miércoles, 6 de mayo de 2009

Zoofilia


A veces lamento profundamente no ser un gato para poder procrear con mi gata; hacer el amor a hurtadillas, encima de un tejado, en el suelo de casa, donde caiga, revolcados entre maullidos y zarpados.

Querernos celosamente, y disfrutar el uno del otro de forma felina. Decirnos lo más importante con una mirada, con un ronroneo.

Es tanto lo que ella me da, y tan poco lo que yo le otorgo. Quisiera poder alimentarla de algo más que de pienso, demostrarle mi amor sincero y perpetuo. Amarla como sé que ella me ama.

Ella me espera siempre despierta hasta que yo llego, ella siempre está a mi lado, y duerme conmigo sin importarle que ronque. Si me ve triste se acomoda en mi regazo, y me ofrece su panza para que la acaricie, y olvide así las penas.

Es la niña de mis ojos, por la única que mataría. Yo que no soy un tipo celoso, he comenzado a odiar a mi veterinario. Noto cómo la toca, cómo la mira, y sé que en el fondo, él también desearía ser un gato, y follársela.

Pero Janis es solo mía. Y algún día será legal la zoofilia.





Fotografía sacada de amoresbizarros.blogspot.com

2 comentarios:

MiAu dijo...

El día que sea legal la zoofilia mi amiga Lydia se casará con su perro Trapo porque es el ser más guapo del mundo ( según ella...)

Hombre, si crees que con pienso es insuficiente también puedes darle botes de paté... A mi gata el que más le gustaba era el de bocaditos de buey... jeje

Muaks¡¡¡

Rodrigo Casteleiro dijo...

Yo le doy de todo, y luego mi veterinario me abronca. Pero es que cuando no le echo yo sobras, viene ella y se las come directamente del plato. Sabe latín, la jodía




Yo cuando la legalicen, ire corriendo al registro...