miércoles, 10 de junio de 2009

Un día


Un día, en la esquina de mi trabajo, vi como un hombre pegaba a una mujer. Y le decía algo así como, "eres una puta, y no tienes derecho a nada". No les recomiendo tal visión, sinceramente. El estomago se te encoge, y te arden las entrañas. Uno se acostumbra, desde pequeño, a ver imágenes violentas en la televisión. Atentados, tiroteos, muertes escalofriantes. Pero no en la vida real, al menos no yo. Al menos no todavía. Tiempo al tiempo.

Y mira que me he partido la cara en los bares-con 18, 20 años-, y en la misma calle. Pero no termino de acostumbrarme, joder, a determinada violencia. Lo se, suena extremadamente machista. Puedo ver a dos hombres pegándose, saltándose los dientes. Incluso, llegado el punto, interactuar, y defender mi integridad física, como buenamente pueda. Sin embargo, no puedo ver a nadie pegando a una mujer, o a un niño, o a un animal. Eso despierta a mi fiscal interior, aunque peque de prevaricacion.

Quise acercarme y ayudar a la chica, agarrar de la solapa a aquel mal nacido y partirle la boca. Matarlo, para que voy a engañarles. Soy la persona mas pacifica del mundo, salvo con los malos tratos. No los tolero. Levantan mi ánimo más psicópata. Es lo que tiene haberlo vivido de cerca, que no eres objetivo. Si fuera juez-quería serlo-en vez de dictar sentencia con el martillo, les abriría la cabeza con el. Lo siento. Pero no puedo con los malos tratos. Vale.

Mientras me debatía entre si jugarme el pescuezo o no, decía, llego una patrulla de la policía, y se llevaron al tipo detenido. La chica no quiso denunciar, ni ser atendida por ningun medico. Eso le oi decir. Tres prostitutas, que hacian la calle con ella, la arroparon, y se la llevaron calle arriba. La neblina hizo el resto.

No se que hubiera pasado, verdaderamente, si la policía no hubiera aparecido, o si hubiese llegado mas tarde. La gente, desde la calle, atendía la escena como si de un culebron venezolano se tratase. No les culpo, tampoco les justifico.

En situaciones así, la cabeza piensa más rápido que tú, y la adrenalina se te dispara. Quieres buscar la mejor forma posible de parar eso (o la menos mala) pero es imposible razonar, pararse a pensar nada. Miles de sensaciones estallan en tu mente, al unísono, a borbotones, y el termino medio son los extremos que se acortan. Dices: "Lo mato; mide casi dos metros, me va a matar el; llamo a la policía, y mientras lo mato; la llamo y pido ayuda a la gente, y de paso le linchamos". No sabes que hacer, el miedo te atenaza, pero la ira te empuja a actuar. Te vuelves, de repente, un asesino en potencia. Legitimado, eso si, por la situación. Aunque asesino. Ves como la golpea, como la zarandea, y quieres quebrarle la columna vertebral, que se quede invalido de por vida, o rematarle en el suelo a puñetazos.

Y mientras, el tiempo que corre en contra de la persona que esta siendo agredida. Sabes que cada segundo de más que te tomes, es una bofetada extra que ella se lleva por la cara, una patada añadida, una humillación agregada.
Es muy jodido verse en esas. Equilibrar vísceras y cabeza, ética y supervivencia. Antes de criticar a los cobardes, párense a pensarlo. No seré yo quien les tire la primera piedra.

Me quede paralizado, aun después de haberse ido la chica. Mirando su esquina. Pensando en todo esto. Muerto de miedo, y a la vez, lleno de rabia por no haber hecho nada. Fueron apenas cuatro o cinco minutos, pero suficientes para plantearme mi vida, mi existencia. Mi escala de valores.

Meses mas tarde, salio a la luz el caso de Jesús Neira, el tipo que acabo en coma por defender a una mujer de su agresor, y me sentí orgulloso de el. Después le oí en una entrevista, y llore.

Lo suyo, a efectos, es una clase de machismo atenuado: la mujer es un ser débil, que hay que proteger, necesita, pues, de un hombre. No obstante, pienso, es un tipo de 'machismo' necesario. Un mal menor. Como los delincuentes que hacen de confidentes para la policía, o la metadona.

Al escucharle hablar, contar su historia, me pregunte si yo no hubiera corrido su misma suerte, aquella vez, en caso de haber actuado.

Todavía hoy me lo pregunto, pero también aun hoy me arrepiento de no haber hecho nada.





Imagen sacada de www.elpais.com

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