miércoles, 3 de junio de 2009

El chico de los ojos acuosos


Durante un tiempo de mi vida me dedique a cultivar el cuerpo, en lugar de la mente. Deje de leer libros y comer galletas, y me apunte a un gimnasio, de esos que en la fachada sale dibujada la silueta de un/a culturista. Es decir, la clase de gimnasio cutre, y de macarras, que todo barrio, cutre y de macarras, tiene.

Tenía 22 años, y quería bajar de peso. Pesaba 100 kilos. El grosor ideal para un jugador de rugby, o una estrella de la NBA, pero no para mí, un medio metro. Mido 1,68, como Tom Cruise, Sarkozy, Jorge Sanz o este tipo tan salao, ¿como se llama?, ¡Ah si! Rodrigo Casteleiro...
Además de todo eso, había dejado de fumar, y necesitaba matar la ansiedad con algo. Que mejor manera, pensé, que meterme en un cuadrilátero y darle de ostias a un saco hasta expulsar la ultima toxina. Funciono, no volví a fumar. Pero, por el contrario, me obsesione con el ejercicio. Me hice adicto.

Me pasaba horas y horas y horas y horas encerrado en el gimnasio. Levantando kilos y más kilos de pesas, haciendo abdominales, o, según el día, perpetrando series infinitas de ejercicios cardiovasculares. Adelgace 30 kilos en tres meses. Y me quede hecho un figurín. No es que antes tuviera complejo de gordo, siempre he estado 'fuertecito', la verdad. Sin embargo, si que es cierto, que al mirarme en el espejo, joder, me gustaba. Decía, cojones, estoy cuadrado. Mola. Era, mas que nada, la sensación de haberlo logrado por mi mismo, el haberlo conseguido después de todo y a pesar de todo, lo que me hinchaba de orgullo y vanidad. Biceps aparte.

Mi vida, a partir de aquel momento, cambio diametralmente. Las tías que antes ni me miraban, ahora se volvían y me lanzaban ¡piropos! En las tiendas, las dependientas me recomendaban que camiseta iba mejor con mi color de ojos. Cuando unos meses atras ni si quiera me atendían, o lo hacían de malos modos. Ah, bienvenido a la sociedad de la imagen y las cremas. O eres guapo y atlético, o no tienes nada que hacer.

Me acorde, entonces, de un día en el que me estaba probando unos vaqueros, y ninguno me entraba. Gastaba una 50, y al parecer, en ese establecimiento, no había más allá de la talla 48. Lastima, prueba en otro sitio, chaval, me dijeron dos dependientes uniformados, que al irme comentaron: "Estos gordos se piensan que pueden estar a la ultima".
Fue la primera vez en mi vida (y ultima) que me sentí humillado. Pero aquello, no obstante, no supuso que yo tomara cartas en el asunto. Ni corriera llorando a apuntarme al gimnasio. No seria hasta varios meses después, cuando lo decidiría, y mas bien, motivado por el tema de la ansiedad. Fumaba dos paquetes diarios. Lo mio, mas que mono, era orangután.

De modo, que ahí estaba yo, decía, en mitad de un corrillo de petardas, aconsejándome sobre ropa, sintiéndome el rey del Mambo; cuando vi a un chaval, de mi edad, saliendo de los probadores con los ojos acuosos, y unos pantalones en la mano, que le decía a su madre: "Vámonos, aquí no tienen de mi talla".
Uno, pienso, no debe renunciar nunca de lo que ha sido. Aunque se avergüence de ello, aunque ya no lo sea, ni simpatice con. Yo he sido en mi vida, por ejemplo, bakalaero, heavy, hippy y ahora Rodrigo a secas. Y en lo ideológico: facha, anarquista, comunista, propsoe y ahora ni del uno ni del otro. He votado a Gallardon, a Gaspar Llamazares, y a Zapatero. Y no hay día, que no me acuerde de sus madres.
No obstante, no me averguenzo de nada. Ni me arrepiento. Alterar la biografía de uno es un asesinato en toda regla. Supone acabar de un plumazo con todos los personajes secundarios que hemos sido, antes de ser este, el principal. Y sin pasado, no hay presente.

