lunes, 4 de mayo de 2009

Más de un beso me dieron, y más de un bofetón



Lo primero que quise fue marcharme bien lejos,
en el álbum de cromos de la resignación
pegábamos los niños que odiaban los espejos,
guantes de Rita Hayworth, calles de Nueva York.
Apenas vi que un ojo me guiñaba la vida,
le pedí que a su antojo dispusiera de mí.
Ella me dio las llaves de la ciudad prohibida.
Yo todo lo que tengo, que es nada se lo dí.
Y así crecí volando y volé tan deprisa
que hasta mi propia sombra de vista me perdió.
Para borrar mis huellas destrocé mi camisa,
confundí con estrellas las luces de neón.
Hice trampas al pocker.
Defraudé a mis amigos.
Sobre el banco de un parque dormí como un lirón.
Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo,
más de un beso me dieron y más de un bofetón.
Lo que sé del olvido lo aprendí de la luna.
Lo que sé del pecado lo tuve que buscar
como un ladrón debajo de las faldas de algunas
de cuyo nombre ahora no me quiero acordar.
Así que de momento, nada de adiós muchachos.
Me duermo en los entierros de mi generación.
Cada noche me invento.
Todavía me emborracho.
Tan joven y tan viejo... like a Rolling Stone.



Sigo diciendo lo que pienso, sin pensar jamás en lo que digo. Creo que es la única forma sincera de decir las cosas. Lo demás es cinismo.

3 comentarios:

Tristán dijo...

what you want, beibe

Anónimo dijo...

Hubo quien, una vez, en ese momento tan fatídico pero también tan deseado me dijo lo siguiente:

- Y ahora es el momento en que tú me das un beso o un bofetón.
- Prueba.
- ¿Así de fácil?
- Así de fácil.

Y adivinen, al final nos besamos.

Muchas veces somos nosotros mismos quienes hacemos complicadas las cosas.

Rodrigo Casteleiro dijo...

tuvo suerte...


saludos