sábado, 29 de agosto de 2009

"A lo mejor la palmo y resucito siendo un cerdo"



Añoro todo aquello que no tuve
lo que tuve ya lo retuve
y eso no me lo quita nadie.
Y añoro solamente
lo que no vi ni en pintura
lo que no quise que ocurriera
lo que olvidé por desidia.

Lo que no escuché por ciego,
echo de menos
me hace falta
lo que no viví ni en sueños.

Añoro, por ejemplo,
no haberme follado a Marta
pensando mientras tanto
que me follaba a su hermana.

Y añoro a esa muchacha
que jamás he conocido
y que espera ansiosamente el amor mío.

Y esa rayita y esa pastillita
que no tomé contigo
aquella noche.

Me duelen los recuerdos
por no haberte conocido
ni amado ni violado
en aquel confesionario.

Quién pudiera haber gozado
de la luna y de tus besos
en aquel acantilado
dentro de un cadillac rojo.

Ah, y por cierto,

se me olvidaba decir
se me olvidaba decir
se me olvidaba decir
lo que te vine a pedir:

si quieres bailar conmigo
esa canción tan bonita
aun no existe todavía
pero es mi canción preferida.

Ye, ye...

Y es que me duele la cabeza
yo no me quito esa resaca
y eso que ayer me quedé en casa.

No tomé ni una copita
tampoco maté a nadie
y eso que hay quien lo merece
por pereza o por cobarde.

Yo nunca quise yo nunca pude
y añoro esos zapatos que no tuve
mis pies pisan descalzos
pues yo siempre ando desnudo.

Y eso que nunca me pinté
con purpurina todo el cuerpo
ni me subí a ese campanario
pa gritarle al sol y al viento:

¡me cago en la madre que parió a esos
mamones hijos de puta, que me están
jodiendo la existencia!

ah, y por cierto,

se me olvidaba decir
se me olvidaba decir
se me olvidaba decir
lo que te vine a pedir:

si quieres bailar conmigo
esa canción tan bonita
aun no existe todavía
pero es mi canción preferida.

Y añoro no haber muerto cada ida
cuando llegue la muerte
yo es que no sabré que hacer con ella.

A lo mejor la palmo
y resucito siendo un cerdo
me olvido de que existo
y así no echaré nada de menos.

Engordaré deprisa
en el corral de las mentiras
comeré lo que me echen
como cualquier cerdo bueno.

Hasta que un ida el granjero
me se lleve al matadero
y convierta en embutidos
mis recuerdos más grasientos.

Y entonces piensa en mí
recuérdame amor mío
cada vez que te comas
un bocadillo de chorizo.

Ye, ye...




Piensa en este cerdo cada vez que te comas un bocadillo de chorizo, lomo o panceta.

Azul y grana



No fue Messi, ni Ibrahimovic, ni tan siquiera Henry. Tampoco Xavi, ni Puyol, ni el mariscal Piqué. Al final, quien consiguió el tanto de la victoria, y la Supercopa de Europa para el Barça, fue Pedro, o Pedrito, como le apodan cariñosamente. Un chaval de la cantera, como en su día lo fueron el propio Xavi, Messi, Puyol o el vivaracho Piqué. Un canario, este Pedro, cuyo nombre de guerra dista mucho de parecerse a los pomposos Cristiano Ronaldo o Ricardo Izecson Dos Santos Leite, Kaká.

Un tipo, que puede que no venda muchas camisetas, pero que, sin duda, cumple en el campo. Y marca goles decisivos como este. Justo cuando el equipo de Guardiola más lo necesitaba. En el minuto 115. Al borde de la tanda de penaltis. Y en lo que respecta a un servidor, del infarto. ¡Collons, cómo he sufrido!

Pero la angustia, ya digo, ha merecido la pena: quinto título del año; tras Liga, Copa del Rey, Champions, y la reciente Supercopa de España. Y lo que te rondaré, morena.

Y es que, desde hace tiempo se vienen planteando dos formas de entender el fútbol, dos maneras de competir y ganar. Una, a golpe de talonario (es inminente que Florentino Pérez anuncie el fichaje de Ribery); y otra, con denominación de origen. Cocida a fuego lento.

Puestos a comparar, lo que cocina uno, lo que fabrica con sus propias manos, sabe siempre mucho mejor, que lo que te dan envasado. Congelado. Hecho.

Títulos aparte, el Barcelona siempre ha jugado mejor que el Madrid. Y eso es algo innegable. Así como la casta, el pundonor, corresponde al equipo blanco, el fútbol de toque es propiedad privada de los culés. Basta con repasar el mediocentro azulgrana de los últimos 20 años para percatarse de la cantidad de buenos organizadores que han salido de la Masía: Milla, Guardiola, Amor, Xavi, Iniesta, Cesc.

Nada es casual. Todo tiene su porqué. Y si bien es verdad, que al Real Madrid no se le tumba con un 3-0, al Barça, tres goles, le parecen pocos. Ha nacido para golear. Es su esencia. Su razón. Su leitmotiv. Kubala. Quini. Romario. Ronaldo. Etoo.

Fuerza contra maña. Corazón contra cabeza.

Me va a gustar esta liga, que empieza mañana, hoy sábado, con un Real Madrid-Deportivo de la Coruña, que veré desde el mismo estadio Santiago Bernabéu. Ataviado con mi bufanda blanquiazul. Porque además de culé, soy deportivista.

Azul y grana.

Y el Dépor, ya no será gran cosa, pero seguimos teniendo un himno de pelotas:



Qué le voy a hacer si soy un clásico, un tío de costumbres: adoro ir al fútbol, con mi bocadillo de tortilla, y cagarme en la madre del árbitro. Un cromañón, sí. Pero a mucha honra.


