domingo, 21 de junio de 2009

Pequeña biografia autorizada (y 3)


Te he perdido para siempre. Ahora lo se. Quiero volver contigo, pero tú no me dejas. O más bien no me coges el teléfono. Me arrepiento de haberte dejado, joder. Lloro sobre la barra, y me emborracho. Es la octava vez que te llamo, y el vigésimo quinto mensaje que te dejo. Me estoy volviendo loco: bonita forma esta de empezar mi nueva década. Tengo 20 años y no se que va a ser de mi, sin ti, pienso descorazonado. Todo son preguntas. Me siento morir.

Necesito verte. Son cerca de las cuatro de la mañana, y ya no me tengo en pie. He bebido más de la cuenta, mi vista empieza a estar nublada. Jamás había ingerido tal cantidad de whisky. No se cuantas copas puedo haber tomado, ni tampoco mi ubicación exacta. Pregunto a uno de los camareros que calle es esta, entre balbuceos. Creo entender Payaso Fofo, aunque no estoy seguro. ¿Payaso Fofo, me has dicho? Si, donde el campo del Rayo. Bien, sigo en Vallecas, en su barrio. De hecho, estoy a solamente unas calles de su casa.

Salgo del bar dando tumbos. El mismo camarero de antes se ofrece a dejarme cerca de mi casa. "Chaval estas muy mal, así no llegas ni a la vuelta de la esquina", me dice. No te jode el barman, primero me ceba a whisky, y ahora me viene con que esta preocupado por mi. Que te jodan, respondo. Y sigo calle arriba.

A mitad del camino, pierdo el equilibrio y caigo al suelo. La calle esta muy empinada, y en mi estado, se me hace casi imposible subirla a pie. Maldigo mi suerte, y golpeo el asfalto, como un boxeador vencido lame la lona. Tengo que verla, o al menos intentarlo. No puedo rendirme ahora. Yo la he cagado, y yo voy a enmendar mi error.

Veo la hora en un termómetro. Marca las 55:00. O sea, las cinco de la mañana. He tardado una hora, joder, en recorrer seis calles. Cuando llego a su portal, apenas me quedan fuerzas. Me coloco debajo de su ventana y empiezo a llamarla a gritos. Soy un ser desesperado, con la camiseta y los pantalones manchados de vómito. La clase de novio, que toda madre quisiera para su hija.

Estoy borracho, aullándole a unas macetas que tienen la cara de mi ex suegra. No, más bien es mi suegra, que tiene cara de maceta, la que sale al balcón, y me dice que deje de gritar. "Yo solo quiero arreglar las cosas con tu hija", respondo. Le has hecho mucho daño. Por favor. No. Por favor. Te he dicho que no. Y no, es no. ¡Joder, déjame que suba! ¡Como no te vayas, llamo a la policía! ¿¡Por que coño todo lo arreglan llamando a los maderos?!¡Estoy harto! Lo que estas es borracho. Como una puta cuba, pero de amor, maldita sea. Y encima te has vomitado encima, ¡das asco! Señora, he venido directo desde el bar para hablar con su hija, estoy desesperado; lavarme, asearme es, ahora mismo, lo que menos me importa, ¡coño! "No vas a subir, y es mi ultima palabra", zanja ella desde el balcon, "asi que marchate, si no quieres que haya problemas".

Dos vecinos salen del portal y me agarran por sorpresa. ¡Soltarme, hijos de puta! Chaval se acabo esta puta escandalera que estas montando. Y me llevan en volandas hasta un parque cercano, donde me arrojan con furia al césped. Van a darme la paliza de mi vida, pienso.






Imagen sacada de elcelestino.wordpress.com




Pequeña biografia autorizada (y 2)

Pequeña biografia autorizada

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigue con la saga, me has dejado con la intriga

R. dijo...

chan chan...


jeje