martes, 9 de junio de 2009

Estornudos


Siempre me han fascinado los estornudos. La posibilidad de desconectar de tu propio cuerpo-o el cuerpo de ti-durante un nanosegundo, y no oír, ni oler, ni ver, ni paladear, ni tan siquiera poder tocar nada. Absolutamente nada. De ahí que sea poco recomendable estornudar en según que situaciones: al volante, durante una aglomeracion de personas, mientras deglutes la comida, etc.

Para el cuerpo humano, el estornudo debe ser como la hora de recreo en los infantes, o los cinco minutos del cafecito, y/o cigarro, que uno se toma a mitad de la mañana, o de la tarde, en el trabajo. Un receso, su descanso particular. Porque el cuerpo también necesita airearse, escaquearse de uno mismo. No en vano, somos sus jefes, los directores y presidentes de toda esta empresa corporativa, nunca mejor dicho. Y nos tiene día y noche encima. Sobre su cogote.

Disponemos de infinidad de empleados, en plantilla, distribuidos en nueve departamentos, o aparatos. A saber: digestivo, respiratorio, circulatorio, urinario, nervioso, endocrino, osteoartromuscular, inmunológico, linfático y reproductor. Aunque a la hora del estornudo, solo se marchen los del departamento respiratorio. Que menos. Los pobres bastante tienen con tragarse todos los malos humos, que hay en la oficina.

Me fascina el cuerpo humano. Buscar algún tipo de razón a las diferentes circunstancias que nos suceden dentro. Solo así, puedo alcanzar a entender también lo que pasa afuera. En la vida. Ya saben, aquello de, "conocete a ti mismo, para conocer al resto".




Nota a pie de pagina: acabo de estornudar mientras escribía este post.

:)





Imagen sacada de http://frankeinstein.blogia.com

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