Mi porra para esta tarde:

Real Madrid 1-Deportivo 2.



Y digo Deportivo...

jueves, 27 de agosto de 2009

Margen de maniobra


Soy un tipo
muy complicado,
lleno
de contradicciones:

si me enjaulas
me asfixio,
si me dejas
libre,
me pierdo.

Solución:
enciérrame
bajo tu falda,
pero con
las piernas
abiertas.

Dame
cierto
margen
de maniobra.






Imagen sacada de arrebatos.blogspot.com

domingo, 23 de agosto de 2009

Descanso neuronal


Me he quedado seco de inspiración, vacío como la nevera de un soltero. La mía. Así que, creo que lo mejor será que me tome un tiempo para descansar la quijotera. Y airear, de paso, la mente.

Tanto tequila no es bueno.

Tener un blog, pienso, se parece mucho a tener a un/a amante: te exige estar a pleno rendimiento. O al menos, es la consideración que yo le doy a abrir un bitácora. No basta con meterla y sacarla; con postear a secas. También hace falta que la cosa lubrique, que las ideas, y el diálogo fluyan. Se empapen.

Disfrutar, en una palabra. Y mi mente, ahora mismo, está extasiada.

De modo, que me despido por unos días. O tal vez unas semanas.

O lo mismo, un par de horas. Quien sabe.

La musas son más putas que las gallinas. Pero yo hace tiempo que decidí no correr tras ellas.

Es inútil, como ir detrás de una mariposa. O tratar de que tu gata te acerque el mando a distancia de la televisión.

En este caso, como digo, y sin que sirva de precedente, me pasaré por el forro la máxima de Picasso, que decía, muy sabio, que la inspiración era mejor que te pillase trabajando.

Posteando.



Gracias por seguir ahí, a pesar de.


Hasta pronto.





P.D.: sigue en pie lo de hacer la lista de los 20 éxitos más chungos de la historia. De momento, hay apuntadas ocho canciones. A cada cual más nefasta. Quedan doce. Anímense.


Abrazos.





Imagen sacada de fabadiabadenas.blogspot.com

sábado, 22 de agosto de 2009

20 temas para avergonzarse de uno/a mismo/a

Se me ha ocurrido una idea aterradora. Y es hacer una lista con los 20 ¿éxitos? más chungos de la historia de la música. Esas canciones pegajosas, cutres, con hombreras y olor a gasolina, que formaron parte de su vida, y que aún hoy (sí, sí, no lo niegue) pululan por sus recuerdos, y hasta por su garganta.

Así que, fuera complejos y vergüenzas, que aquí petardos y petardas somos todos: María Jiménez, Camela, OBK, Franco Battiato...¿Alguien da más?

Seguro que usted también tiene algo que aportar. De modo que, no lo dude, y únase a la causa. Conformemos entre todos y todas el que, posiblemente, sea el peor aniversario de la historia. 20 temas para avergonzarse de uno/a mismo/a.

Ahí van tres para romper el hielo:



Una canción de profundo desgarro sentimental. La banda sonora del Sí de las niñas (Moratín). La historia de cómo una mujer acaba rompiendo las reglas y las cadenas, y recupera finalmente su autonomía : "Y suelto mi pelo, y pinto mi cara, me pierdo en la noche, me quemo en la playa".



Sinceridad en estado puro, el hit 'Dame veneno', de Los Chunguitos, representa, como pocos, las vicisitudes del desamor. El tajo en las venas. El vaso de cicuta. El suicidio asistido. Y es que hay relaciones que son, como ya predijo Gabo Márquez, una crónica de una muerte anunciada.



Pese a que el tema, en su traducción al castellano, contaba con un estribillo un tanto largo, Franco Battiato supo contener la respiración, el tiempo suficiente, para hacernos danzar. Aquí y en Irlanda del Norte. Una canción pacífica, acompañada de un baile tranquilo, leve. Sin duda, un claro homenaje a la novela La insoportable levedad del ser, de Milán Kundera.


....

viernes, 21 de agosto de 2009

Inconfesable

Venga va, con dos cojones:

Me gusta OBK, y Alejandro Sanz. Y David Summers, en solitario. Y Raphael; joder qué grande es.

Hale, ya está dicho.

Y ahora el que esté libre de pecado que tire la primera canción. O si lo prefieren, desahogense aquí anónimamente.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Contrabando y traición

El otro día estuve en un bar mexicano, cantando rancheras y poniéndome hasta las patas de tequila. Sonó José Alfredo y Chavela Vargas. Y al final de la noche, este ¿corrido? de los Tigres del Norte, que me encantó.

Por eso al llegar a casa, aún con el paladar en llamas, busqué en Internet la canción de marras y, casualidades de la red, di con esta versión de Quique González, que es una jodida maravilla.

Como todo lo que hace.

Así que, ahí les va. Espero que la disfruten tanto como yo.

¡Y que viva México, cabrones!



Salieron de San Isidro,
procedentes de Tijuana,
traían las llantas del carro
repletas de hierba mala,
eran Emilio Varela,
y Camelia, la Texana.

Pasaron por San Clemente
los paró la emigración,
les pidió sus documentos,
les dijo: ¿De dónde son?
Ella era de San Antonio,
un hembra de corazón.

Una hembra si quiere un hombre,
por él puede dar la vida,
pero hay que tener cuidado
si esa hembra se siente herida,
la traición y el contrabando...
son cosas incompartidas.

A Los Ángeles llegaron,
a Hollywood se pasaron,
en un callejón oscuro
las cuatro llantas cambiaron,
ahí entregaron la hierba...
y ahí también les pagaron.

