martes, 12 de mayo de 2009

Mi primera novia


Juan José Millas dice que nos influye mas lo irreal que lo real. Aquellas vidas que imaginamos, aquellos personajes que deseamos ser en algún momento de nuestra existencia, nos condicionan mas, afirma el escritor valenciano, que lo que hayamos vivido o representado en nuestra propia vida, en la real. Yo creo que tiene razón.

De pequeño, hubo una época de mi vida que me imaginé una novia ficticia, aunque real, a la cual, invite a veranear conmigo y con mis padres, en Galicia. Yo debía tener siete u ocho años, y ella diez-siempre me gustaron mayores-, y como novios que eramos, manteníamos largas conversaciones al caer la tarde, y la noche. Nos contábamos nuestros secretos, nuestros habitos, y rutinas; y cuando no miraba nadie, nos besábamos a hurtadillas, en el baño, detrás de una puerta, con el corazón en vilo por si nos descubrían. O bien nos dábamos la mano, complices, por debajo de la mesa, durante la comida o la cena. Nunca entendí como no nos delatamos, si aquello resultaba tan evidente. A uno se le nota en la cara cuando está enamorado.

Como a Cristina, que así se llamaba, no le gustaba mucho el fútbol (mi pasatiempo favorito por aquella época), yo procuraba jugar con la pelota, las horas que ella dormía la siesta. Así, cuando se despertaba, podía dedicarle toda la atención del mundo, y deshacernos en mimos. El resto del tiempo, lo repartíamos entre meriendas, sol y playa. Recuerdo que le quedaba fantástico el biquini, hasta me excitaba verla. Había veces, de hecho, que nos iniciábamos en el sexo, detrás de una roca; acaso leves tocamientos. Mis padres, mientras, creían que hacíamos castillos de arena. Ingenuos.

Nuestro idilio, en fin, duro hasta finales de agosto: a ella le gusto tanto Galicia, que prefirió quedarse a vivir ahí, y yo, que suplique y suplique, me tuve que volver con mis padres. Así es la vida, y el amor.

El caso, es que años mas tarde, en una de eses verbenas de pueblo, conocí a la que fue después mi primera novia, de carne y hueso. Cristina, si, como leen.

Nunca le pregunte si se lo paso bien aquel verano conmigo, yo creo que si. Si no, no se hubiera quedado allí.


Fotografía sacada de osofetecolorete.wordpress.com

4 comentarios:

Anónimo dijo...

increíble esta anécdota, casteleiro. Me he encantado, eres un crack

Rodrigo Casteleiro dijo...

gracias,

don/doña anónimo/a

yo misma dijo...

q bonito! sigue imaginando, que quiza se vuelva a repetirla historia!bs

Rodrigo Casteleiro dijo...

imaginación al poder, siempre

bss!