lunes, 1 de junio de 2009

Contractura de miocardio


Tenia cita, a las cinco de la tarde, en una clínica de fisioterapia, pero se había quedado dormido, y no había ido. Por eso la segunda vez que llamo, dio un nombre distinto. En vez de Javier García, se autoproclamo Marcos Pérez, y volvió a solicitar que le trataran una contractura, que le hacia ver las estrellas al menor esfuerzo físico.
El problema vino después, cuando se dio cuenta de que a Marcos Pérez, un hombre mucho más jovial de lo que era el señor García, lo que le dolía era la cabeza, y no la espalda. Entonces cancelo su cita, y partió hacia una farmacia.

Sin embargo, al ir a pagar la caja de aspirinas, maldita su suerte, Marcos Pérez cayó en la cuenta de que no tenía dinero, y pidió que le guardaran el pedido mientras iba al cajero. Pero no había ninguna sucursal cerca, y de tanto buscar, al final acabo por llegar a otro barrio distinto, y ya, claro, le dio pereza volver sobre sus pasos. Mañana nada mas levantarme voy, y recojo las aspirinas, se dijo. Y cogió un autobús hacia su casa, justo cuando empezaba a anochecer.

Al día siguiente se despertó pasadas las ocho de la tarde, a la hora en que cerraba la farmacia. Joder, que desastre. De modo que, viendo que su jaqueca seguía dándole quebraderos de cabeza, busco una farmacia de 24 horas, situada, precisamente, a escasos metros de la primera; al percatarse de ello, a Marcos Perez le entro el pánico y la vergüenza. Quizás me reconozcan, o alguno de ellos haga horas extras ahí, y me increpe por haberles tenido esperando. Decidió, pues, cambiarse de nombre. Y hablar, esta vez, como si fuera Francisco Torrado, en lugar del señor Pérez.

Francisco padecía de acidez de estomago, y no de migrañas, como su antecesor en el cargo. Como siempre había sido así, y la cosa iba para 50 años, se acordó de que su mujer, la señora Torrado, siempre tenia en casa bicarbonato, como no, y que, por lo tanto, no era necesario ya ni sacar dinero, ni ir a ninguna farmacia de guardia. La vida como Francisco Torrado resultaba mucho más sencilla que cualquier otra, pensó el.

Pero al entrar en su portal, le dio un infarto y cayó fulminado.

Un vecino, que en ese momento salía del ascensor, corrió en su auxilio, aunque fue en vano.

Joder que ironía, vecino: te pasas la vida intentando ser alguien, para luego morirte como un extraño.





Imagen sacada de www.fotolog.com/el_sentir

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Es genial. Esperaba al final la firma de un escritor de renombre, ya ves, al final resultaste ser tú. No está mal, ¿no?

R. dijo...

Hombre se hace lo que se puede. Una vez estoy mas inspirado, y otras menos. Pero si, puedo presumir de haber parido, sin epidural, todas las historias de este blog.

gracias, anonimo

Anónimo dijo...

"Pero sí", "sí" con tilde.
De nada, Pumuki.

R. dijo...

Tengo un virus que me impide acentuar las palabras...para poner un simple acento, tengo que hacer un copia y pega desde el Google. O pasarle el corrector del Word, que siempre se deja alguna falta...


asi que he optado por escribir como salga, y formatear el pc, porque l virus no se quita ni con agua fria

MiAu dijo...

Me ha gustado muxo, la verdad

Tengo las entradas en mi poder, el lunes que viene nos vemos..

Muaks¡¡

R. dijo...

muchas gracias gatuna,



shhh calla no digas nada por aqui, que las paredes oyen...


;)