Emilio dice a Camelia:
Hoy te das por despedida,
con la parte que te toca
tú puedes rehacer tu vida,
yo me voy pa` San Francisco,
con la dueña de mi vida.

Sonaron siete balazos,
Camelia a Emilio mataba,
la policía sólo halló
una pistola tirada,
del dinero y de Camelia...
nunca más se supo nada.



Moraleja: nunca le de la espalda a un/a ex herido/a.

martes, 18 de agosto de 2009

Hoy me siento Robert De Niro


Hay días en los que te levantas feliz porque sí. Porque toca. Porque te lo mereces. Porque ya son muchos días estando triste. Y, además, todo el mundo tiene derecho a quince días hábiles de felicidad, con todas las sonrisas pagadas. Y tú no has gastado ni tres.

Así que te levantas, y, sin saber cómo ni porqué, todo huele bien, a ajax pino. Y tu buena estrella te ha dejado, encima, café recién hecho y tostadas con mermelada de fresa. Tus favoritas. Y desayunas sin prisas, con calma. Sin ese nudo en el estómago que anudaba tus preocupaciones diarias. Y el mundo hasta tiene mejor cara. Menos ojeras. No hay noticias asesinas, ni muertos entre líneas. Y los políticos, por una vez, no han abierto la boca. Y el pan sigue costando lo mismo. Y vas al baño, y te miras en el espejo y te ves más guapo, más alto, más fuerte, más todo. Y dices aquello de: Are you talking to me? Porque hay días, joder, que te sientes Robert De Niro. El puto jefe. El puto amo.

Y te subes el cuello de la camisa, y vas a hacer la compra, y la cajera, que jamás en su vida se ha dignado a mirarte, va y te sonríe, y tú le lanzas un guiño y dejas caer tu número de teléfono con un chasquido de dedos. Y sales, después, por la puerta grande, a hombros del mendigo, que pide. Y tarareas esa canción de Estopa, la del fiera que entra partiendo la pana. Y todos en el barrio te saludan, y vuelves a casa, y nada ha cambiado.

Sigue todo en su sitio. Todo ordenado. Hasta tu vida. Y entonces te acuerdas de que ayer echaste tres polvos, como tres soles mañaneros, y que la nostalgia aprieta pero no ahoga.

¿Puede el ser humano volar?

Este hombre, de origen turco, asegura que sí. Y para muestra un botón:





¡Me duele la tripa de reírme!

¡Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!

sábado, 15 de agosto de 2009

Gilipollas

Estoy borracho como una cuba, sin embargo he escrito esto en una servilleta mientras esperaba a que me sirvieran la penúltima copa. No sé si tiene mucho sentido, pero es lo que me ha salido. Se titula gilipollas:

Me duele
el costado
derecho
de intentar
amoldarme
a mi insomnio,
de buscar
la postura
en mi cama
ahora que ya
no duermes
conmigo.

Me duele
el pecho
de respirarte
en sueños,
de latir
con insuficiencia
cardíaca,
de quererte
con todo mi sístole.

Me duele
decirte esto.
Decirte que te quiero
a pesar de todo.

No te lo mereces,
yo no debería
de hecho
estar escribiéndote;
debería, joder,
estar follándome
a otra,
corriendo un tupido velo
entre tu recuerdo
y el mío.

Pero soy gilipollas.

viernes, 14 de agosto de 2009

Razones


Yo dejaría de beber. Pero es que es el único momento en que ella y yo volvemos a estar juntos.

Cuando veo doble.