Me aparte del grupo de rubias oxigenadas, y salí de ahí avergonzado. Al ver a aquel chaval, llorando, por no encontrar un pantalón de su talla, me di cuenta de una cosa: nada había cambiado, podía adelgazar 30 o 60 kilos, matarme a hacer pesas, o vestirme a la ultima, que seguiría viéndome reflejado en el, en ese chico de ojos acuosos.
Cuando humillaran a alguien por su peso, también me estarían humillando a mí. Uno no puede borrar sus huellas, ya digo, renegar de su pasado. Los escrúpulos están ahí, burbujeando en el alma. Listos para, a la menor señal de arrogancia, saltar sobre ti y abofetearte.

La profesión va por dentro, lo demás, es pura carcasa, oxidable.

Así que me dije: a tomar por el culo. No puede ser que toda mi vida haya criticado este sistema de valores, y ahora le haga el juego.
Al día siguiente no volví al gimnasio. Una pena, podría haber llegado lejos, competir en artes marciales, ser culturista o que se yo. Pero ya no era necesario todo aquello. Había conseguido mi propósito, adelgazar por salud. No necesitaba más, ni ser el mejor en nada.


Me senti mas libre que nunca.





Hoy he ido al medico, y me ha recomendado que me apunte a un gimnasio, y haga ejercicios de espalda. Tengo una contractura que no se me quita ni con friegas.

Pero esta vez pienso seguir comiendo galletas y leyendo. A mi no me la vuelven a meter doblada.






Imagen sacada de http://lavidaescorta.blogspirit.com

10 comentarios:

MiAu dijo...

Malditas tallas, es muy guay llegar a una tienda y no...eske sólo hay vestidos hasta la 40.. con suerte hasta la 42.... maldita sea¡¡¡ Y las gorditas resultonas qué hacemos eh¡¡¡

Un beso majo.

R. dijo...

Vivan las gorditas resultonas, y vivan los culos grandes!

Tristán dijo...

Desde pequeño me ha fascinado
el ambiente cargante de los gimnasios:
tíos en gayumbos, sobacos sudados,
¡pelos negros retorcidos en el baño!

Yo fui a una tienda -esto me pasó ayer- y comprobar que no llenas ni una S...

ME SUDA LA POLLA

R. dijo...

Almodovar tendria ahi un filon...



Yo me he apuntado a uno ahora mas normalito, a la hora a la que voy hay ancianos, con mayas azules fosforito, subidos a las bicicletas leyendo el pais, o el mundo.


Es otra cosa, pero me sigue dando miedico.

eldeloscalcetines dijo...

Conoces a Toni Soprano?? es un gordo con mucho "sexapil", en ningún captulo le he visto acompejado o límitado por ser gordito y eso que esta todo el dia comiendo pasta como un "cochino".
Esto de los complejos por tener barriga es un problema de la adolescencia. Yo tambien tengo un poco de barriga, aunque no soy el típico gordito que sale por la tele diciendo "que feliz que soy por ser gordito", y claro que me gustaría estar delgado, PERO prefiro comer todo lo que me apetezca y beber cervecitas, que me da más gusto que mirarme al espejo, que quieres que te diga, SOY RARITO.....

R. dijo...

De rarito nada, eres NORMAL, a eso voy, que dedicarse al cuerpo, en cuerpo y alma, no es vida, es un coñazo.

Vaya la salud por delante, pero es que unas cervecitas y unas bravas, no le hace daño a nadie, todo lo contrario!


salud!

y abrazos

yo misma dijo...

yo sigo con mi nocilla por las noches mientras veo peli, este verano no me entran os vaqueros, pero sbes lo q t digo? que ni el vestid mas sexy luciria mjor que la sonrisa que se me pone cndo tapeocon lo amigos, veo pelis con palomitas, como galletas de chocolate mientras leo, chateo bebiendo una cervecita, y soy feliz!

R. dijo...

yo me he hecho adicto a las galletas digestive....algo mas a sumar a la larga lista de guarrerias que me gustan.

Ver Prison Break, comiendo galletas no tiene precio!

yo misma dijo...

leiste mi mail sobre ser ballena o sirena? yo quiero ser ballena, jugar y zambullirme con mis amigos, no esperar q un principe imaginario se enamore de mi para poder tener piernas esculturales algun dia!bsssss

R. dijo...

las sirenas, ademas, huelen a pescado