viernes, 3 de julio de 2009

Atracador de librerías


Si fuese un buen ladrón, es decir, si supiese robar, atracaría librerías. Y no bancos: el dinero envilece al ser humano, le degrada moralmente. Le prostituye: el dinero pone precio a las personas.

¿Cuál es el suyo?

Los libros, en cambio, te restituyen mental y físicamente. Leer es el mejor tratamiento que hay para las contracturas cerebrales, que haberlas hailas. Si no miren a los políticos o a los tertulianos del corazón; hechos un guiñapo, con las neuronas en forma de interrogante, y un lumbago en el habla, que hace hasta daño a la vista.

En mi caso, ya digo, preferiría atracar librerías o bibliotecas. Mucho más sano e intelectual, dónde va a parar. Entrar en la Fnac, por ejemplo, y llevarme todos los libros que me diese la gana, a punta de lirio. A lo walking around, como debe ser.
Empezaría por Poesía, y acabaría en Narrativa, pasando por Teatro y Ensayo. "Deme el último de Maruja Torres, y cuidadito con lo que hace, que le doy un golpe de oreja que le dejo seca, puta".

Me vuelvo loco en las librerías. Me pasa lo que a esas señoras mayores-y no tan mayores-en las rebajas del Corte Inglés. Pierdo los papeles, el sentido. Quiero llevármelo todo, independientemente del dinero que tenga. Me da igual endeudarme hasta las letras, que me manden al cobrador del frac, o, en este caso, al académico de turno de la RAE. Soy un lector compulsivo, y si es necesario, paso por encima de quien sea, ¿lo ha entendido, señora? Así que, ¡apártese de mi camino, y quite sus grasientas manos de Millás!

Me ciego, no respondo. Creo que todos y todas llevamos dentro un yo perturbado, sólo que no todos ni todas respondemos de la misma forma, ante los mismos estímulos. A mi me la pela sobremanera la ropa, el ir de compras. Sin embargo, si tengo que empujar a alguien por las escaleras para conseguir el último libro de Kiko Amat, lo hago, y muy gustosamente. Y al verlo rebotar contra el suelo, exclamaría enfermizo: ¡Ja, cosas que hacen bum!

Sobre gustos, y psicopatías, ya se sabe.

En cualquier caso, todo esto es un suponer. Recuerdo que estamos hablando de la hipotética circunstancia de que yo supiera robar. Porque no sé. No es que me pillen, es que ni si quiera me atrevo a intentarlo. Soy un mierdecilla. La única vez que quebranté la ley, tenía 10 años. Quise llevarme un paquete de pipas, y me pillaron a la salida (por el reflejo del espejo que había en la puerta), y en vez de correr, como un héroe, volvi a entrar, y pedi disculpas, como un desgraciado.

Por eso, cada que vez que estoy en mitad de una ensoñación así, en cualquier librería de Madrid, al final, suelto lo que tengo en la mano, y poco más que le pido disculpas al de seguridad, por haber estado pensando en una posible salida de emergencia por la que escapar con mi preciado y ansiado botín: las obras completas de Luis García Montero.



Un mierdecilla, ya digo.






Fotografía sacada de http://www.absolutsalamanca.com

4 comentarios:

Proyecto de Escritora dijo...

jaja, a mi me pasa lo mismo (soy una mierdecilla parecida), y sí, yo también me llevaría muchos libros de las librerías...vaya, me siento muy identificada con esta entrada, jaja. Y lo que me he podido reir!
Un besote!

R. dijo...

jajaja vivan los mierdecillas!

algún día atracaremos la Casa del Libro, con una media sudada puesto en la cabeza!

un besote, escritora

Shigella dijo...

ohhhhhh! Yo tb participaría en el robo. Flipé con la casa del libro (ya se sabe cateta que es una). Aunque tengo una debilidad mayor que las librerías: las papelerías. Y es que adoro los post-it, los bolis, carpetas, libretas grandes, libretas chicas, gomas, sacapuntas con formas, papeles de diferentes texturas...ufff!!

R. dijo...

bien bien, cuantos más seamos más grande erá el robo jeje

la casa del libro es la leche!!

sería un gran palo! jejej

ya estoy pensando como un chorizo!!!

un beso, guapa!