http://webdevargentina.ning.com/

miércoles, 12 de agosto de 2009

Cuestionario para prevenir los polvos desastrosos


- Está bien, rellena este cuestionario y cotejemos.
- Mmm: "Cuestionario para prevenir los polvos desastrosos". ¿Y esto?
- Pues lo que lees: un cuestionario para prevenir los polvos desastrosos.
- ¿Pero?
- A ver, es muy sencillo, ¿tú quieres follar conmigo, no?
- Eh...
- ¿Sí o no? Porque si no quieres yo recojo mis cosas, y no pierdo más el tiempo contigo.
- Nononononono.
- ¿Cómo qué nononono? ¿Éso qué es: un sí o un no?
- Nonononono, digo sisisisisisis.
- ¿En qué quedamos, tío, quieres o no, te apetece o no?
- Sisisis. Sí que quiero.
- Bien, pues entonces rellena este cuestionario y comparemos.
- ¿Tú también lo vas a rellenar?
- Yo no necesito rellenarlo, sé muy bien lo que busco.
- Ah, pues entonces yo tampoco, no te jode. Yo también sé de sobra lo que busco.
- Ya, pero da la casualidad de que me has entrado tú a mí, y no al revés. De modo que soy yo la que elige si quiere follar contigo o no.
- Joder con la igualdad de sexos...
- De igualdad nada. Tú me has entrado, tú rellenas el cuestionario.
- Claro, y de haber sido al revés, ¿sería yo el entrevistador, no?
- Por supuesto. Quien entra, contesta. Y quien es entrado, pregunta. Son las reglas.
- ¿Reglas para follar? No me van, lo siento. Me gusta poder echar un polvo sin cortapisas.
- Muy bien, pues entonces devuélveme el cuestionario y búscate a otra para pasar la noche.
- Joder qué testaruda eres.
- ¿Te han dejado alguna vez a medias?
- No.
- Pues a mí sí, y no me da la gana de que vuelva a pasarme. Mujer precavida, vale por dos.
- Ya veo, ya. A ver, venga, cotejemos. Dame un boli y acabemos de una vez con esto. Cuanto antes nos dejemos de jueguecitos, antes follamos.
- No tan deprisa, vaquero. Para follar conmigo primero tienes que pasar la criba.
- Con tantas trabas que pones, debes follar más bien poquito.
- Poco y bueno siempre es mejor que mucho y malo.
- No me veo yo andando por los bares con el dichoso cuestionario. Todo esto me parece surrealista, pero tengo un calentón de caballo. Tanto hablar de follar me ha puesto a mil.
- Pues relájate y escribe.
- Te aseguro que si me escoges no te vas a arrepentir.
- Eso ya se verá.
- Cariño, no puedo rellenar el cuestionario. El boli ha tenido un gatillazo, y no pinta.
- Pronto empezamos. Toma, anda, coge el lápiz.
- Veamos, hum, ¿filias, fobias? ¿Pero qué..?
- Te explico: en el recuadro de arriba tienes que poner tus filias a la hora de follar, ya sabes, lo que te gusta hacer y que te hagan; y en el de abajo las fobias: lo que nunca harías, ni dejarías que te hiciesen. Lo demás son datos de índole general: años, estado civil, número de parejas sexuales que has tenido en los últimos seis meses, si tienes alguna enfermedad contagiosa que yo deba saber, lo que sueles durar de media, el tamaño de tu amiga, etc.
- ¡Datos generales dice!¡Pero si quieres saber hasta mi historial clínico!
- Así me evito echar un polvo desastroso. Mujer precavida...
- Coño con la mujer precavida. Menudo fichero tienes que tener...
- Yo prefiero llamarlo base de datos. Cuando me pica, tiro de sistema.
- Ja, ja, ja. Tiene gracia la cosa. Al final, hasta me va a gustar y todo este test de polvos infames.
- Cuestionario para prevenir los polvos desastrosos, si no te importa.
- Vale, Ana María Matute, vale. Perdón por la incorrección léxica.
- Refiérete a las cosas con propiedad, por favor.
- Tú mandas. Esto, y en filias, ¿qué pongo? Yo qué sé, si es que a mí me gusta todo.
- ¿Te gusta que te metan un dildo por el culo?
- ¡Shhh, baja la voz, joder! Escúchame bien, ni de coña, eh, ni de puta coña se te ocurra meterme nada por el culo. Mi agujero ni olerlo, ¿entendido?
- Ah, pues especifica, porque lo mismo yo soy una experta enculadora de tíos, y por no decirlo se me va la mano, o la polla...
- Vale, vale, captado el mensaje. No hace falta que seas tan gráfica, por favor.


............


Y de regalo, esta versión imposible del clásico de Las Vulpess:








Imagen de la película Un día sin sexo, de Frank Perez Garland.

martes, 11 de agosto de 2009

Un día tonto

¿Eres feliz?

Estoy tirado en el césped del parque del Retiro. Tengo 17 años, y una chica que no me la merezco. Es la que tiene su cabeza apoyada, ahora mismo, en mi pecho Sí, ésa. La chica de pelo corto y camiseta de tirantes amarilla, que me ha preguntado en la primera línea si era feliz.

Y yo le contesto que no. Como suena. Lengua pegada al paladar, y boca de piñón: "No". Labios de pez globo, sólo que no hago glup, glup; digo: no soy feliz, y me quedó mirándola fijamente, como un besugo, y solo me falta añadir: "No es por ti, es por mí". No es por ti, es por mí. Mierda, lo he dicho finalmente.

Y ella que me observa como si acabara de decirle que su perro ha sido atropellado por un camión de mercancías. Ojos incrédulos y tristes. Ojos a punto de desbordarse.

Dos nubes hinchadas en mitad del cielo. Dos globos de agua bailoteando en sus cuencas oculares.

Sabes de sobra lo que va a ocurrir. El tiempo que va a hacer de aquí a unos minutos.

No soy meteorólogo, vaya, pero yo de ustedes me haría con un paraguas, uno que aguante bien el granizo, y me pondría a cubierto. Porque en breve va a caer la de dios es cristo. El diluvio universal. Y el que avisa no es traidor. Es un consejo de alguien que ha hecho llorar a su chica muchas veces, y sabe cuántos litros de agua es capaz de desalojar.

Así que cojan una pareja de cada animal, y huyan despavoridos.

Una pareja de cada animal. De mí, sin ir más lejos, que acabo de graznarle al oído que no soy feliz (con ella). Sin embargo, aún con todo, yo la miro y trato de achicar mis palabras. Matizar lo dicho: "Entiéndeme, nadie puede decir que es feliz al 100%, la felicidad no es un estado permanente. No se es feliz, se está feliz. Y ahora mismo, sí, estoy feliz, sí, muy feliz".

Suena como lo que es: una puta patraña. No sé mentir, nunca he sabido. Y aunque supiera, daría igual. El cielo, los sentimientos, son ingobernables. No existe cubo en el mundo, ni mentira, capaz de contener la lluvia. Las lágrimas. Si tiene que llover, lloverá. Si tienes que joderte y mojarte, pues eso, te joderás y llegarás a casa hecho una sopa.

Totalmente arrepentido.

Y en estas estoy, digo, tratando de contener la tormenta, cuando cae la primera gota. Estalla el primer globo. Y ella comienza a chispear. Primero una lágrima, luego dos, tres, cuatro, cinco. Y así hasta que, finalmente, su cara, sus mejillas, su cuello, y la misma camiseta de tirantes amarilla que lleva, se le empapan de lluvia. De pena.

