.

21.- Chocolate. Mayonesa. El título ya avisa: chocolate y mayonesa. ¿Puede haber algo más asqueroso? Sí: el baile de esta canción, que ni batido es digerible. Sin duda, uno de los éxitos más chungos y con más grumos que se recuerdan.

20.- Camilo Sesto. Vivir así es morir de amor. Cuenta el bueno de Camilo, que cuando era joven y trabajaba en el Museo de Cera, le gustaba asustar a los visitantes haciéndose pasar por muñeco viviente. Lo cierto es que algo de eso tiene. Un tipo cuanto menos peculiar, del que se ha llegado a decir, incluso, que viene de otro planeta y es marciano. Por todo ello, y, sobre todo, por esta grandísima canción intergaláctica, Camilo Sesto sube directo al número 20 de la lista de singles (y cantantes) más chungos de la historia.

19.- Los Chunguitos. Dame veneno. Pocos temas han representado mejor las vicisitudes del desamor como este 'Dame veneno', de Los Chunguitos. Un hit, que, además de estar en los mejores stands de las gasolineras españolas, debe figurar, por principios y nombre, en los puestos más consolidados de esta montaña de clásicos auténticos e intravenosos.

18.- Camela. Por qué me has engañado. Para muchos los padres del 'chunguismo'. Y quienes de verdad han dignificado la música chunga. Camela: un grupo currante, proletario, que empezó desde lo más bajo, y ha llegado a la bóveda de la fama. Con el permiso, claro está, de Tijeritas.

17.- Tijeritas. La princesa de Ceilán. Cante hondo con olor a gasoil. Tijeritas es hoy por hoy uno de los máximos exponentes de su género. Apadrinado por Camarón, el cantante debe su nombre artístico al afamado cantaor, que se lo puso "en el barrio la cruz verde", recuerda Tijeritas, con orgullo, en 'Me lo puso Camarón'; una de sus grandes canciones. Como su princesa querida de Ceilán, que le aúpa al puesto 17 de la lista.

16.- Viceversa. Ella (Tu piel morena). Ideal para conquistar a una chica, siempre y cuando no tenga la piel blanquecina.

15.- Ríos de Gloria. Desafíame. Pese a pasar inadvertidos para el gran público, muchas ferias y discotecas le deben su éxito a este llenapistas del dúo Ríos de Gloria. Techno-Rumba de calidad, hecha desde Badajoz, que se instala directamente en el meridiano de la lista.

14.- Locomía. Locomía. Psicodélica gay en el puesto 14.

13.- Toni el gitano. Calo, cali. Un nombre sencillo para un artista complejo. Toni, el gitano. Toda una biografía, la suya, hecha rumba. Liada en un solo porro, que aún hoy sigue rulando de boca en boca.

12.- Chimo Bayo. Exta si, exta no. A Chimo Bayo se le reconocen dos cosas: una su improvisación frente al micro; y dos haber creado todo un himno generacional como exte que suena. Y que supo apreciar e incluir el director de cine Bigas Luna, en su película Jamón, Jamón. Una cinta casi tan chunga como la canción de marras.

11.- Pimpinela. Olvídame y pega la vuelta. Lo suyo es un incesto musical. Y esta canción, en concreto, un polvo de ex novios. Porque así es como terminan este tipo de discusiones sentimentales. A pesar de ello, y sintiéndolo mucho, los hermanos Galán se quedan a las puertas del Top Ten.

10.- Franco Battiato. Centro de gravedad permanente. Un erudito en mayúsculas. Autor de letras tan profundas y filosóficas como la citada. Un tipo, este Battiato, capaz de conjugar tres idiomas en un mismo tema, y respirar al unísono. Para él, la gravedad de abrir la cuenta atrás hacia el número uno.

9.- Raphael. Yo soy aquél. Raphael no es un chungo, es un grande. Pero esto es la democracia, ¡un sistema de borregos!

8.- Alejandro Magno. Micaela. Antes de ser el romántico por excelencia de la música pop, Alejandro Sanz era un salido de mucho cuidado. Y para muestra un botón: el de la blusa que cubre "las tetas de Micaela", una de sus primeras musas, y a la que canta en esta canción bajo el primerizo nombre de Alejandro Magno.

7.- Las Grecas. Te estoy amando locamente. Puesto número siete para Malicia y Carmela (Las Grecas) y su descarnada locura, tantas veces imitada y versionada.

6.- Aventura. Obsesión. Sólo por el verano que nos dio la parejita, el tema de Aventura debe estar en uno de los puestos más altos y obsesivos de la lista. Al final, no sé en qué quedó la cosa: si lo suyo era amor, o obsesión. Si toda esa pose desesperada formaba parte del cortejo, o era algo más patológico. Y es que la dependencia amorosa es una de las enfermedades más chungas que existen.

