miércoles, 29 de abril de 2009

Amor, curiosidad, prozac, y arcos de seguridad


Odio las despedidas. Pero más aquellas- ¿es que acaso hay despedidas agradables?- que tienen como fondo un andén o una terminal de aeropuerto. Nota para José Blanco, ministro de Fomento, y Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior: no sé si ustedes habrán tenido que despedirse alguna vez de su pareja en un aeropuerto, pero el hecho de que a uno le impidan traspasar el arco de seguridad con su chico/a y acompañarle en los minutos previos al vuelo, no ayuda en absoluto a aligerar el peso de tal trance. De hecho, añade más carga dramática al asunto. No ayuda en nada, repito, que te obliguen a despedirte en la cola, in extremis, de tu amor platónico, como si aquello más que un hasta luego, fuese un hasta nunca. Deberían dejar que la gente se despidiera en la pista, antes de subir al avión, a lo Casablanca.

Dicho esto, prosigo. Odio las despedidas. Y sobre todo las dársenas, terminales y demás. Me parecen lugares deprimentes, fríos, creados, exclusivamente, para que la gente rompa, se distancie. Un pareja rota es un filón en antidepresivos, grasas saturadas, kleenex y películas de sobremesa, ésas que te venden en los supermercados al irresistible precio de dos euros el pack de tres.

Y claro, el libre mercado de los sentimientos necesita de una mano negra que lo reordene, para colocar tales productos. Nadie en su sano juicio (y si tú lo haces, deberías mirártelo) compra de mutuo propio una cinta de Meg Ryan o Sandra Bullock, si no es porque está bajo de defensas, autoestima, drogado, borracho, o todo a la vez. Hay una relación siniestra entre la industria farmaceútica, alimentaria, y ¿Hollywood?, con fomento e interior. Ellos levantan muros y arcos de seguridad, para que luego tú, deprimido/a porque tú novia/o se ha ido volando lejos de ti, te gastes el parné en pañuelos, prozac y bollos; engordando así, las arcas del señor Panrico.

¿Que cómo me he dado cuenta de esto? Bueno, desde que no trabajo, tengo mucho tiempo libre. Y, como buen superhéroe, me gusta hacer el bien.
Aparte, hoy he visto a una tierna pareja, despidiéndose minutos antes de que ella, maleta y bolso a juego, cogiera un tren. Él, llevado por una morriña insuperable, ha intentado traspasar el arco de seguridad, pero un guardia civil, de los de bigote y tricornio, ha salido raudo a su encuentro. Caballero, sin billete no puede pasar. Es sólo hasta el andén, no voy a subir, por favor, déjeme. Insisto, no puede pasar.

Y, claro, he atado cabos.


Fotografía sacada de http://www.fiscalizacion.es

18 comentarios:

eme dijo...

¿Sigues presidiendo ASASDA entonces? Sí, la verdad es que es horrible, son lugares sórdidos cuando uno se despide (de uno y otro lado).
Aunque la vuelta con su bienvenida hace que todo lo pasado haya valido la pena.

Rodrigo Casteleiro dijo...

Por supuesto que sí. Sigo al frente de la Asociación para la Supresión de los Arcos de Seguridad De los Aeropuertos.

Luchando por hacer que las despedidas no sean tan trágicas.

Tristán dijo...

El ser humano siempre cree que la suya es la peor de las condenas. Yo mañana cojo un tren, pocos saben que me voy, y quien lo sabe no vendrá a despedirme... La peor despedida es la que se hace en soledad.

Rodrigo Casteleiro dijo...

creo que no hay despedida amable, ni siquiera cuando te marchas (o te echan) del curro. Siempre acabas dejando algo.


suerte tú!

Anónimo dijo...

como tristan yo detesto las despedidas solitarias, cualquier despedida en compañia sigifica q alguien te quiere, y esa no puede ser triste nunca.yo estoy harta de mirar de reojo por si aparece alguien a ultima hora, y nunca veo a nadie, nada mas q a los q vienen a despedir a otros, lo malo q a la vuelta, es mas de lo mismo.bego.

Anónimo dijo...

tristan, yo iria a despedirte, pero me pilla lejos, te lo aseguro.piensa hay muca gente sola en ese tren tb y disfruta de la partida, vayas donde vayas.my buen viaje.bego.

Rodrigo Casteleiro dijo...

O no. Lo mismo significa que todo se acaba, que es el final. Despedirse, puede implicar no volver a verse.



Ves, a ti te pasa eso por culpa de Meg Ryan. Y de las pelis de. Habría que denunciarla por estafa emocional!

saludos afrancesada!

Anónimo dijo...

aunq sea el final de algo, es el ppio de otra coa, y siempre gusta tener el apoyo de alguien al lado.y no sentir q nadie te quiere lo suficiente para acompañarte en esos momentos,no?bgo

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo. Dejar algo no significa necesariamente un fin. Puede ser algún día motivo de retorno. Al fin y al cabo, todos vamos dejando partes de nosotros mismos por ahí al despedirnos.
¿Quién tiene derecho a decidir que la postura de bego es más o menos legítima por mirar atrás? ¿De qué nos sirve sino la magia y los deseos del anterior post? Que alguien te despedida forma parte de eso y que espere tu vuelta, también.

Bartleby

Rodrigo Casteleiro dijo...

Bueno, en eso, yo no puedo ser objetivo, todas mis despedidas, tanto en dársenas como en terminales, han sido siempre un hasta nunca.
Salvo una vez.


Tal vez tengáis razón, no es tan fiero el león como lo pintan.
O es que soy yo demasiado pesimista. O un optimista bien informado.

Quien sabe.

¿Son siempre las despedidas motivo de distanciamiento?

opinen.


saludos

Anónimo dijo...

De distanciamiento, claramente.

Anónimo dijo...

De distanciamiento físico, obvio. El resto depende de la situación, de la persona (que se queda y que se va) y de las ganas de cada uno de volver o no algún día a ese punto de partida.
Despedidas hay muchas: hasta luego, hasta pronto, volveré, fue un placer, adiós, hasta nunca, me cago en tus muertos, hijo de p*^", etc.
El distanciamiento o no ya es cosa nuestra.

(Mis despedidas también fueron siempre un adiós salvo una, por esa única excepción luché y hasta estos días).

Bartleby

Tristán dijo...

Pues sí, las tres y pico de la mañana, el despertador a punto de sonar, y sin un ápice de sueño...
Ante todo, gracas a Bego, pero sería extraño conocerte y despedirnos al mismo tiempo :)
Las despedidas implican distanciamiento físico, y éste distanciamiento lleva inevitablemente al desapego psicológico: el roce hace el cariño, pero la carencia de roce provoca que el pasado se desdibuje y tome consciencia de lo que es: pasado.
En caso contrario, si aún después de haberte despedido, sigues enamorado, a pesar del espacio y el tiempo que haya de por medio, entonces hablamos de una obsesión.

¡Vivan las obsesiones! Feliz puente a tod@s...

Rodrigo Casteleiro dijo...

Vivan!

Anónimo dijo...

yo no creo q sea obsesion,. es un enamoramiento de los tontos q tanto me gustan y tanto daño acarrean dsp, claro,una daño masoca en ciera forma, un dulce amargor. HAS LLEGADO YA, tristan? BESOS. BGO.

Tristán dijo...

He llegado de color rojo cangrejo!!

yo misma dijo...

me encanta el rojo, y me encantan lo cangrejos!besos.

Rodrigo Casteleiro dijo...

a mí los cangrejos no me gustan, son unos cabrones