Y ella que me dice entre gimoteos:

- Ya no me quieres, ya no te hace feliz estar conmigo.
- Va por momentos. Como la felicidad-contesto, y solo me falta añadir: "No es algo permanente". Pero esta vez me contengo. No quiero hacerla más daño. Con ella estoy feliz algunos días, y otros...Otros días, digámoslo de esta manera, son más de relleno. Más para hacer bulto. Como un domingo, o un lunes, o un martes cualquiera. Días tontos, que no valen, por si solos, de mucho, pero que sin ellos es imposible avanzar y llegar al viernes.

Días rasos, que ocupan el último escalafón de la semana. Del mes. Del año.

Y hoy es lunes. Y mi estado de ánimo es pésimo. No es excusa, lo sé, pero si fuera viernes o sábado, ahora mismo ella y yo estaríamos follando en un baño, o en las escaleras de un portal. Felices. Ambos.

Pero ha tenido que ser lunes, coño; ya podría ser el fin de semana más largo. Ya podrían quitar los días tontos de la semana: los días en que tu chica te pregunta si eres feliz, y tú le dices que no. Porque hoy lunes no me siento feliz. Pero ni con ella, ni conmigo mismo. Y eso no significa que no la quiera. Simplemente, no siempre tienes el mismo estado de ánimo, joder, no es tan difícil de entender. Sólo que no me sé explicar y dicho así parece que, efectivamente, no la quiero una mierda. Que me importa tres huevos estar o no con ella.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad, aunque ella y ustedes no me crean. De hecho, es la persona que más estados de felicidad me ha procurado en mi vida. En mis 17 años de existencia. Sólo que cuando caigo en la cuenta de esto, ella ya se ha ido, y yo estoy, en mitad del Retiro, solo y empapado en lluvia.


Puto lunes.




Imagen de mcsimpleton

lunes, 10 de agosto de 2009

Con dos canicas

Se ha jodido el calentador de mi casa. No funciona. No, peor aún: funciona, pero se apaga a los tres minutos. Contados. Justo cuando tengo todo el cuerpo enjabonado, y parezco el abominable hombre de las nieves. Un Yeti, encogido por el frío. Un Yeti de palo, vamos. Que ni asusta ni nada.

Un fraude, como mi calentador. Que ni calienta ni pollas.

Y a mí, que soy un friolero natural, que me ducho con agua caliente aunque sea, como es el caso, verano y haya 40 grados a la sombra, no me ha quedado más remedio que hacer un cursillo acelerado de aclarado con agua helada. Con dos cojones. Bueno, ni eso, porque con lo fría que sale el agua no hay bemoles que valgan. De hecho, cada vez que me ducho tengo una regresión a mi infancia. Vuelvo a jugar con mis canicas.

Yo creo que se trata de una maldición. Alguien que me está haciendo vudú con una bombona de butano. Porque no es la primera vez que me ocurre. Ya en el piso donde vivía antes, se nos cortaba el agua caliente a los veinte minutos. Y éramos tres para entrar al baño. Echen cuentas: sale la cosa a unos seis minutos y pico, de aclarado, por persona. Dos minutos para la cabeza, dos para el tronco, y los dos restantes para las piernas. En plan insecto.

Sólo que ahora, joder, no son seis minutos, sino tres. Uno, uno, uno. Cabeza, tronco, piernas. O mejor dicho: cab, tron, pier. Porque no da tiempo a más. Ni frotándome con la velocidad de manos de E. Honda, el luchador de sumo del Street Fighter, lograría acabar a tiempo.

Es imposible ducharse en tres minutos. Nadie puede.

Excepto mi abuelo, que en paz decanse, que si quería se duchaba en cero segundos.

Visto y no visto.





Imagen sacada de www.myplasticheart.com

sábado, 8 de agosto de 2009

Tequila y desamor



Ayer escribí eso mismo en un baño: "Voy a perder la cabeza por tu amor".Y acto seguido, vomité todo el tequila que se agitaba en mi estómago, como en un mala película de James Bond.

Creo que, además de la cabeza, voy a perder el hígado por tu (des) amor.


............

Nota a pie de página
: bebemos, entre otras cosas, para olvidar, y lo que conseguimos, realmente, es recordar todavía más.

Más nítido. Más doloroso.

La nostalgia es puro garrafón: te emborracha a los dos chupitos, y al día siguiente tienes el corazón descompuesto.

Y cómo no, te conjuras para que no vuelva a pasar. Suceder. Dices: "Es la última vez que me acuerdo de ti". La última vez que bebo tu ausencia.

...


¿Por qué tendré tan poca fuerza de voluntad?

viernes, 7 de agosto de 2009

No me pidan que no la bese, porque la besaré


"No beses, no des la mano, di hola" es el eslogan que, "en prevención de la gripe A", ha decidido colgar el Colegio Oficial de Médicos de Madrid de la fachada de su sede para recordar a la población que el mejor método para evitar el contagio del nuevo virus es no tocar a los demás.

Lo siento mucho señores del Colegio Oficial de Médicos de Madrid, pero soy un kamikaze enamorado. Un piloto suicida volando ramplante por tu piel de aterrizaje.

No pueden pedirme eso, sería como matarme en vuelo, dinamitar mis ganas en el aire y no sobre el suelo. Y cada uno/a elige la forma que tiene de estrellarse. Porque estrellarnos -contagiarnos de la gripe A- es sólo cuestión de tiempo. Meses, a lo sumo.

No me pidan que no la bese, porque la besaré. No me pidan que no la acaricie, porque lo haré con más ahínco si cabe.

Es mi forma de estrellarme: pensar que todavía queda algo entre nosotros.

Mi contagio. Mi virus.



Llegan tarde, señores del Colegio Oficial de Médicos de Madrid, muy tarde.





Foto de EFE.

Decisiones


Decisiones. Nos pasamos la vida tomando decisiones. A todas horas, todos los días. Decisiones superfluas, o trascendentales. Nimias, o gigantes.