5.- Los del río. Macarena (versión dance). Si ya era chunga la primera versión de la Macarena, esta segunda, adaptada a la música dance, es insuperable. Un megahit que bailó hasta el propio Bill Clinton, que entremedias debió decirle a Monica Lewinsky aquello de que "tu cuerpo es pa´ darle alegría y cosa buena".

4.- Tamara. No cambié. Lo que es la vida: sacas una canción que es claramente una oda a la coherencia personal ("no cambié, no cambié, no cambié") y al poco tiempo resulta que te cambias de nombre dos veces. Primero Ámbar, como los semáforos, y después Yurena, que suena como Azucena. En el registro deben estar ya hasta el gorro de la artista anteriormente conocida como Tamara. Como hasta los huevos acabó media España de este hit marciano, que en su día fue disco de oro. Aquí se queda en el número cuatro. A las puertas de entrar en el podio más chungo, que lo abre...

3.- Daddy Yankee. Gasolina. El puertoricense Daddy Yankee logra con Gasolina la medalla de bronce del 'chunguismo', y, de paso, el dudoso honor de haber prendido la mecha del reguetón en España. Una pandemia de la que todavía hoy se desconocen las consecuencias.

2.- King África. Bomba. Su último bombazo ha sido hacer una revisión del Chiqui-Chiqui, de Rodolfo Chiquilicuatre. Sin embargo, el tema que se lleva la palma, y el número dos de la lista, es la bomba de fabricación casera que lanzó en el verano del 2000, y dejó un panorama desolador en la mundo de la música. Pese a ser un habitual, el señor África se queda a un paso de lograr el cetro del 'chunguismo', que recae, finalmente, por aclamación popular, en...


Tachán, tachán...


1.- Malena Gracia. Loca. La canción más chunga de la historia de las canciones chungas. Dicho y reconocido por 26 personas, que se han referido a ella -a la canción- en esos términos. Demostrando, de esta manera, que el nombre de Malena vale tanto para el tango como para el 'chunguismo', del que desde hoy, la señorita Gracia es reina absoluta por votación popular.

Mis más rendidas felicitaciones.


Y al resto, muchas gracias por los comentarios y los mails proponiéndome canciones chungas para la lista. Ha sido un exhaustivo trabajo de documentación. De hecho, al final he tenido que cribar muchos de los posibles temas.

Estáis de la olla.

Abrazos.



¡Y que viva lo chungo!



Imágenes sacadas de www.ingenia-comunicacion.com, www.fotolog.com, hola.com, thebigfish.blogspot.es, www.billboard.com

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Septiembre, al fin


Se acabó agosto. Por fin. Llega septiembre, y con él mis vacaciones. Si todo va bien, a finales de mes estaré por el sur o el noreste peninsular. O tal vez me conxure para espantar a las meigas, que llevan todo el año jodiéndome las muy putas.

Quien sabe. Nunca sé lo que voy a hacer, hasta que lo hago. Soy así de obvio.

Lo que sí tengo claro es que serán apenas unos días de descanso; lo que puedo costearme. Pero vacaciones al fin y al cabo. Y es que odio las aglomeraciones casi tanto como a los domingueros (de los cojones), por eso me sale más a cuenta irme cuando los demás vuelven. Y quedarme cuando el resto de la gente se marcha. Voy al revés del mundo, y soy feliz así. Acostándome a las siete de la mañana, y levantándome a las cuatro de la tarde. Veraneando casi en octubre, e hibernando en agosto. Un antisocial de mierda, vale. Pero es que Madrid agota, y agobia. Es como un niño hiperactivo. Nunca está quieta, y hay momentos, joder, en que uno necesita silencio. Calma. Cosa impensable en la capital del reino, donde cuando no suena una taladradora, se escucha una riada de cláxones. O al vecino de arriba cagarse en sus muelas.

Por eso quiero cambiar de aires. Irme de aquí e instalarme en un lugar más tranquilo. Mido 1,68: necesito una urbe más entallada. Más de mi tamaño. Sin metro ni cercanías, a ser posible. Una ciudad que pueda conocer andando. Ah, y que tenga mar. Sí. Un mar enorme, y lleno de sal. Y lo más importante: que esté ya construida, y no a medio hacer. Quiero, mecagoenlaputadeoros, una ciudad sin obras, ni zanjas.

Sin socavones, ni socabrones.

No pido tanto.

Vivir, por ejemplo, en Ibiza, San Sebastián, La Coruña, Santander o Cádiz.




Una de esas cinco ciudades será la elegida para mis vacaciones.


¿Alguien se apunta?