Pequeños pasos, o grandes zancadas vitales.

Decidimos, y vamos, así, reduciendo el círculo de posibilidades. Dejando atrás calles y recuerdos. Personas, y camisetas, que ya no nos ponemos (encima).

Decidimos, y renegamos, por ende, de otras muchas cosas: otros trabajos, otros paisajes, otros libros, otros orgasmos.

Decidimos sobre casi todo. Hasta el olvido, ya digo, es opcional.

Pero no a quién amamos. De quién nos enamoramos.

Una de las decisiones, posiblemente, más importantes de nuestra vida, y no podemos mediar, tomar partido. Decidir.

No. Eso no se escoge. O yo, al menos, no me enamoro premeditadamente. Lo cual es una putada, y, a la vez, un frenesí. Como subirse a una montaña rusa, y sentir todos tus jugos gástricos aleteando en tu estómago.

Esa sensación de estar a punto de salírsete el corazón por la boca.

Uf.

Lo malo es cuando bajas y echas toda la papilla. Pero el tiempo que dura la atracción es puro cosquilleo, pura adrenalina.

Y sentir todo ese vértigo, toda esa bocanada de sentimientos estirándote la cara, es algo, por desgracia, que no está en su mano ni en la mía. No depende de uno. Por mucho que se empeñen los científicos en explicar el amor, en tratar de normalizarlo y hacerlo asequible.

El amor no se explica. El amor se siente o no se siente.

Y sobre todo, no se elige.

Tiene cojones la cosa: uno de los aspectos más importantes del ser humano, como digo, y ni si quiera nos preguntan qué queremos, a ustedes y a mí, que somos los damnificados o beneficiarios de enamorarnos de tal o cual persona.

Esto hay que revisarlo, crear un sindicato o algo, porque no puede ser que no podamos decidir sobre algo tan importante. Algo que nos concierne hasta el punto de que muchos y muchas se suicidan por no ser correspondidos. Al menos, propongo que tengamos esa posibilidad, la de decidir en materia sentimental, y que la gente pueda escoger entre enamorarse a ciegas o a sabiendas.

Qué menos, tratándose de un tema tan personal, y candente.




Y usted, a todo esto, ¿qué preferiría?






Imagen sacada de http://enhabito.com

miércoles, 5 de agosto de 2009

Maruja


La prostituta que me para en mitad de la calle se parece a Maruja Torres. Pelo rojo encrespado, y gafas cuadradas de escritora sexagenaria. Maruja lleva, además, un pantalón de pinza color beige, unos tacones bastante discretos y una camiseta negra anudada a la espalda, que realza sus grandes tetas, posiblemente operadas. Sin duda, es la más elegante de la zona. Los colores chillones de las otras meretrices contrastan con su sobriedad, que luce de lado a lado de la calle.

Y ella que me para y me dice:

- Guapo, 20 euros y soy toda tuya.
- Creo que vales más de 20 euros-sugiero.
- ¿Ah sí?- me responde con ojos muy vivos. Ojos de escritora.
- Yo te daría de 40 en adelante- le digo completamente en serio-pero hay tres cosas por las que, hoy por hoy, me niego a pagar: agua, aire, y sexo.
- El agua se está acabando, el aire con tanta polución está viciado, y el sexo...ya me lo dirás cuando no folles ni pagando- me espeta Maruja, y escrito así suena borde, pero me lo dice de buenas. Contundente, pero sin acritud. Como un sabio consejo que te da alguien que lleva más tiempo que tú sobre el asfalto.
- Bueno, si quieres quedamos para entonces- le respondo en el mismo tono-, para cuando sea viejo, quiero decir, y no se me levante.
- De aquella estaré ya muerta, no jodas- y se ríe enseñando sus dientes de ganadora del Premio Nadal.
- ¿Se vive bien de puta?- digo de repente; y me sale sola la pregunta, como si fuese un maldito eyaculador precoz incapaz de contenerse.
- Se vive, ¿por? ¿Te apetece abrir una franquicia?
- Si pudiese costearme un local, te aseguro que no montaría un puticlub. Montaría un bar de música en directo, con comida. Imagínate poder comerte una hamburguesa con patatas fritas mientras...
- No me refería a eso, pipiolo-me interrumpe Maruja, y pronuncia pipiolo como si azotase las pes con su lengua.

Pi auh, pi auuuh, olo.

- No me refería a eso, sino a ti, bobo.
- ¿A mí?- pregunto ingenuo, con cara de pipiolo.

¡Auh!, duele, ¡auuuuuh!, qué bestia eres.

- Eres joven, y aunque un poco bajito, no andas mal. Podrías meterte a puto.

Y Maruja Torres vuelve a partirse la caja con sus dientes de ganadora del Premio Nadal, y sus gafas cuadradas de escritora sexagenaria, que rebotan con cada carcajada que traza.

- Si quieres-añade entre risas-te hago una carta de recomendación, me has caído simpático, hombre.
- Oye, ¿te han dicho alguna vez que te pareces un huevo a Maruja Torres?-le digo cuando justo caigo en la cuenta de su tremendo parecido con la autora de Esperadme en el cielo.
- Maruja, ¿quién?
- Una escritora, que...
- Yo también escribo, pero a mano- y forma un canutillo con su mano derecha, que comienza a agitar en el aire-. Y no veas, nene, ¡qué libros hago!

Y Maruja que termina por partirse en dos de la risa; con ese pelo rojo encrespado y esos dientes de ganadora del Premio Nadal, y esas gafas cuadradas de escritora sexagenaria, que de tanto rebotar se le han acabado por salir de las órbitas, y esas tetas de goma de borrar que luce como el premio concedido a toda una carrera. Y a mí que al verla reír de ese modo, se me pega su risa. Me contagio. Y los dos nos meamos a carcajada limpia en mitad de la calle. Sin motivo alguno, y con todos los del mundo. Y el resto de putas, y puteros, que nos miran como si fuéramos dos tipos, a pesar de todo, felices. A pesar de que a unos metros de nosotros hay una redada policial. Y mucha gente está con las manos en la pared. Felices a pesar de que la calle desprende un insalubre olor a orín, y a mierda de perro diarreico.

Sin embargo, a pesar de todo eso, digo, reímos, y somos, así, felices. Maruja y yo. Nos la pela todo, nunca mejor dicho. Y volvemos a carcajearnos. Ajenos a lo que pasa a nuestro alrededor, al devenir, en fin, del mundo.

De este puto mundo donde las mujeres de 60 y muchos tienen que prostituirse para comer a diario, y dormir sobre un lecho caliente.

Qué libros hago, dice la jodida.

Y ambos nos carcajeamos a mandíbula batiente.




Nota a pie de página: y con este ya son 400 post. 400 páginas de este cuaderno de bitácora, más o menos, nocturno.

Imagen sacada de www.que-leer.com

lunes, 3 de agosto de 2009

Condones


Existen condones de todo tipo. Normales, finos, extrafinos o estriados. Condones más grandes, más anchos, más pequeños, o más delgados. Hasta los hay de sabores frutales: plátano, fresa, naranja, kiwi, sandía, y cereza. Condones, en fin, para todos los gustos, y paladares.

Condones, en suma, para prevenir los embarazos no deseados, y las enfermedades de transmisión sexual.

Pero, ¿y para el corazón? ¿Por qué no hay preservativos a media para el corazón? ¿Es que el corazón no se embaraza de amores no deseados, ni existe riesgo, cuando quieres a alguien, de contagiarse sentimentalmente? ¿Acaso hay peor infección que el desamor?

Amamos a pelo, y así nos va. Cada día millones de personas se infectan de tristeza, y soledad. Y mueren lentamente de desamor.

Toda una pandemia. Y lo peor es que no hay cura, ni existen medicamentos retrovirales que alarguen los estados de felicidad, en común; posponiendo, en la medida de lo posible, el momento del adiós definitivo. De la despedida. En este caso, un virus saca otro virus. Y así sucesivamente.

Existen condones que contienen el semen, los espermatozoides, sin embargo, no hay condones que retengan las lágrimas, los sentimientos.

Dichoso mundo éste.





Imagen sacada de laveraddominicana.wordpress.com

domingo, 2 de agosto de 2009

Sexo y escritura

Y tú por qué escribes, me preguntó.

Y tu por qué comes, le dije.

Por salud. Por necesidad. Por gula. Por placer.

Por eso mismo escribo yo.


Escribo para saciar mi estómago de inquietudes y recuerdos. Escribo hasta empacharme de emociones y vomitar tristezas. Y de nuevo otra vez escribo y otra vez me empacho y otra vez vomito, y otra vez escribo.

Escribo para que engorde mi flaca memoria. Para que le salgan cartucheras a mi soledad. Para que coja algún kilo mi desánimo. Escribo, en fin, para ensanchar el alma.

Ama, ama, y ensancha el alma, que escribió el poeta.

Escribo con gula; incluso cuando no tengo nada que escribir, escribo. Dulce y salado, escribo. Escribo según tenga el apetito, según se me antoje el mordisco. Escribo a la parrilla y bañado en aceite, con grasa y a las finas hierbas. Escribo, pero antes de nada miro que las palabras estén aldentes, en su punto. Aunque al ir a probarlas me queme las yemas.

Escribo para no quedarme desnutrido, o desvivido, que, para el caso, es lo mismo. La escritura es proteína para el cuerpo. Los que no escriben, los que son vegetarianos en palabras, deben asegurarse esos nutrientes por otro lado. Plagiar, copiar, es igual. El caso es escribir, alimentarse.

Escribo para que concuerde mi vida gramaticalmente; porque estamos hechos de palabras, y padecemos y sentimos en el mismo idioma: yo lloro, tú lloras, él, ella llora.

Escribo con voracidad. Hasta dejar el plato sin una sola letra. Rebañando, si hace falta, el abecedario con mi lengua. No concibo, de hecho, más forma de escribir que ésa. Indigesta. Auténtica. Verdadera.

Escribo, por que si no lo hiciera atracaría bancos con un lirio cortado. Y escribir, al menos, no está penado, o no tanto en según qué países.

Escribo porque creo que es la mejor forma que hay de justicia. La poética, la que queda escrita antes de que se dicte sentencia. Escribo para ponerle los puntos sobre las íes a mi infancia, para acentuar mi adolescencia, para alargar todos los besos que no te di. Escribo y es un chollo: puedo tachar aquello que no me gusta. Empezar de cero, corregir, realmente, mis errores. Escribo porque a veces me canso de mi mismo, y necesito ser otra persona.

Escribo para ponerle letra al mundo. Para inventar palabras que sanen tantas heridas. Escribo, y pongo mi granito de arena. No es mucho, pero letra a letra puede que algún día forme la siguiente frase: "Desde hoy, se acabaron las guerras en el mundo".

Escribo, y me imagino que las palabras son posturas sexuales. Homogéneas, abultadas, más profundas o superficiales. Escribo porque me gusta desvirgar ideas y hacer que se deslicen más suavemente sobre el papel. Escribo, porque escribir es, también, una forma de masturbarse. De darse placer. Escribo, joder, porque soy mejor amante entre líneas, que entre las sábanas.


Escribo, en definitiva, porque hacerlo me gusta casi tanto como follar.

¿Tú follas?

A veces.

¿Y te gusta?

Mucho.

Pues imagínate yo que escribo a diario.

............


Y ustedes, ¿por qué escriben?

Y de regalo, por haber contestado, este poema de Ángel González:

A veces

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
“Lo digo y no me corro”.
Pero él disimulaba.








Imagen sacada de http://eutravesa.wordpress.com/

sábado, 1 de agosto de 2009

Sólo fui a mear

Este post es un poco cerdo. Y el que avisa no es traidor.

...................

He bebido más cerveza de la cuenta, y tengo la vejiga a punto de estallar. El embalse del Ebro, sólo que en versión orín. Hasta arriba, gracias a la lluvia de cebada caída horas antes. Enhorabuena, con lo que hay amontonado, tenemos pis suficiente para medio año. Se acabó la sequía, gracias a usted, el pueblo puede estar tranquilo.

Me meo como nunca, y la puerta del baño no se abre. Joder. Coño. Mierda. Me meo. ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Aporreo la madera como un meón psicótico, y pronuncio las palabras mágicas: "Abrete Sésamo". Sólo que no digo eso, digo: "¡Joder, sal ya que me meo encima!". Y hago el baile de sambito sobre una baldosa, y golpeo rítmico la puerta, y la gente me mira como si estuviera bailando funky con un hipopótamo. Con esa cara me miran: entre el asombro, y el descojone general.

Abrid ya coño, dejad de meteros rayas, o esperad al menos a que mee, joder. Hablo en plural, porque minutos antes de empezar a bailar como un poseso, he escuchado murmurar a dos tíos dentro.

Pam. Pam. Pam. Y la puta puerta que sigue sin abrirse. Diviso, entonces, una maceta que hace esquina, y pienso un plan alternativo. Si no evacuan pronto, me meo dentro. En la maceta quiero decir. Estoy en mi legítimo derecho de hacerlo. No en vano, todo el mundo, sea hombre o mujer, tiene derecho a una meada digna, lo dice la Constitución. Y si no lo dice, lo incorporo yo. ¿Votos a favor? Hale, aprobado por mayoría.

Voy a entrar, y es mi última palabra, digo. Y abro la puerta de una patada ninja. Ja, y una mierda. Lo que pasa es esto: se acerca un tío muy grande; un tío, joder, tremendamente grande. Grande de grande, no de alto solo. Grande de dios, si este tipo quiere hacer conmigo un cubo de Rubik humano, me empaqueta vivo. Basta con que me aprisione con cualesquiera de sus brazos -siete veces yo- y me retuerza hasta que encajen todas mis caras. Verde, Morada, Roja, Azul. Grande de joder tronco, ¿tú que coño comías de pequeño: edificios?

Así de grande. Y el tipo que también se está meando. Ahora sí que la habéis cagado, chatos. Yo no impondré un carajo, pero él hará que todo vuestro sistema digestivo salte por los aires.

Y el susodicho que me pregunta enorme:

- ¿Llevas mucho esperando?

Define mucho. Porque si mucho es estar a punto de salírseme la orina por las orejas, sí, llevo mucho. Llevo un huevo de tiempo aquí aporreando la puerta inútilmente.

Y antes de que pueda decir más, le da un cabezazo (sí un cabezazo, han leído bien, un jodido cabezazo) a la puerta, y badabum.

Vía libre.

Y de pronto a mí se me corta la meada. No por el cabezazo, que también, sino por lo que veo. Por lo que distingo al entrar en el baño. Algo que hace que mi orina vuelva mansa y con la cabeza gacha a mis riñones. Y deje de dar problemas. Siento mi ansia, no volverá a pasar. Y mi vejiga que se afloja de repente, y yo que me quedo paralizado.

El matón de mi colegio le está chupando la polla a uno. El matón de mi antiguo colegio, la persona más terrorífica por aquel entonces, el tipo más duro, más chungo, mas kié. La mafia china y siciliana juntas, el Alcapone del patio, la persona que podía hacer que te meases encima de mutuo propio, el tio, del que se decía había estado en un correpcional de menores, y le habían echado por mal comportamiento. El hijoputa más hijoputa del colegio, de la calle, del barrio, y hasta del mundo. El tipo por el que tuvieron que cambiarle el nombre a las camisas de fuerza. Camisas de nena, más bien. Camisas para cerbatillos.

El mal en persona, y ahora está en cuclillas con un chorro de semen en la puta frente. Y a mí se me ha cortado la meada. Y el colega grande que exclama:

- ¡A chuparla a la calle, que yo quiero mear!

Y todos mis fantasmas, todos los monstruos que me asustaron de pequeño: Freddy Kruger, Jason, la puta bruja del tren de la bruja, los payasos del circo, el hombre del saco y hasta Antonio Anglés, que salen despavoridos, corriendo como nenazas, montaña abajo. Ni rastro de ellos en mi memoria. En mi imaginario. ¿Freddy qué, cómo? Ah que el hombre del saco se llevaba a los niños, hum, pues mira tú qué bien, eso que se ahorra en parirlos.

Veo al antiguo matón de mi colegio ahí agachado con un pegote de corrida en la frente, y se me cae un mito, no sé si me entienden. La persona que te retorcía los pezones en el baño al grito de sufre, sufre, maricón, y apagaba cigarrillos en tus brazos; el tipo que ahora mismo tiene una longaniza inflada sobre la cara, un brazo de gitano, un tronco de chopped apuntándole al entrecejo.

Y ese mechón blanco que le cae sobre la frente.




Joder, cómo para no cortárseme la meada, no sé si me entienden.









Imagen sacada de escueladeficcion.com